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‘Babor’ y ‘Estribor’, vinos marineros para acompañar las conservas

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Montar un bar es, posiblemente, uno de los planes soñados por muchos grupos de amigos. ¿Quién no lo ha propuesto alguna vez en voz alta una de esas noches que se alargan demasiado? “Tendríamos que montar un bar”, y todo eso. A la mañana siguiente, por suerte para la economía y la amistad del grupo, el plan suele quedar en nada.

Pero resulta que hay una idea incluso más atractiva que eso del bar: elaborar un vino propio. Eso es precisamente lo que han hecho los miembros de Santoñismo, un grupo de amigos que no solo reivindican los encantos de Santoña, un tranquilo pueblo costero de Cantabria, sino que se han animado a sacar dos vinos acorde a la filosofía de la zona.

Abrimos una octavilla de anchoas -estamos en zona conservera- para probar el blanco Estribor y el tinto Babor mientras Raul Gil, uno de los responsables del proyecto, nos explica el origen de estos vinos que prometen ser perfectos para maridar pescados y conservas en general, y anchoas en particular.

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‘La Bruja Avería’, un vino de Comando G para nostálgicos de los 80

Bruja Averia - Comando GLo reconocemos: somos de esos que muchas veces eligen un vino por la etiqueta. Los grandes gurús del asunto estarán espantados pero nos consta que no somos los únicos que ante una estantería repleta de botellas desconocidas, al final el diseño -y el precio, ojo- acaban inclinando muchas veces la balanza. Fue así como conocimos La Bruja Avería en Vila Viniteca (Barcelona).

Y como somos de esa generación con la que la nostalgia ochentera funciona perfectamente fuimos directos a por esa botella con una etiqueta y un nombre tan sugerente. Más, al descubrir que tras ella se escondía la bodega Comando G. ¿Casualidad o un guiño generacional?

Para salir de dudas hablamos con Fernando García y Daniel G. Jiménez-Landi, los nombres detrás de esta pequeña bodega en la Sierra de Gredos que produce vinos con DO Madrid principalmente. Acertamos, pero solo a medias, porque lo de Comando G tiene más de un argumento: G de garnacha, de Gredos -donde están sus viñedos-  y, por supuesto, de aquellos míticos dibujos animados japoneses.

Un juego que se repite con La Bruja Avería, un tinto joven, con etiquetas de diferentes colores en las que la bruja en cuestión -de rasgos bastante más dulces que la de la televisión, por cierto- va cambiando cada año.

“Hay un vino de garnacha de la zona del Roussillon que nos influenció en nuestros inicios -nos explican- y que se llama la sorcière (bruja en francés). Además, el pueblo de donde salen las uvas (Rozas de Puerto Real) es muy mágico y místico. Y claro, el guiño a La Bola de Cristal que tanto marcó nuestra infancia los sábados por la mañana”.

Pero más allá de la anécdota, Comando G es una bodega que algunos expertos no dudan en calificar como uno de los proyecto vitivinícolas más interesantes de los últimos años. “La idea es hacer vinos de calidad que reflejen zona, suelo, añada y variedad. Con eso hacemos nuestros 3 pilares, vinos con frescura, elegancia y terroir“, apunta Fernando García. Prima la calidad y la seriedad aunque también reconocen que el nombre ayuda a “quitar un poco de clasismo al asunto del vino”.

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Daniel G. Jiménez (a la izquieda) y Fernando García

Si ya de por sí la garnacha es una uva compleja, en este caso se le añaden las peculiaridades de la altitud (entre 900 y 1.200 metros) y de estos viejos viñedos (entre 50 y 80 años) que se reparten en 10 hectáreas, por las laderas de las montañas, en lugares de difícil acceso. Enraizadas en suelo granítico, esta singular bodega apuesta por la agricultura biodinámica y, además, trabaja las viñas con mulas.

Sus creadores se conocieron en 2005 estudiando enología y fue en 2008 cuando arrancó este proyecto. ¿Una locura embarcarse en una aventura así? Puede ser, pero sobre todo es fruto de la pasión, defienden. “Pasión por un trabajo, por el medio ambiente, por el desarrollo rural, por rescatar viñas casi abandonadas, por el patrimonio de nuestro pasado agrícola… Esto hace que te vayas involucrando y desarrollando el proyecto, todo sin perder las raíces”.

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El resultado es este La Bruja Avería, un tinto 100% garnacha envejecido 7 meses en barrica y que -como dicen quienes saben mucho más que nosotros- es amable pero también complejo, fruto de esas peculiaridades de las viñas y el terreno. La producción es de 30.000 botellas y su precio anda entre los 12 y los 15 euros.

Además de La Bruja Avería -que definen como “un vino de pueblo”- también elaboran un vino selección de parcelas (Rozas 1o Cru) y un vino de parcela (Las Umbrías). La oferta actual de la bodega se completa con Tumba del Rey Moro (un tinto al filo de lo imposible, aseguran), Rumbo al Norte (“la joya de la corona”) y El Tamboril 2012, un blanco que, como el resto, también es 100% garnacha.

¿Quién dijo que la nostalgia no sirve para nada? A nosotros al menos nos ha servido para descubrir un gran vino mientras recordamos la musiquilla de Comando G y aquello tan premonitorio que gritaba la Bruja: “¡Viva el mal! ¡Viva el capital!“.

Tres vinos extremeños que deberías conocer

VinosExtremaduraPor Iker Morán

Son una de las zonas vinícolas más pujantes del país pero, pese a ello, los vinos de Extremadura -con sus dos denominaciones de origen Ribera del Guadiana y Vinos de la Tierra de Extremadura- siguen siendo un tanto desconocidos, más allá de algunos grandes éxitos comerciales como la serie Habla de Pago de los Balancines o ese colorido Crash del que ya os hablamos.

Desconocidos al menos en buena parte del mercado nacional porque curiosamente un paseo por cualquier tienda o bodega de muchas ciudades europeas sirve para confirmar que la exportación funciona muy bien para estos vinos.

Así que con la ayuda de Bendita Extremadura -tienda on-line dedicada a la venta de productos de esta tierra- nos hemos propuesto incluir en nuestra lista de vinos de cabecera tres referencias extremeñas que pueden presumir de una relación calidad-precio a la que cuesta resistirse. Es la parte buena de esas denominaciones menos mediáticas pero que también reclaman su espacio en nuestra bodega.

Carlos Plaza Roble es un gran ejemplo de esta filosofía. Un tinto que ha sido envejecido en roble seis meses, pero sin que la madera se lleve por delante el dulzor de su fruta madura y esa agradable ligereza que, aunque suene a topicazo, invita a tomar una segunda copa. Bueno, en realidad nosotros siempre nos apuntamos a eso. Ronda los 8 euros y es de esas botellas que apetece descorchar, tapar la etiqueta e improvisar una cata a ciegas a ver quién es el valiente que se atreve a ponerle precio.

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50 vinos rompedores para disfrutar por menos de 10 euros

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Siempre hemos estado convencidos de que es posible gozar de buenos vinos sin dejarse un ojo, un riñón y parte del hígado en ello. De hecho, podríamos decir que pagar más de 15 euros por una botella es casi pecado en nuestra religión, aunque en alguna ocasión puntual hemos pecado y no nos hemos arrepentido.

No debemos ser tan raros porque en Alimentaria han montado un rincón que bien podríamos convertirlo en nuestro particular templo. Se trata de Vinorum- Los 50 rompedores, una selección de vinos diferentes con algo en común: su precio es inferior a 10 euros por botella.

Este es su punto en común, porque por el resto se trata de una selección muy variada. Eso sí, encontrar reservas y grandes reservas con estos precios es difícil, ya que en estos casos sí está justificado que sean algo más caros. Pero, por lo demás, encontramos cavas, blancos, rosados y tintos muy interesantes. ¿Pero en qué se basan para calificar el vino como rompedor?

Por ejemplo, en denominaciones de origen pequeñas y menos conocidas como Almansa (Laya), Madrid (Treinta mil maravedíes) o Arribes (Abadengo, 100% uva Juan García). Sí, existe una variedad de uva Juan García y no es la única variedad local y “rompedora”. Algunos ejemplos más: el picapoll de Abadal (DO Pla del Bages), el bobal de BobalIcon (DO Manchuela) o el prieto picudo de Estay (DO Castilla León).

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Los ignorantes

LosIgnorantesBooCook. Por E. de Salamanca

Vinos y cómics, no se puede ser más francés. Este verano -y ya van dos- estuvimos viajando por Francia. Comiendo quesos, bebiendo vino y comprando libros que aún no soy capaz de leer. Me afrancesé.

Ahí está la primera razón por la que me ha gustado “Los ignorantes”, de Étiennne Davodeau y editado por La Cúpula. Y otro motivo más para emigrar, claro.

Segunda razón: el comic funciona como un manual -el lector avispado lo descubre ya en el título- sobre cómo se hace un vino y un cómic. Un dibujante le enseña a un viticultor cómo se hace y se lee un cómic, y este le explica los secretos para hacer, beber e incluso pensar un vino.

Aunque instructiva, es verdad que la historia de cómo se hace un comic puede llegar a hacerse un poco lenta. Pero la dedicada al vino me ha parecido fascinante. Tanto que me he apuntado a un curso intensivo de francés. De verdad.

Tercera razón para hacerse con un ejemplar de este libro: su lectura  es una manera barata de estar en Francia. ¡Menudos paisajes! Un dibujo aceptable, pero lo suficientemente motivador. Se lo aseguro, yo los he visto hace unos meses.

La crítica al capitalismo es otra buena razón. La cuarta ya. Una crítica a la producción salvaje, al vender a toda costa y comprar a la moda. Una queja contra el tiempo rápido, lo artificial y los artificioso.

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Maridaje de cine y vino

Cuando hablamos de maridaje de vinos, lo que nos viene a la cabeza es un restaurante o, como mucho, un curso en el que aprender a combinar las comidas con los caldos apropiados. Pues bien, hoy os traemos una original iniciativa del Club de cultura TRESC: una actividad  de maridaje de vino y cine.

Suena bien, ¿verdad? En esta primera experiencia de Cinema Diví, que se celebrará en las Bodegas Bohigas, los asistentes podrán probar diferentes vinos, comer productos autóctonos y disfrutar del documental Mondovino. Muy temático, como podéis comprobar.

Aunque el plan nos parece muy interesante, nosotros iríamos más allá. Nos gustaría experimentar qué vinos acompañan mejor a una peli de terror o cuáles son perfectos para una comedia. Sea como sea, es una opción estupenda para pasar un día diferente y disfrutar de dos artes combinadas por el módico precio de 15 euros.

La parte mala – que siempre la hay – es que, de momento, sólo los socios del TRESC en Catalunya pueden disfrutar de este tipo de experiencia. Empresarios vitivinícolas espabilados, ¿a qué esperáis para hacer algo similar? Nosotros nos apuntamos seguro.