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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

Archivo de octubre, 2018

Un club de fútbol base impide a un niño de nueve años con autismo que juegue los partidos de su equipo, perder pesa más que incluir

Puede seguir entrenando, eso sí. Pero este niño, que no se ha perdido un solo entrenamiento en todo un año, no podrá jugar con sus compañeros. Solo le queda llorar y aguantarse. O no, porque su familia no se va a quedar quieta-

Zuriñe, que cuenta el caso en su muro de Facebook, es la madre de este niño de nueve años con autismo que se ha encontrado con un claro caso de falta de valores en su club, de ceguera a la hora de dar valor a lo realmente importante, de poca voluntad por hacer las cosas bien. Vamos a decirlo claramente, de discriminación.

El club que ha obrado de semejante manera es el Club Deportivo Betoño, de Vitoria, que tuvo un equipo adulto en tercera división pero que decidió en la temporada 2015-16 centrarse en el fútbol base. A ver como justifican la decisión de apartar a Mikel de los partidos, están invitados a hacerlo si es que son capaces. Las dificultades que se puedan presentar para integrar a un niño con autismo hay que esforzarse en superarlas; apartar a ese niño sin más, tirar de una solución fácil y rápida de no hacerle competir, no es una buena decisión.

En declaraciones a una compañera de este periódico, desde el club han reconocido “un fallo en la comunicación con la familia” y que quizás se entendió mal que el primer y único partido que se permitió a Mikel jugar era “un premio” que “ha llevado a expectativas familiares equivocadas”.

¿Cómo que un premio? Creo que ese concepto de que le estaban dando una dádiva es indicativo también de que no ven a ese niño con ojos integradores, que aspiren a la igualdad con sus compañeros. ¿Qué supone entonces para el resto de niños con los que entrena y sí que juegan los partidos? También han dicho estar dispuestos a volver a reunirse con la familia, sin aclarar los motivos por los que no le permiten jugar. Espero que, de reunirse de nuevo con ánimo conciliador, encuentren una solución que no le haga sentirse fuera del equipo.

La competitividad, ganar partidos, no puede pesar más que la inclusión y los derechos de los niños. No debe hacerlo nunca, pero menos aún a edades tan tempranas.

Hace una semana recordaba a los padres en este mismo blog sus hijos no son cracks, son niños; que el deporte en la infancia debería ser juego, aprendizaje y diversión, no competición y rivalidad.

También deberían tenerlo presente los clubes.

(GTRES)

Un niño de 9 años con autismo, mi hijo Mikel. Su mayor ilusión: jugar al fútbol.

Su objetivo: poder jugar un partido (como los demás), no habiendo faltado a un solo entrenamiento durante de 1 año en un Club, sin jugar los sábados y sin perder su sonrisa.

Se decide este año “darle la oportunidad” de jugarlo. No lo hace peor que los demás… soy testigo directo, no me lo han contado.

Resultado: whatsapp del coordinador a día de ayer diciendo que se ha decidido que siga entrenando pero que no puede jugar partidos.

Reunión por la tarde con su madre, el directivo, el coordinador y el entrenador. Alegan causas objetivas. Nadie las vemos hasta el punto de apartarle de los partidos y no hacerle ficha. En primer lugar porque se supone que con esta edad no van a jugar para ganar exclusivamente. En segundo, porque aunque así fuera, y por muy malo que fuera, no perderían por su culpa.

¡¿Estos son los valores que enseñan a los niños en este lugar?!

Mikel ayer noche al recibir la noticia, lloró de una manera que nadie mínimanente humano puede soportar. Preguntándonos qué ha hecho tan Mal (¡nada!), asegurando que se ha esforzado al máximo (¡cómo el que más!), si ha faltado al respeto a alguien, o si es un maníaco y por eso no le quieren…

Hay que estar en la carcasa de unos padres que han luchado y sufrido toda la vida del niño porque esta selva social le dañara lo mínimo posible, para empatizar con lo que podemos sentir al verle así. Y más, cuando no hay razón objetiva. La única razón que no se reconoce, es su etiqueta, que no se entiende, sigue sin querer entenderse, y continúa tristemente dando miedo.

Intentaron hacernos desistir de seguir de la manera más rastrera. Y sin ir de frente. Haciendo creer al niño que ese partido significaba el principio de su sueño. Resulta que fue su final pero nunca se le dijo a qué iba, ni a su familia tampoco.

Ha acabado así esta historia, un niño que quiere encajar y no se lo permiten, destrozado, con la autoestima por los suelos, buscando una culpa que no tiene, y expresando que “me han robado mi sueño”.

¿Será posible que permitamos esto? Hasta cuándo gente de esta pasta puede estar donde está, trabajando con niños?

No, no es una pataleta del crío. Él ha demostrado contar con unos valores de los que ellos deberían tomar nota.

Espero que duerman bien por las noches y no se despierten llorando, como él.


Queremos a Mikel jugando feliz con sus compañeros
, aprendiendo él y aprendiendo todos verdaderos valores vinculados a la deportividad, que no a la pura competición.

(GTRES)

Los padres de las personas con discapacidad no debemos ser freno, sino impulso

Fernando García Monzón y Luisa Roco son los padres de Javier, un chico de dieciocho años que protagoniza este lunes la portada de 20minutos por hacer sido el primer y único gran dependiente en viajar con el programa Discover EU de Interrail.

Ambos han luchado mucho por él y lo siguen haciendo sin ponerse límites ni ponérselos a él, como evidencia el reportaje que os recomiendo leer.

Los padres de personas con discapacidad a veces ejercemos de freno, cuando deberíamos ser precisamente impulso como Luisa y Fernando.

Es lógico no obstante que lo hagamos: hay miedos, muchos inconvenientes, trabas de todo tipo. En la Fundación Once me contaban que uno de los motivos por los que apenas van estudiantes universitarios con discapacidad de Erasmus (hay 18.0000 universitarios con discapacidad y el curso pasado viajaron 120) es precisamente que en el entorno familiar y social les desalentamos a dar ese paso.

Sí, es normal que no nos atrevamos, que hagamos que nuestros hijos tampoco se atrevan y pierdan con ello oportunidades y experiencias. Pero hay que tomar conciencia y procurar evitarlo en la medida de lo posible. Hay que reconocer cuando el miedo está decidiendo por nosotros y replantearse nuestras actitudes y posturas.

Hace ya muchos años una madre, con más experiencia que yo, dijo que había que ir a los sitios que nos apetecía, probar cosas nuevas, siempre que fuera posible. Que tal vez durases cinco minutos o tal vez tres horas, pero que no había que dejar de intentarlo. Decía que muchas veces nuestros hijos nos sorprendían para bien, pero para ello había que darles la oportunidad de sorprendernos.

Durante todo este tiempo no he dejado de creer que tenía toda la razón. El miedo no puede marcar nuestro rumbo.

Quiero terminar mi post de la mano de Fernando García Monzón, que es un artista que hace retratos a lápiz. En este vídeo explica uno que hizo a su hijo Javier y que encierra mucho más de lo que parece, igual que las personas siempre son mucho más que lo superficial y también conviene hacer el esfuerzo de verles a un nivel más profundo.

Hoy vamos a hablar de ese cuadro. Nuestro hijo Javier tiene una parálisis cerebral severa y siempre necesita de ayuda de tercera persona. En un cuadro, las líneas exteriores son siempre ortogonales. Y este orden siempre lo rompe la diagonal. La diagonal viene a ser de alguna manera la línea diferente, la línea de tensión. Apoyándome en esa característica he organizado el retrato de Javier de modo que esta diagonal sea el eje de su cara, el eje de su retrato.

De alguna manera, si la diagonal es una línea de tensión, si es una línea que se sale dentro del orden, representa lo que es el eje de la vida de Javier; no tanto por él, sino muchas veces por los demás.

Esta diferencia, esta tensión, también la he querido reflejar al dibujar las manos, que le representan perfectamente, y al añadir un cierto color al jersey. Seguramente si hubiera sido en blanco y negro hubiera quedado mucho más entonado todo, pero quise meterle un color un poco fuera de orden para reforzar la idea de que hay algo que no funciona. Hay algo que, de alguna manera, molesta.

Aunque Javier está afectado motóricamente, desde el punto de vista cognitiva no tiene prácticamente ninguna afección. Él se comunica con la mirada y de alguna manera lo que aquí nos quiere decir es que obviemos todo aquello que vemos a primera vista y nos dediquemos a mirarle a él, a comunicarnos con él.

Los ojos es el punto por dónde él, como persona, sale afuera y se comunica.

Debemos, entonces, no tener en cuenta lo que se ve e intentar ir al fondo de las personas, lo que quizás deberíamos de hacer todos con todas las personas.

Siempre necesita de tercera persona, pero su presencia, la presencia de Javier, suele distraer y borrar totalmente esta ayuda. Aquí, en el cuadro, también he querido representar eso. Esta silueta que se adivina aquí es la cara de su hermano. Aquí estaría un hombro. Y en el otro lado de las manos estaría el otro hombro.

En resumen podría decirse que este cuadro intenta representar el mundo interior de Javier, el que de verdad importa de las personas; la necesidad de ayuda que todos tenemos, y en su caso de una manera más manifiesta y más acusada; y como lo importante al final no son las apariencias, sino que es la persona y lo que nosotros podemos hacer por ella.

Sueña con volar tan alto como quieras #DíaInternacionaldelaNiña

Nunca dejes que nadie te diga que no puedes llegar a conseguir algo por haber nacido niña. Si lo deseas de verdad, inténtalo con todas tus fuerzas. Cuanto más alto dispares tus flechas, más lejos llegarán.

No permitas que te hagan de menos, que te miren pequeña y corten tus alas. Huye de aquellos que son tan mezquinos que necesitan verse grandes a costa de otros.

Escapa también de los que ponen zancadillas, de los que pretendan poseerte, de los celos, de los que frenan, restan o te hacen sufrir. Hay mucha gente que merece la pena, no pierdas el tiempo con aquellos que te harán infeliz.

No creas a los que dicen que hay trabajos, aficiones, sueños o actitudes que no están hechos para las mujeres. Están equivocados. Demuéstraselo.

Si persigues o disfrutas algo en lo que estás en minoría no eres rara, simplemente eres tú. Aprende a sentirte cómoda con cómo eres.

Serán muchos los que tenderán a valorarte por tu carcasa. Da igual cómo seas, da igual si creces según sus estándares de belleza o completamente alejada de ellos. No lo permitas. Jamás les creas.

Sé independiente. Sigue tu camino y sé capaz de mantenerlo. No dependas nunca tanto de alguien como para dejar de escuchar a dónde quieres que te lleven tus pasos.

Prepárate para pelear cuando sea necesario. Lo será. No has venido a un mundo en el que todo es justo e igualitario.

(GTRES)

* Este texto, en origen más extenso, lo publiqué el Día de la Mujer, pero es relevante recuperarlo hoy, Día Internacional de la Niña.

No podemos no rebelarnos ante el hecho de que 62 millones de niñas en el mundo no tienen acceso a la educación, 150 millones son víctimas de violencia sexual y 12 millones son víctimas de matrimonio forzoso.

“Se debe vigilar la salud mental de nuestros niños igual que su peso”

Hoy es el Día Mundial de la Salud Mental. Un día en el que quiero sumarme al llamamiento de muchas personas por dejar de estigmatizar a las personas que tienen enfermedades o trastornos mentales. Personas que podríamos ser nosotros o nuestros seres queridos en cualquier momento, si es que somos de los pocos a los que algo así no nos ha tocado de cerca.

Pero sobre todo quiero hacer incidencia en cómo afecta a niños y adolescentes.

Es, justo a los 14 años, según las OMS, cuando dan comienzo la mitad de las enfermedades mentales, que en la mayoría de los casos “ni se detectan, ni se tratan”. Por eso quiero sumarme también a la petición de medidas concretas para detectar los problemas de esta índole a edades tempranas.

Pîlar Conde, directora técnica de Clínicas Origen, habla de “medidas preventivas deseables y eficaces, como la instauración de programas de concienciación y prevención en los colegios, así como la presencia fija de psicólogos en colegios y centros de salud”.

Pero también las familias tenemos mucho que aportar en este sentido.

La resilencia, la capacidad que tenemos para aprender a enfrentarnos a las situaciones negativas, se cita en este informe 2018 de la OMS como herramienta para que menores y jóvenes se enfrenten a los problemas mentales. Junto a este mecanismo, Pilar Conde facilita a los adultos responsables estas claves de apoyo:
– Animarles a la práctica deportiva.
– Procurar que se alimenten de forma equilibrada
– Vigilar que cumplan un horario regular de sueño.
– Gestionar para ellos un tiempo de ocio y disfrute.
– Facilitarles la realización de sus hobbies y actividades favoritas.

Dos entornos serán fundamentales en la realización de estas facetas, el familiar y el escolar, desde donde, insiste la experta, “se debe vigilar la salud mental igual que se vigila, entre otros, el peso del menor”.

(GTRES)

Y termino este texto que podría considerarse colectivo con algunas recomendaciones de lectura relacionadas:

Entérate papá, tu hijo no es un crack

Ha vuelto a pasar. Y no sé vosotros, pero yo ya he perdido la cuenta de las veces que al violencia física o verbal protagoniza los encuentros deportivos entre menores de edad hasta el extremo de llegar a las noticias.

Esta vez ha sucedido en mi Asturias, en un partido de cadetes, con un padre amenazando a un árbitro que sacó una tarjeta amarilla a su hijo.

Suelen ser padres, aunque también hay madres. Y normalmente se da en partidos de fútbol, aunque ningún deporte escapa a estos espectáculos deplorables.

Entérate papá, tu hijo no es un crack. No es Cristiano Ronaldo o Messi jugándose un fichaje millonario, el balón de oro o la convocatoria a la selección. Tu hijo, por bueno que sea, es un niño que necesita sobre todo aprender y divertirse, construir un universo personal de valores. Lo que no necesita en ningún caso es un exceso de presión salpicado de episodios de violencia.

Entérate papá, aunque tu hijo sea un pequeño crack, lo más probable es que su carrera deportiva no conduzca a hacerle (hacerte) millonario. Pero sobre todo si parece que puede llegar a ser un profesional en el deporte que él (no tú) ha elegido, extrema el cuidado. No le llenes la cabeza de pájaros. No reduzcas su mundo. No equivoques sus expectativas. Ábrele distintas sendas por las que poder transitar.

Entérate papá, no digo que no apoyes su esfuerzo. Claro que hay que creer en sus sueños (sin inocularle los tuyos). Por supuesto que hay que animarle a que alcance su máximo potencial. Pero siempre desde el respeto a la infancia, procurando que el juego, el aprendizaje y la diversión imperen en su camino y no la competitividad y la rivalidad.

Entérate papá, alrededor de tu hijo hay muchos otros niños, compañeros de equipo y rivales. También adultos, otros padres, árbitros o entrenadores. Toda persona merece respeto. Los gritos, los insultos, los menosprecios y por supuesto las agresiones físicas no están justificadas bajo ningún concepto. Da igual lo que haya pasado. No importa lo garrafal que haya sido el error arbitral, que la decisión del entrenador te parezca errónea, que hayan sentado a tu hijo en el banquillo por la razón que sea. NADA es motivo para perder los papeles. Respira profundamente y cuenta hasta diez.

Entérate papá, tienes que dar ejemplo. Desde la grada, cuando el partido ha terminado y habláis en corrillo, de camino a los entrenamientos. Siempre. Tú tienes que ser el primero que debe promover el juego limpio. Debes entender que junto y enfrente a tu hijo hay muchos otros con los mismos derechos que el tuyo. Que lo importante es participar y divertirse, por mucho que todos disfrutemos ganando.

Entérate papá, eso de ir al campo a eliminar el estrés acumulado insultando al árbitro y a los jugadores tiene que llegar a su fin. En los partidos de tu hijo y también en los de tu club. Por culpa de los que van a soltar bilis en lugar de a disfrutar de un deporte, muchos eventos deportivos han dejado de ser aptos para niños pequeños.

Entérate papá, tu hijo es un niño. Nada menos.

(GTRES)

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Por unos espacios infantiles libres de música machista

Este verano me preguntaba: ¿por qué demonios estamos poniendo canciones como El anillo pa’cuando a nuestros niños?.

Canciones como esas, como las de Maluma por poner otro ejemplo, suenan en patios, clases de baile infantiles, emisoras supuestamente aptas para que las escuchen niños. Y os contaba que es una forma de hipersexualizar la infancia, sin entrar en el tratamiento que se da a las mujeres en muchas de ellas.

Lo recordaba tras recibir un escrito de una lectora de 20minutos, cuya amiga protestó en una circunstancia parecida y recibió solo incomprensión, lo que ha motivado una recogida de firmas en Change que ya lleva casi 4.000 apoyos. Y auguró que serán muchos más en breve plazo de tiempo.

Sucedió en el castillo hinchable de las fiestas de su pueblo, cuando montó a su hija de apenas cuatro años. “Para que empiece a ser una mujercita y entienda su sitio en el mundo, pusieron la canción de Conejita, un poema acerca del amor verdadero en el que se incluyen felaciones, sexo anal, prostitución, maltrato, lefa… completito, vamos. Pero claro, como resulta que se aferra a su infancia, se quedó paralizada y no quería saltar, quería irse de allí , incluso cuando su mamá le pidió al feriante que cambiara la música”.

(Rosa Ambrosio/@mamadibuja)

Rosa nos cuenta que “la muy ilusa de su madre, con sus pájaros en la cabeza y sus ganas de proteger la infancia pensó que era buena idea sugerir a través de Facebook a la alcaldesa que en las atracciones infantiles no sonase esa música”.

Las respuestas recuerdan a algunas de las que recibí en mi post: que solo es una canción; que exageramos; que tenemos a ls niños en burbujas; que si no te gusta, te vas; o directamente “alquilas una colchoneta y os quedáis en vuestra casa escuchando un cassette de Parchís”.

Pues de Facebook a una petición para salvaguardar los espacios infantiles en Change, que desde luego yo apoyo. Ojalá esta recogida de firmas ayude a reflexionar a unos cuantos.

La autorregulación debería ser suficiente. Solo hay que tener dos dedos de frente para darse cuenta de que, si hay niños pequeños, determinado tipo de música no debería sonar. Por el mismo motivo que no les pondríamos una película porno o de terror.

Terminó con el texto de la petición:

Una niña salta feliz en un castillo hinchable de las fiestas de su pueblo. De pronto comienza a sonar una canción que la paraliza y asusta. Con su corta edad no entiende gran parte de la letra pero alcanza a intuir que esa letra “es fea”, y es que la canción habla de sodomía, prostitución, felaciones y maltrato y cosificación de la mujer.

Esta situación se repite en fiestas de pueblos, ferias, eventos infantiles…

Pensamos que es necesaria una legislación que proteja a los niños y niñas evitando la emisión de esta clase de música en las actividades destinadas al público infantil.

Poseemos una ley que regula la emisión de contenido dañino en los medios audiovisuales pero no es extensible a estos eventos, por lo tanto solicitamos una ley que sea aplicable a los mismos:

Ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual.
Artículo 7.
2. Está prohibida la emisión de contenidos audiovisuales que puedan perjudicar
seriamente el desarrollo físico, mental o moral de los menores, y, en particular, la de aquellos programas que incluyan escenas de pornografía, maltrato, violencia de género o violencia gratuita.

Es triste ver cómo una canción que abarca todos los elementos que deben evitarse en las emisiones enmarcadas en horario infantil pueda ser reproducida con total impunidad en actividades destinadas a los niños y las niñas.

Consideramos que una sociedad que persigue la igualdad de género, condena la violencia y el maltrato a la mujer debe priorizar la protección de la infancia alejándola de aquellos modelos claramente perjudiciales, ya que dan una imagen equivocada de la relaciones tanto afectivas como sexuales promueven el machismo, la violencia y la cosificación de la mujer.

Si tú también te estremeces al imaginar estas letras en los oídos inocentes de los niños, comparte.

‘Anastasia’, un musical de extraordinaria calidad que es perfecto para acudir con niños

El pasado jueves pude disfrutar, en compañía de mi hija de nueve años, del musical Anastasia que se estrenó por primera vez en Broadway el pasado año, coincidiendo con el veinte aniversario de la conocida película de animación de Don Bluth y Gary Goldman. Tras Nueva York, la primera ciudad que tiene el privilegio de alojar la preciosa historia imposible de la hija pequeña de los últimos zares ha sido Madrid.

Y la Anastasia de Gran Vía no merece otra cosa que repetir el éxito que está teniendo su gemela en Broadway.

Dirigida por Darko Tresnjak (ganador de un Tony), con libreto de Terrence MacNally (cuatro premios Tony), toma el cuento que conocemos por la película y lo eleva. Profundiza y pule la historia animada hasta el punto de lograr ser un disfrute perfecto tanto para los niños (a partir de unos siete u ocho años, sobre todo por su duración), como para los adultos. Es, a mi parecer, la mejor opción musical para acudir en familia.

El resultado es espectacular gracias a la conjunción cuidada con mimo e inteligencia de la historia, las interpretaciones, la música, las luces y su perfecto ritmo, que nos lleva de la mano hasta la conclusión con una constante sucesión de escenarios y cambios de vestuario.

No tiene nada que envidiar en maravilla a El rey león, que sí debería envidiar a Anastasia por su capacidad de sorprender.

Más fiel a lo que podría haber sido la historia, la caída de los zares y los peligros a los que se enfrenta la protagonista no procede de los hechizos de un Rasputín de ultratumba con un murciélago de mascota. Afortunadamente tenemos a Gleb, la encarnación sobre las tablas de la flaqueza del bolchevique al que da vida de manera sobresaliente Carlos Salgado.

Pero la estrella indiscutible, el gran descubrimiento, es la jovencísima Jana Gómez. Su Anastasia cautiva, con su canto, presencia e interpretación. Escuchar esa voz de cristal que te quiebra por dentro es un privilegio.

Tanto brilla Anastasia que el noble canalla Dimitri, el hijo de un anarquista enamorado de la ciudad en la que ha tenido que sobrevivir interpretado por el solvente Íñigo Etayo, corre el riesgo de ser eclipsado cuando comparten escenario.

De hecho, el único aspecto a mejorar que señalaría es que la historia de amor entre la princesa y el ladrón no logra alzar el vuelo, queda desvaída. Al buen bribón le falta magnetismo en momentos clave. Hay más fuerza sobre el escenario cuando Anastasia lo comparte con Vlad. La verdadera historia de amor, la que te llega al corazón es la de la emperatriz viuda (perfecta Ángels Jiménez) con la nieta que dio por perdida.

El punto humorístico, muy bien llevado, que no resulta en ningún momento excesivo, recae en manos de Vlad, el veterano acompañante de la pareja protagonista. Javier Navares borda su papel. También la condesa Lily (Silvia Luchetti), que es igualmente maravillosa.

Pero no acaba ahí el elenco del musical. Tanto San Petesburgo como París logran convertirse en protagonistas de pleno derecho. Oficinas bolcheviques, trenes que parten, el refugio parisino de los nobles rusos exiliados, palacios, puentes y callejones, e incluso un preciado sorbo del lago de los cisnes, están recreados con gran belleza.

Y más allá del goce estético, quiere ser representación histórica. Abundan los detalles inspirados en la realidad para aquel que los sepa capturar al vuelo. Es fácil despertar en nuestros niños el interés por lo ocurrido, por la Historia, tras ver Anastasia.

Igual que hacerles ver lo que realmente es importante, que no son los bienes materiales. O que ni la maldad ni la bondad son compartimentos estancos, que los seres humanos estamos hechos de todos los matices del gris.


FOTOS: STAGE ENTERTAINMENT/JAVIER NAVAL

Por un recreo inclusivo, en el que ningún niño se sienta al margen #recreoinclusivo

El momento de salir al patio suele ser especialmente delicado cuando hablamos de niños con necesidades educativas especiales, con autismo, con discapacidad. Lo pude corroborar de nuevo cuando elaboré el mes pasado un reportaje sobre las otras precupaciones de la vuelta al cole.

En el recreo un niño que no ve, que no oye, que tiene problemas motores o autismo, tiene muchas papeletas de acabar solo. Al niño que no ve hay que irle a buscar, él no es capaz de encontrar un amigo. El que no oye tiende a aislarse si no entiende reglas de juego o llamadas. El que tiene autismo y dificultades sociales puede verse superado o separado. El que tiene problemas para moverse no puede participar en muchas actividades habituales.

Si no hay una intervención, el recreo, que debería ser momento de relax y diversión para los niños, puede ser en cambio un rato de soledad, angustia o incluso dolor.

Y no por culpa de los otros niños. Es lógico que no caigan en la cuenta, que vayan a divertirse sin darse cuenta del compañero que se ha quedado atrás.

No basta con vigilar el patio. Hay que intervenir buscando dinámicas que integren, positivas para todos los niños.

Por eso me parece una estupenda iniciativa el concurso escolar que ha lanzado Grupo Social ONCE para lograr un recreo inclusivo. Por eso lo traigo aquí. Cualquier padre puede proponerlo en su colegio y simplemente participar ya crea conciencia (en niños y adultos) de pensar en el otro, de ponerse en su lugar.

Es un programa de sensibilización educativa que pretende trabajar en el aula de manera activa el cambio de actitudes y la actuación de los estudiantes para mantener una convivencia respetuosa. Este año, más de 2.000 profesores y 150.000 alumnos trabajarán el #recreoinclusivo.

La hora del recreo suele durar entre 20 y 30 minutos. Es el tiempo suficiente para que un estudiante se sienta al margen de sus iguales. Por ello, este concurso busca que los centros perciban el recreo como una parte importante de su proyecto educativo y no como un simple paréntesis en la jornada lectiva. De esta manera se puede convertir en una oportunidad educativa para la inclusión.

El concurso pone a disposición de los participantes diversas herramientas para que puedan mejorar sus aptitudes sociales y conseguir un entorno de recreo más inclusivo. De esta manera, serán los propios escolares y docentes los que hagan propuestas para hacer un espacio de ocio y convivencia para tod@s.

En el 35 concurso escolar del Grupo Social ONCE pueden participar todos los escolares de los centros educativos españoles públicos, concertados y privados, desde Primaria hasta Bachillerato, además de Educación Especial y Formación Profesional.

Los estudiantes de Primaria y Especial deberán realizar un cartel que refleje sus pautas para fomentar y reivindicar la diversidad e inclusión en el recreo, que deberá ir acompañado de una audiodescripción. Mientras, los escolares de la ESO, FP y Bachillerato tendrán que grabar un videoclip musical (de un minuto de duración) que tiene que ir acompañado de un pequeño guión.

Cada grupo o aula deberá subir a la página web del concurso su trabajo. Los directores o profesores de todos los centros educativos que deseen participar en el concurso y acceder a los materiales educativos, podrán hacerlo a través de la propia web o por vía telefónica en el número gratuito 900 808 111, siendo la fecha límite de recepción de participaciones el 1 de febrero de 2019.

 

Los padres debemos hacer equipo con los docentes #DíaMundialdelosDocentes

El otro día escuchaba a un tertuliano en la radio, tras la noticia de la deplorable agresión de una familia a un maestro (la violencia física o verbal nunca es aceptable), asegurar que hoy día abundan los padres que restan autoridad a los docentes, cuando no hace tanto hacían piña indiscutible y si un niño volvía con un castigo del maestro, en casa incluso se lo reforzaban. Y ese supuesto modo de obrar antaño le parecía lo positivo.

No estoy de acuerdo. No lo estoy en distintos aspectos.

No creo que antes no hubiera padres discutidores ante las decisiones de los maestros y que no les desautorizasen. Recuerdo un par de novelas sobre maestros luchando porque los niños fueran al colegio en vez de al campo, por evitar que acabaran doblando el espinazo toda la vida sin saber leer y escribir pese a tener talento.

No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor. Si se pudiese preguntar a los tutores de la antigua Grecia, seguro que también tendrían muchas quejas sobre el comportamiento de las familias, de los niños  y propuestas de mejora. Lo mismo incluso nos encontrábamos con que coincidían bastante con lo que cuentan y proponen los docentes hoy día.

Tampoco me parece oportuno cerrar filas con los profesores sin cuestionar nada. Probablemente así muchos docentes tendrían las cosas más fáciles, pero lo primero es el bien del menor, no la facilidad de gestión e intendencia del alumno, la clase o el colegio.

Un profesor puede estar equivocado en sus métodos, haber hecho una mala interpretación, no tener toda la información, carecer de recursos…

Y sobra que os cuente que hay profesores buenos, malos y regulares, como en todas las profesiones. Hay personas bondadosas, mezquinas e incluso poco equilibradas. Hay docentes vocacionales, y aterrizados en un centro escolar sin más. Hay enamorados de la enseñanza y desencantados. Docentes llenos de fuerza y otros quemados.

E incluso los mejores entre ellos pueden meter en algún momento la pata.

Si los padres creemos que debemos hablar con ellos para que reconsideren alguna decisión, la manera en la que conciben a nuestro hijo o algún aspecto de cómo le enseñan, tenemos todo el derecho de hacerlo. Diría que incluso la obligación.

Siempre desde el respeto, el sentido común y la mesura.

Si creemos que debemos decir a nuestros hijos que el profesor tal vez se haya equivocado en  eso, que no le eche demasiadas cuentas a lo que le dijo o hizo, incluso que es posible que no sea el mejor maestro del mundo pero que haga lo que pueda en clase y tenga paciencia porque no durará siempre, que todos hemos tenido alguna vez un mal docente. Pues también estamos en nuestro derecho si creemos que redundará en el bienestar del niño.

No hay que desautorizar alegremente, hay que ponderar bien las consecuencias de lo que hagamos. Nunca vale es que nos escuchen gritar “tu profe es un gilipollas”.

Porque también hay muchos padres que tienen tela marinera. Hay padres sensatos y otros incapaces de razonar. Los hay buena gente, pero también mezquinos, irresponsable, incluso violentos. Los hay que cuentan hasta diez y los que se calientan a la velocidad a la que un Ferrari alcanza los 100 kilómetros por hora. Los hay que defienden a sus cachorros irracionalmente y los que saben evaluar qué hacer con calma. He dicho en el pasado que a veces las familias somos las responsables de haber quemado a excelentes profesionales. Lo he visto especialmente en Educación Especial.

E igual que los docentes, incluso los mejores también pueden errar.

Tengo claro es que lo mejor para nuestros niños es que familias y profesorado sepamos cooperar. Tenemos que saber entendernos.

Los padres tenemos que perdonar errores puntuales, identificar y valorar las buenas intenciones, valorar también el trabajo que hacen que es de vital importancia, relativizar, intentar ser fríos y reflexionar antes de reaccionar, apoyar las decisiones del docente cuando tienen un sentido pedagógico.

Los docentes también deberían perdonar nuestros errores puntuales, creer que somos los que mejor conocemos a nuestros hijos y tal vez puedan estar equivocados, saber que no pierden autoridad su modifican una decisión tomada, no pensar de entrada que siempre nos alinearemos con nuestros hijos.

Unos y otros tendríamos que evitar vernos como a ejércitos a distintos lados de la trincheras.

GTRES

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Todos los padres pueden (y deben) levantarse por la noche a cuidar de sus hijos

No veo, escucho ni leo medios deportivos ni sigo a los periodistas que hablan de estos temas. Lo siento, el fútbol no me interesa y es lo que mayoritariamente impera en ellos. No he oído a Juanma Castaño por tanto, no sé cómo suele conducir su programa o de qué equipo cojea. Solo sé de él que es paisano, de Gijón. En una ocasión coincidimos un par de horas por motivos de trabajo y he de reconocer que me pareció un tipo agradable en las distancias cortas.

Estos días he escuchado un pequeño fragmento suyo por vez primera. Uno en el que insiste con vehemencia en que “los futbolistas no pueden levantarse por la noche a cuidar de sus hijos” con el único argumento de que necesitan descansar. Y me ha sorprendido para mal, para muy mal, porque la responsabilidad que tienes ante la sociedad cuando tienes un micrófono (o un periódico, o una tele) es mucha.

Repite en varias ocasiones que lo dice muy en serio, porque Roberto Palomar, que dice mi santo que es un tío sensato, Tomás Guasch y el resto de colaboradores le intentan convencer, reconducir, dándole todo tipo de razones. Le dicen lo más sencillo y obvio, que está metiendo la pata, que se está metiendo en un charco. También que son como cualquier otro padre, que el panadero, el periodista o el obrero también necesitan descanso y se encargan de sus hijos. Es más, recuerdan que son tipos que trabajan muy pocas horas y a las dos de la tarde se van a casa. Le da igual. Obvia que antes de partidos importantes tienen concentraciones en las que no hay niños que atender. “Los futbolistas no pueden levantarse por la noche a cuidar de sus hijos”. Y punto.

Eso sí, suelta que la fiesta viene bien por su salud mental y emocional. Como ahí hay risas y no insiste repetidamente en que lo dice en serio, lo mismo está de coña.

Ahí le tenéis:

No sé si esto viene de un culto absurdo al futbolista, modernos héroes para tantos. Tampoco sé qué opinará entonces de las mujeres que juegan al fútbol. Tampoco de otros hombres y mujeres que practican otros deportes, en ocasiones mucho más exigentes físicamente que el balompié.

Tal vez (eso me temo) venga de una recóndita creencia, aún demasiado arraigada y que declaraciones así pueden alimentar, de que los hijos son más responsabilidad de las madres que de los padres, que para eso los hemos parido.

Perpetúan roles machistas, desigualdades de género. No ayudan a la tan necesaria corresponsabilidad, a la imperativa conciliación.

Puede incluso que haya además otro poso, el de que estos chicos millonarios tienen dinero de sobra para pagar a otros que atiendan a sus hijos cuando se despierten asustados, hambrientos o mojados por la noche. Y lo tienen, claro que sí. Dinero de sobra. Pero los vínculos resquebrajados entre padres e hijos no se pueden comprar. Esos vínculos no hay que darlos por supuestos, hay que construirlos día a día. ¿Les suena Criadas y señoras?.

Los padres, todos los padres, no solo pueden perfectamente levantarse a cuidar de sus hijos, sino que deben hacerlo. Y yo también lo digo muy en serio.

bebé

(GTRES)