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La Gulateca

Recetas, libros, gadgets, vinos, restaurantes... Un blog de gastronomía sin humos

Entradas etiquetadas como ‘trucos cocina’

¿Qué alimentos se pueden (o no) congelar?

(Foto: GTres)

Un clásico de cada año por estas fechas: la nevera demasiado llena y te vas en breve de vacaciones. Aunque lo intentas, es técnicamente imposible comerte todo, así que sólo quedan tres opciones: empezar a repartir entre vecinos y amigos, tirarlo -y la comida ya sabemos que no se tira- o probar a congelar.

Y es que, en realidad, se pueden congelar muchas más cosas de las que imaginamos. Sin ir más lejos, el otro día descubrimos que hasta los huevos se pueden congelar. Además de dar pie a numerosos chistes a cada cual más original, el tema ha sido la excusa perfecta para elaborar una lista con todo aquello que sí se puede congelar y los productos que no se llevan nada bien con este proceso.

Más allá de lo que todos más o menos sabemos que se puede congelar, es posible que no se nos haya ocurrido que esa media cebolla o ese medio limón que siempre andan huérfanos por la nevera y que amenazan con quedarse todo el verano allí dentro se pueden congelar perfectamente. De hecho, tener cebolla ya picada en bolsitas en el congelador puede ser de gran ayuda para adelantar una receta.

Aunque los puristas se horrorizarán un poco y hay cierto debate al respecto, nos consta que el queso soporta bastante bien la congelación. Al menos los más curados, aunque también es verdad que en la nevera y bien guardados aguantarán sin problemas agosto.

Tanto el arroz como la pasta ya cocidos también se pueden congelar aunque, pensándolo bien, ¿no será mejor guardarlos en la despensa sin cocinar? Aguantan perfectamente mucho tiempo en un tarro, así que no tendría mucho sentido cocinarlo para congelarlo. Y si son sobras, lo mismo: el resultado no será el mejor arroz ni la mejor pasta del mundo, pero se podrán comer una vez descongelados.

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¿Qué quiere decir tu madre con “eso tú ya lo ves”?   Lección 2: Croquetas de pollo

Por Ninna Jorro

Hace unas semanas iniciamos nuestra particular cruzada por hacer comprensible el lenguaje gastronómico de las madres. Empezamos con un clásico – la tortilla de patatas – y hoy os traemos otro esencial de la sabiduría culinaria materna: las croquetas.

Hay pocas cosas mejores que las croquetas de mamá, esas que nacen de los restos del cocido del domingo o, en este caso, del pollo asado de la última comida familiar. Es posible que, en un ataque de nostalgia y valentía a partes iguales, hayas intentado elaborar estas delicias cilíndricas partiendo de los restos de pollo a l’Ast que compraste en la pollería del barrio un sábado cualquiera.

Si es así, puede que hayas sido incapaz de descrifrar las instrucciones de tu progenitora y hayas acabado obteniendo una masa deforme, aceitosa y con un sabor a harina cruda insufrible. Tu ego de cocinillas se desmorona… No desesperes, venimos al rescate.

Lo primero que hay que decir es que, aunque las madres las hagan sin apenas prestarles atención, las croquetas no son fáciles. Es muy posible que tengas que hacer varios centenares antes de que las tuyas le lleguen a la suela de los zapatos a las de tu madre pero ¿¡y lo bien que te lo vas a pasar practicando!? En eso no piensas, ¿no?
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¿Qué quiere decir tu madre con “eso tú ya lo ves”?   Lección 1: Tortilla de patatas

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Por Ninna Jorro

¿Recordáis cuando empezasteis a cocinar? ¿Aquel momento en el que únicamente podíais preparar con éxito unos macarrones con atún y tomate frito de bote, a lo bruto? Quizá algunos de vosotros estéis aún en esa fase. O a punto de entrar en ese estado que nos gusta denominar “la euforia del cocinillas”. Un concepto que está íntimamente ligado con el de “llegar a casa borracho y creerte Ferran Adrià”.

Sí, ese momento en el que has hecho tu primer sofrito con éxito, en el que has conseguido hacer una salsa de tomate natural que no te provoca acidez de estómago. Entonces -¡Oh sí! – piensas que eres invencible y que no hay ninguna receta que se te pueda resistir.

Durante la euforia del cocinillas es muy común pensar: “voy a llamar a mi madre para que me explique cómo hacer su plato estrella”. Si no lo has hecho aún, lo harás e inevitablemente, fracasarás. La buena noticia es que no es culpa tuya, cocinillas inexperto. Sólo es que todavía no entiendes el críptico vocabulario de las madres cocineras que, acostumbradas a elaborar sus recetas de memoria, han olvidado cómo explicarlas al resto de los mortales.

En La Gulateca queremos ayudarte con una serie de traducciones para entender cosas del tipo “eso tú ya lo ves” o “el guiso ya te lo pide”. Y empezamos, como no podía ser de otra manera, con una de los primeros platos maternos que todos nos lanzamos a preparar: la tortilla de patatas.

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Pelar una cabeza de ajos (entera) en 10 segundos

A veces da la sensación de que la utilidad de un alimento es directamente proporcional a lo engorroso que resulte su manejo. Sin ir más lejos, ahí tenemos el omnipresente ajo. ¿Cómo demonios podemos pelarlo sin que a los más finolis nos huelan las manos durante un par de días?

Hay un montón de utensilios para hacerlo sin llegar a tocarlos o para quitar después el olor de los dedos, pero la fórmula que proponen en la revita Saveur -y que descubrimos en el siempre inspirador Noquedanblogs– es seguramente de las más sencillas y contundentes que hemos visto.

Por cierto, si optamos por el método tradicional, para quitar el olor a ajo de las manos nada como colocarlas debajo del grifo y secarlas después pero (aquí está el truco) sin frotarlas en ningún momento. ¡Funciona!