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Luis Cernuda, en el 50 aniversario de su muerte,Trending Topic…, ¿alguien da más?

Por Paula Arenas Martín-Abrilpaula_arenas

Escribir este martes 5 de noviembre Cernuda (Sevilla, 1902 – México,1963) en Twitter era sinónimo de alegría y esperanza. Sus poemas, su voz, alguna entrevista, comentarios, muchas loas se hacían con el poder de la Red y demostraban que la gente no es como a veces se quiere pensar tan tonta, tan ignorante, tan poco dada a la poesía.

Jóvenes (y no tan jóvenes, pero esto ya no parece llamar tanto la atención) retuiteando su Te quiero o ese Donde habite el olvido que tanto juego ha dado a muchos periodistas a la hora de titular con un Donde habite el… 

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Un placer que 50 años después, lo que habite en Twitter, no importa que no dure, haya sido Luis Cernuda, el poeta de la Generación del 27, que, lo siento por Lorca  (aunque él mismo reconoció su grandiosidad poética), era mucho más poderoso que el anterior, sólo que no murió tan joven.

cernudaTuvo sin embargo una existencia dolorosa, tanto como el nunca superado choque entre realidad y deseo, tanto como ser homosexual en tiempos (los suyos) en los que serlo era una infamia. Encontró en su poesía, reunida en La realidad y el deseo, la manera de sacarle a la vida lo que la vida le negaba.

Hizo de casi todas las barreras verso, de su dolor un himno sin disfraces, de su palabra un anticipo universal. Leer a Cernuda es leerlo a él, en carne y hueso, sin trampas ni mentiras. Es también poder explorar en la amargura, el llanto, la ira, y a su vez la brutal belleza de un hombre, uno más (muchos más llegarán) que sufrió porque su ansia, su anhelo, en fin: su deseo jamás estaría de acuerdo con la prosaica realidad.

Leer a Cernuda es sentir que uno puede darse permiso, permiso para ser y ser sin la exigencia de la sonrisa. Una huida, que diría Benedetti, de los proxenetas de la risa.

Leer a Cernuda para mí es volver a la cuesta de Moyano con mi padre, es sentarme de nuevo en aquella clase amplia llena de sillas vacías en la Universidad y escuchar la voz del profesor hablando de Cernuda, es regresar a casa de mis padres y leerlo una y otra vez, es recordar que suyos fueron los primeros versos que me atreví a escribir en una pared

No hay más que parar un momento y leer, leer el poema que ni Salinas ni Neruda ni Bécquer lograron escribir.

Te quiero

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

 

 

Por María J. Mateomariajesus_mateo
Ser “ausencia leve como carne de niño” y habitar “allá, allá lejos”, donde solo existe el olvido. ¿Quién no ha amado y ha querido después, cuando el desamor llega con su guadaña, simplemente dejar de ser? Dormir o acabar “disuelto en la niebla”… ser tan solo levedad y transitar en una bruma donde no exista ya esta punzada que apunta al abdomen.

Es fácil reconocerse en estos versos de Luis Cernuda. Recordar cuando el verbo remite justamente a su significado etimológico: volver a pasar con el corazón (re: de nuevo y cordis: corazón) y experimentar la angustia del abandono que muchos seres humanos hemos sentido. Leo esta noche (ya hoy, recuerdo, por la mañana) los versos del poeta, de cuya muerte se cumplen estos días cincuenta años, y copio y guardo el texto para “volver a pasarlo por mi corazón” a la salida de la oficina. Cuando la noche es ya muy cerrada y la soledad, que él mismo decía, es un “inmenso abrazo”, estepa, oscuridad.

Vuelvo a sus versos y vuelvo a sentirme “fantasma de la pena” y me pregunto, como en el poema, por qué vivir, amor (amores) si desaparecéis un día. Pero regreso reconfortada. Acurrucada por la “fragilidad sentimental” de sus líneas, que decía estos días Luis García Montero, satisfecha por la gracia que concede la poesía… por esa libertad de poder gritar a corazón abierto, que la noche, la vida, duelen cuando el abandono se hace explícito y “la cama es ancha” en la soledad de la madrugada.

Cierro mis ojos al fin, en esa neblina donde ya solo queda el olvido porque solo hay ya espacio para la calma. Y olvido, porque desvanezco, que en este día, esta hora, en que el “amor, ángel terrible” volvió a traicionarme, “me cansé de ser hombre (o mujer)”, que dijo Pablo Neruda. Y dejé de susurrar aquel lamento de mi querido paisano Miguel Hernández: “¡cuánto penar para morirse uno!”  

Ando ya al fin lejos, lejos. Nada como recordarte, Cernuda.

1 comentario

  1. Dice ser bueeeeee

    En el mayor de los olvidos quede perdido mi honor, no sentirá el alivio ni el castigo del dolor, ni en altar de santo erguido ni pozo de pecador,que de jueces sin testigos el alma no reza amor. En el mayor de los olvidos sea la luz de mi corazón.

    06 Noviembre 2013 | 23:52

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