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En España se come mucho pescado, pero cada vez menos

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Más de 42 kilos al año por habitante. Ese es el consumo medio de pescado y marisco en España según las estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Una cifra que pese a situarse muy por encima de la media mundial (menos de 19 kilos al año) y copar el tercer puesto en Europa, sólo por detrás de Portugal y Noruega -eso sí, somos líderes en consumo de carne-, sigue cayendo de forma imparable desde hace 4 años.

Así lo apunta un reciente estudio del Consejo de Productos del Mar de Noruega que recoge una caída de 1,7 kilos anuales por habitante durante esos últimos años. Pese a esa caída registrada, esta instantánea del mercado español realizada a partir de casi 3.000 encuestas por todo el país, sigue reflejando la importancia del pescado en la dieta habitual de los españoles: el 70% asegura que lo come dos veces por semana, y el 90% al menos una.

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Pese a que el consumo es muy equilibrado por toda la geografía del país, es en la zona nordeste (Galicia y Asturias) y centro (Madrid, Castilla La Mancha y Extremadura) donde se come un poco más de pescado que en otras regiones. Por géneros, los hombres son consumidores más habituales, según este mismo estudio.

La merluza es la reina absoluta de las pescaderías españolas (150.000 toneladas en 2015), situándose muy por delante de cualquier otra especie, pese a que su consumo también se ha moderado en los últimos años en favor del salmón, que ha conseguido adelantar al bacalao. Pese a que este pescado es uno de los más tradicionales del recetario del país, la comodidad a la hora del consumo parece primar en la elección.

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Así lo certifican los datos que manejan estas encuestas y donde se asegura que el consumidor español, a la hora de elegir uno u otro pescado, se guía por la relación calidad-precio (45%), seguido muy de cerca por otro argumento que demuestra que somos un poco vagos a la hora de comer: el 44% asegura que elige el pescado teniendo en cuenta si es ofrecido sin espinas. Desgraciadamente, criterios más interesantes como el origen o el tipo de cría o pesca figuran muy por debajo en este ranking.

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Paella japonesa

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Vale, arroz con cosas no es paella. Nos gusta el lema, pero si existe una pizza japonesa, ¿por qué demonios no puede haber también una paella al estilo nipón? Entre eso y que últimamente se nos va un poco la pinza a la hora de meternos en la cocina, el otro día decidimos darle una vida alternativa a un paquete de arroz para sushi que llevaba demasiado tiempo aburrido en el armario.

Setas shitake, un toque de jengibre, bien de cebollino, caldo de miso y salmón macerado en soja para rematar la faena. Y, alehop, paella japonesa. Ya suponemos que por tierras mediterráneas esta denominación podría ser constitutiva de delito, pero estamos convencidos de que por allí tienen asuntos más importantes que resolver que nuestra paella hereje. ¿Verdad?

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Salmón y algas, una buena combinación

Un par de rodajas de salmón muertas de risa en la nevera. ¿Otra vez a la plancha o al horno? ¿En papillote de nuevo? Aunque son dos fórmulas muy socorridas para preparar este pescado -y muchos otros-, esta vez se nos ha ocurrido probar algo diferente. Teníamos por casa un paquete de algas deshidratadas (Wakame, de Porto-Muiños) y ganas de utilizarlas en algún plato.

Una de esas recetas improvisadas que no tienen ningún misterio. No se tarda nada, queda realmente buena y además el resultado es aparente y con un aspecto sano y oriental -sobre todo si ponemos al lado un par de palillos- que vende mucho.

Lo ideal sería tener unos lomos de salmón bien gruesos, pero nos apañamos con cualquier cosa. Incluso esas rodajas mustias de las que hablábamos. Así el reto será mayor: convertirlas en algo medianamente decente.

Antes de nada, ponemos las algas en agua con un poco de sal, según las instrucciones. En el caso de estas wakame, 10 minutos es suficiente. ¿Cantidad? Depende de lo que nos gusten o del protagonismo que queremos que tengan en el plato. Su volumen aumenta considerablemente, así que con un puñado para dos raciones puede que sea suficiente.

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