Archivo de noviembre, 2019

No tranquiliza saber que el 80% de los maestros no se sienten preparados para resolver situaciones de acoso escolar

Este miércoles 27 de noviembre es el día de los maestros, de los profesores. Con esa percha (argot periodístico), Gestionando Hijos ha preparado y presentado junto a la empresa Totto un primer estudio sobre el acoso escolar para el que ha encuestado a casi 1.400 padres y madres, 370 de ellos docentes, y 218 jóvenes de entre 18 y 24 años.

El resultado más llamativo de ese I Estudio sobre la percepción de la sociedad española sobre bullying es que apenas dos de cada 10 docentes “se sienten preparados para resolver situaciones de acoso escolar”.

Solo el 20% de los profesionales de la enseñanza se ven capaces de gestionar algo tan serio, tan potencialmente destructivo. Profesionales de la enseñanza que no sabrían manejar algo que no es difícil que se encuentren.

Otro dato llamativo: “el 77% de profesores reconocen no recibir suficiente formación para poder hacer frente a situaciones de acoso escolar”. Paradójicamente, “el 67% de los profesores consideran que son ellos los responsables de gestionar estos conflictos”.

Desde luego no es algo que tranquilice. Tampoco sé hasta qué punto es algo que sorprende. Se suceden las historias en los medios y en nuestro entorno de personas que, cuando se han encontrado a sus hijos inmersos en esa pesadilla, no han recibido una respuesta adecuada del centro. Es frecuente que el que acabe cambiando de entorno sea el acosado ante la incapacidad de colegios e institutos de gestionar la situación satisfactoriamente. No digo que sea sencillo hacerlo, ojo. Pero no tiene que ser tampoco tan difícil. Sobre todo prevenirlo.

De hecho, otras de las conclusiones presentadas es que el “solo el 9% de los españoles piensa que los profesores y centros escolares están preparados para enfrentarse a temas de acoso escolar” y “el 64% de la población piensa que los profesores no reciben suficiente formación”.

Da la impresión, no solo por la conclusión del estudio, que resulta imperativo formar y sensibilizar a todo el personal de los centros educativos, no solo a los profesores.

(GTRES)

Depositamos en manos de los maestros los que más queremos, nuestros hijos, su felicidad, su formación y su futuro. Una responsabilidad enorme para la que es imprescindible que gocen de la formación, el tiempo, los recursos y el reconocimiento adecuados.

No está siendo así. Incluso a los mejores, a los más motivados, los tenemos con demasiada frecuencia desbordados, los lanzamos a enfrentarse a una clase mal preparados, en situaciones de interinidad, con ratios demasiado elevadas, pocos apoyos y demasiadas críticas.

Por eso debemos procurar apoyar sus reivindicaciones y hacer equipo con ellos, contra el acoso escolar y respecto a todo lo demás. Por el bien de nuestros niños, porque no hay nada más importante.

Ni presiones ni valoraciones cuando a nuestros niños les asome el bigotillo

No soy yo mucho de mirar los trendings topics, pero ayer por la tarde me llamó la atención uno. #MiBigotillo se llamaba. Es lógico que lo hiciera. Justo ahora tengo a mi hijo, a sus trece años, con su bigotillo asomando. Como es rubio no se nota mucho, pero ahí está, recordándome lo deprisa que transcurre el tiempo. ¡Qué razón tienen los que nos insisten que disfrutemos de cada etapa de la infancia de nuestros hijos con intensidad porque pasa volando!.

“¡Qué suerte, como es rubio no se ha puesto feúcho!”, he escuchado. También, “que no se lo quite todavía, que le saldrá más fuerte y negro”. En el colegio especial al que va también me han ofrecido empezar a trabajar ya con él el afeitado.

Da la impresión de que el bigotillo es el símbolo más visibles de que nuestros niños están dejando de serlo; más que la aparición de la nuez, los estirones o los cambios de la voz. Algo así como la primera menstruación en las niñas.

Mi hijo tiene trece años, pero también autismo y una discapacidad importante que supone que tengamos que ayudarle a lavarse los dientes, ducharse o vestirse. El afeitado no es algo que se afronte en su caso como en el común de los chavales. Cuando toque quitarlo, que no tengo prisa en hacerlo, habrá que tirar de maquinilla eléctrica. Incluso estamos pensando por sugerencia de una amiga peluquera, gracias a la que conseguimos que se porte como un campeón cuando le cortamos el pelo (con muchos niños con autismo es algo muy complicado de gestionar), en tirar de patillero, que hace menos ruido y para esa pelusa sería más que suficiente.

A Jaime le da igual tener bigotillo o no. Es completamente ajeno al cambio de su aspecto. No sé cómo llevaría el tema de su bigotillo si no tuviera autismo. No sé si se percataría, si le daría apuro verse así, si le enorgullecería como muestra de que se está haciendo mayor, si estaría deseando afeitarse o si no le daría ninguna importancia.

Lo que sí sé es que me gusta el mensaje que Gillete transmite, porque un vídeo de esa marca fue lo que originó ayer el hashtag del que os hablaba. Visibiliza ese periodo en el que los niños están a medio hornear en su conversión a hombres de manera muy positiva, con adolescentes de voces quebradas transmitiendo que deben quererse y gestionar como les dé la gana sus bigotillos.

Que nadie te diga cuando tienes que empezar a afeitarte, ni siquiera nosotros. Hay que ser muy hombre para empezar a ser tú.

Ya sé, ya sé que hay un interés comercial, que es esa publicidad emotiva que tanto gusta desde hace unos años. Pero al César lo que es del César. Bienvenida sea si contribuye a que nuestros chicos se sientan mejor en una etapa de transición que puede ser difícil y a que los adultos dejemos de hacerles sentir incómodos o presionarles.

Cuando tienes que ser valiente, cuando la vida no te deja ser otra cosa

Hoy, jueves 14 de noviembre, es el Día Mundial de la Diabetes. Todo el mes noviembre en realidad está dedicado a la concienciación sobre esta enfermedad, demasiadas veces silenciosas y muy lesiva, que implica retos desconocidos para muchos y que requiere que la investigación médica avance y que su tratamiento sea accesible para todos aquellos que lo necesitan en todo el mundo.

Precisamente a cuenta de la diabetes publiqué el martes este texto:

Un texto que hizo que un grupo de WhatsApp una amiga dijera a otra, madre de una niña con diabetes que debutó con menos de un año: “Tú y tu niña sois unas heroínas”. A lo que ella contestó: “No lo creo, es que la vida no te deja ser otra cosa”.

Verdad verdadera. “Que no te traiga la vida todo lo que eres capaz de soportar” decía mi abuela extremeña, con su sabiduría llana, profunda e infalible.

También esta semana una compañera se expresó de manera parecida a mí, por tener un hijo con autismo: “no sé como lo haces, tienes toda mi admiración”. Sucede con relativa frecuencia que me digan algo así. Me consta que a otros padres de niños con discapacidad con los que he tratado les dedican palabras parecidas. También he visto cómo se lo decían a una mamá de una niña con cáncer, que desgraciadamente ya no está entre nosotros.

Todas esas personas que expresan así su empatía también lograrían salir adelante, encajar los golpes, incluso ser felices y tener una vida razonablemente normalizada.

Los padres y madres de niños con enfermedades crónicas, con discapacidad, con cáncer, no somos héroes ni heroínas. Igual sucede con los padres y madres que nos encontramos con nuestra pareja, con la que habíamos hecho un equipo que creíamos que duraría hasta el final de nuestros días, en la misma situación.

Simplemente seguimos caminando, cuidando a los nuestros y cuidándonos a nosotros mismos de la mejor manera que sabemos. Nos necesitan. Lo necesitamos. No hay alternativa. Rendirse no es una opción.

Cuando tus planes se rompen, cuando la foto de familia que habías imaginado se resquebraja, cuando la vida te pega un tortazo con la mano abierta, tienes que respirar hondo, reunir valor, aprender a ser fuerte y avanzar poniendo un pie delante del otro, porque no puede ser de otra manera.

“Que no te traiga la vida todo lo que eres capaz de soportar” decía mi abuela, con su pelo blanquísimo y sus uñas pintadas de rojo, sabiendo muy bien lo que intentaba transmitir a su nieta aún niña, que creía ingenuamente que tenía el control, que con sus manos sostenía las riendas de lo que sería su vida.

Hace mucho que entiendo lo que quería decir mi abuela.

Por eso hay que bailar mientras suene la música. Por eso hay que hacer que suene la música a la menor oportunidad que tengamos.

(GTRES)

Niños valientes, niños con diabetes

Los conozco bien. Son niños valientes, niños que nos dan una lección diaria de cómo vivir disfrutando, apartando las nubes que quieren ocultar el sol.

Son niños con diabetes. Los hay que la tienen como constante compañera desde que que son bebés, otros la conocieron y tuvieron que aprender a gestionarla más mayores.

(JORGE PARÍS)

Son niños acostumbrados a los médicos, a los pinchazos. Pinchazos en los dedos, para comprobar la glucemia en sangre. Pinchazos en el vientre o las nalgas, para ponerse el catéter de la bomba de insulina que les acompaña en todo momento como un remedo de páncreas artificial. Pinchazos para instalarse sensores en el brazo. Pinchazos para ponerse directamente la insulina inyectada. Pinchazos que no tardan en ponerse ellos solitos, porque necesitan valerse por sí mismos cuanto antes.

Son niños que han desarrollado la paciencia suficiente para no comer lo que quieren cuando quieren, sino lo que pueden cuando les dicen. Niños que esperan hasta poder tomar esa porción de tarta de cumpleaños que además es más pequeña que la del resto. Niños que saben qué alimentos son libres y cuáles pueden suponer un problema. Niños que al crecer aprenden a calcular los hidratos que tiene aquello que van a comer y las raciones que son para ajustar la dosis de insulina. Niños que no se separan de su mochila salvavidas que alberga su zumo y sus galletas, sus pastillas de glucosa, sus medidores, su insulina, sus recambios por si falla el cateter o el sensor.

Son niños que saben que no se pueden quedar con cualquiera, que necesitan adultos capaces y dispuestos a ayudarles, a asumir la responsabilidad de cuidarles. Niños para los que quedarse a dormir en casa de un amigo o ir de excursión con el colegio puede suponer un problema, un coste, incluso una injusta imposibilidad.

Son niños sin límites. Niños que crecen soñando en ser lo que ellos quieran, en llegar a ser olímpicos o volar hasta Marte. Niños que a los que hasta hace muy poco habían vetado injustamente de profesiones como ser bombero o policía. Una batalla ganada. Habrá otras que tendrán que sostener.

Son niños que tendrán que aprender a ser adolescentes responsables, que cuiden su salud evitando excesos que les pongan en peligro.

Son niños fuertes. Son niños muy valientes, ya os lo dije. Y este jueves, catorce de noviembre, es su día. Este mes es su mes.

Son niños que necesitan toda la ayuda que podamos darles. Necesitan que tengamos el mismo valor y fuerza de voluntad de ellos, que nos responsabilicemos sin miedo para hacerles la vida más fácil siempre que sea posible y que exijamos la investigación médica que mejore su futuro y los recursos que garanticen su bienestar.

En España y en todas partes.

‘Cachito’, un cuento que habla del amor de su autor por sus dos hijos y de la necesidad de visibilizar la discapacidad infantil

Mike Bonales es dibujante, ilustrador y autor de cómics. Es conocido sobre todo por Conejo Frustrado y Polo Sur. También es padre reciente de dos niños. El mayor se llama Iván y el pequeño Óscar, que tiene discapacidad.

Cachito es el cuento que Mike ha creado por amor a ambos. Un regalo para sus hijos, para entender y entenderse, que es un regalo también para todos, por lo que va a hacer para visibilizar la discapacidad infantil y porque este cuento es también un abrazo para todos aquellos que hayan pasado por la experiencia de tener un hijo, un nieto, un sobrino o un hermano que ha empezado su vida peleando, igual que el pequeño Óscar.

Mike lanzó hace apenas un par de semanas este cuento en Verkami y el éxito ha sido arrollador. A los pocos días había logrado su objetivo inicial y sigue sumando mecenas. Hace varios años que numerosos proyectos, como Cachito, que rebosan calidad naciendo mediante estos sistemas de crowdfunding o micromecenazgo.

¿Por qué has decidido publicarlo mediante crowdfunding?
Porque se trataba de un proyecto muy personal. Quería tener la libertad de crear una obra totalmente mía, de mi familia. Es complicado, a priori, encontrar una editorial que publique una obra tan personal y concreta.

El protagonista de tu cuento es Óscar. ¿Cómo es tu hijo? ¿Cómo es el óscar del cuento?
Cuando escribí el cuento, Óscar tenía un año. Ahora tiene dos, y ha avanzado en muchos aspectos. En el cuento hablo del esfuerzo que tiene que hacer para superar obstáculos que para los demás son sencillos. Hoy está superando nuevos obstáculos, pero la idea sigue
siendo la misma.

¿Cuál es el objetivo del cuento? ¿Qué te gustaría que los mecenas se llevaran al leerlo o leérselo a sus hijos?
Escribí el cuento pensando en mis hijos. Primero, para que Iván, mi hijo mayor, entendiera mejor qué le ocurre a su hermano, por qué se comporta de esa manera, por qué le prestamos tanta atención y por qué va a terapia, al hospital con frecuencia, etc… Segundo, para que cuando Óscar sea más mayor, entienda por qué a él le cuesta más que a otros niños hacer ciertas tareas. Y tercero, para que muchos padres y madres comprendan que, aunque caigas, puedes volver a levantarte y ver la belleza en lugares que pensabas que eran oscuros y aterradores.

Te he escuchado decir que es un cuento pensado para que el hermano mayor de Óscar entienda lo que le pasa a su hermano. ¿Cómo es su relación?
Digamos que es una relación complicada. Iván siente celos de Óscar, como cualquier hermano mayor, pero además tiene que lidiar con un niño que actúa de una forma diferente a otros niños. Muchas veces no sabe cómo actuar con él porque la comunicación es difícil.

Menuda mochila llevan los padres en el cuento… 🙂
¡Jajajaja! Sí, es a propósito. La mochila que llevan simboliza las responsabilidades, compromisos, preocupaciones y problemas que tenemos en nuestra vida diaria. La mayoría de las veces esa mochila lleva más peso del necesario. Lleva cosas que no son tan importantes.

Los médicos son magos y las enfermeras hadas. ¿Por qué esa ambientación fantástica?
Porque no quería hacer un cuento de hospitales, quirófanos, salas de espera… Quería hacer una aventura, una historia que guste a todos los niños y padres que lo lean, pero que mantenga el mensaje que quiero dar. El mago es el cirujano, las hadas son enfermeras, fisioterapeutas, psicólogas… todos los profesionales que trabajan con Óscar y que consiguen avances increíbles, casi mágicos.

Has dicho que habrá más cuentos. ¿Tienes alguna idea ya en mente?
Tengo más ideas, pero sobre temas más genéricos. He leído muchos cuentos a mis hijos y creo que puedo aportar algo divertido y original.

La Navidad no está tan lejos, si tuvieras que hacer una carta a los Reyes Magos con tus tres deseos para los niños con discapacidad, ¿cuáles serían?
Atención temprana y terapias cubiertas por la seguridad social el tiempo que sea necesario. Más apoyo en los colegios para que los niños puedan integrarse con otros niños sin discapacidad. Y mucha más visibilidad y concienciación: que la diversidad se convierta en la norma, no en la excepción.

¿Y para tu hijo?
Que siga aprendiendo, que mejore en su comunicación y que no vuelva a tener más crisis epilépticas.

La discapacidad infantil es más común de lo que parece, pero al mismo tiempo muy desconocida. ¿Por qué? ¿Tal vez preferimos mirar a otro lado? ¿Tal vez es demasiado diversa?
Porque no se le da visibilidad. Cuando te encuentras en esta situación descubres que hay muchos, muchísimos casos similares al tuyo. Por eso creo que es importante la integración en colegios (siempre en los casos que sea viable), para que se normalice la convivencia con personas con diversidad funcional. Eso sí, me parece que es imprescindible que, tal y como está la situación hoy en día con respecto a la integración, se mantengan los colegios de educación especial, porque es muchos casos son mucho mejores para el niño que los colegios tradicionales. Tenemos que tender siempre a la integración, pero cerrar los centros de educación especial sería, a día de hoy, un grave error.

Lo que dicen los distintos partidos en sus programas sobre educación inclusiva y especial

Aquellos que tenemos hijos con discapacidad intelectual, con necesidades educativas especiales, llevamos un par de años moviditos. En lugar de remar juntos buscando la mejor opción para que tengan todos los apoyos que necesitan, algo que está lejos de lograrse, nos encontramos con demasiadas posturas enfrentadas.

Los hay que abogan por eliminar del todo la vía de la Educación Especial existente en España para lograr una inclusión total, posición en la que se encuentran demasiados en un enroque y una poca disponibilidad al diálogo difícilmente comprensible. En el bando contrario los hay que defienden a la especial tal y como está, pero sobre todo abundan los que reconocen que es un sistema mejorable pero necesario, que son escépticos respecto a la capacidad de que haya un buen sistema de inclusión.

(GTRES)

Eso muy resumido. Sobre aquella situación, que aún perdura, y mi postura al respecto ya os hablé el año pasado.

Vuelvo al tema porque he estado recorriendo los programas electorales de los principales partidos políticos cuyas papeletas tendremos en los colegios electorales este domingo. Quería saber qué prometen a este respecto.

Me he encontrado con Mas país como único partido que habla abiertamente de la supresión de la educación especial, a Vox ignorando ampliamente este tema (y casi también todo lo relativo a la discapacidad). PSOE, PP y Ciudadanos, hablan de trabajar por la inclusión manteniendo la especial, con los dos partidos más a la derecha haciendo más hincapié en la capacidad de elección de los padres.

Vamos uno por uno:

Empiezo por los nuevos, los que aspiran a entrar en el campo con grupo parlamentario propio: Más país de Iñigo Errejón. Su programa asegura en la página 45:

Garantizaremos una educación inclusiva, suprimiendo la excepcionalidad de la #educación especial en la normativa al respecto y desarrollando una estrategia para una educación inclusiva a corto-medio plazo.


En el programa del PSOE, del que se rumoreó mucho el curso pasado casi en plan Fake News de que también quería abolir la especial que obligó a Isabel Celaá a insistir y al Ministerio de Educación y FP a emitir un comunicado negándolo:

Este principio será compatible con el mantenimiento de Centros de Educación Especial para alumnos que necesiten una atención muy personalizada.

El programa del Partido Popular, página 35, se centra en defender la capacidad de elección:

Garantizaremos el derecho de los padres de niños con discapacidad a elegir la educación que quieren para sus hijos, tanto en los centros de educación especial como en centros normalizados.

El de Ciudadanos (gracias Terry por pasármelo) va en una línea a caballo entre el PSOE y el PP:

Defenderemos un modelo mixto para los estudiantes con discapacidad que permita a las familias elegir tanto la escolarización en centros de educación especial como la educación inclusiva en centros ordinarios.

En el programa de Podemos, en la página 99 habla de “implantar la educación inclusiva” pero no concreta la propuesta para la educación especial. El párrafo es interpretable.

En el programa de Vox hay mucho pin parental y mucha obligatoriedad del idioma español, pero no he encontrado nada de nada sobre su postura al respecto de la educación inclusiva y la educación especial.

De hecho, dado que no había nada, he buscado sobre discapacidad y tampoco hay apenas un par de menciones. Una a ampliar el permiso de maternidad con hijos con discapacidad, pero sin concretar tiempos y obviando que mucha discapacidad infantil es sobrevenida o se detecta más allá de las primeras semanas y otra en defensa de las personas con síndrome de Down un tanto inclasificable, que habla en términos de exterminio.

Termino recomendando un texto de mi compañera Lolita Belenguer sobre lo que dicen todos los partidos en materia de educación. Aunque como comentaba hoy mismo con otra compañera, no hace falta inventar la pólvora para mejorar la calidad de la educación y reducir el abandono escolar. Antes que hablar de evaluaciones de los docentes o exámenes de nivel periódicos a los alumnos, hay una solución efectiva y sencilla, aunque reconozco que no barata: reducir las ratios.

Lo piden nuestros hijos, también los científicos, todos debemos trabajar contra la actual emergencia climática

No hacemos caso a nuestros hijos. Hace un año que Greta Thunberg se puso en pie, levantando a su lado a miles de jóvenes de la mano del movimiento Fridays for future.

No hacemos caso a la ciencia, en la que se apoyan esos niños y adolescentes para plantearnos sus reivindicaciones. Llevan demasiado tiempo alzando la voz con escaso éxito. Su último clamor en el desierto vino este martes, con más de 11.000 científicos firmando un manifiesto en la revista Bioscience en el que piden que entendamos que estamos ya ante “una emergencia climática” que traerá “un sufrimiento humano sin par”.

Seguimos con nuestro día a día. ¡Bastante tenemos! El trabajo o la falta de él; llevar y recoger del colegio; cocinar, limpiar y hacer la compra; salir a correr o a tomar un café o unas cañas con los amigos para sumar unos puntos de cordura; superar el último encontronazo con nuestra pareja, nuestro hijo o nuestro padre; ver la última serie de Netflix o HBO que nos han recomendado.

El planeta se agota, pero también los huevos y hoy nos preocupa más que hay bajar al súper que cómo estén los polos. El clima cambia, igual que nuestros hijos entrando en la adolescencia y trayéndonos nuevos quebraderos de cabeza.

;Qué lo arreglen otros!
Que lo hagan los políticos, los ecologistas, los científicos. Para eso están. Ellos son los que tienen los recursos, el saber. A nosotros que nos dejen en paz, que bastante tenemos con salir cada día de la cama cuando suena el despertador soñando con las próximas vacaciones.

Yo, yo mismo y mi ombligo. O los ombligos de los míos, pero solo los más cercanos.

Y así seguimos caminando hacia el precipicio, convirtiéndonos en la generación que asoló la Tierra, esa en la que nuestros nietos pensarán “¿cómo no hicieron algo? ¡Pero si veían lo que estaba pasando! Lo tenían ante sus narices y los muy idiotas, los muy egoístas, siguieron a lo suyo”.

Pensarán así de nosotros y con razón. Nos asomamos a una de esas distopías post-apocalípticas con la inconsciencia de lemings.

¿Qué hacer? Nada no es una opción. Estamos a tiempo de reaccionar y no podemos permitirnos caer en el derrotismo.

(GTRES)

Me lo contaba hace un mes Patricia Ramos, estudiante de medicina de 19 años a la que llaman la Greta española, aunque a ella no le guste, y que fue una de los 500 jóvenes de todo el mundo invitados por la ONU en Nueva York.

Nos da la sensación de que hay soluciones que se podrían estar poniendo en marcha y no es así por intereses económicos, como siempre. No quiero que el pesimismo sirva de excusa a la gente para dejar de hacer cosas, para que digan “¿por qué voy a tener que hacer yo algo si el planeta se va a acabar igualmente?”. Quiero que haya esperanza. El planeta se puede salvar si ponemos todos los esfuerzos que deben ponerse para lograrlo. El problema no es que no haya soluciones, es que no hay interés en ponerlas en práctica.

Me lo repetía esta misma semana César-Javier Palacios, periodista ambiental de referencia en nuestro país:

La especie humana siempre se ha movido gracias a retos. Hemos pasado momentos muy difíciles en toda nuestra historia. Si aceptas la derrota ya no vas a luchar y eso es lo peor que nos podría pasar. Más aún cuando estamos en un momento de auténtica crisis ecológica. La crisis climática a la que hemos llegado nos obliga a hacer grandes esfuerzos, pero desde el optimismo, desde la sabiduría de entender que podemos lograrlo. Ahora tenemos más recursos que nunca. Caer en el derrotismo nunca funciona.

Claro que podemos hacer mucho. Vuelvo a Patricia:

A nivel individual podemos hacer mucho. Que reciclen. Que no malgasten agua, por favor. Que no se malgaste luz. Lo que nos llevan nuestros padres diciendo toda la vida. Que si pueden reducir su consumo de carne, lo hagan, porque la industria agroalimentaria es uno de los mayores agentes emisores de CO2 que hay. Que reduzcan su consumo de ropa, porque se invierten muchísimos recursos como agua y energía en fabricar cosas que compramos y no necesitamos. Que sean también conscientes de si realmente es necesario todo aquello que adquieren.

Y a César:

Hasta ahora éramos ciudadanos, con unos derechos y unas libertades. Estos nuevos tiempos nos han hecho también consumidores. Tenemos una doble categoría y precisamente la segunda es la que tiene más fortaleza. Como ciudadanos podemos votar cada cuatro años. Bueno, en España cada año (risas). Pero como consumidores estamos votando diariamente y minuto a minuto. Nunca hemos tenido tanta fuerza. El mayor cambio en nuestra sociedad lo va a traer el consumo. En el momento que decidimos retirar los aerosoles se solucionó una parte importante de la pérdida de la capa de ozono. Y fue una solución para la que no hubo que congregar a comunidades de países, solo hubo que decidir que dejábamos de usarlos. El plástico se nos ha ido de las manos pero estoy convencido de que en diez años ya no lo va a haber en los mares y lo habremos logrado como consumidores al no comprarlo. Por eso para mí es tan importante hablar de la importancia de reducir el consumo de carne, de plásticos o de cómo moverse en las ciudades.

¿Y tú? ¿Te vas a quedar quieto?