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El truco para conseguir el pescado rebozado perfecto está en la harina

Rebozar pescado y freírlo después, ni parece ni es complicado. Que quede crujiente y bonito ya es otro tema. De hecho, muchas veces optamos por hacerlo en el horno para, además de evitar frituras, saltarnos esa parte en la que los filetes de pescado con huevo y harina se nos acaban pegando en la sartén.

Pero hay un truco para conseguir el rebozado perfecto. Nada nuevo, cierto, que no estamos aquí para descubrir la rueda, pero sí para recordar cosas que realmente funcionan en la cocina. Y la clave está en el tipo de harina que usamos, tanto si optamos por prepararlos al horno como en una sartén con aceite.

En vez de usar la tradicional harina de trigo, la vamos a sustituir por harina de garbanzos. En realidad, algo que se hace habitualmente con las famosas frituras de pescado andaluza, así que solo hay que fijarse en cómo lo hacen los que realmente saben.

Cambiando la harina de trigo por la de garbanzos vamos a conseguir unos rebozados mucho más crujientes y sabrosos. Aporta un toque de sabor muy rico, además de un bonito color dorado. Por si fuera poco, aguanta muy bien las altas temperaturas del aceite y aporta proteína vegetal, fibra y hierro.

La harina de garbanzos no tiene gluten, por lo que es apta para celíacos e intolerantes, y mezclándola con agua puede sustituir al huevo, algo que las personas veganas suelen hacer para prescindir de este ingrediente.

Y aunque hablamos de pescado porque el resultado nos gusta especialmente, podemos usar esta harina también para carne o verduras. Aquí una sencilla receta para preparar pescado rebozado.

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Cómo quitar las etiquetas de los tarros de cristal para reutilizarlos

Como a esta alturas todo el mundo sabe ya, mucho mejor que reciclar es reutilizar. De ahí que debería haber algún tipo de ley o infierno para esas marcas que pegan sus etiquetas en los tarros con el mismo pegamento que aparentemente usarán los aviones en su fuselaje. Solo así se entiende que no haya manera de despegarlas de una forma más o menos sencilla y dejar el bote en cuestión listo para otro uso.

A la espera de que alguien obligue a las marcas a facilitar la reutilización de sus recipientes -que, bromas al margen y pensándolo bien, tendría mucho sentido-, de vez en cuando toca lidiar con ese bote que nos parece útil pero que no hay manera de dejar sin restos de pegamento.

Los más optimistas suelen confiar en el lavavajillas, esperando que una buena ración de agua a máxima temperatura y su correspondiente remojo haga milagros. A veces funciona, otras -como en el de la foto- no hay manera.

Tras dedicar un buen rato a quitar todas las etiquetas de papen en el lateral y la zona superior y pasar por el lavavajillas, ahí seguían los restos de pegamento. ¿Solución? En realidad, muy sencilla. La escuchamos hace mucho en algún lugar, y tras intentarlo con otros métodos resultó que este era el definitivo: el típico estropajo Nanas que, en realidad, es una marca pero que todos conocemos.

Un poco de frote y adiós a los restos de pegamento. Hay que insistir un poco, cierto, pero sale con relativa facilidad y, al menos en este caso, el cristal ha quedado impoluto y sin rayaduras.

Bote listo para, por ejemplo, esa mermelada de moras que todos hacemos o deberíamos hacer en verano.

Cómo asar berenjenas y que queden perfectas

Asar verduras no tiene mucho misterio, es verdad. Lavarlas, al horno el tiempo que toque y listo. Pero más allá de lo elemental, hay pequeños trucos para cada una de ellas que ayudan a que queden en su punto. Y, lo mejor de todo, una vez que hemos encontrado la forma de hacerlas a nuestro gusto, ya solo hay que repetir el método y sentirnos parte de la Bullipedia, casi.

En el caso de las berenjenas, la verdad es que hemos probado de todo. Cuando se trata de hacer baba ganoush o algún plato que requiera un toque ahumado, funciona muy bien el invento de ponerlas directamente sobre los fuegos de la cocina. Si tenemos fuego de gas, claro.

Se lía un poco y requiere estar pendientes para ir dándoles la vuelta según se van haciendo por cada lado, pero el resultado es estupendo.

Pero ¿y si no tenemos tiempo, ganas de liarla tanto o directamente nuestra cocina no tiene fuegos de gas? Pues toca recurrir al horno, mucho más práctico, limpio y cómodo.

En el horno hemos probado a asarlas enteras con piel -quedan bastante bien-, partidas por la mitad, en pequeños dados, en láminas…

Y al final hemos llegado a la conclusión de que la mejor textura la conseguimos con un sencillo truco que aprendimos, como no, de un libro de Yotam Ottolenghi: cortadas por la mitad y haciendo incisiones casi hasta llegar a la piel exterior en forma de rombo.

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Cómo asar una calabaza: algunos trucos para que te quede perfecta

La calabaza es una de las grandes reinas del otoño. El ingrediente perfecto para decenas de recetas dulces y saladas. Y asarla es una manera sencilla y rica de prepararla, tanto para comerla así tal cual como para usarla de guarnición o como paso previo para elaborar una crema, un pastel o muchos otros platos.

¿Pero tiene algún misterio asar una calabaza? En realidad no, pero hemos recopilado algunos trucos y consejos para que quede perfecta y no te de pereza prepararla porque, si te animas, verás que lo de tener calabaza asada siempre a mano es una gran idea.

Pelar una calabaza

Aunque a priori es la parte más engorrosa, tenemos buenas noticias: se puede asar directamente con piel y luego sacar la carne. De todos modos, pelarla tampoco es tan complicado. Nosotros siempre usamos un buen pelapatatas, y con un par de pasadas se va quitando la piel y la parte exterior blanca, al menos de las que tienen la corteza más fina, como las calabazas cacahuete.

Otro método es cortar los extremos, envolverla en papel film y darle unos minutos de microondas (5 minutos a máxima potencia). Una vez templada será mucho más fácil de pelar y cortarla para asar o cocinar.

4 formas de asar una calabaza

1. En cubos o gajos para guarnición o ensaladas. Pelamos la calabaza. La cortamos en cubos o gajos como si fuera patata y la ponemos en una fuente de horno con la base ligeramente engrasada. Podemos echar sal y especias si es para una receta salada. Si no echamos nada nos servirá también para recetas dulces. Horneamos unos 20 minutos a 200º con calor arriba y abajo y, si el horno tiene, unos minutos finales de ventilador para dorar.

2. Por la mitad, para purés, cremas y repostería. Partir la calabaza por la mitad y poner en la bandeja del horno de forma que la piel toque la bandeja. Hornear unos 40-45 minutos a 200 grados, dependiendo del tipo de calabaza y tamaño. Quitamos las pipas y vaciamos la carne con una cuchara. Opcionalmente podemos dejarla en un colador grande para que pierda parte del agua. Para postres o para congelar es interesante hacerlo.

3. En rodajas o medias lunas. Se corta y se ponen los trozos sobre papel vegetal en la bandeja del horno, sin que se toquen. Podemos engrasar el papel con un poco de aceite o mantequilla, o si es poca cantidad usar una fuente de horno también engrasada para que no se pegue. Si añadimos miel y canela quedará perfecta para postre. Horneamos unos 20-30 minutos a 200 grados. Pinchamos para comprobar si esta blanda.

4. Entera, para calabaza rellena. Usar la misma calabaza como plato o bol donde comer directamente no solo es cómodo, sino que da mucho juego. Para esto, lo ideal es usar calabazas redondas y de tamaño pequeño para que sean individuales. Cortamos la parte superior de la calabaza, quitamos las semillas con una cuchara y horneamos 50-60 minutos a 200 grados hasta que esté blanda. Perfecto para calabazas rellenas con verduras, sofrito con arroz, carne picada…

¿Se puede congelar?

Sin problema. Tanto cruda (ya pelada y cortada en cubos) como asada, aguanta estupendamente, sobre todo para usarla para cremas, salsas o postres.

Si la vamos a congelar una vez asada, es mejor hacerlo en trozos y triturarla una vez descongelada. Si la hemos asado entera y vamos a congelar la carne de la calabaza, es recomendable escurrirla un poco antes en un colador para dejar que suelte parte del agua que tiene.

El truco para limpiar bien una cuchara de madera

Para muchos es una de nuestras herramientas favoritas a la hora de cocinar: la cuchara de madera. El problema es que envejecen regular y por mucho que no nos guste el look envejecido que va adquiriendo -qué pereza esas cocinas de Instagram en las que salta a la vista que apenas se cocina- lo de la limpieza es otro tema.

La porosidad de la madera hace que algunas manchas o, mejor dicho, alimentos como una salsa de tomate vayan dejando huellas en los cubiertos de madera y, por mucho que raspemos, no siempre salen. Y el lavavajillas ya se sabe que no les sienta nada bien.

Así que nos ha parecido más interesante lo que el otro día contaban en Kitchn a raíz de uno de esos trucos que de vez en cuando aparecen en TikTok. Muchos son auténticas tonterías -¿os acordáis de aquellas fresas con bichitos?- pero a veces sí aparecen cosas interesantes.

Comentaba un usuario de esta red social que tras dejar su cuchara unos minutos en un vaso con agua hirviendo no iba a volver a usarla jamás. Dar un toque dramático ya se sabe que se estila mucho entre los tiktokers gastronómicos. Por suerte, alguien supo ver el lado positivo del descubrimiento: sumergir un rato una cuchara de madera en agua hirviendo conseguía desprender esa grasilla y suciedad que se ha ido acumulando y que no hay manera de sacar.

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La forma más original de freír un huevo

Pocas cosas más ricas y sencillas que un huevo frito. Aunque la técnica es de sobra conocida y, como todas, tiene sus trucos y algo de experiencia ayuda a conseguir el huevo frito perfecto, lo cierto es que incluso en algo así también hay versiones de lo más creativas.

Hasta ahora los llamados huevos nube -que se pusieron de moda hace un tiempo- podían presumir de ser la forma más sofisticada y aparente de preparar un huevo frito. Aunque es verdad que estaban más buenos de lo que a priori imaginábamos, cocinarlos es bastante más engorroso que hacer un simple huevo frito en la sartén.

De ahí que este nuevo método que se ha popularizado desde hace unos días en Tik-Tok parezca una idea bastante más asequible para ese día que apetece ponerse creativos al freír un huevo.

Tal y como puede verse en el vídeo, la idea es separar la yema de la clara, cuajar la clara en una lámina fina, añadir la yema y sin dejar que apenas se haga doblar la clara formando una especie de sobre y acabar de dorar el exterior.

No solo parece sencillo sino que quienes lo han probado confirman que lo es. El resultado nos ha recordado ligeramente al famoso “pintxo de huevo” de Sagartoki (Vitoria) que el chef Senen González también comercializa congelado.

En realidad, este pintxo, con una cobertura de patata, es bastante más sofisticado, pero lo cierto es que ese relleno de yema de huevo guarda cierta similitud.

Así que ya tenemos anotado en la lista de tareas pendientes en la cocina probar esta variedad de huevo frito tik-tokero, pero añadiendo a la yema del interior un poco de chistorra o bacon.

Un sencillo truco para que mejoren tus pizzas caseras

(Foto: Emma García)

Si eres de los que convierte la pizza en todo un ritual, con su prefermento, su masa casera fermentada sin prisas, el horno bien precalentado a todo lo que puede dar de sí o incluso una de esas piedras que ayude con la temperatura, hay un sencillo truco que puede ayudar a subir algunos puntos el resultado final.

Y es que no solo se trata de cuidar la masa y el horneado -dos piezas clave, cierto-, sino también los ingredientes. No entraremos en debates puristas sobre lo que se le puede echar o no a la pizza, si la piña es o no delito, o sobre los mejores tipos de queso.

En muchas casas funciona esa idea de que la pizza puede con todo y casi cualquier cosa que vaya por encima funcionará bien. Vale, jugamos a eso, pero hay un detalle a tener en cuenta que es muy importante: el tomate.

“No uses salsa de tomate, humedecerá la masa y quedará mucho menos rica y crujiente”, nos aleccionaba un amigo de esos que convierte la noche de pizza casera familiar en un ritual con una estupenda masa casera -receta de Ibán Yarza, por supuesto- y su horneado potente y muy rápido.

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El truco para conseguir un gazpacho perfecto

La sopa fría por excelencia, al menos en nuestro país, es sin duda el gazpacho. Solo en versión industrial -el envasado que compramos en el super- se consumen 64 millones de litros al año, y aunque no tenemos datos de la cantidad que se prepara en casa, podemos hacernos una idea de la importancia que tiene este plato en el recetario habitual de muchos hogares.

Aunque en cada sitio tienen sus secretos y variaciones para adaptarlo al gusto de cada uno o de la zona (no vamos a entrar en polémicas sobre cuál es el auténtico), el truco que hemos aprendido -y probado, por supuesto- mejora por mucho (muchísimo) cualquier receta de gazpacho o de su primo hermano el salmorejo.

Los ingredientes y las cantidades

Antes de nada recordemos un par de cosas esenciales para conseguir un buen gazpacho o salmorejo. Es básico pero, si no usamos ingredientes de buena calidad, el resultado no será bueno por muchos trucos o condimentos que usemos.

Buenos tomates y bien maduros, sin que lleguen a estar pasados; calidad también en el resto de vegetales y, por supuesto, aceite de oliva virgen extra, el mejor que podamos permitirnos.

Respecto al tipo de tomates, los de rama suelen funcionar muy bien porque aportan un aroma muy intenso al gazpacho. De hecho, siguiendo los consejos del chef Dani García -del que aprendimos también el truco en cuestión-, combinar tomate en rama normal y tipo cherry. De todas las recetas que hemos probado, este gazpacho nos parece de los mejores.

Aunque podemos adaptar las cantidades al gusto de cada uno y poner y quitar ingredientes -lo del pepino siempre tiene sus fans y sus detractores-, la receta necesita cierto equilibrio para que quede bien. Una buena combinación de ingredientes podría ser esta, aunque tanto el pepino como el pan son opcionales:

  • 1 kg de tomates
  • 1 diente de ajo
  • 1 pimiento verde italiano
  • Media cebolla
  • Pepino (opcional)
  • 1 trozo de pan del día anterior (opcional)
  • 15-30 ml. de vinagre de jerez
  • 100 ml. de AOVE
  • Sal

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¿Cómo conservar perejil y otras hierbas aromáticas? Este es el mejor método

(Foto: Gtres)

Te han regalado un manojo de perejil en la pescadería -todavía ocurre en algunas- o te has venido muy arriba comprando cilantro, menta o albahaca para esa receta que requería “un poco”.

Es entonces cuando llega una de esas preguntas que todo el mundo se ha hecho alguna vez en la cocina: ¿qué hago con el resto? ¿Cómo lo conservo para que al cabo de unos días no acabe en la basura tras haber languidecido en algún rincón de la nevera?

Hay soluciones más o menos complejas, como trocearlo y congelarlo con aceite, pero si la idea es mantener tal cual el ramillete en cuestión, en The Kitchn se han tomado la molestia de comparar diferentes métodos para dar con la mejor opción de todas.

Y la verdad es que repasan algunas de las soluciones más populares y que seguro que alguna vez hemos probado: dejar las hierbas con su tallo sumergidas en un bote con agua; hacer eso mismo pero cubriéndolas con una bolsa; dejarlas tal cual en la nevera en la misma bolsa con la que las hemos traído de la frutería; o conservarlas en una bolsa hermética -de esas de cierre con zip- con un papel de cocina cubriéndolas.

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Un coco con abrefácil (y un truco para que sea más fácil sacar la carne)

Aunque lo parezca, no nos hemos ido al Caribe para probar este curioso coco

¿Te gusta el coco pero te da mucha pereza abrirlo y prepararlo y por eso pasas de largo cada vez que lo ves en la frutería? Dejando a un lado la cuestionable necesidad y sostenibilidad de comer frutas que vienen de la otra punta del mundo, reconocemos que con el coco nos pasa exactamente eso: nos encanta pero no acabamos de pillarle el truco a lo de abrirlo y sacarle la carne.

Pues atentos porque resulta que hay unos cocos con abrefácil. O al menos con un sistema que facilita el trabajo para poder beberse el agua de forma muy cómoda y para abrirlos por la mitad. Tal vez el invento no es nada nuevo, pero era la primera vez que lo veíamos en el supermercado –Lidl más concretamente- y había que probarlo.

El sistema de estos Genuine Coconut es tan sencillo como ingenioso. Incluye un pequeño punzón de madera para hacer una hendidura en algunos de los tres característicos agujeros de esta fruta. El kit -que asegura ser totalmente biodegradable- también cuenta con una pajita para poder beber directamente el agua.

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