Entradas etiquetadas como ‘nutrición’

¿Son los fritos realmente malos para la salud?

Hace unas semanas se habló mucho sobre un estudio que concluía que el aceite de orujo era la mejor opción para las frituras. Algo que igual muchos ya sabían, pero que posiblemente sorprendió a la mayoría, acostumbrados como estamos a asumir que el aceite de oliva es siempre la mejor opción para todo.

De hecho, la mala fama en el país -por motivos obvios- del aceite de colza hace que apenas se tenga en cuenta un aceite vegetal que puede ser interesante.

El caso es que, aprovechando el tema de las frituras, nos ha parecido muy interesante el artículo que al respecto han publicado en Malnutridos, donde aportan una visión científica de diferentes temas relacionados con la alimentación y la nutrición.

¿De verdad son los fritos tan malos como se suele creer o se trata de simple inercia repetida a lo largo de los años y no es para tanto?, se preguntan. Una duda de lo más interesante para saber si tienen sentidos todos esos artículos que hacemos sobre cómo hacer las cosas al horno o a la plancha en lugar de fritas y lo supuestamente santísimas que son esas alternativas.

Merece la pena leer el artículo completo y los diferentes estudios científicos que repasan sobre el tema. Pero quienes busquen una respuesta rápida, seguro que les interesa saber que en 2015 un estudio de la Universidad de Navarra basado en más de una veintena de estudios anteriores tildaba de mito la relación entre alimentos fritos y riesgo cardiovascular.

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Hummus ‘realfooding’: un buen producto, un mensaje regular

Por fin un hummus sin aditivos, lactosa o gluten. Un momento, ¿el hummus lleva lactosa, gluten o peligrosos aditivos? Si lo hacemos en casa, evidentemente no. Es muy fácil y queda estupendo, así que por aquí llevamos años reivindicando más hummus casero y menos Hacendado.

Pero incluso si lo compramos ya preparado, lo del lácteo y el gluten ni está ni se le espera. Lo de los aditivos, algunos tienen conservantes, otros no. Punto.

Todo esto viene a raíz del primer producto que Carlos Ríos lanza al mercado utilizando eso de la real food como marca propia. En colaboración con la casa Taste Shukran, su ‘Hummus 100% Natural’ estrena sello “realfooding” y promete ser el primero de sus productos con esta denominación de “comida de verdad”.

Tal vez algún ingenuo llegó a pensar que comida de verdad era ir al mercado a comprar y cocinar en casa, no tirar de preparados del super. Pero posiblemente es que no entendió bien la jugada.

Pero dejemos el sarcasmo, porque el hummus en cuestión tiene una pinta estupenda y una lista de ingredientes más que correcta: un 60% de garbanzos, agua, tahini, 7% de aceite de oliva, zumo de limón, sal, ajo en polvo, comino y pimentón dulce.

Desde Taste Shukran nos dan algún detalle más que nos parece muy interesante: tanto el aceite de oliva (no AOVE, por lo visto) como los garbanzos, son de Andalucía.

Rico, bien elaborado y por una de las firmas que mejor hummus prepara en España… ¿Dónde está el problema más allá de lo que nos pueda chirriar convertir en un negocio algo tan serio como los mensajes sobre la denominada comida real?

Por aquí hablan del asunto y le dan un buen repaso desde el punto de vista científico. Porque la pregunta que nos hicimos al descubrir este producto y compararlo con la amplia gama de hummus de la marca es, ¿dónde está la diferencia?

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Al sector del queso tampoco le gusta Nutriscore

Da igual que Nutriscore esté diseñado para comparar productos dentro de una misma categoría y no para, por ejemplo, enfrentar a un refresco con una ración de jamón. También da igual que, a grandes rasgos, pueda tener cierta utilidad a la hora de identificar a simple vista si un alimento estaría dentro de los sanos o de los no recomendables.

Da igual, porque lo que está claro es que nadie quiere su etiqueta una D o una E, las perores notas que otorga este semáforo nutricional. Y eso es lo que está ocurriendo con algunos productos considerados como esenciales dentro de la dieta mediterránea habitual, pero que no salen muy bien parados si se analizan sus componentes más allá del contexto histórico, cultural o gastronómico.

Ocurrió con el aceite de oliva, que ya tiene más o menos pactado su perdón. Después se apuntaron los productores de jamón ibérico, a los que el Nutriscore tampoco dejaba nada bien. Y ahora es el turno del sector del queso, que también sale muy mal parado según el criterio de este sistema de puntuación.

Ellos han sido los últimos en sumarse a la creciente lista de productos que piden ser una excepción y quedar fuera de la obligatoriedad de lucir esta información. Según explican las organizaciones gremiales del queso y el sector ganadero, la mayoría de quesos quedarán englobados en las dos peores categorías (D y E) por su contenido en grasa y sal.

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Salchichas de bolsa: el dato en el que hay que fijarse para elegir las menos malas

(Foto: GTres)

Pocos productos despiertan más sospechas sobre sus ingredientes que las salchichas cocidas. Sí, las clásicas Frankfurt de bolsa que, con un exterior y textura más o menos plasticosa, suelen tener precios de saldo y, confesémoslo, entre pan y pan, y con la salsa de turno, gustan a casi todo el mundo.

Por supuesto, nadie las va a considerar una delicatessen ni a incluirlas en al menú como una opción sana. Son lo que son, lo asumimos y jugamos a ese juego. De hecho, casi nos parece más honrado eso que vender productos ultraprocesados y cargados de azúcar abanderando un Nutriscore decente, como si fueran algo bueno.

Pero una cosa es asumir que estas salchichas nunca serán saludables y otra renunciar a optar por la mejor opción del supermercado. O la menos mala, se entiende. Hablamos a fin de cuentas de carne procesada, gran cantidad de sal y, como dirían los nutricionistas, unas proteínas con muy poco interés.

Recientemente, la siempre interesante revista Eroski Consumer le dedicaba un monográfico al asunto, donde desvelaba unas cuantas cosas muy interesantes. Dejando a un lado la insistente recomendación de moderar su consumo y considerarlas como algo prescindible, la clave de unas salchichas de bolsa más decentes es aparentemente sencilla: cuanta más cantidad de carne tengan, mejor.

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El desastre de ‘Nutriscore’: tras el aceite de oliva, el jamón también pide ser excluido del semáforo nutricional

La idea era buena: un sistema sencillo para identificar los alimentos poco saludables. Pero la implantación de Nutriscore ha vuelto a demostrar que la industria alimentaria se las sabe todas y es capaz de convertir lo que parecía un sistema interesante en una especie de trampa en la que unos cereales azucarados obtienen mejor puntuación que el aceite de oliva virgen extra. Como dice el tópico: no se podía saber.

Lo cierto es que hace ya mucho tiempo que los nutricionistas cuestionan el sistema y señalan esas grietas que la industria ha aprovechado para seguir colándonos goles en las estanterías del supermercado.

Como siempre decimos, no hay nada malo en comer unas galletas, siempre y cuando tengamos claro que unas galletas nunca serán sanas, por mucho que el departamento de marketing le ponga semillitas, “sin azúcar añadido”, o lo que quiera a la etiqueta.

Ojo que está pensado para comparar productos de una misma categoría, avisan desde hace mucho otros expertos en la materia. Y tienen razón. Es decir, no tiene sentido comparar unos Risketos -con todo nuestro cariño y respeto a este delicioso aperitivo que zampamos de vez en cuando- con un yogur natural.

El bautizado como semáforo nutricional no se inventó para eso, cierto. Pero una cosa es lo que la teoría diga y otro el uso real que el cliente le da en la práctica. Así lo demuestran los problemas que ya desde el comienzo creó la catalogación de alimentos casi sagrados en la dieta mediterránea -como el citado AOVE- en comparación con otros productos procesados que tenían mejor nota. Por poner un ejemplo sencillo: la Coca Cola Zero tiene mejor nota que el aceite.

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Polémica por las comidas servidas en el hospital Zendal de Madrid

Para algunos, la comida servida a los pacientes de un hospital es un detalle menor. Para otros, el menú es parte de la atención a los enfermos y juega un papel importante en su recuperación y salud. Nos apuntamos a la segunda: si nos pasamos el día hablando de la importancia de la alimentación, mucho más en el caso de personas enfermas.

Pese a ello, parece que no es algo que se esté cuidando demasiado en el nuevo hospital Isabel Zendal de Madrid, que suma una más a su larga lista de críticas desde que se inauguró: el lamentable aspecto de los menús que la empresa de catering contratada está sirviendo.

A falta de cocina propia en el Zendal, la Comunidad de Madrid ha recurrido a los servicios de la empresa Eurest para ocuparse de las comidas, la misma que lo hizo en el hospital de Ifema. En concreto, el contrato contempla un servicio de medio año con un coste de algo más de 1.160.000 euros.

Pero más allá de esta cuestiones, el caso es que las fotos compartidas por algunos de los ingresados no dejan en demasiado buen lugar la calidad de la comida servida.

Unos guisantes con muy mala pinta -y lo que podría ser moho-, lo que parece un caldo de aspecto poco sugerente, o una hamburguesa que tampoco luce nada bien son algunos de los ejemplos que durante los últimos días se han viralizado en redes sociales.

Tampoco unas natillas envasadas de postres o el desayuno a base de bollería industrial parece lo más adecuado para servir en un hospital donde se recuperan enfermos de Covid-19. En realidad, para ningún paciente. Tampoco para un hospital infantil, por cierto, tal y como por aquí denunciamos hace ya tiempo.

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Zumo de naranja industrial con el mismo IVA que los refrescos, ¿tiene sentido?

Foto: Gtres

Como era de esperar, la puesta en marcha de medidas que penalizan los alimentos menos saludables de la cesta de la compra no está siendo nada fácil. La presión de la industria alimentaria, que lleva años jugando muy bien sus cartas para librarse de cualquier regulación, y también los diferentes criterios a la hora de clasificar algunos productos hace que vayamos a polémica por semana.

El zumo de naranja industrial es el protagonista del último bache que el Ministerio de Consumo se ha encontrado en esta batalla para subir los impuestos a los productos azucarados. ¿El zumo de naranja? ¿Pero eso no es parte de un desayuno saludable, según llevan años contándonos los anuncios? ¿No pone en todas partes que no tiene azúcares añadidos?

La confusión del consumidor es lógica. De hecho, es parte de la estrategia con la que la industria del sector lleva años jugando, haciendo pasar por saludables productos que en realidad no lo son tanto como parece. O que directamente no lo son. Y los zumos industriales son un gran ejemplo.

Un zumo no equivale a una pieza de fruta. Una idea que por más que los nutricionistas llevan años repitiendo parece que cuesta de entender. Ni siquiera un zumo natural, mucho menos uno industrial. Al tomar un zumo dejamos de lado la parte más interesante de la fruta (la fibra) y nos quedamos con una buena dosis de azúcares que, por muy naturales que sean (están en la propia fruta, no se añaden), siguen siendo azúcares.

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¿Es más sana la miel que el azúcar?

Nos encantan los libros de divulgación científica y gastronomía. De hecho, confesamos que en la inmensa mayoría de los casos nos parecen mucho más interesantes estos ensayos o guías que otro libro de recetas.

Así que estamos devorando -nunca mejor dicho- encantandos el libro de Gemma del Caño Ya no comemos como antes, ¡y menos mal!, que además de un título sugerente llega con una promesa muy necesaria: cambiar los bulos por evidencias.

Y es que, puestos a informarnos, algo nos dice que es mejor hacerlo de la mano de alguien como Del Caño, farmacéutica, especializada en I+D, biotecnología, seguridad y calidad alimentaria. A ver, que también puedes hacer caso a tu instagramer de cabecera, pero nosotros somos muy clásicos con estas cosas de la ciencia.

El caso es que el capítulo dedicado a la miel nos parece muy interesante y esclarecedor para acabar -ojalá de una vez por todas- con esa idea de que la miel es el sustituto perfecto y sano del azúcar. ¿Cuántas recetas hemos visto en las que solo con ese cambio de ingredientes ya se asegura que el resultado es mucho más saludable?

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Los cereales bio con un 25% de azúcar y buena nota en ‘Nutri-score’

Lo peor de la industria alimentaria concentrado en unos pocos segundos: productos ultraazucarados para niños, uso de reclamos infantiles para alimentos poco sanos, la etiqueta bio e ecológico para intentar hacer parecer como saludable algo que no lo es, y la perversión del Nutri-score que, en teoría, iba a servir de guía a los consumidores a la hora de hacer la compra y esquivar los alimentos menos saludables. No está nada mal para 16 segundos.

Y es que, tal y como explica Miguel Ángel Lureña en su más que recomendable cuenta de Twitter, este anuncio contiene algunas de las claves que explican por qué comemos tan mal. En este caso son los cereales Chocapic en su nueva versión bio, pero en realidad el lineal del supermercado está repleto de ejemplos similares: productos que evidentemente están muy lejos de ser sanos pero que, pese a ello, intentan disfrazarse como tal y, lo que es peor, apuntan sin ningún complejo al mercado infantil.

Lo de la etiqueta “bio”, por sí sola, ya daría para muchas reflexiones. Por si a estas alturas no había quedado claro que “ecológico” no significa necesariamente más sano o mejor, aquí tienen otro gran ejemplo. ¿Qué significa que unos cereales del desayuno repletos de azúcar y con chocolate sean “bio”? Simplemente que el cereal usado para su producción tiene esta etiqueta. Punto.

Y es que por muchos campos de cereales que le pongas al asunto y por mucho que juegues con lo de natural, resulta que estos cereales -como la inmensa mayoría, insistimos- tienen nada menos que un 25% de azúcar. Pese a ello, los bajos niveles de sal y grasas saturadas y el aporte de fibra o proteína puntúan a su favor y le permiten conseguir un B en esta escala Nutri-score.

Que la marca lo use como parte de su publicidad deja claro que se ha calculado todo al milímetro para obtener esa puntuación y usarla como argumento de venta. Pero, lo que es más importante, ese B del denominado semáforo nutricional no significa que estos cereales con chocolate sean ni sanos ni recomendables, recuerda @gominolasdepetroleo.

Mención aparte merece el packaging usado para un producto orientado a los más pequeños y que recurre a dibujos y, en muchos casos, a personajes conocidos para hacerlos más atractivos. La normativa en países como Chile, donde este tipo de publicidad y diseños está prohibido, muestran claramente el camino a seguir.

La única buena noticia de todo esto es que los responsables de Nutri-score parece que empiezan a ser conscientes de lo que muchos llevan denunciando desde el minuto uno: el sistema tiene graves deficiencias y la industria alimentaria no tiene reparos en usarlos para hacer pasar por saludables productos que están muy lejos de serlo.

La dieta del jamón y el vino: ojalá fuera cierto, pero evidentemente no

Si ante cualquier dieta siempre es mejor ser muy escépticos, más en aquellas que prometen milagros a corto plazo. Si la propuesta de perder unos cuantos kilos se acompaña de ingredientes de lo más apetecibles y normalmente poco relacionados con una alimentación sana, la mentira es más que evidente.

Pese a ello, cada cierto tiempo reaparecen dietas más o menos exóticas que consiguen colarse en los titulares. No es de extrañar, porque resulta indudablemente atractivo algo que combine la palabra dieta con chocolate, cerveza o torreznos. Por desgracia, esta última todavía no se ha inventado y, sobre todo, todas ellas son una solemne tomadura de pelo.

El sentido común debería bastar para detectarlas y tomarlas como tal pero, por si queda alguna duda al respecto, los nutricionistas se ocupan, pacientemente, de explicar por qué no tienen ningún fundamento. La mayoría de dietas, y estas en especial.

El último hit parece ser una denominada como la “dieta del jamón y el vino” a la que, claro, todos nos apuntaríamos encantados. No ya como dieta para perder peso sino como modo de vida. Bromas al margen, esta dieta existe y por méritos propios entra a formar parte de nuestro particular top 5 de ditas absurdas junto a la no menos delirante “dieta del delfín”.

¿Y en qué consiste esta dieta del jamón y el vino? Pues su nombre deja poco margen a la imaginación. De todos modos, en la página oficial -sí, la tiene- se detalla que la dieta “ha sido diseñada para ayudarte a reducir entre 4Kg y 6Kg” y que incluye, entre otros platos, 1 o 2 copas del vino al día y entre 60 y 90 gramos de jamón ibérico diario. ¿Dónde hay que firmar?

Aunque a priori no parece necesario detenerse a explicar por qué esta dieta tiene tanta credibilidad como la famosa del cucurucho -posiblemente menos, bien pensado-, lo peligroso llega al comprobar que en los últimos días numerosos medios hablan de ella. Y no para reírse, como sería lo lógico, sino como una opción a tener en cuenta. Más preocupante todavía es comprobar que la firma Rubén Bravo, dietista colegiado y, lo que nos parece más esclarecedor, licenciado en publicidad.

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