Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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Violada y lapidada a los 14 años

¿Puede haber algo peor que ser violada por tres tíos a los 14 años? La pregunta se la hacía hace un rato una amiga de mis hijos que ha cenado en casa. Ha surgido a raíz de un reportaje televisivo sobre la lapidación de Asha Ibrahim, la chica somalí de 14 años que murió hace una semana lapidada por orden de un tribunal islámico.

_Pero allí lapidaron a otra mujer hace poco, ¿no?, ha preguntado mi hijo pequeño.

_No, era esta misma chica, lo que ocurre es que al principio dijeron que era mayor, le ha aclarado su amiga.

A mi también me cuesta creer que haya algo peor que una violación múltiple, pero la realidad se empeña en demostrar que sí, que el horror no tiene límites para unos pocos descerebrados. Y que una joven violada puede pasar de víctima a acusada de adulterio para terminar lapidada en la plaza pública, en Somalia o en Afganistán.

La corta vida de Asha es una muestra de esa disparatada realidad que se vive en algunos países, a unas pocas horas de avión de aquí.

Ni era una mujer, ni tenía 24 años, ni era una adúltera. Si hay un país en el mundo en el que lo malo se convierte en peor, ése es y desde hace décadas, Somalia. Y la historia de Asha Ibrahim Dhuhulow, la supuesta mujer de 24 años lapidada en público el pasado lunes en la ciudad portuaria de Kismayo, es sólo un reflejo. Porque no era mujer, sino casi niña. Asha no tenía 24, sino 14 años. No había cometido adulterio. Había sido violada por tres hombres del clan más poderoso de la ciudad.

Así arranca el reportaje que El País ha publicado sobre la lapidación de Asha, a la que inicialmente calificaron como “una mujer de 24 años, prostituta, bígama y adúltera”.

_¿Así que allí si le pones los tochos a alguien te lapidan, no?, ha preguntado mi hijo al final de la conversación.

_Bueno, si eres hombre no pasa nada, puedes hasta violar. El problema lo tendríamos tu madre o yo, ha sentenciado su amiga