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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

‘Wonder’, un ejemplo de que la inclusión ideal es posible (en un mundo perfecto)

Tengo sentimientos encontrados con Wonder, una película de emociones que se estrena este viernes basada en el libro La lección de August de Raquel J. Palacio (Nube de tinta), un éxito de ventas que aborda cómo un niño de diez años que se ha sometido a más de una decena de intervenciones se incorpora por primera vez al colegio y que se publicita como “el antídoto contra el bullying“.

Acudir por primera vez al colegio a sus 10 años supone un reto para August Pullman y para toda su familia. Para él porque siempre ha aprendido en casa, tiene el rostro desfigurado y es consciente de ser distinto, de atraer todas las miradas a su paso, con frecuencia acompañadas de la lástima, la repulsión disimulada o el rechazo. Para su familia, porque aman a August y temen que no esté aún preparado, que sufra, que haya niños que sean crueles con él. Una familia integrada (en todos los sentidos) por una madre que hizo muchas renuncias para atenderle, un padre que comparte su afición por los videojuegos y Star Wars y una hermana mayor tímida y madura, que también protagoniza sus propias renuncias a favor de su hermano.

Los temores de Auggie y de su familia se cumplirán, también sus mayores esperanzas. Nuestro protagonista se verá inmerso en una situación de acoso escolar, que en ningún momento se muestra crudamente,  de la que logrará salir gracias a su asertividad, al apoyo incondicional de su familia, la correcta reacción de los docentes y a la aparición de unos pocos buenos amigos que aprender a ver a August, más allá de su apariencia.

Auggie entenderá así que no necesitas ser amigo de todo el mundo, que basta con tener unos pocos buenos amigos: una o dos personas realmente especiales y queridas pueden marcar la diferencia

La película, visualmente atractiva, que ha dirigido con corrección Stephen Chbosky (Las ventajas de ser un marginado), a partir de un guion de Steve Conrad (En busca de la felicidad), recoge la historia en capítulos claramente delimitados a cada uno de los principales los protagonistas, saltando de un punto de vista a otro. Una estructura ágil, que hace que la historia transcurra amena, a lo largo de diferentes historias, diferentes puntos de vista articulados sobre el primer año de colegio de un niño inteligente, loco por la ciencia y con un rostro que le hace querer esconderse tras un casco de astronauta o la máscara de Scream.

El trabajo actoral es solvente. Julia Roberts se desenvuelve perfectamente como la novia de América convertida en una madre entregada (ojo, que hay un claro guiño a Pretty Woman);  Owen Wilson también defiende correctamente el personaje y siempre es un placer ver a Mandy Patinkin en pantalla. Los mejores, sin duda, son los niños: el pequeño Jacob Tremblay como Auggie, sobre el que recae gran parte del peso de la cinta; la dulce y discreta hermana adolescente interpretada por la encantadora Izabela Vidovic y el deslumbrante Noah Jupe como Jack Will, el primer amigo que consigue Auggie.

 

Niños a partir de unos siete años pueden ver la película sin problemas. Es del todo blanca, nada cruenta, y lo único que puede costarles es que hay partes tristes (alguna gratuita, lo del perro era innecesario), sobre todo en la primera mitad de su metraje que es, a mi parecer, la más acertada. Es la parte en la que se plantean los retos, las problemáticas, los traspiés, las zancadillas…

¿Por qué sentimientos encontrados entonces? Pues porque en la traslación al lenguaje cinematográfico se nota en exceso que todo en la historia es demasiado perfecto, no hay nada sucio, todos los elementos brillan demasiado y lo hacen en tonos pastel. Es un ejemplo de cómo lograr la inclusión de un niño, de como superar una situación de acoso escolar desde el universo de Mr.Wonderful, un universo que no existe.  Por tanto, aunque haya puntos en los que emocione, aunque plantee situaciones creíbles, pierde credibilidad por el hecho de que todo sea tan maravilloso: la casa en Nueva York llena de encanto; el colegio que cualquiera soñaría para sus hijos; un director de escuela del que Dumbledore podría aprender a ser empático; un profesor de Primaria heredero directo del que inmortalizó Robin Williams; una familia unida sin una fisura y hermosa por dentro y por fuera… Solo hay un personaje antipático, malvado casi al estilo Disney, que parece una caricatura: la madre del niño que acosa. Todo se aglomera en un cuento sentimental, agradable pero casi del todo hueco.

En definitiva, un compendio de perfección que tiene demasiados finales felices y que hace que el momento final sentimentalmente épico ya nos pille algo exhaustos y salgamos tibios del cine, con la sensación de haber disfrutado de un bonito cuento del todo irreal, tanto como La Cenicienta o La Bella Durmiente.

Os decía que la pueden ver niños de siete años. A partir de esa edad y hasta aproximadamente unos doce años, el visionado puede ser útil, didáctico, sobre todo si lo sabemos aprovechar con una charla posterior. Para los chavales que ya entran en la adolescencia, que han abierto los ojos a que la realidad es mucho más gris y empiezan a coquetear con el cinismo, no creo que ver la película suponga un aprendizaje, más que nada porque es probable que experimenten rechazo a esa visión idílica que sabrán ya que es mentira.

En cuanto a los adultos. Hay gente que es feliz leyendo los mensajes positivos de las tazas y agendas de Mr. Wonderful, gente que en una película busca emoción, evasión, buen rollo, una estética bonita y finales complacientes sin demasiado mar de fondo. Para ellos, es una película perfecta, tanto como el mundo que muestra.

A mí (y creo que a una mayoría les sucederá algo similar) Wonder me entretuvo, llegó a emocionarme en algún momento, pero la moraleja que extraje al final es que la inclusión ideal es posible, pero solo si se intenta en un mundo perfecto, de diseño, y en el que nadie parece tener problemas para llegar a fin de mes.

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser LaCestitadelBebe

    Buenas,

    lo de las películas siempre le dan 40 vueltas para hacerlo idílico, de todas formas habrá que verla para hablar, yo no la he visto, pero el cine me parece que no me espera hasta dentro de 4 años con el otro peque.

    Besos!

    Anabel

    01 diciembre 2017 | 08:05

  2. Dice ser Linu

    No está mal que esté un poco edulcorada, si es que está destinada al público infantil.
    Tal vez si hubiera series de tv con niños “especiales” como protagonistas, se normalizaría su existencia.
    Yo creo que los problemas de inclusión disminuyen cuando ello no implican problemas de comportamiento, algo que confunde a los niños pequeños porque ven a un niño de aspecto normal que no se comporta de modo normal, y eso incluso para algunos adultos es difícil de asimilar. Otras diferencias, como minusvalías físicas les son más fáciles de aceptar porque las tienen a la vista constantemente y no las olvidan, están ahí. Aún así habrá situaciones de acoso, pero no necesariamente con más incidencia que en el resto de niños.

    01 diciembre 2017 | 09:11

  3. Dice ser Sandra

    Mi hijo Sergio de Málaga tiene síndrome de treacher collins igual q el protagonista de la película, el como afectado y yo como madre nos sentimos muy identificados con la película . Os invitamos a verla y ha conocer nuestra asociación nacional de treacher collins.
    No es solo una película pensar q hay casos reales q esta proyección esta ayudando a q se nos conozca.

    01 diciembre 2017 | 20:13

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