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Receta: tartar vegetariano de tomate y sandía

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El verano ya está aquí. Y aunque es verdad que los calores estivales a muchos les quitan las ganas de cocinar, lo que está claro es que el hambre de cosas ricas no se pasa. ¿La solución? Recetas especialmente sencillas y platos con un punto refrescante y veraniego.

La receta de hoy cumple a la perfección estas dos condiciones. No hace falta ni encender el fuego, y la mezcla de sandía y tomate es un éxito asegurado. Cortado y servido a modo de tartar -pero en versión vegetariana- y acompañado de una salsa de aguacate y una crema de chile y albahaca, este plato es verano puro.

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El tomate, ¿fruta o verdura?

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El tomate es una hortaliza, eso lo sabe todo el mundo. Si se come en ensalada, se aliña con aceite y sal, no es dulce y nadie se lo merienda a bocados -bueno, casi nadie-, ¿cómo va a ser una fruta? El caso es que, desde un punto de vista científico, la cosa no funciona así, y atendiendo a la definición de “fruto”, el tomate cuadra perfectamente puesto que crece a partir de una flor polinizada. Claro que, visto así, el calabacín, por ejemplo, también es una fruta.

En realidad se trata de un debate y una pregunta mil veces repetida a lo largo de la historia. Y la solución es bastante sencilla. “El lío viene porque hay dos posibles clasificaciones, la botánica y la alimentaria, y no siempre coinciden“, nos explica el nutricionista Juan Revenga.

Así, para los botánicos, efectivamente, el tomate es indiscutiblemente un fruto, igual que el pimiento o la calabaza. Vegetales como alimento (verduras y hortalizas) son todas esas partes de la planta que usamos como ingrediente (por ejemplo tallo-apio, raíces-rábano, hojas-acelga, bulbo-cebolla, flor-alcachofa…). Por tanto, desde un punto de vista alimentario, el tomate es una hortaliza. Así que, esta vez, las dos respuestas (fruto y hortaliza) serían técnicamente correctas.

Para entender este pequeño enredo, Revenga expone algún ejemplo más, como el de la mantequilla (¿lácteo o grasa?) o el cacahuete (¿leguminosa o legumbre?). En ambos casos, la clasificación alimentaria -la mantequilla es una grasa y el cacahuete no es una legumbre- no concuerda con la clasificación en base a su origen, puesto que la mantequilla se extrae de la leche y el cacahuete pertenece a la familia de las leguminosas.

Pero la cosa se complica un poco más cuando intervienen otros factores en principio ajenos a la cuestión, como la economía o la política. ¿Puede un organismo oficial determinar si un tomate es una fruta o una verdura? Pues sí. Y de hecho, así ha ocurrido a lo largo de la historia.

Según recoge este interesante artículo de National Geographic que ha despertado nuestras dudas sobre el dichoso tomate, el mismo debate surgió en el siglo XIX en Estados Unidos a raíz de un cargamento llegado al puerto de Nueva York. No se trataba, eso sí, de una discusión etimológica sino que en este caso había razones de peso: los vegetales importados tenían que pagar unos impuestos del 10% mientras que la fruta estaba exenta de ese arancel. Fue la Corte Suprema la que dictaminó en 1893 que el tomate era un vegetal y que, por tanto, tocaba pasar por caja.

Otras veces, el razonamiento juega a favor de la fruta. Y es que en 2001 la Unión Europea determino que no sólo el tomate, sino también la zanahoria y la patata dulce son frutas. Al menos cuando son utilizadas para hacer mermelada porque, de otro modo, al producto resultante no se le podría llamar mermelada. Divertido, ¿verdad?

Pero sin duda, el caso más surrealista de esta bipolaridad entre frutas y vegetales se encuentra de nuevo al otro lado del Atlántico. Por lo visto, cada estado de los Estados Unidos tiene su propia verdura y fruta oficial y nuestro querido tomate, por ejemplo, es la fruta oficial en Tennessee y Ohio, mientras que en Arkansas comparte trono, siendo tanto la fruta como la verdura oficial.

Mención especial merece el estado de Oklahoma, donde la verdura oficial es -atención- la sandía. ¿Por qué? Muy sencillo, porque el papel de fruta ya estaba ocupado por la fresa y el senador republicano Don Barrington (muy vinculado al tema de las sandías e incluso ganador de un premio a la mejor semilla) peleó hasta conseguir convencer a las autoridades de que, dada la relación de la sandía con el pepino, ésta también debía ser considerada un vegetal.

Crema de calabaza y tomate, la fórmula infalible

CremaCalabaza-2¿Existe alguna diferencia entre las recetas para niños y para adultos? En un mundo ideal no debería, pero en el real los padres nos encontramos a menudo con negativas rotundas, y de esas complicadas de entender, frente a nuestros mejores platos. “¡Pero si ayer te gustaba la sopa, ¿por qué no hoy?”. “No me gusta, no quiero”. Y punto.

Conseguir que un niño coma de todo suele ser bastante desesperante y quien afirme lo contrario, o tiene mucha suerte o miente. Pero a veces algunas ideas pueden ayudar a variar el menú habitual y a que prueben nuevas cosas. Ese es el objetivo de esta nueva serie de recetas pensadas para los más pequeños -o para los padres cocinillas, mejor dicho- y que además presentamos de forma gráfica y muy sencilla para que siempre salga perfecta.

Eso sí, aunque hablamos de recetas para niños, nada de caras dibujadas con comida: tal y como reivindicamos en el blog de origen de esta idea, somos más partidarios del camino largo y difícil.

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Y para estrenar sección vamos a actualizar, en plan otoñal, una de las recetas del blog. Los calabacines ya no están en su momento así que hemos optado por su parienta la calabaza que, junto con el tomate, da una crema con mucho sabor y un color espectacular. Será porque el dulzor de la calabaza se equilibra con la acidez del tomate o por el color de la crema, el caso es que este plato 100% vegetal es de los que mi hijo come con devoción.

Además el coste es muy bajo y la preparación no tiene dificultad, como mucho no cortarse al pelar la calabaza. Las cantidades son para familia numerosa -o muy numerosa- pero también resulta muy útil preparar de más y congelar.