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La maternidad es tan cambiante,
que siempre eres una recién llegada a ella

Archivo de enero, 2018

Tres semanas sin Jon Barcena

Paso por delante de muchas noticias, de demasiadas, a diario y desde hace ya décadas. Hay contenidos divertidos, esperanzadores, de los que aprendes, que abren tu mundo… pero hay muchos sucesos terribles, ejemplos del dolor y de la muerte en todas sus vertientes.

Y te encuentras escribiendo sobre ellos, editándolos, encargándolos a otros. Palabras que informan de desastres, de pérdidas, de sufrimiento. Es tu trabajo diario, así que trabajas. Los procesas y ofreces sin que te afecten. Accidentes de tráfico, abusos sexuales a menores, asesinatos, trata de personas, etc.

En algunos casos incluso te permites bromear un poco en voz alta mientras estás arremangado. Ese humor negro tan español y que cualquiera que haya pisado una redacción de un medio sabe que se da con frecuencia, igual que estoy convencida de que esas bromas surgen en el trabajo diario de policías o médicos.

¿Es falta de sensibilidad? No lo sé, quiero creer que es más bien lo contrario: la necesidad de mantener la sensibilidad, la cordura.

Escribes, editas, encargas contenidos que son un prisma de las diferentes manifestaciones de la desgracia nacida del caos que es este mundo o directamente de la maldad humana. Y de repente hay algo que te conmueve especialmente. Puede ser algún detalle el que te frena y te hace dolerte, como que ese niño tuviera la edad de tu hija, o que ese crimen sucediera cerca de dónde viviste tu primer amor de verano.

En algunos casos ni siquiera sabes de qué se trata, pero te llega muy dentro. Porque eres un ser humano, porque sientes, porque estás vivo.

No sé qué es lo que ha pasado con la desaparición de Jon Barcena que me ha calado.

Entré en su cuenta de twiter, abandonada hace tiempo, por casualidad. Buscando información sobre su búsqueda para una noticia, y se me quedó grabada la foto de aquel chico, poco más que un niño, entre sus amigos.

Estaban sobre un verde que podría haber sido el de mi Asturias. Un adolescente que retuiteaba sobre el amor y el no rendirse. Que en su perfil decidía, con la intensidad de la adolescencia, dejar escrito algo así: “El hombre tiene la necesidad de dominar un entorno adverso porque vive en esa lucha, (y) esa es su verdad”.

Y también me caló el amor y el no rendirse que se respira en las redes sociales de Miren Bárcena.

Jon Bárcena sigue desaparecido. Hoy se cumplen tres semanas y su familia, a la que desde aquí transmito fuerza y ánimo junto a mi deseo de un final satisfactorio, ha difundido un nuevo cartel en las redes sociales en el que solicita la colaboración ciudadana:

Puede que no lo sepan, pero seguro que somos muchos los que estamos pendientes de la marcha de los acontecimientos. Dentro y fuera de los medios.

Y ese interés no es únicamente profesional.

El montañero inició el pasado sábado 30 de diciembre el ascenso a la cumbre del Gorbea con un grupo de amigos, tras aparcar sus vehículos en la zona de las canteras de Murua. Sin embargo, a mitad de la marcha el montañero desaparecido optó por no continuar el ascenso y regresar.

Sobre las 19.00 horas del mismo sábado SOS Deiak recibió el aviso de desaparición y se activó un dispositivo de rastreo en la zona que quedó suspendido al encontrarse indicios de que no se encontraba en este área geográfica.

La búsqueda se trasladó al embalse de Urrunaga, en el municipio de Legutio, tras localizarse en las cercanías de este enclave una cartera y unas llaves pertenecientes al joven. La Ertzaintza rastreó la zona y analizó los indicios sobre la presencia de Jon Bárcena en el perímetro del embalse, donde fue visto un día después de su desaparición en el Gorbea. Además, se encontró su mochila cerca del embalse de Urrunaga, donde también se hallaron varias prendas y las botas del joven vizcaíno desaparecido.

El autismo no es una enfermedad, el autismo no se cura

Hoy os voy a pedir que subáis el volumen o que os pongáis los auriculares para escuchar a Vanesa Pérez, madre de un niño con TEA y autora del blog ¿Y de verdad tienes tres?, por el que ha ganado en su categoría un Premio 20Blogs, un Bitácoras y un Premio Madresfera.

Os a pedir que la escuchéis durante diez minutos en los que explica claramente que el autismo no es una enfermedad, el autismo no se cura. Una explicación necesaria tras un tuit desacertado, ya eliminado reciente de una fundación con credibilidad que afirmaba equivocadamente lo contrario, que sí era una enfermedad, que sí tenía cura, y que causó mucho revuelo estos días atrás.

Vanesa nos habla en el vídeo de su hijo, explica con una claridad cristalina que el autismo es un trastorno permanente del neurodesarrollo, con una variabilidad inmensa en sus manifestaciones, que no tiene una causa demostrable objetiva y científicamente hablando, con el que se nace, aunque se manifieste más tarde y que va a acompañar a la persona toda la vida. Un trastorno cuyas manifestaciones pueden mejorar con las terapias y al estimulación adecuada.

Esta madre y divulgadora también las diferencias entre un síndrome, un síntoma, una enfermedad o un trastorno. Recomienda acudir a informarse a sitios fiables como el blog Neuronas en crecimiento de María José Más, Autismo Diario o Autismo España. Y pone el dedo en la llaga cuando habla de la importancia de que no trascienda el mensaje erróneo de que se puede curar porque se van a generar expectativas que serán imposibles de cumplir. Me he permitido transcribir ese fragmento

Es muy peligroso porque genera unas expectativas engañosas, porque nosotros asumimos que cuando hay una enfermedad, hay una cura. Imaginad os acaban de dar un diagnóstico o que estáis en proceso de diagnóstico de vuestro hijo y que alguien que para vosotros es una autoridad os dice que el autismo es una enfermedad y que vuestro hijo tiene cura. ¿Qué va a suceder? Que se van a crear unas expectativas falsas. Y cuando vaya pasando el tiempo y veáis que eso no es una realidad, que eso no va a suceder, las consecuencias emocionales va a ser devastadoras. Hay que tener muchísimo cuidado porque es muy peligroso.

Y yo añado que aquel que busca imposibles, corre el grave riesgo de acabar encontrándolos. Hay muchos caraduras (a veces, las menos, gente honesta pero equivocada) vendiendo posibles soluciones que no servirán más que para perder tiempo, dinero y salud emocional o incluso física (algunos tratamientos que se ofrecen a niños con autismo son directamente lesivos).

La orfandad en la que nos encontramos los padres y tutores de personas con autismo recién diagnosticadas, nos hace muy vulnerables. No tenemos médicos o educadores que nos lleven de la mano con instrucciones claras y Nos sueltan en un mar de brumas, sin mapa ni brújula, solo con unas pocas indicaciones para orientarse con las estrellas, tanto de cara a las intervenciones terapéuticas como a su escolarización. Por eso lo que sí sabemos cierto y correcto, hay que defenderlo con el cuchillo entre los dientes.

Ahora así, os dejo con el vídeo:

Es preciso tomarse en serio de una vez la atención temprana, los niños necesitan una respuesta pública rápida y de calidad

(GTRES)

Hay situaciones en las que no se puede esperar. Hay situaciones en las que hay que reaccionar rápido, sin perder el tiempo.

Ofrecer una atención temprana pública y de calidad a los niños que tienen autismo, parálisis cerebral, X-Frágil, retraso madurativo, síndrome de Down, espina bífida o trastornos específicos del lenguaje, por poner unos pocos ejemplos relativamente más frecuentes entre un inmenso abanico posible, no es algo que pueda demorarse por meses, incluso por más de un año.

Pero está pasando. Los niños de entre cero y seis años que precisan de sesiones de logopedia, estimulación, fisioterapia.. en los centros de atención temprana están perdiendo un tiempo precioso. Lo pierden con frecuencia por distintos motivos antes de ser derivados, normalmente por la lógica negación de los padres a creer que a su niño le pasa algo malo y la poca vista de algunos pediatras.

Pero lo peor es que una vez que el pediatra o el especialista efectivamente derivan a un niño para que reciba esas necesarias terapias, también se están acumulando tiempo de espera incomprensibles.

Para un bebé o un niño pocos meses marcan una gran diferencia; la ductilidad del cerebro, las distintas etapas el desarrollo, la necesidad de escolarizarse con garantías… hacen necesario que estas intervenciones terapéuticas no se prolonguen en el tiempo.

Es algo que está siendo noticia estos días con el foco puesto en la Comunidad de Madrid, donde se habla de una espera media de un año y de plazas insuficientes:

Hay una campaña de firmas en marcha, por los Derechos de los niños con Diversidad Funcional de la Comunidad de Madrid, en la que se afirma lo siguiente:

Por si los padres de un niño con discapacidad no tenemos suficiente con las intervenciones quirúrgicas, ingresos hospitalarios y revisiones médicas a las que son sometidos, la Comunidad de Madrid y otras administraciones públicas se encargan de poner todo tipo de trabas y obstáculos en el camino para conseguir la igualdad de nuestros hijos.

Nosotros y otros muchos padres madrileños sentimos que con el actual modelo de gestión en materia de Discapacidad y Dependencia, nuestros hijos son los menos beneficiados por las “Políticas Sociales y de Familia”. Entre otras dificultades nos encontramos ante:

  • La lentitud en Valoración Infantil (Atención Temprana, Discapacidad…).
  • Un grado de Dependencia no ajustado a la situación, además de la lentitud e impago de la prestación para Cuidados en el Entorno Familiar.
  • La falta de pago del Reintegro de Gastos por Desplazamiento y de Material Ortoprotésico.
  • La falta de recursos en las Escuelas Infantiles (Enfermera y material adaptado).
  • La necesidad de parques infantiles e instalaciones accesibles.

Estos obstáculos podrían ser salvados si desde el momento en que nacen nuestros hijos, el aparato burocrático trabajara con mayor celeridad ante estos casos y concediera a estos niños las ayudas que les corresponden. Así, desde el primer momento, todos contribuiríamos a que no crezcan en desigualdad de condiciones.

Queremos ver que los derechos reconocidos a nuestra hija y a los demás niños con capacidades diferentes sean llevados a la práctica y que no se queden solo en el papel. Es nuestro deber como padres velar para que se apliquen el principio de igualdad y la Ley para facilitar su integración.

No estamos solicitando un trato de favor, sino lo que en derecho corresponde a nuestros hijos.

(GTRES)

Es algo común a toda España. Ojalá fuera un problema solo en Madrid.  Además, en determinados lugares, tiene la dificultad añadida de que los centros de atención temprana están a una gran distancia y que no es tan sencillo encontrar buenas terapias por la vía privada.

Lo de buscar una solución por tu cuenta y riesgo es algo que sucede muchísimo. Dada la demora que hay por la vía pública, las familias que pueden permitírselo inician la estimulación de sus hijos pagando. En ocasiones las terapias de atención temprana y las privadas acaban teniendo lugar al mismo tiempo, incluso empleando aproximaciones diferentes y sin coordinarse.

Entraña el riesgo de acabar perdiendo tiempo y dinero  en lugares no demasiado recomendables. Los padres no siempre estamos capacitados para discernir los buenos abordajes terapéuticos de aquello que son inútiles o incluso desaconsejables.

Más allá de las demoras, también hay que tomarse en serio que la estimulación temprana pública a la que todos los niños que la necesiten deberían tener pronto acceso, sea de calidad. Y es algo que no siempre está pasando. Hay centros con profesionales estupendos, pero no es raro encontrar poca especialización, personal saturado que no deja de recibir un niño tras otro, sin tiempo para formarse, para actualizarse, para profundizar… La gestión de estos centros que prestan un servicio público varía muchísimo. De hecho es normal que sean competencias delegadas a distintos tipos de asociaciones con aproximaciones dispares.

Por eso también sucede que muchos padres recomiendan la vía privada no solo por la rapidez (aunque ojo, ahí también hay saturación y tiempos de espera), sino por la especialización, profesionalidad y eficacia. Pero sobra decir que no todas las familias pueden permitirse la vía privada.

¿Imagináis que ese panorama se lo encontrase un niño al que se le ha diagnosticado un cáncer? Inconcebible, ¿verdad?. Pues en estos casos también debería serlo.

No puede ser.  Es una situación insostenible.  Todos los niños tienen derecho a terapias públicas prontas y eficaces y no las están recibiendo.

Es imperativo tomarse en serio de una vez la atención temprana.

Dos oportunidades este sábado en Madrid para descubrir el rol con niños

Si cuentas cómo es un juego de rol, la gente no lo entiende, pero cuando lo ven jugar se dan cuenta de que no es tan complicado. Hay casos de gente que se mete a máster con niños sin haber jugado nunca. Yo les recomendaría que vieran antes una partida, que fueran a un club o unas jornadas y vieran cómo lo hacen”, recomendaba Joan Tretze a aquellos que se animasen a jugar al rol con sus hijos en el tema Juegos de rol, una alternativa de ocio infantil y una puerta abierta a muchos aprendizajes.

El rol es una manera estupenda de divertirse en familia, de dar rienda suelta a la imaginación, de cooperar buscando un objetivo común… No voy a repetir lo que ya contaba en el reportaje que os he dejado enlazado arriba.

Si hoy lo recuerdo es porque coincido con Tretze en que para aquellos a los que el rol les suena a chino, lo mejor es ver una partida. Y este sábado hay dos buenas oportunidades para adentrarse en este mundo. Si ya estamos iniciados en lo que es el rol, para ver libros de rol aptos para el disfrute con/de los niños.

El primer plan centrado en los los juegos de rol del que os voy a hablar es en Alcalá de Henares. Detrás esta una asociación cultural llamada Alcalá Nocturno a la que os recomiendo que sigáis la pista si este sábado no os encaja acercaros a esa hermosa ciudad madrileña.

Llevas tiempo esperando el momento y aquí está tu oportunidad: gracias a nuestros amigos de A.C. Alcalá Nocturno vamos a descubrirles a tus peques de 5 a 12 años que una herramienta educativa de primera magnitud puede resultar tan mágica y divertida como los sueños de un niño. Los juegos de rol son una revolución que comienza en tu mesa y durará toda la semana. ¿Qué puedes potenciar en tu peque mediante el rol aparte de la diversión y la imaginación? La lista es casi ilimitada: atención, trabajo en equipo, responsabilidad, empatía, comunicación… ¡Reserva tus plazas en el muro de este evento y trae a tu aprendiz de rolero a #RolConPeques el próximo 20 de enero a Generación X Alcalá!

Apúntate haciendo clic y comentando en las distintas imágenes de las partidas que vamos colgando por aquí. Mira la edad y la franja horaria y danos el nombre de tu peque. Hay plazas en todas las partidas que no figuren como “PARTIDA COMPLETA” en su título.

Y el otro evento, por el que nosotros campearemos, se desarrollará el mismo día en Vallecas. Ya es mala pata que ambos coincidan en el tiempo, porque así es imposible otra opción que no sea elegir.

En esta ocasión se trata de una jornada que no está centrada en los niños, pero en la que sí hay actividades para los peques. Se puede probar a jugar al rol en vivo, no sobre tablero, que es algo que a los peques les encanta, y habrá a disposición los padres masters experimentados y creadores y distribuidores de juegos aptos para niños dispuestísimos a enseñar los juegos y responder cualquier pregunta.

¿Tenías más despistes durante el embarazo? Pues es normal

Yo sí. En mi entorno la mayoría de las mujeres que conozco, también. Sobre todo al final del embarazo. Y puede llegar a sorprender, porque parece lógico que con la barriga una esté más torpe, más somnolienta, las digestiones se alteren… ¿Pero el cerebro? ¿Por qué iba a verse afectado? Lo cuentas y los hay que lo consideran una excusa.

Pues sucede. Sobre todo en el tercer trimestre nos desmemoriamos. Esto lo escribí en 2009, cuando estaba embarazada de Julia:

En mi anterior embarazo iba al trabajo en transporte público. Pero entre uno y otro nos trasladaron y ahora vengo a trabajar en coche. Y no tengo plaza de garaje ni en el trabajo ni en casa. Siempre, a lo largo de más de dos años, he recordado sin problemas dónde había aparcado. Suelo tener buena memoria a corto y medio plazo.

Pues ayer me pasó por vez primera salir de casa a las siete de la mañana y lloviendo en dirección al sitio en el que había creído haber aparcado y encontrarme que no estaba mi coche. ¿Dónde demonios lo había aparcado? Tuve que esforzarme para recordarlo.

Y ese mismo día al salir de trabajar, nada más pisar la calle tuve que volver en busca de mi móvil. Cosas así últimamente me pasan más a menudo.

Son sólo despistes sin importancia. Pero me han recordado eso que los guiris bautizaron como “cerebro de placenta“.

En castellano no lo he oído nunca, pero en foros y páginas de maternidad inglesas y estadounidenses es habitual que se refieran a ello como una de las características del tercer trimestre.

Con esa expresión tan poco afortunada de cerebro de placenta (al menos a mí me lo parece) se refieren a que al final del embarazo estamos más despistadas, nos cuesta más concentrarnos y es más fácil vernos pensando en las musarañas.

Según Ros Crawley de la University of Sunderland, entre el 50% y el 80% de las embarazadas aseguran tener problemas de memoria y concentración, aunque no de importancia. Como los míos vamos.

Por otro lado, hay otro informe circulando por ahí de la Universidad de Richmond que dice que la maternidad tiene efectos positivos sobre la pérdida de memoria en la vejez.

Vete a saber.

En aquel entonces preguntaba desde este blog: ¿Creéis que es cierto? ¿Os pasó?. Pues bien, un estudio australiano acaba de confirmar que es algo real. “El funcionamiento general de las funciones cognitivas, la memoria y el rendimiento ejecutivo de las mujeres embarazadas es significativamente menor que en las mujeres no embarazadas, tanto en general como en particular durante el tercer trimestre”, según un afirman neurocientíficos de la Universidad Deakin de Australia, que analizaron los casos de 1.230 mujeres, de ellas 709 embarazadas, y que ha sido publicado en la revista The Medical Journal of Australia.

Así continúan:

La coautora del estudio, Linda Byrne, indicó que “las diferencias se establecen dentro de los niveles de funcionamiento normal, no se trata de dificultades significativas, y las diferencias más obvias se dan en el área de la memoria, tal como se quejan las mujeres”. Los investigadores consideran que es necesario realizar más investigaciones para determinar el impacto en la calidad de vida y el trabajo en las mujeres gestantes de la “amnesia del embarazo” que se manifiesta en incidentes como el olvido de dónde se dejaron las cosas o la concertación de citas.

Así que nueve años después no tiene sentido ya preguntar si será real eso del cerebro de placenta. Habrá que limitarse a ser más consciente de que estos despistes pueden pasar (por suerte ahora hay incluso apps que nos recuerdan dónde hemos aparcado el coche), saber a qué se deben y reírnos con los más divertidos e inocuos.

Y a afirmar ante los incrédulos que la culpa es del embarazo y que todo volverá a la normalidad.

(GTRES)

¿Qué normas, impuestas o por decisión propia, tienen los profesores al vestirse para ir a dar clases?

La pasada semana lancé en redes sociales esta cuestión: “Profes, me haríais un favor contestando. ¿Tenéis normas, impuestas por otros o autoimpuestas, sobre cómo vestir? ¿Cuáles son, si es que las tenéis? ¿Qué no procede llevar al dar clase?”.

Una pregunta que venía por la polémica reciente de prohibir vaqueros ajustados y hombros al aire (resumiéndolo mucho) en algunos colegios católicos por aquello de la femineidad y no excitar a la muchachada adolescente, los mismos centros que ponían a las niñas a hacer ganchillo por cierto.

Pero dejando las polémicas de lado, me pareció interesante saber si esas normas de vestimenta existían, igual que creo legítimo preguntarse si los profesores deben seguir algunas normas con su atuendo me parece legítimo, por mucho que sea como mucho un aspecto más que secundario, incluso irrelevante, de su labor.

Por eso mi pregunta en redes, a la que tuvieron la amabilidad de contestar numerosos docentes. Leerles invita a reflexionar y por eso he traído aquí sus respuestas de como afrontan algo que depende de muchos factores: el centro en el que imparten clase, su concepción de la enseñanza, su relación personal como la vestimenta (los hay para los que es un medio de expresión personal fundamental y los que les da igual lo que ponerse) y que no es lo mismo acudir a cantar y sentarse en asambleas en el suelo con niños de Infantil que a enseñar al Revolución Industrial a adolescentes.

Imagen de la preciosa película de Makoto Shinkai ‘el jardín de las palabras’.

¿Qué me he encontrado? Algo que era de imaginar, que en los centros de enseñanza públicos hay una libertad que no se encuentra en los concertados y privados, que indican o sugieren ciertos códigos, aunque no siempre es así.

@albarealkiddys. En la actualidad ninguna norma. Aunque sí las tuve en el pasado en un colegio religioso.

@de_infantil. Yo trabajo en un colegio religioso y las normas nunca se nombran pero están tan presentes que pesan en el aire…

@ClaudiaWatson. Cuando estuve trabajando de profesora de inglés extraescolar en un colegio católico me pidieron que no volviera a llevar camiseta de tirantes por ir “muy descocada”.

@proferachel. En mi centro (IES), público, no. Pero hice entrevistas en concertados en los que sí me pidieron que fuese “elegante y recatada” y donde no se podían llevar vaqueros.

@JessicaTG16. Actualmente no, pero estuve trabajando en dos privados donde los vaqueros de color vaquero (podían ser de otro color e incluso leggins color vaquero 🤷🏻‍♀️) estaban prohibidos porque según la dirección “los vaqueros cuidan vacas, los profesores educan personas”.

@Aidixy. Cuando yo trabajaba en el cole (público), he vestido siempre como he querido, y nunca he tenido un problema. Otra amiga, en otro privado, muestra piercings, tattoos, vaqueros rotos, y no tiene problema tampoco.

@laBebedePucca. Ahora intento ir cómoda y correcta,’. Trabajo en pública con 6 y 7 años. Como uniforme de mamá en el parque (más o menos). En un concertado las compañeras me recomendaron no ir corta o en tirantes estrechos. Era escuela de monjas. Lo hicieron con buena intención.

También que en las autorregulaciones de los maestros, independientemente del tipo de centro en el que estén, bastantes hablan de no distraer con la vestimenta y de vigilar mucho los mensajes que puedan mostrar sus camisetas.

@carlotingham. Aplicando el sentido común. Normalmente vaqueros y camisa. Evitar todo lo llamativo y los mensajes. Que se fijen en lo que digo y no en lo que llevo.

@nataliacastrov4. Yo suelo vestir ropa poco llamativa, más que nada porque son muchas horas de clase y cualquier excusa es buena para distraerse.

Alba: En escuelas infantiles sí que hay códigos de vestimenta por seguridad (no llevar uñas pintadas, pendientes, maquillaje…) pero en las escuelas de primaria no, al menos en las públicas. Otra cosa es lo que cada uno decida. Yo no llevo camisetas con mensajes no políticos ni religiosos, por ejemplo.

@manuparadas. Para nada. Mientras no contengan mensajes obscenos, sexistas, racista… que aunque no lo parezca los hay y ellos ni se dan cuenta.

@yopispico. Soy profe de inglés en secundaria. Para salir me gusta llevar pitillos, pero para clase mejor vaquero, por comodidad más que nada. Arriba camisetas (sin mensajes sobre sexo y/o uso de alcohol) o jerseys cuando hace frío, y de calzado sí que me pongo lo que quiero (Converse, etc). Ah, y en mi centro del año pasado pude llevar pantalón corto las últimas semanas, cuando la ola de calor. Espero que en el de este año también me lo permitan, porque si no lo voy a pasar un poquito fatal…

La conveniencia de usar tirantes y pantalones cortos parece ser lo que más diferencias suscita:

@Shamarmat. Yo llevo tirantes en verano, con más de 38 grados desde mayo y las clases sin acondicionar, son hornos. No considero los tirantes como ropa de playa, pero lógicamente, es una percepción mía. Mis compañeras tb los llevan, en vestidos, camisetas… vamos, que es algo normal

@daniel_durantes. En mi centro por ejemplo, no nos recomiendan llevar bermudas. Es lo único que me disgusta porque en verano me aso vivo.

@Pedrocen2012. No tengo normas externas, pero me autoimpongo no llevar pantalones cortos aunque haga calor, por ejemplo.

@PiliPopLite. Los tirantes no me importan en absoluto. Cuando en el concertado nos dijeron que no los usáramos, que mejor camisetas sin mangas no entendí nada. Siempre creí que era por el escote, pero hay camisetas de tirantes sin escote, así que ¿por qué no los tirantes?

@elviragarlop. No vaqueros demasiado rotos. En verano no usar camisetas que mostraran la ropa interior (mujeres), no bermudas (hombres)… produjo más risas que otra cosa. La gente iba normalmente vestida. Nunca me llamaron la atención por mis vaqueros rotos ni por usar pantalón corto.

@ladetecno. Yo como la mayoría: sentido común y saber donde vas. No vas de Nochevieja pero tampoco a hacer treking😉. En mi insti (público) no hay normas para profes y algunos van con bermudas por ejemplo, a mí personalmente no me parece dar buena imagen.

@Aidixy. Una amiga mía, en su cole privado ni puede llevar: mangas sisas, vaqueros, pantalones cortos y no recuerdo si sandalias. En Málaga a 35 en junio, lo pasa que te cagas

@JuanitoLibritos. Yo voy muy informal: vaqueros y camiseta. Soy MUY caluroso y vivo en Andalucía, por lo que llevo bermudas varios meses del curso. Por esto me llamaron una vez públicamente la atención en un insti público. También alguna compañera me ha soltado alguna indirecta. Lo que yo nunca llevaría serían camisetas sin mangas o chanclas/sandalias. No por motivos estilísticos o morales (allá cada uno con algo tan subjetivo como eso), sino por un aspecto meramente higiénico.

@nace1mama. No entiendo lo de las bermudas, me dejas a cuadros. Es indecoroso que enseñéis vuestras piernas? 😂 estas cosas me hacen explotar el cerebro

@JuanitoLibritos. ¿Verdad? Pues más o menos en esos términos lo comenté yo en el claustro en el que se me llamo la atención delante de setenta compañeros/as. Lo peor es que el argumento era “la respetabilidad” y asegurar que “si trabajáramos en la privada no iríamos así”.

Los escotes y enseñar mucha pierna también suelen estar autocensurados apelando al sentido común. Por comodidad, pero también por evitar distracciones en épocas hormonalmente efervescentes (aunque como dice mi santo, “en la etapa de ser hormonas con patas ni el jersey amplio y de cuello vuelto evita los pensamientos impuros”).

Anita: No hay ninguno. Yo voy como quiero y mi única autocensura es no enseñar demasiada cacha en verano, que los adolescentes yatusabeh cómo son.

@mamen_blrb. No me imponen normas pero me las impongo yo. Ni faldas ni pantalones excesivamente cortas y tampoco me pongo escotes excesivamente grandes. Creo que es lo normal para ir al trabajo.

@ElviraGarlop. Uso sentido común. Soy de informática y me agacho mucho por encima de los hombros de los alumnos por lo que aún gustándome los escotes no los uso en clase, es incómodo. Estuve en un insti donde sí había “sugerencias” sobre cómo vestir.

@profeAnaBio Yo me auto-impongo no llevar grandes escotes que dejen ver canalillo al agacharme. Me siento incómoda por miradas fijas. Las minifaldas también me hacen despistarme en el discurso por lo mismo. La comodidad en todos los sentidos va primero

Y precisamente la comodidad es lo que más sale a la palestra. El objetivo principal de casi todos.

@meri_violin. Mi norma para trabajar en el cole es ir cómoda. Pantalón vaquero y camiseta. Más que nada porque doy música: tengo que cantar, bailar y tocar instrumentos. Paso calor y me muevo mucho. De otra manera sería imposible. Es cuestión de lógica. Voy a trabajar, no de pasarela.

@maestradepueblo. No tengo normas impuestas por otros ni autocensura propia. Ropa cómoda que te permita igual subirte a una silla que sentarte en el suelo, pero es la misma ropa que utilizo fuera del cole.

@Shamarmat. Nadie me impone nada. Mi ciclo es Infantil, y mi ropa diaria es casi un uniforme de comodidad: vaqueros y jersey en invierno con foulards y en verano mucho vestido largo y amplio o pantalón con camiseta. Me tiro al suelo con ellos y debe darme libertad. Y aunque son peques, tocamos el tema de la ropa como carta de presentación, pero sin roles ni patrones establecidos, tan solo el de la limpieza claro! pero que pueden combinar lo que quieran, que no hay ropa de niños o niñas y que vestirse es divertido!

@PiliPopLite. Yo doy clases en IES. No suelo llevar tacones (por comodidad) y tampoco minifaldas, escotes o pantalones demasiado cortos, también por comodidad (no me siento cómoda). Pero no me parece mal que otras profesoras vistan con esas prendas. Cada uno en su estilo y como quiera.

@comouncomino. En los 3 últimos coles nadie me dijo cómo vestir. Yo personalmente procuro usar ropa y calzado cómodo, y evito los escotes, minifaldas y shorts, porque en clase no paro quieta y paso de enseñar chicha (no me siento cómoda). Y tirantes solo si en clase se alcanzan los 30º.

@latelyleti. Ropa cómoda. No llevo camisetas con mensajes o ideológicas porque ya en general no me gustan, casi nunca las llevo. Nunca me han dicho nada (y lo hicieron, pasé tanto que no me acuerdo). Lo que no me gusta es taconazos de aguja porque tenemos movilidades reducidas y no es seguro.

@Nuria2584. Yo trabajo en una escuela infantil y la única norma es que vayamos cómodas, el resto es parte de la personalidad de cada una y así lo defienden nuestras jefas.

Los hay además, que me parece genial, que aprovechan incluso la indumentaria para enseñar, en todos los sentidos del término. Para transmitir que no hay que juzgar por las apariencias, que lo importante no es lo que llevemos. Incluso para lanzar un mensaje conservacionista en algún caso.

El primero de los comentarios que aparecen me parecen (opinión personal) digno de aplauso cerrado.

@mellado_barneto. Vaqueros rotos, camis de grupos (soy de música), deportivas, pelo blanco y un brazo y media espalda tatuada. Debemos ser un modelo de conducta, valores y entre otras cosas enseñarles que la ropa y/o tattoo no te hace mejor ni peor. Nunca nadie me ha dicho nada, al contrario.

@David_CCSS. Trabajo en IES públicos y creo que sería una aberración imponer una manera de vestir. Al trabajar con adolescentes somos modelos y no veo correcto usar la ropa como símbolo distintivo socioeconómico o ideológico. Intento no usar marcas visibles, en la medida de lo posible. Esta semana he ido por primera vez tres días con la misma ropa (L,M y X y cambiando ropa interior y camiseta debajo de camisa, la higiene lo primero 😉 para mandar un mensaje de que no hace falta cambiarse todos los días de ropa, economizando recursos para ahorrar agua.

@sonpa70. A mí no me imponen nada pero soy consciente que soy un ejemplo para los alumnos. Además debe primar también la comodidad ya que a menudo me siento con ellos en el suelo. Actualmente soy maestra de alumnos con 12 años y sigo sentándome con ellos en el suelo o hago clases en el patio. Con nuestro ejemplo debemos enseñar que la ropa es parte de nuestra marca personal y que explica muchas cosas de nosotros

@MarimerryMerry. Cómoda yo lo primero y siempre limpia. Me encanta cuando ponéis que somos ejemplo. Por eso creo que nuestra puntualidad, bien hacer, empatía , responsabilidad …deben trascender nuestro estilismo y relegarlo a un 2º plano. Be you, be kind and nobody will care about your clothes

Lo que llevamos encima nos define, y bien está que así sea.

Me dio por pensar a leer a todos, que probablemente lo de la ropa es algo que solo podría quitarme el sueño (y tampoco tanto, simplemente meditarlo más) en los primeros días de clase. Como en casi cualquier oficio.

¿Qué ropa te pondrías en tu primer día de clase si fueras maestro? Yo optaría por ir plana, cómoda, con vaqueros probablemente y alguna camisa o camiseta, y si hace frío con jerséis. Y probablemente con mi bolso de Ataque a los titanes o cualquier otro distintivo friki o relacionado con la defensa de los derechos de los animales.

Y algo en ese sentido me encontré:

@mara_arpa. Soy interina de la pública. Al principio del curso en un centro nuevo suelo ir “neutra” (vaqueros, camiseta lisa y playeros) para ver de que pie cojean alumnos y compañeros. A los pocos días en todos ya llevo mis camisetas frikis y heavys. Nunca he tenido problema. Sobre todo los primeros años, algunos compañeros me aconsejaban que fuera vestida mas formal para que los alumnos, al verme joven y pequeñita, no se me subieran a las barbas. Creo que mi estilo personal me ha ayudado a que me respeten mas que una camisa.

@finding_patri. En mi primer año de prácticas desde la propia facultad recomendaron quitar piercings y tatuajes, y si era centro concertado o privado cuellos cerrados y pantalón siempre.

@Hlena_Padilla Espero que la manera de vestir nunca sea un problema. Creo que tanto mi ropa como la de mis compañeros profesores no hace más que recalcar el mundo variado y plural en el que vivimos. El respeto en la vida es la clave de todo

Gracias de verdad a todos los que habéis participado en este debate, que sigue abierto. Aquí os dejo otras aportaciones:

@Elena_kings. En mi colegio hay que ir formal sin enseñar chicha y los hombres con corbata (vivo en Inglaterra). Yo visto zapatos siempre y nada loco -vestidos llamativos ni cosas raras – ¿por qué? Porque los alumnos llevan uniforme y zapatos, así que por respeto a ellos. No es tan difícil.

@DemEle5. Debo llevar pantalones tipo chinos y camisa.
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“¿Cómo es tener una hermana con discapacidad?”

Hugo tiene ahora 13 años. Le gustan los animales y los libros, y tiene una hermana menor que se llama Erika y podéis conocerle en este vídeo que, según su madre, va de “ver las cosas con la ilusión de los niños”.

Hugo es un hermano de Erika una niña con discapacidad. Hugo es único, Erika también, igual que son distintos y únicos su familia, su círculo de amigos y sus circunstancias.

Hugo se han encontrado con frecuencia con la pregunta que titula este post: “¿Cómo es tener una hermana con discapacidad?”. Seguro que sus padres se han enfrentado muchas más veces a otras similares: “¿Cómo se llevan Hugo y Erika?”, “¿Qué relación tienen?”, “¿Cómo lo lleva Hugo?”. Esa última, con unas connotaciones de carga a cuestas que no dejan de chirriarme.

Esto es lo que escribió cuando su madre le trasladó la pregunta, “¿qué es para ti tener a una hermana con discapacidad?.

Ser herman@ de una niña con discapacidad es como volar, puede dar miedo, puede ser extraño, pero ante todo eso es único e irrepetible, por eso merece la pena ese miedo y extrañeza que sentimos.

Aunque a veces parezca que los o las herman@s que estamos con él o ella quedamos en segundo plano, en realidad somos el mejor y más necesario apoyo para nuestros herman@s y por ellos es por lo que merece la pena levantarse de la cama y empezar un nuevo día.

Yo me he encontrado esas cuestiones con frecuencia. Julia aún no, por ser muy pequeña, pero en breve se verá interrogada también, no lo dudo. Julia, Jaime, nuestra familia, nuestro círculo de amigos, nuestro entorno, también son únicos, distintos. Las respuestas igualmente lo serán.

Os dejo con un pequeño fragmento escribí al respecto en mi libro, Tener un hijo con autismo.

Una de las preguntas que más me suelen hacer es cómo es la relación de Julia con Jaime. Suelo contar que para ella es el hermano perfecto. Nunca le quita los juguetes, no la chincha, no se pegan y le deja cambiar de canal la televisión sin rechistar. Ojalá no fuera así, ojalá su relación fuera la convencional que incluye tirones y tomaduras de pelo.

De nuevo los “ojalás” que no llevan a ningún sitio.

Lo importante es que Julia ha crecido viviendo con naturalidad el hecho de tener un niño con autismo como hermano. Esta tarde las dos hemos estado haciéndole cosquillas bajo la manta, todos tan contentos. Pero por la mañana tuvimos que irnos del parque nada más llegar, según ella había logrado coger un columpio, porque Jaime se empeñó en volver a casa. Y no pasa nada, lo entiende. En ningún momento nos ha dado a entender que querría un hermano que no tuviera autismo. Jaime es Jaime. Claro que aún nos queda muchísimo camino por recorrer y, probablemente, nuevos retos que afrontar.

 

Cómo es la mañana de Reyes Magos para mi hijo con autismo (su mejor regalo, un álbum de fotos)

La mañana de Reyes publiqué esta foto (nada buena, soy consciente) en mi muro de Facebook. Al poco me llegó este comentario de otra mamá de un niño con autismo: “A ti te pasara como a mí, uno que se levanta con ilusión y el otro que mira los regalos y pasa”.

Bueno, un poco sí… Julia apenas durmió (y nos dejó a los demás dormir regular) por los nervios. Y una vez despierta, bien temprano, le faltó tiempo para salir corriendo al salón a abrir paquetes.

A Jaime le despertamos, vino al salón y se sentó en el sofá a desayunar. Contento de vernos contentos a los demás. Él no abre los paquetes. No le gusta rasgar el papel. Su hermana tiene asumido que ella los abre por él y se los lleva una vez están desenvueltos. Uno para uno, otro para otra. Sin atropellos.

Cuando recorremos luego las casas de los abuelos, la situación es similar. Él se sienta y Julia abre sus regalos. Si hay mucho gente y mucho follón, puede optar por esperar en otra habitación escuchando música. Nosotros vamos llevándole lo que le hayan traído los Reyes.

Diría que lo pasa bien, que es una alteración de la rutina que le gusta porque percibe alegría a su alrededor. Jaime es un niño sensible que lo pasa mal si ve que nosotros estamos tristes o enfadados, que a veces llora por simpatía. Es lógico también lo contrario.

A la mayoría de las cosas que recibe no les hace caso. Él no pide nada. No habla. Tiene unos intereses muy restringidos y apenas juega. Eso convierte los Reyes en un reto, porque queremos cosas que sean útiles, pero también nos gusta que reciba regalos que le gusten, que disfrute, más allá de su utilidad.

No os engaño, la mayoría de sus paquetes esconden cosas necesarias: ropa, calzado, un nuevo cuaderno de pecs (pictogramas), más cascos que insonoricen (que ahora le da por morder y destroza, llevamos tres en un mes), bañadores y gorros para la piscina que tanto disfruta tres veces por semana… El reto para nosotros es encontrar aquello que le gusta. Si salimos de una bolsita de chuches, que siempre agradece, nos cuesta mucho encontrar algo que le llame la atención.

Solemos buscar lo que llamamos ‘enredos’. Le gusta sacudir cosas alargadas tipo cuerdas, así que las serpientes de goma que reponen las rotas o extraviadas no faltan. Los tambores fueron hace un par de años un acierto, pero son resistentes y no procede coger más. También fue un éxito un oso de peluche gigante, para dormir abrazado a él en plan almohada (pero no os engaño, una buena almohada extra en la cama le gusta igual por mucho que este sea clavadito a Ted). Más allá de eso, hemos acumulado unos cuantos fracasos en forma de mordedores especiales para niños con discapacidad, instrumentos musicales más allá de los tambores o columpios de interior que luego hemos sido capaces de instalar.

Hoy Vanesa Pérez, otra madre de un niño con autismo y también autora de un blog Y de verdad tienes tres, comentaba en Twitter esta dificultad que muchos padres de niños con discapacidad (no solo autismo) tenemos: “A ver si algo motiva a Rodri. De momento con sus 10 añazos nada. Si grado de afectación cada vez más limitante”.

Lo comentaba tras la recomendación exitosa de otra madre bloguera de un niño con autismo (somos legión).

Tras esa recomendación se montó una charla en la que me comprometí a recomendar aquí el mejor regalo para mi hijo, el que más repetimos y que nunca falla, lo que más le gusta siempre.

Se trata de algo tan sencillo como un álbum de fotos con imágenes de él, nuestras, de nuestra familia, amigos y animales. Fotos cotidianas y fotos de viajes. Imágenes de gente y lugares que conoce y recuerda. Le encanta sentarse con ellos, pasar sus páginas, verse y vernos. Es su mejor entretenimiento, el más funcional. Ha destrozado ya bastantes, y eso que nosotros empleamos los álbumes de Hofmann que son razonablemente resistentes.

Estos Reyes han caído dos. Habrá más. No son especialmente baratos, ni siquiera aunque esperes (es recomendable hacerlo) a las ofertas que nos llegan por correo cada cierto tiempo por ser clientes de la empresa de productos fotográficos. Y requieren dedicar unas cuantas horas ante el ordenador a seleccionar las fotos y montarlas, que no siempre es fácil. Y hay que asumir que se romperá, que acabaremos tirándolo. No es un álbum de fotos hecho para el recuerdo, sino para el disfrute. Pero precisamente por eso merece la pena.

Tal vez, si os encontráis en una situación similar a la mía (a la nuestra), os apetezca probar a crear este regalo.

No quiero terminar sin recordar que cada persona con autismo es un mundo, que el espectro es amplísimo, sus manifestaciones muy distintas y luego (lo primero, mejor dicho) está el hecho de que cada persona tiene su carácter y preferencias particulares. Pero como decía también en esa conversación de twitter Mamá en Bulgaria (ya os dije que somos legión), “supongo que cada niño es un mundo y no a todos les gustará lo mismo, pero la experiencia de unas madres es como una guía orientativa para otras”.

Por tanto, estáis invitados a compartir vuestros éxitos. La legión lo agradecerá, porque los catálogos convencionales no nos sirven de nada.

Televisión Española debería hacer caso de las críticas y replantearse cómo realiza la cabalgata de los Reyes Magos

La carroza de Marie Curie. Todas las fotos son de @Madrid_Cultura

Normalmente vemos en la calle la cabalgata de nuestra localidad, pero la lluvia (y mi cansancio, tengo que reconocerlo), nos hizo sentarnos en el sofá de casa a ver la retransmisión de Televisión Española, que además iba de inventos, con los que nos gustan.

– ¡Ven Julia, vamos a ver la cabalgata! –

Y Julia vino, claro. Y empezamos todos a ver cómo… ¿circulaban las carrozas?. No. En absoluto. Bueno, la carroza de Clan sí que la vimos. Constantemente. Sin parar. Igual que una primo de ese canal, una cuña a Zowi, el robot de Clan, niños contando lo que les gusta de Clan, a los presentadores saliendo en exceso y hablando de Clan y de cualquier otra pequeñez pero sin dar apenas información sobre la cabalgata.

¿Qué pasó? Pues que Julia, a sus ocho años y creyendo en la magia de los Reyes Magos, se aburrió y se fue al poco tiempo a su cuarto.

No fue la única en claudicar.

Así que me fui a Twitter a ver qué contaban con el hashtag de turno. Y lo que encontré fue muchas críticas con las que me sentí identificada.

No creáis que me ha costado encontrar los tuits que abajo os pongo. Estaban ahí, en abundancia. Y no son de esos troles amargados que abundan en Twitter, son de gente que se sentó ilusionada, tal vez en compañía de niño, dispuestos a ver la cabalgata y que quedaron decepcionados, igual que nosotros, con la retransmisión de Televisión Española.

Por Twitter me dijeron un par de personas “vete a Telemadrid que lo están haciendo mucho mejor”. Y, efectivamente, así era. No recuerdo la última vez que pusimos en casa ese canal, pero mereció la pena. En apenas tres minutos vi más de la cabalgata que en más de media hora tragándome la retramisisión de TVE. Así que probé a llamar de nuevo a Julia.

– ¡Vuelve Julia, que ahora sí se ven las carrozas!

Y volvió, y se quedó, y estuvimos viéndola en familia.

Creo sinceramente que en Televisión Española deberían tomar nota de las críticas, que son constructivas, y replantearse seriamente cómo afrontan la retransmisión el próximo año.

Dicho lo cual, agradezco desde aquí a mis colegas de todas las cadenas de televisión, radios y prensa el curro bajo el chaparrón. También a los de TVE, que no me guste nada el planteamiento con el que se muestra la cabalgata no implica que no sepa y valore el trabajazo que supone.

“¿Un libro? ¿Solo eso?” “Mejor un juguete” “Pobre niño, compra algo que le divierta y no para estudiar”

No he entendido cuando me lo he encontrado -y ha sido con frecuencia- a adultos descartando que un libro sea un buen regalo para un niño al organizar los regalos de cumpleaños, Navidad o Reyes Magos. Lo consideran un presente de segunda, algo que no divierte, que no puede gustar.

“¿Un libro? ¿Solo eso?” “Pobre, regálale algo que le divierta, no para estudiar”.

Un libro es un buen regalo para un niño. Sobra decir que también para un adulto. Un libro que pueda gustar a su destinatario a mí me parece más apetecible y recomendable que la mayoría de juguetes que veo en los catálogos y que cobran los cien gramos de plástico a precio de adamantium.

Me gusta regalar libros. Supone recorrer estantes inmersa en una suerte de juego de buscar el tesoro. Acariciar lomos, cotillear solapas, recordar lecturas, con la persona a la que quieres complacer todo el rato en mente.

Cuando hay que regalar cuentos a un niño me gusta ir acompañada de mi hija, que ella también mire, recuerde y busque.

Y adoro encontrarme con libreros que conocen y aman los libros, que recomiendan desde el interés y con el corazón.

Me gusta también que me regalen libros. Es un regalo que me dice que esa persona ha pasado un ratito en una librería pensando qué me puede gustar, penando en mí y queriendo agradarme. Aunque os confieso que rara vez se atreven a hacerlo. Temen meter la pata.

Ya de niña los libros eran mi regalo favorito en mi cumpleaños y en estas fiestas. En cuanto supe la verdad tras la magia de la Navidad lo que recibía era dinero para comprarlos o (mi opción preferida) que me llevan a una librería a ir sumando libros en el mostrador hasta que me decían “hasta aquí hemos llegado con el presupuesto”.

Este año en la carta de mi hija de ocho años abundan los libros. Tanto que, tras añadir algunos videojuegos, ya no queda espacio para los juguetes según nuestra regla de una petición por casa.

“Solo un libro”. “Compra algo con lo que pueda jugar”. “No le regales algo que no le divierta” “Mejor un juguete”  “No creo que un libro le vaya a gustar tanto”.

Por supuesto que los libros son un buen regalo.