LOS APUNTES DE ECONOMÍA PRÁCTICA Y FAMILIAR de Joan F. Domene

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¿El paro baja nota?

Decía Zapatero en una entrevista concedida a 20 minutos que nuestra economía era de sobresaliente, de 9, hace año y medio y que ahora está entre el bien alto y el notable bajo, entre el 6,5 y el 7. Eso era, claro, antes de conocer que el paro creció en enero como no lo había hecho en el último cuarto de siglo en el mismo mes. Los datos aportados por el Ministerio de Trabajo son contundentes:

* El número de desempleados registrados en las Oficinas de los Servicios Públicos de Empleo, al finalizar el mes de enero, se ha incrementado en 132.378 personas en relación con el mes anterior.

* En valores relativos, el aumento del paro es de un 6,22%. De esta forma el paro registrado se ha situado en 2.261.925.

* Desde enero de 2007, el paro se ha incrementado en 179.417 personas (8,62%).

* El número de contratos registrados durante el mes de enero ha sido de 1.581.360. Supone un descenso de 71.790 (-4,34%) sobre el mismo mes del año 2007.

* Por sectores económicos, el paro registrado presenta las siguientes variaciones respecto a diciembre: En Agricultura se incrementa en 6.549 (9,52%); en Industria sube en 9.714 (3,47%); en Construcción aumenta en 8.930 (3,15%); en Servicios se incrementa en 98.104 (7,64%).

¿Y ahora qué nota le ponemos a nuestra situación económica? ¿Lo dejamos en un ‘sufi pelao’? Quizá lo más responsable por parte de todos sería dejar de esconder la cabeza bajo el ala, unos, y de utilizar la situación económica como arma arrojadiza, otros; y empezar ya de una vez a hincar los codos en serio, a repasar los apuntes y a estudiar a fondo la materia. No vaya a ser que en el examen final nos vaya a caer un ‘cate’ y acabemos yendo a la repesca los de siempre.

Peligro: Aumento de sueldo

Lo peor que le puede pasar a la economía en las actuales circunstancias de precios disparados, repunte del paro y caída de la confianza de los consumidores es que a alguien se le ocurra subir los salarios. Es la advertencia que acaba de hacer el presidente del Banco Central Europeo (BCE), el francés Jean Claude Trichet, para meternos el miedo (más?) en el cuerpo.

Ni se nos ocurra pedir un aumento de sueldo porque eso dispararía la ya preocupante inflación, que está en el 4,3% en España y en el 3,1% en el conjunto de los países de la zona euro. Ambas bastante lejos del 2% que el BCE considera como límite soportable. Por encima de ese nivel, avisa el guardián del euro, tan sólo podemos esperar nuevas subidas de tipos de interés. Lo que nos faltaba.

Las advertencias de Trichet siguen la línea de la teoría clásica de la supuesta espiral precios-salarios, defendida recientemente también por el gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordóñez. Si los precios se disparan, como ha sucedido y sigue sucediendo, y los sueldos no se mueven, cabe esperar que el consumo se frene, se venda menos y los precios acaben bajando y, por tanto, la inflación. Si sucede lo contrario, y se combinan precios altos y aumentos salariales, los costes de producción aumentan y se encarecen más los bienes y servicios. El resultado es una escalada inflacionista.

O sea, que encima de que se encarecen los alimentos, los combustibles, los transportes, las hipotecas, etc., no tenemos derecho a reclamar que nuestro jefe nos aumente el sueldo porque acabaríamos hundiendo la economía. Pues lo tenemos claro con las teoría clásicas.

Ahora bien, si nos fiamos del vicepresidente económico, Pedro Solbes, no debemos preocuparnos porque “sólo” estamos en una etapa de desaceleración y no en una crisis, lo que -asegura- nos irá de perlas para sanear nuestra economía. Y ni se nos ocurra decir lo contrario, no vaya a ser que alguien pueda considerarnos malos patriotas. Lo que hay que ver.

El euro fuerte nos hace débiles

Los afortunados que durante estos días hayan disfrutado de unas vacaciones navideñas en Nueva York o cualquier otra ciudad de los Estados Unidos habrán comprobado, sin duda, las ventajas que supone la fortaleza del euro frente al dólar. Con el cambio actual, el viaje sale más barato y las compras allí son mucho más asequibles.

Esa es una de las pocas ventajas que tenemos nosotros y la resta de países de la eurozona con una divisa tan fuerte. Otro aspecto favorable es que, como la factura del petróleo se paga en dólares (y cada vez nos dan más por cada euro), notamos algo menos los efectos negativos de la escalada imparable del precio del crudo, que está alcanzando niveles estratosféricos. Y poco más. El resto, todo son desventajas.

Que se lo pregunten a los 450 empleados de Nissan que se irán al paro porque la empresa ha decidido llevarse a Tailandia la fabricación de uno de los modelos que se producían en Barcelona. ¿Los motivos? Entre otros, la fortaleza del euro. Ciertamente, con el dólar tan “barato” los fabricantes norteamericanos tienen una posición más favorable que los europeos a la hora de colocar sus coches en el mercado internacional.

La única alternativa para poder competir con ellos que se les ocurre a Nissan y a otras muchas compañías de nuestro continente es reducir los costes de fabricación. ¿Cómo? Trasladando la producción a países, generalmente menos desarrollados, con salarios más bajos, jornadas más largas, menores exigencias laborales y legislaciones medioambientales menos estrictas.

No es nada nuevo. Antes otras empresas han seguido ese camino conocido como “deslocalización”. Y otras lo seguirán haciendo. Seat ya ha anunciado que piensa producir más en América Latina y mantener su apuesta por la Europa del Este. Los empleados de su factoría en Martorell (Barcelona) se han echado a temblar, recordando los recortes de plantilla en un pasado no muy lejano.

Si la construcción flojea y la industria se va, ¿hasta dónde va a llegar el desempleo en nuestro país? Pero el aumento del paro no es la única consecuencia de este fenómeno que algunos consideran “inevitable” en un mundo tan globalizado como el actual.

Con un euro tan “fuerte”, las empresas de la automoción -que en España representan el 80% de las exportaciones- y el resto de industrias europeas tienen cada vez más dificultades para exportar sus productos. La consecuencia es que se agrava el ya preocupante déficit exterior (la diferencia entre lo que vendemos fuera y lo que importamos) y se reduce en algunos puntos el crecimiento económico general del país.

Esto tiene mala pinta

Vaya manera de empezar el año. Las noticias económicas de estos primeros días de 2008 no invitan para nada al optimismo. Los precios, el paro, la confianza de las familias, el petróleo,… todos y cada uno de esos indicadores -fundamentales para nuestros bolsillos- parecen confirmar los peores temores con que despedimos el 2007.

. Los precios. El avance del IPC de diciembre nos pinta una panorama del año incluso peor del que ya nos anunciaba el de noviembre. Según el dato conocido ayer, que será definitivo el 15 de enero, los precios habrían crecido en 2007 un 4,3%, el mayor incremento de la década. Casi nada.

Para rematar este capítulo, nos enteramos de que lo del 4,3% puede sonar a risa si nos fijamos en el importante encarecimiento de algunos productos básicos a lo largo del año: la leche, el pan, la harina de trigo, el aceite de girasol, los huevos y el pollo han subido un 20% -o sea, casi cinco veces más que la inflación- en 2007, según el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio.

. El paro tampoco pinta nada bien porque, aunque el dato global de un aumento del 5,27% del número de desempleados a lo largo del pasado año puede decir poca cosa, lo cierto es que hay algunos detalles concretos referentes al mes de diciembre como para estar más que preocupados:

– La construcción se lleva la peor parte porque la aparentemente buena noticia del frenazo de los precios de la vivienda va acompañada de un parón en la actividad del sector y una caida del empleo.

– Aunque en el conjunto de 2007 la contratación crece un inapreciable 0,5%, en el mes diciembre ha caído un 9% en relación al año anterior. Y seguramente sin las contrataciones navideñas extra de por medio hubiera sido bastante peor.

. El petróleo, por primera vez en la historia, superó este miércoles los 100 dólares por barril en EE UU y acumuló una subida del 58% (!) a lo largo de 2007. Frente a tan contundentes datos hay poco que comentar.

. ¿Y cómo está la confianza de las familias ante tal panorama? Pues mal. Los informes del Banco de España y del ICO confirman que los españoles cada vez lo vemos más negro, por mucho que algunos mensajes gubernamentales intenten maquillar una realidad que, cada día que pasa, se presenta más cruda.

Salarios bajan, beneficios suben

España va bien, o al menos sus grandes cifras económicas. Los españoles, especialmente aquellos que dependemos de un sueldo, no tanto. Los últimos datos revelan que la década de mayor expansión económica de nuestro país no ha beneficiado a todos por igual.

Los que reciben sus rentas del trabajo han perdido un 4% de su salario real y han visto como cada vez su salario valía menos, mientras los que obtienen ingresos gracias al rendimiento de sus propiedades han visto crecer espectacularmente su renta hasta un 73%. Es la conclusión de un detallado informe elaborado a partir de los datos de la OCDE, la organización que agrupa a los 30 países más industrializados del mundo, publicado en El País.

Una de las conclusiones de ese informe es que España ha sido capaz de crear mucho empleo a lo largo de estos años, el problema es la mala calidad de esos nuevos puestos de trabajo, precarios y mal pagados en muchas de las ocasiones. Así cualquiera controla los salarios. No olvidemos el papel fundamental que ha jugado en ese control salarial la llegada de inmigrantes dispuestos a trabajar por bastante menos dinero que los trabajadores autóctonos.

Informes muy sesudos estiman que esa aportación sacrificada de los recién llegados es uno de los aspectos fundamentales del crecimiento económico. O sea, no es que un trabajador que cobraba 600 euros hace 10 años, gane ahora un 4% menos, no. Lo que ha sucedido es que las nuevas incorporaciones al mercado de trabajo se hacen a unos sueldos muy inferiores a los que se están pagando, con lo que la media total baja.

Cobramos como en 1997

Hace unos días recibiamos con entusiasmo el dato del crecimiento económico español, que se situó en el 3,8% en el tercer trimestre del año. Muy por encima de la media europea. Pero esa mágica cifra y el ciclo de bonanza que vive nuestra economía son el resultado de la confluencia de diversas circunstancias, entre las cuales destaca una moderación salarial sin precedentes. Todos los estudios disponibles constatan que el sueldo de los españoles prácticamente no ha crecido en la última década, fundamentalmente por la incorporación masiva de inmigrantes al mercado de trabajo, que cobran de media un 30% menos que los españoles, y por el elevado porcentaje de contratos temporales que existen.

El salario medio real, o sea, el que queda una vez descontado el efecto de la subida de precios, no ha dejado de caer en la última década. Un informe presentado ayer por Adecco revela que los trabajadores españoles cobran 1.553 euros brutos mensuales de media, un 0,7% menos que hace doce meses. Después de ocho años de caídas consecutivas del salario real –descontando la subida de la inflación de los aumentos de sueldo– estamos cobrando lo mismo que en 1997. Y lo que es peor, seguirá cayendo un 0,5% en el último trimestre de 2006 y un 0,2% en el primero de 2007. Cabe esperar que esta tendencia se modere en la medida que la temporalidad se vaya frenando –el mismo informe anuncia que tres de cada cuatro nuevos empleos seran fijos en el primer trimestre de 2007– y que el sueldo de los inmigrantes se vaya acercando a la media. Pero si no controlamos los precios, que aunque están frenando siguen por encima de la media europea, la inflación se seguirá comiendo nuestro salario.

Persiguiendo al comisario Almunia

“A la economía española le conviene un ajuste gradual”. Lo dice Joaquín Almunia, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, en la entrevista que hoy publica 20 minutos. La hice el viernes pasado, primero mientras lo acompañaba en su coche oficial por Madrid de camino a Atocha, y después andando por los pasillos de la estación hasta que llegamos a las puertas del AVE que lo llevaba a Córdoba. Y todo ello mientras soportaba los sudores causados por la intempestiva canícula otoñal madrileña: “¡Esto parece el Caribe!”, exclamó el entrevistado, supongo que recordando los días plomizos de Bruselas, donde vive actualmente.

La previsión era que el comisario nos atendería a las 8.15 de la mañana en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid, donde asistía a un desayuno informativo con periodistas económicos. Y allí estábamos el fotógrafo del periódico, Jorge París, y un servidor esperándole, medio adormilados, desde las 8.00. Pero un pequeño retraso y las obligaciones del comisario no nos permitieron cumplir nuestro objetivo, así que no quedó otra que esperar a que acabara el desayuno hacia las 10.30, subirse al coche y perseguirlo por Atocha para poder ofrecer esa entrevista hoy a nuestros lectores.

Luces y sombras de la EPA

El paro cayó en el tercer trimestre de 2006 en 72.000 personas. Lo dice la Encuesta de Población Activa (EPA) que se ha dado a conocer hoy. Otros datos destacados son que en España hay hoy el mismo número de parados que hace un año: 1.765.000 desempleados que representan una tasa del 8,15%. Por otra parte, hay 19.895.600 personas ocupadas, de las cuales 202.500 han encontrado trabajo el trimestre pasado. En el último año se han creado 704.600 empleos en España.

Esos son los datos más conocidos de una encuesta trimestral que tiene otros menos conocidos, pero quizá más inquietantes. Como el que dice que casi cuatro millones de hogares de los cerca de 16 que hay en España -una cuarta parte- no vive ningún “activo”.

Activos: personas de 16 o más años que suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios o están disponibles y en condiciones de incorporarse a dicha producción. Se subdividen en ocupados y parados.

Además, hay 393.300 en los que todos sus miembros están parados, una cifra que se va reduciendo progresivamente pero aún preocupante.

Muchas deudas y pocos ahorros

Las opiniones son libres y los hechos tozudos. Mientras sigue el debate –en el que por ahora todo parece depender de la proximidad político-ideológica al Gobierno– sobre si el nivel de endeudamiento de las familias españolas es o no preocupante, nuevos datos del Banco de España alimentan los temores sobre la penosa situación del ahorro en nuestro país, y del peligro latente que representan esas deudas en un panorama de tipos de interés al alza como el que tenemos delante.

Otro estudio hecho público ayer, éste de Caixa Catalunya, constata que la tasa de ahorro de las familias españolas descendió ocho décimas en cinco años: pasó del 9,8% al 9% entre 2000 y 2005.

La deuda familiar ha crecido el último año a un ritmo del 19,3% y los ahorros al 11,2%, casi la mitad. Lo dice el Banco de España, una institución cuyo gobernador, Miguel Angel Fernández Ordóñez, ha restado importancia a los datos de endeudamiento familiar diciendo que «sólo una minoría» del 40% de las familias españolas pueden pasar apuros. Un afirmación que escandaliza incluso a los que somos de letras. ¿El 40% una minoría? Él y los que se muestran despreocupados ante lo que está pasando pueden justificar su actitud asegurando que los hogares tienen más del doble de dinero del que adeudan porque frente a los 772.512 millones de euros que acumulan de pasivos financieros (préstamos y otras deudas) hay 1,65 billones de euros de activos financieros (depósitos, acciones, seguros,…). O sea, que tienen 2,13 euros de activo por cada euro de pasivo. Muy bien. Pero es que hace sólo ocho años, en 1998, tenían 3,68 euros por cada uno que debían.

¿Qué ha pasado en medio? Pues principalmente que la escalada del precio de la vivienda ha aumentado notablemente el importe medio de las hipotecas y, como consecuencia, el endeudamiento: de esos 772.512 millones de euros que debemos a los bancos, 685.113 corresponden a préstamos a largo plazo. Y eso que los tipos de interés han estado en niveles bajísimos. ¿Qué pasará cuando las familias deban hacer frente a esos créditos con tipos más altos? No es difícil de prever. ¿Y dónde guardamos nuestros ahorros? Principalmente a acciones y fondos de inversión (681.203 millones de euros) y a depósitos y otras cuentas bancarias (633.379 millones). Por lo que habrá que estar atentos a cómo va la Bolsa, que tras celebrar su 175 aniversario con el histórico récord de 13.500 puntos ya apunta a los 13.600.

Más riqueza, pero mal repartida

Magnífico artículo el que abría este domingo la sección de Economía del diario El País. Se trata de un buen retrato de la situación de la economía española tras diez años de crecimiento sin interrupción y el balance general que se extrae de la lectura del mismo es en general positivo.

El pulso de la economía española se acelera.

El ciclo de bonanza se alarga un año más, con un crecimiento que en 2006 se acercará al 4%.

Contra todo pronóstico, la economía española no ha levantado el pie del acelerador en 2006.

Aunque tener el “pulso acelerado” puede ser el síntoma de algún problema de salud, y si no “levantas el pie del acelerador” te acabarán quitando puntos del carné de conducir o, lo que es peor, tendrás un accidente de tráfico.

Lo cierto es que lo más valioso de este excelente trabajo no se encuentra en el texto de la información, sinó en dos cuadros resumen que sumados describen a la perfección el “buen-mal” estado de nuestra economía.

Muy prácticos tanto para aquellos que quieran defender la política económica del Gobierno,

como para los que estén más próximos a las tesis de la oposición.

A los que no pertenezcan a ninguno de estos grupos les recomiendo que sumen los dos: la conclusión es que crecemos mucho (inversión, Bolsa, empleo, renta…), pero esa riqueza se reparte mal (diferencial de renta con la UE, precariedad laboral, precios de la vivienda, inflación,…).