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José Ángel Esteban. Señales de los rincones de la cultura. Y, por supuesto, hechos reales.

Crimen, sociedad ilimitada

Largas jornadas de documentación el fin de semana. Como dunas que crecen y crecen acumulo material sobre corrupción política, tráfico de armas, crimen organizado, servicios de inteligencia, espejos rotos, dobles miradas, autoridades y grandes y pequeños nombres: un abogado ilustre que reconstruye piedra a piedra un monasterio medieval para guardar en su cripta copia de todos los sumarios oscuros que le han permitido acumular poder; un asesino confeso que da conferencias sobre técnicas de relajación. Y una conclusión general para un país que se ha convertido en un escenario cinematográfico: se han roto los compartimentos estancos y hay o puede haber una corriente que abrace todas las manifestaciones delictivas a gran escala. Muñecas rusas, una organización que liga con otra, y con otra, colmenas que organizadas potencian la efectividad en una red perfecta, en expansión, sillas alrededor de una mesa: un universo paralelo al que habitamos el resto de los humanos, que se alimenta del nuestro y del que conocemos lo mismo que de los icebergs.

De la larga entrevista a Roberto Saviano, en El Pais, un anticipo de Gomorra, el libro del escritor italiano sobre la camorra napolitana que le ha valido una condena a muerte del poder en la sombra, guardo dos citas, que cruzan lo global y lo personal, para tener presentes:

Yo iba a los lugares, más que para ver las cosas, para que ellas me miraran. Y así entendí, como narrador, que los límites de esta materia no terminaban en el barrio o en la ciudad, como a menudo creen los especialistas. Me di cuenta de que la situación que estaba observando era universal. Los sistemas económicos criminales te permiten comprender en profundidad el mecanismo económico internacional.

La estructura criminal es mucho más importante que los individuos. Pero las personalidades sencillas tienen para mí (…) un valor literario enorme. Pienso en Augusto la Torre, el boss psicoanalista, que cuando habla cita a Lacan. En Giuseppe Misso, que escribió varios libros. En Luigi Volla, llamado El Califa, que adora la pintura de Botticelli. En Sandokan Schiavone, que poseía una biblioteca enorme de libros sobre Napoleón…

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Un hueco para acercarse a la exposición de Henri Michaux. Pintor, escritor, pensador, amigo de Borges, de Octavio Paz, de tantos, viajero real e imaginario, experimentador con la mescalina, el LSD y antes con los mecanismos de la obsesión y la repetición. Los dibujos, signos casi automáticos, difuminados, tintas, rasgados, se completan con cuadernos, agendas, cartas. Y unas pocas, escasas fotos, de un hombre con un cigarrillo y una corbata. No necesitaba disfrazarse de artista.

Para un lunes que empieza, una chispa de Michaux

PEREZA

Pereza: sueño sin fin que sueña la vida sin molestias,
paréntesis fluido.
Alrededor, proyectos, planes, inicios
Edificios caen, montan, remontan,
Pereza sueña
sobre su pozo que se profundiza

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