Archivo de enero, 2019

¿Dejar de trabajar, dedicar tu vida para cuidar a otros, es renunciar a tus sueños?

Este lunes desayunamos con un emotivo discurso de Glenn Close, al recibir su tercer Globo de oro por The wife. Unas pocas palabras de agradecimiento con las que recordaba a su madre entre lágrimas y reivindicaba el derecho de las mujeres a cumplir sus sueños.

Estoy pensando en mi madre, que toda su vida dependió de mi padre y a los ochenta años me dijo que pensaba que no había conseguido nada. Eso no está bien, y lo que siento que he aprendido con esta película es que las mujeres somos las que cuidamos y criamos y eso es lo que se espera de nosotras. Tenemos a nuestros hijos, tenemos a nuestro marido si somos lo suficientemente afortunadas, tenemos a nuestras parejas, lo que sea… pero necesitamos sentirnos realizadas. Tenemos que seguir nuestros sueños. Tenemos que decir “yo puedo hacer eso y debería estarme permitido hacer eso”.

Imposible no aplaudir. Por supuesto que debemos tener derecho a perseguir nuestros sueños. Y es preciso seguir peleándolo. Ayer también era noticia cómo una chica saudí de dieciocho años había huido de un matrimonio concertado saliendo del país y temía por su vida. Un pequeño ejemplo entre muchos que tenemos a diario en portada de cualquier periódico, también en nuestras calles.

No obstante, volviendo al discurso de Glenn Close, no sé qué contestaría a su madre cuando le dijo que tenía la sensación de no haber logrado nada en su vida. Debe ser muy triste llegar al final de tus días inmersa en esa convicción, también escucharlo, por mucho que sea imposible que su existencia haya sido tan baldía. Yo, al menos, no lo creo. A veces esas emociones responden a una cuestión de perspectiva.

Escuchándola sobre ese papel de la mujer que abandona el camino que había empezado a recorrer, que renuncia a sus sueños para atender a otros, reflexionaba sobre lo mucho que lo he visto a mi alrededor y me hacía la preguntaba si dejar de trabajar, si dedicar tu vida a cuidar a otros, es renunciar a tus sueños. Lo ha sido y lo es en demasiados casos. Pero no, no siempre es así.

Tengo un hijo con discapacidad, que fue a Atención Temprana, que ahora va a un colegio especial. Me muevo en círculos en los que es habitual que uno de los progenitores deje de trabajar y pase a ser cuidador. Y suelen ser las madres.

Puede que tuvieran un trabajo que no les motivase demasiado o uno que tenía que ver con sus estudios y sí les gustaba. Da igual, tuvieron que dejarlo. Los horarios eran incompatibles con atender a ese hijo con especiales necesidades, no se fiaban de otros o no podían ser otros, no salían las cuentas.

El trabajo pasó a ser muy distinto: llevar y traer de colegios, actividades, revisiones y pruebas médicas y terapias; hacer papeleos; consolar, limpiar, alimentar, estimular…

Que uno de los padres deje de trabajar puede implicar muchas renuncias personales y profesionales que a veces pasan factura. También familiares. Lo he visto. Puede traducirse en menos capacidad para afrontar terapias; menos (liberadoras y necesarias) posibilidades de ocio y descanso en familia o pareja; la dependencia económica, con las distintas implicaciones que tiene, de uno de los miembros de la pareja hacia el otro; también en el estrés mental que supone tener una vida que no has elegido sino en la que te sientes obligada a estar.

Pero tampoco es así siempre. A veces no es preciso apretarse tanto el cinturón porque uno de los sueldos es suficiente. A veces, incluso con más carencias materiales el volantazo compensa. En ocasiones el trabajo tampoco era algo especialmente motivador y volcarte en tu familia es motivo de felicidad, de liberación pese a los posibles inconvenientes.

He visto de todo. Asumir la nueva situación con resignación, con alegría, con amargura, con sana aceptación… He visto el “no quedaba más remedio”, el “volvería a trabajar si pudiera”, y también el “este es mi camino y estoy feliz recorriéndolo”. Prejuzgar, suponer sin conocer cuando vemos a una mujer entregada a los cuidados de otros, puede conducir a error.

Cuidar pude realizar. Por supuesto que sí. Al final de una vida, haber sido el sostén de otros puede haberte llenado de buenos recuerdos y aportado plenitud. Cuidar no es sinónimo de renunciar a tus sueños. Cuidar no debería suponer dejar de cuidarte. Cuidar no implica renunciar a la corresponsabilidad. Y cuidar no debería ser sinónimo de renunciar a tus sueños.

Fotos: GTRES