Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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“En cero coma”, la frase de moda

Da igual lo que preguntes. Si les dices por teléfono que están tardando mucho en llegar a casa, te contestan que llegan en cero coma; si les recuerdas que tienen que recoger la mesa, o poner el lavavajillas o ir al supermercado también aseguran que lo resuelven en cero coma (aunque luego no sea cierto). Lo que sí hacen en tiempo récord es escaquearse de esas obligaciones en cuanto tienen oportunidad.

“En cero coma” se ha convertido este verano en la frase de moda en mi casa. Cada día la escucho diez o doce veces y empiezo a no soportarla. La dice el mayor, la dice el pequeño, y he llegado a decirla yo en respuesta a su insistencia.

Sus amigos también repiten hasta la saciedad esa expresión y ahora la empiezan a decir mis hermanos, a los que parece hacerles mucha gracia. Creo que voy a salir huyendo para dejar de escucharla en cero coma.

A todos les dejan… menos a mi

Esta frase es uno de los grandes argumentos de mi hijo pequeño para intentar convencerme de que le deje hacer algo. La utiliza para pedir cualquier cosa: quedarse por ahí hasta más tarde, ir a dormir a casa de un amigo, a la casa del pueblo de los padres de no sé quién, a la fiesta que organizan los amigos del campamento y, últimamente, para que le deje ir al viaje de fin de curso que ya están planificando.

Es agotador. No se cansa nunca de repetir lo mismo. “Es que les dejan a todos, te lo juro, llama si quieres a sus padres…”, insiste una y otra vez pese a que ya le he explicado mil veces, o más, que no va a conseguir nada insistiendo, que no voy a llamar a nadie para comprobarlo y que hará las cosas cuando pueda o deba hacerlas, no antes.

Entonces pasa a la táctica de compararse con su hermano: “A él a mi edad ya le dejabais salir hasta más tarde”, “Él podía dormir con sus amigos siempre que quería, pregúntale, ya verás”, “Él hacía esto, él hacía lo otro…”.

También le he explicado hasta la saciedad que todas las situaciones no son comparables, y que, además, no sirve acordarse de lo que su hermano hacía en tal o cual curso cuando uno nació a primeros de año y otro a finales y la diferencia es de casi un año… Pero le da igual, sigue en sus trece y vuelve a insistir. Creo que alguna vez utilicé esas mismas frases a su edad, pero no recuerdo haberme puesto nunca tan pesada.