La Gulateca

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Un huevo de Pascua de casi 6000 euros

(Foto: Godiva)

Torrijas, buñuelos, leche frita… la lista de dulces de Semana Santa es realmente larga y en ella, por supuesto, no puede faltar el chocolate en forma de huevos de Pascua. Una tradición también muy arraigada en algunas zonas del país y que, como todo, abre la veda a piezas tan exclusivas como caras.

Y en Godiva -la prestigiosa firma belga de chocolate- se lo han tomado tan en serio que en su tienda de Regent Street (Londres) ha preparado para la ocasión un huevo de chocolate único que se vende por 5000 libras, algo más de 5.600 euros al cambio actual.

Elaborado por la pastelera Cherish Finden, que recientemente ha fichado por la marca de chocolate, según leemos en la prensa inglesa, han hecho falta más de 190 horas de trabajo de Finden y sus ayudantes para terminar esta obra maestra de 25 kilos de chocolate y que además está acompañada de otros 5 huevos más pequeños de 450 gramos cada uno.

Para elaborar se ha utilizado chocolate negro y blanco de Godiva, además de láminas de oro comestible y perlas de chocolate blanco. Un trabajo totalmente manual -explica la pastelera- para el que incluso han tenido que traer algunas herramientas desde la sede central de la compañía en Bélgica.

Seguro que, como todo, también tiene su público pero de momento por aquí nos quedamos mejor con una buena ración de torrijas. Que casi 6000 euros dan para muchas.

Así sería la Última Cena en un restaurante con 3 Estrellas Michelin

Como cada año por estas fechas, el canal Historia se propone reinterpretar la Última Cena, dejando el menú en manos de alguno de los grandes chefs del país. ¿Cómo sería a día de hoy en versión alta cocina la que, sin duda, es una de las cenas más famosas de la historia?

Esa es la pregunta que este año le ha tocado resolver a Quique Dacosta. Fiel a su estilo, muy visual y con unos platos complejos y llenos de matices,  el menú degustación que propone para esta particular mesa de 13 comensales no decepciona.

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10 dulces de Semana Santa más allá de las torrijas

Hay vida más allá de las torrijas. Aunque cada año por estas fechas podríamos recorrer España saltando de torrija en torrija, y somos los primeros en enloquecer con las diferentes recetas y variedades, lo cierto es que hay muchos más dulces típicos de la Semana Santa.

La lista posiblemente sea infinita, puesto que en cada localidad se preparan diferentes dulces tradicionales de esta época para celebrar el fin de la cuaresma, la abstinencia y todas estas cosas. De hecho, muchas veces un mismo pastel recibe diferentes nombres según el lugar del país en el que estemos.

De todos ellos hemos elegido una decena. Seguro que nos dejamos un montón, así que ayudadnos a ampliar la lista y contadnos en los comentarios cuáles son los dulces típicos de vuestra zona estos días.

1. Buñuelos

Compiten frente a frente con las torrijas por ser los protagonistas dulces de la Semana Santa. De hecho, seguro que aquello de las dos Españas se puede reproducir en versión de buñuelos contra torrijas. En cualquier caso, hacerlos en casa es bastante sencillo. Aquí tienes una receta para que te queden (casi) tan buenos como los de tu madre. ¿Algún vegano en la familia? Pues también tenemos una versión especial para ellos.

2. Monas y bollos de Pascua

El bizcocho más típico de Semana Santa tiene muchos nombres según donde estemos: mona de Pascua, bollos de Pascua, bollo ahijado, opillapanquemado… Es muy habitual en toda la zona mediterránea y Aragón pero, en realidad, está presente en pueblos de todo el país con sus pequeñas variaciones en la receta y el nombre. En la mayoría de casos se trata de un bizcocho con un toque de anís, aunque otras recuerdan más a una tarta, con todas sus posibles variaciones.

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El huevo de Pascua más original: relleno de croissant

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Aunque las torrijas son las auténticas protagonistas de estas fechas, en realidad la relación entre Semana Santa y gastronomía es mucho más amplia. Tanto que, como ya vimos, incluso el mundo de los pintxos se suma a la fiesta.

Pero más allá de los platos y postres típicos de cada zona, las monas y huevos de Pascua son otro de los clásicos de estos días. Una tradición cuyos orígenes -entre lo pagano y lo religioso, como suele ocurrir tantas veces- se remontan siglos atrás pero que ha llegado a nuestras días en una versión más chocolateada.

Es verdad que las monas de Pascua son en realidad un sencillo bizcocho rematado con huevos cocidos decorados, una tradición muy arraigada en zonas como Catalunya, Castilla La Mancha o Valencia -en otros lugares tiene otro nombre o se preparan diferentes versiones de este dulce- y que los padrinos regalan a sus ahijados.

Como posiblemente a la mayoría de niños les convenza más un huevo de chocolate que uno cocido por muy bonito que esté decorado, la versión chocolatera ha ido imponiéndose con los años. Así que, con o sin mona, los huevos de Pascua -también tradicionales en muchos países de América- son la mejor forma de poner fin a la Semana Santa.

Hay versiones para todos los gustos y, de hecho, cada año hay una especie de batalla en la sombra por ver quién hace el huevo de Pascua más original. Algunos apuestan a lo grande y, por ejemplo este año, el conocido pastelero Christian Escribà ha creado un espectacular y gigantesco BB-8 -el robot de la última entrega de Star Wars– a base de chocolate.

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Los pintxos se visten de Semana Santa en Bilbao

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Aunque también hay procesiones y cofradías, lo cierto es que en Bilbao la Semana Santa no se vive con la misma pasión que en otras zonas. Al menos si hablamos de fervor religioso, porque cuando se trata de comer, la cosa se pone más seria. ¿Nada de carne? ¿Ayuno y abstinencia? Parece que en el botxo hay una forma alternativa de celebrar estos días que, como no, son también una buena excusa para comer.

Y es que, desde hace ya ocho años, la Taberna Plaza Nueva organiza su particular procesión de pintxos durante estos días. Situada en la plaza más conocida del Casco Viejo bilbaíno, y lugar de peregrinaje habitual cuando se trata de tomar algo o comer unos pinchos, cuando llegan estas fechas el local cambia su decoración y barra para, entre capirotes de nazarenos y emblemas de cofradías, transformar su barra en un original paso de Semana Santa.

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Nueve pintxos dedicados a otras tantas cofradías de Bilbao -nos cuenta desde el otro lado de la barra Jon de Miguel- conviven con los habituales de la barra, que también se adaptan a la temporada con algún que otro guiño: pimientos rellenos colocados de punta sobre el pan, triángulos de maíz decorando las gildas, o cruces de pimiento, esperan en la barra.

Es mediodía y el local está a tope. Aquella imagen del Bilbao desierto en Semana Santa hace ya tiempo que ha cambiado, al menos en el centro de la ciudad. Jon y su hermano Txema despachan a buen ritmo a locales y turistas que a estas horas pasean por la Plaza Nueva aprovechando el sol. No siempre llueve en la capital del mundo.

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Las mujeres en la mesa, el mito de Jesús vegano y otros secretos de la Última Cena

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Es una de las comidas más famosas de la historia, y de ahí que 20 siglos después siga siendo un tema que genera todo tipo de debates. Qué comieron, cuándo fue la cena, quiénes estaban allí, e incluso alguna que otra disparatada teoría sobre un Jesús vegetariano o vegano alimentan cada Semana Santa una discusión que no caduca.

En realidad es casi imposible saber con certeza qué comieron Jesús y sus discípulos durante la Última Cena, porque las únicas referencias que podrían considerarse directas -los textos evangélicos- ponen todo el acento en la simbología y dejan a un lado lo culinario. Pero pese a las incógnitas, si hay alguien que conoce el tema es Miguel Ángel Almodóvar.

Ultima-Cena-02Periodista y divulgador, sus estudios históricos sobre la cita gastronómica más comentada de todos los tiempos han inspirado varios reportajes del Canal Historia y Canal Cocina, en los que renombrados cocineros reinterpretan el menú de aquella noche. Una serie en la que este año toma el relevo Mario Sandoval.

Autor del libro La última Cena (Oberón, Anaya), hemos charlado con él para que nos desvele algunos de los misterios de aquella velada sin estrellas Michelin pero con mucho peso histórico y religioso. Y es que, más de 2000 años después, resulta que todavía hay cosas que pueden sorprendernos.

Mujeres en la cena. Aunque es de sobra conocido el papel secundario que la Iglesia y la historia oficial del cristianismo ha otorgado a la mujer, parece que aquella última cena poco tuvo que ver con esa reunión de hombres que tradicionalmente se representa. Sabemos que Jesús llega a Jerusalén acompañado de varias mujeres: María, su madre; María la de Cleofás, probablemente su tía; Juana, esposa de Cusa, un administrador de Herodes; María madre de Santiago el Menor; por supuesto su discípula favorita, María de Magdala; y otras”, nos explica el autor de La Última Cena.

“Tiene poco sentido -apunta- que en esa noche trascendental Jesús les diga a todas ellas que se vayan a cenar a un burguer, porque él tiene que resolver asuntos con unos cuantos de sus discípulos”. Además un dato rigurosamente histórico es que en esa cena de Pesaj o de la Pascua judía -extremadamente ritual y conmemorativa del Éxodo- las mujeres no es que puedan estar, sino que deben estar para leer los textos sagrados estrictamente referidos al episodio bíblico. Lo normal es que las mujeres cocinaran y que los hombres sirvieran y retiraran el servicio, y así debió ser en la Última Cena.

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Receta de Semana Santa: torrijas como las de tu madre

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Dedicar un rato de las vacaciones a cocinar siempre nos ha parecido un gran plan. Y si es para hacer una torrijas -uno de los platos más típicos de estas fechas- mucho mejor. Aunque hay decenas recetas de este postre y la red está plagada de ellas, seguro que ninguna te ayuda a preparar unas torrijas tan buenas como las de tu madre.

Por eso nos hemos animado a rescatar de nuestro recetario esta guía que ya publicamos el año pasado por estas fechas y que es mucho mejor que una nueva receta: es la fórmula secreta para que por fin consigas entender la receta que tu madre ha usado toda la vida.

Ahora, para los más despistados, la actualizamos en formato “receta tradicional”, con sus ingredientes y sus pasos para que nadie se pierda. Eso sí, en caso de duda, antes que llamar a tu madre para que te suelte lo de “eso tú ya lo ves”, os recomendamos releerse el artículo original.

Ingredientes

  • Pan (si es bueno y de ayer, mejor)
  • Leche (o vino para los más animados)
  • Azúcar
  • Canela
  • Piel de limón y naranja

Preparación

Para hacer unas buenas torrijas necesitamos pan decente. En realidad vale cualquiera y de hecho es un buen sistema para deshacerse del pan duro que haya por casa, pero mejor si usas una barra en condiciones que ese pan cutre de la gasolinera.

Cortamos rebanadas de unos dos centímetros de grosor. ¿Cuántas? Pues depende del vicio de cada uno, pero dos torrijas por persona suele ser una buena ración.

Ahora llega el momento de tomar la decisión más importante de la semana y quién sabe si de este mes o año: ¿Quieres torrijas de leche o de vino? La preparación es idéntica, salvo que en unas remojaremos el pan en leche y en otras en vino. A nosotros nos gustan las dos así no nos hagáis elegir. De hecho, ya que te pones, ¿por qué no haces mitad y mitad y así triunfas el doble?

Ponemos la leche -o el vino- a calentar con una cucharadita de azúcar, una rama de canela y la piel del limón y la naranja. Lo dejamos un rato a fuego lento, pero sin que llegue a hervir. Si usamos leche, una gotita de licor tipo brandy no le va nada mal. Retiramos y dejamos que se temple.

¿Cuánta leche o vino necesitaremos? Pues lo suficiente para remojar todo el pan que ya tendremos preparado en una fuente honda.

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Vertemos sobre el pan y dejamos que se empape bien pero sin pasarse, para que al sacar las rebanadas no se destrocen. Lo dejamos un rato en la leche o el vino y, mientras lo vigilamos, batimos un par de huevos y ponemos aceite de girasol a calentar en una sartén.

Lo más delicado será sacar el pan de la leche -una espumadera mejor que un tenedor-, escurrirlas un poco y pasarlas vuelta y vuelta por el huevo. Las freímos en el aceite caliente y las dejamos sobre papel de cocina para que suelten el aceite sobrante. Ahora sólo queda pasarlas por azúcar y canela para que el exterior quede bien bonito y sabroso.

Y ya lo tenemos, unas auténticas torrijas de Semana Santa tan buenas como las de tu madre y, además, en dos variedades. Ahora sí que pueden empezar las vacaciones, las procesiones o lo que haga falta.