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Si eres un pesado con fotografiar lo que comes, éste es tu restaurante

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¿Tienes siempre el móvil encima de la mesa? ¿Eres de los que no toca el plato hasta fotografiarlo desde todos los ángulos? ¿Tus compañeros de comida te odian porque el menú siempre se enfría mientras tú haces las dichosas fotos? ¿Tu cuenta de Instagram es una sucesión de fotografías para contar al mundo qué y dónde estás comiendo?

Si tu cuadro clínico coincide con alguno de estos síntomas, tenemos dos buenas noticias para ti: no estás solo, y a alguien se le ha ocurrido la feliz idea de crear un restaurante donde los pesados con eso de fotografiar lo que comen son especialmente bienvenidos. La mala noticia es que tendrás que viajar a Tel Aviv para disfrutar de la experiencia.

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Es allí donde el restaurante Catit se ha asociado con la bodega Carmel Winery para poner en marcha el proyecto Food-o-graphy. Y es que, mientras algunos restaurantes se plantean directamente prohibir las fotografías en sus locales -un debate que ya llevamos años arrastrando-, parece que otros han optado por aquello de que si no puedes con tu enemigo, mejor unirte a él.

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Puerros asados con salsa tahina

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Entre que estamos en plena temporada de calçots por Catalunya y que hemos vuelto de Israel cargados de recetas y salsa tahona, esta receta era inevitable. Fue en Tel Aviv donde probamos lo que es un clásico de la zona: verduras asadas acompañadas de esta salsa a base de semillas de sésamo.

En lugar de berenjena como en Port Said -muy recomendable, por cierto- nuestra versión es a base de puerro asado. No son calçots pero ahora que ningún catalán nos escucha -se ofenden mucho con ésto- su sabor guarda ciertos parecidos. Si lo acompañamos con unos garbanzos salteados con comino, tenemos un plato completo, sencillo (kosher y cantar, si se nos permite el chiste malo) y con todo el exotismo de la cocina árabe y judía.

Ingredientes

  • 3 o 4 puerros
  • Salsa tahina (también podemos hacerla nosotros)
  • Zumo de medio limón
  • Medio diente de ajo
  • Miel
  • Aceite de oliva
  • Garbanzos
  • Comino o ras el huna

Preparación

Ponemos el horno a precalentar a 180 grados mientras vamos preparando los puerros: quitamos el extremo y la parte verde, eliminamos un par de capas exteriores (las más duras), los partimos si son grandes y los lavamos bien debajo del grifo.

En una bandeja con un poco de agua en la base, añadimos aceite y sal y los horneamos unos 15-20 minutos por cada lado hasta que estén hechos y un poco tostados en la parte exterior. Aunque para esta receta no nos interesa ahumarlos demasiado, es interesante esta versión que El Comidista ha rescatado de un recetario de Albert Adrià y que, básicamente, deja los puerros, una vez asados, unas cuantas horas en aceite para potenciar ese toque ahumado.

Mientras se van haciendo, y sin despistarnos demasiado del horno para que no se quemen, preparamos la salsa. Queremos una sala de sabor suave y no muy densa, como se puede ver en la imagen, así que dependiendo de cómo sea la tahina que hayamos comprado habrá que prepararla de una u otra manera. Nosotros nos hemos traído una ya bastante líquida que en Israel se encuentra en cualquier mercado -y a precio bastante más correcto que aquí, por cierto- pero en España lo habitual es encontrarla con textura de puré bastante denso.

En cualquier caso, picamos bien el ajo -o lo machacamos, o añadimos ajo en polvo- el zumo de limón y una cucharada pequeña de miel para cuatro cucharadas de nuestra tahina. Aceite, sal y añadimos agua poco a poco hasta conseguir la textura deseada, probando continuamente para conseguir un sabor equilibrado: que se note el sésamo pero que tampoco empalague.

Si alguien se anima, por supuesto, también puede preparar su tahina en casa a partir de semillas de sésamo, que no son difíciles de encontrar. Aquí, por ejemplo, explican como elaborarla de forma muy sencilla.

Para acompañar los puerros asados, que cubriremos con la salsa, se nos ha ocurrido echar mano de otro clásico de la cocina de oriente medio: los garbanzos. Ya cocidos, los hemos salteado unos minutos con un poco de aceite, sal y ras el hanut, esa mezcla de especias que le da un toque muy especial.

Un paseo por los mercados de Tel Aviv y Jerusalén

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Es fácil hacer una larga lista de razones por las que coger un avión y plantarse en Israel y los Territorios Palestinos, por usar una de las muchas denominaciones posibles de la zona. Motivos históricos -han pasado muchas cosas por allá en los últimos milenios-, religiosos, políticos y, por supuesto, gastronómicos.

Nos quedamos con estos últimos así que, nada más aterrizar en Tel Aviv, en la agenda estaba marcado un objetivo muy claro: comer las uvas y al día siguiente (el 1 de enero no es festivo allí) visitar Carmel Market. Un buen plan para estrenar el año.

Y, como hacemos siempre que podemos escaparnos, cámara en mano recorrimos los puestos de este inmenso mercado que abre todos los días excepto los sábados. Y es que en sabbat la mayoría de comercios y servicios cierran, incluso en una ciudad tan progresista como Tel Aviv.

Situado en la calle con el mismo nombre, es verdad que no sorprenderá a quienes estén acostumbrados a los mercados mediterráneos pero, sólo por el ambiente, las especias, los panes, la hierba y la comida que preparan allí mismo, merece la pena dedicar unas cuantas horas del viaje.

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Así de animado estaba Carmel Market el 1 de enero

Jerusalén esta a poco más de una hora de autobús de Tel Aviv, así que es también visita obligada. Ciudad santa para las tres grandes religiones monoteístas, la parte antigua es uno de los epicentros religiosos e históricos del mundo, con una lista casi interminable de lugares por recorrer (explanada de las mezquitas, iglesia del Santo Sepulcro, muro de las lamentaciones…), más allá de caminar sin rumbo y perderse por las calles de sus barrios árabe, judío, cristiano y armenio.

Pero además de cumplir con las visitas correspondientes y cruzar el muro para visitar Belén en Cisjordania, también reservamos un rato para acercarnos al mercado de Machane Yehuda, el más popular de la ciudad. Bastante más pequeño que el de Tel Aviv, el mejor día para visitarlo es el viernes, cuando mucha gente hace las compras y se aprovisiona para la fiesta del sábado. Pero, pese a ser domingo y tarde, pudimos ver un molino de sésamo en acción y gastar los pocos shekels que quedaban en la cartera en especias para traernos de vuelta.