Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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¿Cueces o enriqueces?

Expresiones que utilizan habitualmente los adolescentes como “Estar out”, “Pillar el bule”, “Estoy to loco” o “Echar la peta” ¿enriquecen el lenguaje o lo empobrecen?

Esta es la pregunta que van a intentar responder los expertos que se reunen mañana en La Rioja, en el seminario internacional El español de los jóvenes, organizado por la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y en el que también hablarán del lenguaje y las abreviaturas de los SMS. Puedes leer aquí la información de 20minutos sobre el tema.

Mis hijos y sus amigos repiten hasta el infinito términos como “¡Qué fuerte!”, “oka”, “no ves que no”, “pelas”,”piba” o “churri”, y creo que no me equivoco si digo que todas esas palabras ya las decíamos los adolescentes de generaciones anteriores. ¿Ha enriquecido o empobrecido el lenguaje su uso generalizado? Mientras los jóvenes sepan dónde y cómo emplearlos no veo ningún problema en su utilización. De hecho todos envian mensajes del tipo “Toy n ksa d un klega, aora wuelvo” y no se les ocurre usar ese lenguaje para tomar apuntes o hacer un examen.

La duda sobre el enriquecimiento me ha traído a la cabeza el famoso eslogan de Avecrem: “¿Cueces o enriqueces?” y cómo las frases de los anuncios, o de las series de televisión, logran hacerse un hueco en el lenguaje popular, especialmente en el de los adolescentes, que son los que más horas pasan frente a la tele. No hace mucho que todos repetían sin parar el “mayormente” o “lo que viene siendo…” que puso de moda Fiti, de Los Serrano.

La serie Aída es otra gran fuente de términos ordinarios, barriobajeros y casi siempre políticamente incorrectos, que hacen mucha gracia tanto a adolescentes como a adultos, según reflejan sus índices de audiencia. Seguramente su éxito se deba a que ese lenguaje chusco y esperpéntico se incluye en chistes o diálogos perfectamente construidos.

Tampoco es raro escucharles cosas como “¿Te gusta conducir?” del anuncio de BMW, el “No Martini, no party”, el “Redecora tu vida” de Ikea o el “Piensa en verde” de Heineken, al que suelen añadir la coletilla “Y acertarás”.

Últimamente repiten mucho un gran clásico, que se ha vuelto a poner de moda por obra y gracia de Gallina Blanca: “Soy Juan Palomo, yo me lo guiso… yo me lo como”.

“A ti te ha dejao el churri”

Tabletas de chocolate negro, con leche y almendras, con cacahuetes o pasas, bombones, galletas o pan de leche con chocolate… Llevo tres o cuatro días comiendo chocolate sin parar. No puedo evitarlo, llego a casa y me voy directa a por una tableta o unas galletas Príncipe, lo primero que pillo.

_¿Cuánto chocolate comes, no? me dijo ayer mi hijo pequeño.

Su reproche me hizo caer en la cuenta de que, efectivamente, llevo unos días sin dejar de darme atracones chocolateros.

_A ti te ha dejao el churri, no digas que no…

_¿Qué dices?

_Todas las pibas que conozco se hartan de chocolate cuando las deja el novio. No falla.

No pude evitar reírme con su ocurrencia.

-¿Ah, sí? ¿todas hacen eso? ¿y vosotros no?

_Qué va, yo me lo como porque me encanta, no para consolarme como vosotras.

Vaya, el chocolate como premio de consolación. La verdad es que ni tengo churri ni, por tanto, “me ha dejao” nadie. Pero creo que tiene razón en eso de que las mujeres tenemos una curiosa tendencia a atiborrarnos de chocolate cuando tenemos un problema, estamos estresadas o deprimidas, haya o no churri por medio. Estoy dándole vueltas a la cabeza a ver si descubro cuál es mi problema, ahora que he caído en la cuenta de que tengo uno. Voy a por una chocolatina, creo que me va a hacer falta.