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MasterChef también tiene sus propios vinos. Y los hemos probado

Confesamos que hace tiempo que teníamos ganas de probarlos. Y sí, sabemos que el programa no pasa por su mejor momento en cuanto a imagen pública y que la emisión de la versión Junior es el peor momento para hablar de vinos. Y de cremas de cacao, pero ese es otro tema.

El caso es que por aquí somos más que aficionados al vino y seguidores fieles del talent. Así que no podíamos dejar de probar la amplia colección de vinos que el concurso sacó hace ya un par de temporadas al mercado. Y que, por cierto, pueden ser un buen regalo de última hora para quienes, como nosotros, cumplan esas dos premisas.

Y vaya por delante que los vinos no están nada mal. Vamos, que no es que nosotros seamos unos grandes expertos, pero a la hora de decidir si algo nos gusta o no, ahí sí lo tenemos claro. Y si bien es cierto que no todos los de la gama nos convencen, la verdad es que, en conjunto, no están nada mal.

Estamos, eso sí, ante una colección de vinos de corte bastante clásico, tanto en lo que respecta las uvas con las que se han elaborado (tempranillo, verdejo…) como a las denominaciones de origen que los amparan: Rioja, Rueda… Y como no queríamos quedarnos con ninguna duda, le hemos preguntado a Javier Gila, el “padre” de toda la colección.

Pentacampeón de sumilleres de España y presidente de la Asociación Madrileña de Sumilleres, Javier Gila es el encargado de probar y seleccionar los vinos que llevan la etiqueta MasterChef: “Visito las bodegas y verifico si son candidatos para ser un vino con la calidad MasterChef”.

En lo que respecta a ese clasicismo de la colección, sin aparentes ganas de innovar, Gila responde con honestidad: “Tenemos que hacerlo fácil para el consumidor, por lo que hemos empezado por variedades y denominaciones de origen que son muy conocidas”.

Ese “hemos empezado” nos llama la atención. ¿Habrá más vinos? “En un futuro próximo llegarán zonas menos reconocidas. Ya estamos seleccionando distintas zonas de nuestro país y pronto verán la luz más vinos de otras denominaciones y lugares”, asegura Gila.

Señal de que la cosa funciona. Y es que el talent culinario hace tiempo que dejó de ser solo un programa de televisión. Su gama de productos culinarios de todo tipo arrasa, y los vinos, como no podía ser menos, también.

¿Qué vinos podemos encontrar?

La verdad es que la variedad de la colección es amplia, un poco para todos los gustos. Predominan fundamentalmente variedades autóctonas, típicas de las zonas geográficas en las que se amparan los vinos.

Así, encontramos un albariño de la DO Rías Baixas, sabroso y con una importante carga frutal; un verdejo joven y fresco de la DO Rueda; o dos tempranillos, uno de Ribera del Duero, con 4 meses de barrica, equilibrado y sedoso; y un crianza de Rioja (aquí con un pequeño porcentaje de graciano), complejo y equilibrado.

De variedades foráneas encontramos también dos monovarietales: un sauvignon blanc y un syrah. “Son variedades muy reconocidas en España y en el extranjero, y por eso las hemos incluido en la gama”, asegura Gila. Ambos son vinos de corte muy comercial.

En el caso del sauvignon blanc, es un vino con un toque francés y claras notas tropicales, mientras que el syrah da lo que se espera de el: vino tinto clásico, potente, largo y persistente.

Y si sois de los que se pierden por un rosado, también tenéis vuestra referencia. Un vino elaborado a base de albillo, tempranillo y verdejo y con Denominación de Origen Cigales. Muy frutal y sabroso. El típico caramelo que a nosotros, personalmente, no nos ha interesado demasiado.

Algunos maridajes

Si os han entrado ganas de ponerlos en vuestra mesa -en lo que queda de Navidad o cuando sea-  le hemos preguntado a Javier Gila por cuáles serían los mejores maridajes para cada uno de los vinos MasterChef.

Y aquí van sus propuestas:

  • MasterChef Albariño DO Rías Baixas: armoniza con crustáceos, pescados blancos e incluso quesos poco curados.
  • MasterChef Verdejo DO Rueda: con pescados blancos y quesos.
  • MasterChef Rosado DO Cigales: va muy bien con guisos y arroces.
  • MasterChef Tempranillo DO Ribera del Duero: marida con carnes rojas y asados.
  • MasterChef Crianza DOCa Rioja: para carnes rojas y guisos.
  • MasterChef Sauvignon Blanc: ideal para acompañar mariscos, pescados y platos picantes.
  • MasterChef Syrah: excelente para combinar con carnes rojas y de caza.

Ah, por cierto, y para los amantes del cava, MasterChef tiene también ya su propio Brut Nature. Este, de momento, no lo hemos probado, así que nos reservamos la opinión para más adelante.

¿Qué son los vinos atlánticos? Estos son los mejores de 2021

Cada vez se escucha más hablar de los vinos atlánticos. A priori, un concepto que no parece necesitar mucha explicación: vinos hechos a orillas del Atlántico y que, en cierto modo, trasladan a la copa ese carácter marino, fresco y un punto ácido.

¿Hablamos entonces de vinos gallegos y portugueses? Toca repasar las lecciones de geografía y el mapa porque la región atlántica da para mucho más. Al menos eso es lo que explican desde Atlantic, un concurso internacional dedicado a este tipo de vinos y que ofrece una visión mucho más amplia de este concepto, tal y como puede verse en el mapa de regiones.

Y es que, evidentemente, también los vinos de Huelva y Cádiz entran en esta categoría. Y, evidentemente, los excelentes vinos de Canarias. ¿Hay algo más atlántico que eso?

De hecho, este certamen esta organizado por la DO Cangas. Y es que, claro, también los vinos asturianos responden perfectamente a ese concepto de atlántico. Y lo mismo los de Cantabria, los txakolis vascos, el sur de Francia y de Reino Unido… Y los de León, por supuesto, porque esto va más allá de tener costa atlántica, claro.

Quienes prefieran una definición canónica y de esas que pueden entrar en el examen, aquí va la que proponen los organizadores de este concurso y que resume bastante bien la idea: «Los vinos atlánticos son el resultado de una serie de inclemencias climatológicas que tras ser superadas dan como resultado vinos muy diferenciados, siendo su sello de identidad la elevada expresión aromática, son ligeros  y su peculiar acidez controlada establece un equilibrio perfecto entre cuerpo y frescura».

Mientras lo vamos memorizando para la próxima vez que salga el tema en la mesa, vamos con lo realmente interesante: unos cuantos vinos atlánticos que merecen la pena.

O que, según los criterios del jurado de este concurso Atlantic, celebrado del 11 al 14 de septiembre, son los mejores de este 2021. Y no hablamos solo de blancos -que igual es lo primero en lo que uno piensa- sino también tintos, generosos e incluso algún espumoso. Esta es la lista completa:

  • Mejor Blanco Joven: Abeitxa 2019 de la Bodega Txa-Txabarri
  • Mejor Blanco Maduro: Abeitxa 2014 de la Bodega Txa-Txabarri
  • Mejor Blanco Envejecido: Firmo Godello
  • Mejor Rosado: Pardevalles Klaret
  • Mejor Tinto Joven: Prómine de Bodegas Petrón
  • Mejor Tinto Maduro:  Douma de Adega Pedralonga
  • Mejor Tinto Envejecido: Alan de Val Caíño Longo
  • Mejor Generoso: Justino’s Madeira Sercial 10 years old
  • Mejor Espumoso: Mar de Frades Brut Nature

Vinos blancos para viajar este verano

(Foto: Aitor Aulestiarte para Bodegas Itsasmendi)

Los blancos, como las bicicletas, son para el verano. Nada de eso. A estas alturas ya hemos aprendido que más allá de la postal de terraza, calor y una copa de blanco ligero y fresco, estos vinos no solo son compatibles con más platos de los que tradicionalmente nos han contado, sino que apetecen todo el año.

Hecha, una vez más, la pertinente aclaración enológica, se nos ha ocurrido emprender un viaje este verano a través de unas cuantas bodegas repartidas por todo el país y que elaboran blancos de lo más interesantes. Del Cantábrico a Jerez, asomándonos al Mediterráneo y buscando el fresco en algunos casos, la intensidad en otros o simplemente la curiosidad.

Tussio 2020

Si lo de los vinos atlánticos se escucha mucho, la idea de vinos cantábricos es algo más original. Y así es como se define este Tussio 2020 de la bodega cantaba Miradorio. Acidez marcada y mucho carácter de la mano de una combinación singular: hondarribi zuri (la uva del txakoli) y albariño. Perfecto para quienes buscan mucho frescor. Cuesta unos 9 euros.

Itsamendi Artizar

Nos quedamos cerca, en Bizkaia, para hacer parada en la bodega Itsasmendi. Una de las casas de referencia cuando se habla de buen txakoli y que con este Artizar 2016 juega a algo por ahora poco conocido: darle complejidad a un vino tradicionalmente sencillo pero que en los últimos años ha ido ganando muchos puntos. La crianza sobre lías le da entidad y le permite envejecer hasta convertirlo no solo en uno de los mejores txakolis que hemos podido probar, sino también en un gran vino blanco. Cuesta, eso sí, unos 38 euros.

Finolis

Rumbo al sur para descubrir esta interesante rareza de la bodega Williams & Humbert: Finolis. Un nombre divertido y sugerente para un blanco que sueña con ser fino, pero en realidad es un vino tranquilo -es decir, no es un generoso, no se le ha añadido alcohol- pero que tiene crianza bajo velo de flor. Se elabora con uva palomino sobremadurada y luego asoleada, lo que permite elevar la graduación hasta más de 14º. Añada 2016 y saca de 2021 en esta edición limitada para amantes de vinos diferentes. La botella de medio litro sale por unos 20 euros.

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Nuestro primer vino en lata. ¿Tiene sentido este formato?

España no es sólo uno de los mayores productores de vino del mundo, también un mercado muy particular. Bebemos menos vino del que creemos, estamos muy mal -o bien- acostumbrados a vinos de calidad a un precio muy ajustado y, en general, las innovaciones en este sector se miran con bastante desconfianza.

Así que si lo de sustituir el corcho de verdad por plástico -no digamos ya por rosca- sigue sin convencer, poner sobre la mesa una lata de vino nos sigue pareciendo una auténtica marcianada. Algo, en todo caso, reservado para turistas despistados, vinos de dudosa calidad y, en fin, para ese tipo de salvajes que serían capaces de ponerle hielo al vino blanco o rosado.

En realidad el vino en lata hace mucho que existe y está más o menos normalizado en otros países. Por aquí, cada vez que alguien se anima con este formato lo hace hablando de revolución, nuevos momentos de consumo, llegar a un público más joven…

La teoría y el marketing están muy bien. Pero el caso es que a estas alturas todavía no nos habíamos animado a probar un vino en lata. Poco sospechosos de puristas -al arroz le echamos cosas y ya hemos probado formatos diferentes de vinos– es verdad que la lata se nos resistía.

Así que unas muestras gentileza de Zeena -una marca española que está apostando fuerte por el vino en lata- fueron la excusa perfecta para hacer los deberes y probar de una vez el vino en lata. Tinto, blanco y rosado a la nevera y a ver qué tal.

Empezamos por lo bueno: los tres vinos son muy correctos. Especialmente el tinto, que bien fresco es uno de esos vinos jóvenes, suaves y fáciles de beber con todo.

El tamaño de las latas (200 o 250 ml) también es una gran idea: es la medida perfecta de una copa un poco generosa o de un par de copas un poco justas.

¿Pero qué vinos son? ¿De dónde vienen? ¿Qué uva? Aquí el marketing vuelve a mandar, porque aunque la información está disponible (garnacha blanca y tinta de la zona de Tarragona) tienen más protagonismo otros mensajes, como que es un vino orgánico (es decir, ecológico) y vegano. Se supone que al potencial comprador le interesa más estos datos que los habituales en el mundo del vino.

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El vino con acento mexicano que se ha propuesto conquistar Ribera del Duero

Cuando hace unos años tuvimos la oportunidad de probar la primera añada de Pinea descubrimos que eso que repetíamos sobre lo difícil que es distinguir un vino bueno de uno muy bueno era mentira. Este pertenecía a los segundos y al primer sorbo quedaba meridianamente claro.

Aquel era uno de los mejores tintos que recordábamos haber probado en mucho tiempo. La nueva añada (2017) confirma aquella impresión de estar ante uno de esos grandes vinos con aspiraciones de convertirse en un nuevo referente.

Y no nada fácil en una zona como Ribera del Duero donde ya hay nombres propios que son parte de la historia del vino a nivel mundial. Pero eso es exactamente lo que los creadores de esta bodega se propusieron en su momento: elaborar uno de los mejores vinos del mundo.

Aunque por el discurso podríamos pensar que Vicente Pliego y Hugo T. del Pozo -los fundadlos de Pinea Wine- son del mismísimo centro de Bilbao, en realidad son dos mexicanos enamorados de la zona y sus viñedos.

En 2017 pusieron en marcha este pequeño pero ambicioso proyecto basado en seleccionar de forma manual las mejores uvas tempranillo de cepas viejas y de altura, y conseguir llevarlas a su máxima expresión de la mano del enólogo Isaac Fernández.

Pinea es su referencia más exclusiva e internacional, con una producción de 16.000 botellas para todo el mundo en esta añada 2017.  Un dato curioso: se presenta en formatos de hasta 15 litros (Nabucodonosor, por si sale la pregunta en el Trivial) y tanto en esta versión gigante como en la de 3 litros ya está agotada.

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El envase que mantiene el vino perfecto durante 5 meses una vez abierto

¿Cómo se llama una botella de vino de tres litros? Pregunta de Trivial con respuesta relativamente sencilla: doble Magnum. Para el mercado doméstico, esta es la opción más conocida para juntar el equivalente a cuatro botellas estándar en un formato de gran volumen.

De todos modos, hay otra alternativa que, en realidad, no es nueva y tiene un nombre muy poco atractivo: bag in box. Peor que eso: casi siempre se asocia a vinos de calidad muy justa y están pensados sobre todo para hostelería, rara vez para el mercado doméstico y menos para un contenido de cierto nivel.

Pero eso es justo lo que quiere cambiar ahora la bodega Martúe con sus nuevos formatos Evolution que, sin ese nombre tan feo de bag in box, ofrecen justo eso: un recipiente de 3 litros, cerrado de forma hermética, con un dispensador muy práctico y presentado en un tubo de tamaño muy comedido y aspecto bastante resultón.

De hecho, este sistema en concreto se conoce como  un bag in tube y nos cuentan quienes saben de estas cosas que, de momento, no solo es relativamente raro de ver, sino que además resulta bastante caro.

Por ahora ofrecen dos referencias en este formato que quiere hacerse un hueco en el mercado doméstico y se presenta como alternativa al vino a granel, ofreciendo una solución más práctica, bonita y apostando por una calidad más que correcta.

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Las copas que prometen hacer que tus vinos buenos sepan mejor

Para muchos, la copa de vino es un accesorio que tiene más que ver con lo que estético que con lo práctico. Vaya, que un buen vino seguirá siendo bueno en un vaso y uno malo no hay copa cara que lo salve. Y aunque es tentador apuntarse a esa teoría y parte de ella -la segunda mitad- es incontestable, quienes saben del asunto aseguran que la copa juega un papel clave a la hora de disfrutar de un vino.

Y entre los mayores expertos del mundo en la materia, Kurt J. Zalto ocupa un lugar destacado. Este prestigioso vidriero es el artífice de Josephinen, unas copas alemanas de lujo que llegan ahora al mercado español y que, con un diseño único -y una finura que entre las manos hace temer lo peor pero disfrutar mucho de cada sorbo-, prometen conseguir que los buenos vinos sean un poco mejores.

Aprovechando su visita por el país para presentar el estreno de estas exclusivas copas hemos podido charlar con él para resolver algunas de esas dudas que siempre nos asaltan a la hora de elegir, guardar o limpiar copas sin acabar con la mitad rotas.

¿Hasta qué punto una copa puede condicionar la experiencia de beber vino?

La copa es mucho más relevante a la hora de degustar el sabor de lo que el público se imagina. Si pruebas el mismo vino en cinco copas distintas, seguramente tendrá un sabor distinto en cada una de ellas.

La estructura de la superficie de la copa determina cómo la copa es capaz de retener el vino y transmitir los aromas a la nariz. El tamaño de la superficie también es muy importante para transmitir la intensidad del vino.

La forma de la copa es clave. Puede aportar armonía al vino, abrirlo o marcar la diferencia en el caso de que no se consiga potenciar el vino si no incorpora el alcohol con la complejidad de aromas y sabores.

¿En qué hay que fijarse para saber que estamos ante una buena copa de vino?

Una buena copa de vino tiene que llevar el vino a su máxima expresión en cuanto a aroma, nariz y sabor. En segundo lugar, tiene que ser un vino auténtico. En otras palabras, un buen vino florecerá en una buena copa. Sin embargo, si es un mal vino, el sabor puede ser incluso peor.

Uno de los rasgos más importantes de una buena copa es que esta sea fina, ligera y delicada. La copa debe estar bien equilibrada para poder sostenerla en la mano y hacer girar el vino perfectamente. Tiene que ser fina, que te aporte la sensación de tener el vino en tus manos, conectar con el vino. Todo forma parte de una experiencia sensorial completa: ver, sentir, oler y saborear.

Además, la copa debe ser duradera y de uso diario. Personalmente, no me gustan los productos de lujo que no son funcionales.

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6 vinos blancos para probar este septiembre

Formas de despedir el verano y afrontar el mes de septiembre hay muchas. Pero hacerlo con unos cuantos vinos cerca siempre es una buena idea. Y más este año en el que la vuelta al cole, al trabajo, a la nueva normalidad y a lo que venga se presenta más áspera que nunca.

Así que para hacerla algo más llevadera hemos seleccionado media docena de blancos que hemos probado últimamente y que nos han parecido interesantes. Mucho verdejo pero con perfiles muy diferentes y también para todos los presupuestos.

Viña Albina Verdejo

Un auténtico clásico de los tintos de Rioja, Viña Albina, se asoma ahora a la DO Rueda y a los blancos con su primer verdejo. Aunque es verdad que dentro del portafolio de la casa (Bodegas Riojanas) ya había Ruedas y verdejos, ahora se recurre a una de sus etiquetas más reconocidas y clásicas para lanzar este nuevo blanco.

Algo que es, sin duda, una declaración de intenciones. Se presenta como un vino blanco «fiable y leal» y eso es justo lo que es, avisados quedan los buscadores de emociones fuertes o rarezas. Fresco, con la acidez justa, aromático y elegante y canónico, este nuevo Villa Albina ofrece lo que promete. Esta primera añada 2019 cuesta menos de 6 euros.

Mas de la Pansa parellada

Un tipo de uva poco conocida fuera de Cataluña es la protagonista de este blanco de la bodega Mas de la Pansa. Un pequeño proyecto que apuesta por la recuperación de viejas viñas y variedades poco populares como esta parrillada o la trepat en el caso de los tintos.

Tras un corto paso de 15 días por barrica los 6 meses con las lías le dan una estructura y complejidad realmente interesante. Es verdad que no es fácil encontrarlo, pero si tienes la suerte de cruzarte con él hazle sitio a una botella en tu despensa.

Afortunado Organic

Los vinos ecológicos cada vez tienen más tirón así que Viñedos Singulares ha decidido apostar por esta línea en una de sus referencias más populares: el blanco Afortunado.

El nuevo Afortunado Organic se presenta en una edición limitada de 20.000 botellas con el mismo carácter fresco,  sencillo y muy afrutado -la piña y las frutas están muy presentes- que le ha permitido posicionarse estos años, pero ahora con certificación ecológica y también apto para veganos. Anda sobre los 7 euros y la versión magnum por 13 euros.

Pazo Señorans Colección 2016

Los amantes del albariño seguro que conocen de sobra Pazo Señorans. Una bodega que lleva más de 30 años apostando y mimando esta variedad y que con su gama Colección quiere mostrar todo el potencial de la albariño.

Y es que estamos ante un vino que va más allá del guión clásico del albariño para demostrar que con un buen trabajo y paciencia (5 meses sobre lías y 30 en botella) la elegancia y complejidad de este blanco crece exponencialmente. De hecho, es imposible descorchar la botella sin pensar que nos estamos perdiendo una evolución todavía más interesante en el tiempo. Su precio es de unos 18 euros.

Xic

Los blancos sin complicaciones también tienen su momento. Y la verdad es que este Xic de la bodega Agustí Torelló nos parece una compañía inmejorable para el aperitivo, sólo o acompañando algo de picoteo.

Con DO Péneles y a base de uva xarel·lo su frescura, aromas frutales y la honestidad de un vino económico (anda sobre los 6 euros) sin grandes pretensiones pero que gusta y es fácil de beber lo concierte en un acierto seguro.

Menade Sobrenatural

En el otro extremo de los verdejos más previsibles está este Sobrenatural de la bodega Menade de Rueda. Un blanco que ya en su botella, color y etiqueta deja claro que no es un blanco más.

Un vino natural que juega con el paso del tiempo (30 meses en barrica) para mostrar una verdejo inédita. En nariz sorprende con una mezcla de dulce y mineral y en boca se muestra cremoso, con puntos de acidez y salinidad. Pero, no nos engañemos, estamos ante uno de esos vinos inclasificables que sólo se entienden al probarlos. Cuesta unos 48 euros, pero de verdad que merece la pena darse el capricho.

Estos son los «ruinosos» precios que las bodegas están pagando por la uva esta vendimia

Hace unos meses, la preocupación de las bodegas era qué hacer con todo el vino que, a causa de la pandemia y el cierre de la hostelería y las exportaciones, no se estaba vendiendo y que no dejaba espacio para la uva que entraría con la vendimia. Ahora son los viticultores los que han pasado de la preocupación a la indignación al ver los precios que las bodegas están pagando por kilo de uva recolectada.

Aunque es un clásico que se repite cada año cuando las primeras bodegas comienzan a publicar sus denominadas ‘tablillas’ -el precio que se paga por cada variedad de uva-, la crisis de este año hace que la situación sea especialmente grave en el campo.

Precios a la baja respecto al año pasado que ni siquiera cubren los gastos medio de producción son la nota dominante y la denuncia de muchos viticultores. En otros casos, como el del cava, las grandes bodegas están pagando al mismo precio pese a que hay mucha menos uva (hasta un 35% menos) debido al efecto del hongo mildiu.

Así, Freixenet -que se suele decir que marca el precio por su volumen de compra- ha anunciado que pagará lo mismo que el año pasado: 30 céntimos por kilo de uva. Una cifra que, por cierto, el año pasado ya originó numerosas protestas de los agricultores y que ahora no dudan en calificar de vergonzosa. En 2019 se justificaron esos precios a la baja por la elevada producción y disponibilidad de uva pero, pese a la disminución de esta temporada, los precios no se han subido.

Otros elaboradores elevan la cifra hasta más de 60 céntimos por kilo, pero lo cierto es que son cifras lamentables si se compara -señalan los responsables sindicales del sector- con los 6 o 7 euros por kilo que se paga en Champagne por la uva.

Un tema que, evidentemente, también afecta al trabajo en el campo y a cómo se paga la hora de trabajo en vendimia. Es decir, muchos españoles intentan apuntarse a la vendimia francesa donde los jornales son mayores mientras que inmigrantes de otros países acaban realizando este trabajo en España, con unos salarios y condiciones de trabajo que son de sobra conocidas. Vaya, que el precio de la uva es solo la punta del iceberg de un problema estructural del campo y sus precios.

Menos de 3 pesetas en Castilla La Mancha

La situación en Castilla La Mancha, la mayor zona de producción de uva del mundo, es todavía peor, con unos precios iniciales de compra por parte de las grandes bodegas que están por debajo de las 3 pesetas el kilogrado, una medida habitual en el sector y que tiene en cuenta los grados de alcohol por cada kilo.

¿Pesetas? Sí, curiosamente se sigue usando esta moneda en las tablillas y, sin duda, permite hacerse una impresión rápida de lo que supone que el kilo de uva moscatel se pague a 0,014124 euros el kilogrado, lo que sería un máximo de 19 céntimos dado que la graduación máxima que se paga es de 14 grados.

Aunque los precios varían según la variedad y si se trata de uva para vinos de alguna DO o fuera de ellas, según datos de EFE, el grupo bodeguero Felix Solís ha comenzado la vendimia pagando la chardonnay a 0,027046 euros el kilogrado (unos 35 céntimos como máximo)

Por si queda alguna duda de que eso es muy poco, la Asociación Agraria-Jóvenes Agricultores ASAJA de Castilla-La Mancha presentaba recientemente un estudio sobre los costes de producción de las diferentes variedades de uva, y en ningún caso bajaban de los 0,15 euros por kilo, siendo la media entre 20 y 30 céntimos.

Es decir, algunas bodegas están comprando por debajo de coste de producción, lo que no solo hipoteca el futuro del sector vitivinícola sino que, según denuncia esta asociación, directamente incumple la ley.

Tal vez ha llegado el momento de asumir que, por mucho que pueda parecer bueno para el consumidor, el bajo precio medio del vino español (poco más de 1 euro el litro de media) es un grave problema para todos los actores de este sector, empezando por el campo y quienes lo trabajan y viven de ello.

Oloroso ‘Don Zoilo’, el vino de la semana

Barbacoa veraniega busca maridaje. Posiblemente la cerveza, algún rosado o vino blanco ocuparán las primas posiciones entre los posibles candidatos. Pero, ¿y si probamos con algo diferente? ¿Y si les hacemos más caso a los vinos generosos del Marco de Jerez que tienen que buscar fuera la atención y prestigio que en España cuesta tanto obtener?

Es verdad que no hay peor manera de animar a probar algo que repetir eso de que somos tontos por perdernos esta maravilla. Así que optemos por otra estrategia: por los poco más de 10 euros que cuesta este oloroso Don Zoilo es difícil que encuentres un vino más diferente, complejo y sorprendente.

No, los vinos de Jerez no son para el postre. O sí, pero no solo o no necesariamente. Es una de esas ideas instauradas alrededor de estos vinos, y que limita mucho su potencial a la hora de acompañar comidas.

No vamos ahora a repasar la teoría de lo que es un fino, un oloroso, un amontillado o un palo cortado, porque la complejidad de este mundo hace que para muchos parezca algo tan misterioso como inaccesible.

Pero, muy brevemente, como todos los olorosos, este Don Zoilo de las bodegas Williams & Humbert es el resultado de una crianza oxidativa en el sistema de criaderas y soleras, y al que se le añade alcohol hasta llegar a los 19 grados para dejarlo envejecer durante 12 años.

Pero más importante que todo esto es probarlo y descubrir lo bien que combina su potencia y concentración de sabor, y la salinidad y la complejidad de aromas con el aperitivo, con quesos, o con esa barbacoa veraniega de la que hablábamos.

Variedades: palomino fino

Zona: DO Jerez

Para hacerte el listo: no hace falta la típica copa pequeña para beberlo. De hecho, una copa más amplia y una temperatura de servicio bien fresca ayudarán a normalizar este vino como una opción interesante. Eso sí, no la llenes, que los vinos generosos son para beber un poco.

Precio: 10 euros