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La inmigración de los europeos

Los problemas de la inmigración son los mismos en cualquier lugar del mundo y en cualquier época. Hace poco tuve la oportunidad de estar en Nueva York, que fue uno de los puntos principales de entrada de millones de inmigrantes europeos, y encontré el registro de esa inmigración de antaño, y les digo que no hay ni una sola diferencia con la situación actual que se vive en los países que son destino de la inmigración como España.

Esa inmigración de antaño llegaba a tropel hasta Ellis Island, una isla pequeña ubicada junto a Manhattan. Desembarcaban primogénitos de familias griegas, madres italianas con sus hijos pequeños, familias judías enteras. Con su ropa en baúles y cestas de mimbre. Algunos hasta cambiaban sus apellidos para asegurar la entrada a América, tal y como se ve en la sala de registro que aparece en la fotografía.

En la isla pasaban una serie de exámenes antes de ser admitidos y luego permanecían en la isla durante un tiempo, vivían una especie de cuarentena, mientras se adaptaban a las costumbres americanas. Les enseñaban cosas tan básicas como, por ejemplo, pelar y comer una banana.

Todo eso se cuenta en el museo de la inmigración que hoy se levanta en Ellis Island, que recibió a doce millones de inmigrantes entre 1892 y 1954. Pero lo paradójico de esto, como digo al principio, es que esas historias de antaño no han dejado de ocurrir. La misma ciudad de Nueva York sigue siendo un muestrario de la llegada de inmigrantes y junto a esta ciudad se puede citar a Madrid, Milán, Londres y muchas más.

Y las puertas de acceso o fronteras se siguen cerrando como hace más de cien años. En España, a inicios de verano se estrenó con bombos y platillos una nueva sala para “acoger” a los inmigrantes. Y fue presentada ante los medios de comunicación como un hotel cinco estrellas. Se decía que tiene 78 camas para los viajeros rechazados en frontera y hasta 10 cunas para los niños que lleguen y no puedan entrar a España. Televisión, teléfonos, sala de juegos y un servicio de restaurante que tiene en cuenta las restricciones alimenticias que marcan algunas religiones.

Yo solamente digo que la inmigración ha sido una constante en la historia de los pueblos y es una pena que se siga tratando a los inmigrantes como hace más de cien años. Me resulta extraño visitar un museo que reseña un drama humano que todavía ocurre hoy en día, con otros rostros, en otros idiomas, y en muchos países que representan el mismo sueño americano que otrora arrastró a los europeos hasta el otro lado del Atlántico.