Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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La mejor cocinera… de mi casa

No soy buena cocinera. Nunca lo he sido aunque, como madre que soy, no haya tenido más remedio que cocinar a diario desde hace años. Durante algún tiempo me dio por investigar con nuevas recetas, especialmente de postres, pero hace tiempo que abandoné esa afición y cocino estrictamente por necesidad.

Además, mis hijos se han pasado años quejándose de la inclusión de algunos ingredientes en las comidas: “No me gusta el pimiento”, “¿Qué es eso negro? qué asco”, “Ese queso huele a pies, no lo pongas”, eran algunas de sus frases habituales cuando eran más pequeños. Conclusión: he tendido a simplificar y a cocinar con los ingredientes que nos gustan a los tres, que para comer a la carta ya están los restaurantes.

Mis menús son muy básicos: ensalada y filete a la plancha, pasta con jamón y tomate y pescado a la plancha… Es cierto que muchas veces he conseguido engañarles, con el fin de que comieran de todo, y han terminado alabado las cualidades de una tortilla o un arroz que estaba “mejor que nunca” precisamente cuando incluía esa cebolla que tanto odiaban.

Ayer hice arroz blanco con huevos fritos después de que me lo pidiera mi hijo el pequeño, tan zalamero como sabe ponerse cuando quiere algo: “Anda, mami, ¿por qué no haces arroz? Hace tiempo que no lo preparas, con lo rico que te sale…”.

El mayor, que últimamente está muy interesado en la cocina, vino a ayudarme. Estaba pendiente de cada paso y no paraba de preguntar mientras yo preparaba el arroz. Me ayudó a cortar la cebolla, que ahora ya le parece un ingrediente básico de muchos platos. Además, fue él quien se ocupó de freir los huevos -a uno se le rompió la yema y a otro le cayeron algunos trozos de cáscara que hubo que quitar pero terminó la tarea con éxito-.

Cuando empezamos a comer fue él quien alabó mi arroz: “Nadie lo hace tan rico como tú, siempre te lo he dicho”. Creo que no me lo habían dicho tanto como creen, y mucho menos, los dos en un solo día.

Hoy también he tenido ayudante para preparar unas almejas a la marinera que estaban, según él, “impresionantes”. En fin, que he empezado a creerme la mejor cocinera del mundo aunque sólo sea la de mi casa. Y si me descuido, mi hijo mayor me quita el puesto en cuatro días.