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Que te guste un “chuletón al punto” no significa que no haya que comer menos carne

El Ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha ido demasiado lejos: decir lo mismo que desde hace años recomienda la OMS y las evidencias científicas sobre el consumo de carne. Cabría suponer que ese es parte de su trabajo pero, por lo visto, en 2021 lo de la carne sigue siendo tabú en España. Uno de los países, y aquí radica parte del problema, donde más carne comemos.

Al menos para quienes anteponen el negocio a la salud y el medioambiente. Y para los políticos que aprovechan cualquier excusa para hacer su particular campaña. Da igual lo que diga la ciencia, repiten algunos abanderando una supuesta libertad, nadie te puede decir que comas menos carne.

A estas alturas no habría que explicarlo, porque es un tema de sobra conocido. Pero por si queda algún despistado lo repetiremos una vez más: cuanta menos carne comas, mejor para tu cuerpo y para el planeta. Y para los animales, claro. Pero incluso sacando esa parte de la ecuación, si el mensaje animalista no interesa, la conclusión es la misma.

Nadie ha dicho que haya que dejar de comer carne, sino que el camino pasa por comer menos carne. Y mejor, a ser posible. Algo que, sorpresa, tampoco le gusta escuchar a la ganadería industrial y a quienes se empeñan en hacer creer que el cerdo nace en las bandejas de plástico del supermercado. 

Que el mensaje de Garzón no iba a gustar a los de siempre estaba cantado. En un país donde todavía hay que discutir que el alcohol no es bueno, donde algunos se enfadan si les dicen las copas que pueden beber al conducir, e incluso se cuestiona que haya que poner freno a la publicidad de alimentos insanos para niños, lo de la carne es de primaria. Y algunos siguen en la guardería.

Lo que era menos previsible es que el propio Presidente se pronunciara sobre el tema para, básicamente, intentar quedar bien con todos y acabar quedando regular con el sentido común.

“Un chuletón al punto es insuperable”, ha comentado Pedro Sánchez en un torpe intento por quitarle importancia al asunto y jugar a la equidistancia entre lo evidente y el mercado. El ganadero y el electorado.

Y es que, por mucho que nos guste el chuletón, es perfectamente compatible con lo dicho por el Ministro de Consumo. Y esa es la parte que se le olvidó a Sánchez: recordar que el tema no es si te gusta o no la carne, sino que lo ideal es comer menos.

Es lo que tienen la ciencia y la salud, que a veces no van de la mano del mercado. Pero queremos pensar que el papel de los políticos en general, y de los presidentes en particular, es defender lo primero, por mucho que eso enfade a la industria ofendida de turno.

A los otros, los abonados a la polémica semanal por el motivo que sea, les da igual que hablamos de carne. Si Garzón dijera que es recomendable respirar, posiblemente también lo criticarían asegurando que nadie les va a decir a ellos si tienen o no que respirar.

Y, por cierto, Pedro, el chuletón mejor poco hecho. Y de vaca vieja.

Una «pizza cojonuda» en homenaje a la del famoso tuit de Pedro Sánchez

En 2010, Pedro Sánchez estaba con sus colegas en el restaurante Luna Rossa de Madrid y se comió una pizza que no dudo en definir como «cojonuda». Por supuesto, por aquel entonces ni era líder del PSOE ni mucho menos imaginaba que llegaría a ser Presidente del Gobierno.

Pero el caso es que ese y otros muchos tuits de la época -con un tono muy, digamos, campechano- ahí quedaron, y se han convertido en una fuente inagotable de chistes. Nada como una frase de hace casi una década sacada de contexto para comentar la actualidad.

El caso es que, según cuentan en Verne, el restaurante en cuestión ha decidido incluir una pizza en su carta bautizada como Cojonuda. ¿La misma que comió el Presidente? Pues no, porque los responsables de esta pizzería aseguran no tener ni idea cuál fue, así que han creado una nueva en su honor.

Hace unos días alguien, al descubrir la nueva pizza del restaurante, ataba cabos y, claro, la historia no tardó en arrasar en Twitter.

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Los candidatos y la cocina, una relación complicada

Iglesias-cocina

¿Qué estarán haciendo los candidatos de los partidos durante la jornada de reflexión? Frente a lo aburrido de las presumibles respuestas reales -con la familia, trabajando con el equipo de campaña…- nos gusta más imaginar a Mariano Rajoy jugando al futbolín con su amigo Bertín Osborne, a Pedro Sánchez poniendo caras delante del espejo, a Pablo Iglesias practicando running con Ana Rosa Quintana, a Albert Rivera y Pablo Motos echando carreras en unos karts, a Alberto Garzón mirando el móvil enfadado porque nadie le llama…

Cualquier cosa, excepto cocinando. Y es que la enorme presencia mediática que los candidatos a presidente han tenido durante la campaña ha permitido descubrir algunas facetas más desconocidas de su vida, y también deprimirnos un poco ante la nula o lamentable relación de todos ellos con el mundo de las cazuelas.

En realidad tampoco debería sorprendernos, porque lo más cerca que ha estado esta carrera electoral de hablar de cocina y alimentación son esos curiosos datos que llegan cada día sobre el precio de la fruta en Andorra. Un divertido truco que ha usado la agencia de demoscopia Electograph para saltarse la ley electoral que prohíbe dar datos de encuestas desde hace unos días. Usando el color de algunas frutas y verduras, los datos sobre intención de voto se presentan en Twitter como el precio de esos productos. Ingenioso, ¿verdad? Ya verás cuando se lo expliquen a Manuel Campo Vidal, animado moderador del debate del otro día entre PP y PSOE.

Fruta-Andorra

Pero sí, las dichosas frutas andorranas es lo más cerca que algunos partidos y candidatos parecen haber estado del tema gastronómico. Mucho paseo por los mercados para besar niños y demás, pero el repaso a los programas electorales es bastante deprimente en esta materia. Lo explicaba con todo lujo de detalles el otro día Juan Revenga, nutricionista, en un más que recomendable análisis político-alimentario-electoral.

Pero no se trata de revisar los programas que nadie se lee. Entre otras cosa porque en jornada de reflexión igual queda feo. La idea es repasar lo que durante estas últimas semanas hemos aprendido del lado más cocinillas de los presidenciables. Y llorar ante el desolador panorama.

Lo de Bertín Osborne y Rajoy en la cocina es, posiblemente, el punto gastronómicamente más interesante de la campaña. Y teniendo en cuenta que no sabían encender el fuego y hablaban de hacer unos mejillones al vapor como si se tratara de física cuántica, parece que no ha habidos muchos momentos Top Chef en la campaña.

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