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Receta de mermelada de moras

Todas las infancias deberían estar llenas de veranos en el pueblo, comida casera, tardes en bicicleta, chapuzones y mermelada de moras silvestres. Como la que hemos preparado después de que los pequeños de la casa volvieran de su paseo matutino con un cubo repleto de moras. Y los brazos llenos de arañazos, claro.

Por supuesto si no tenemos moras silvestres recién recogidas de la zarza, podemos usar moras compradas o hacer una mezcla de diferentes frutos rojos. Solo necesitaremos añadir la mitad de azúcar (o un poco menos si están muy maduras) y zumo de limón.

Con las cantidades que proponemos tendremos para un par de tarros medianos. Si queremos hacer más cantidad para guardar y tener todo el invierno, solo tenemos que multiplicar las cantidades y calcular los ingredientes que necesitamos. Además de para untar en el pan, también podemos usar la mermelada para hacer un poco de repostería.

Ingredientes

  • 500 gramos de moras silvestres
  • 250 gramos de azúcar
  • Zumo de un limón

Preparación

Lavamos las moras con abundante agua, desechamos hojas, ramitas y retiramos también las moras que estén demasiado pasadas. Escurrimos bien.  

En un cazo o cazuela (que sea antiadherente) en frío, ponemos las moras, el azúcar y el zumo de limón. Mezclamos y dejamos macerar entre 1 y 3 horas para que se mezclen los sabores. Este paso es opcional pero potencia los sabores de la mermelada. 

Mientras tanto vamos a esterilizar los tarros de cristal que vayamos a usar para evitar que queden microorganismos en ellos. Para ello solo tenemos que hervir en una cazuela los tarros y las tapas en abundante agua durante 20 minutos.  

Encendemos el fuego a media potencia y dejamos que se vaya cocinando la fruta en el azúcar. Cuando empiece a hervir pasamos a fuego bajo hasta el final del proceso.

Removemos de vez en cuando y si se forma demasiada espuma la retiramos con una cuchara o espumadera. Vamos aplastando las moras con un tenedor o pisapuré a la vez que se va formando la mermelada.

 En unos 45-60 minutos la mermelada estará lista. No hay que dejar que espese demasiado ya que acabará de engordar cuando se enfríe. Si nos despistamos y espesa demasiado, lo podemos solucionar fácilmente añadiendo un poco de agua y removiendo de nuevo.  

Podemos dejar la mermelada con trozos o triturarla con una batidora. Si la queremos sin pepitas tendremos que pasarla por un colador o mucho mejor por un pasapurés.

La mermelada aguantará en buen estado en el frigorífico un par de semanas. Si queremos conservarla por más tiempo, al acabar de hacer la mermelada tendremos que embotarla con la forma tradicional.

Para ello cerramos bien los botes llenos de mermelada y los hervimos de nuevo en una cazuela con agua (el agua tiene que cubrir por completo los tarros de mermelada) durante 20-25 minutos.

Mermelada de kumquat, receta fácil con esta fruta exótica

Parecen naranjas en miniatura y, en realidad, el kumquat también se conoce como naranja enana. Es uno de los muchos nombre (naranja china, fortunella…) de este pequeño y colorido fruto que todavía no es muy habitual en nuestras fruterías y mesas pero que se empieza a ver. También como arbusto muy resultón para soñar que en nuestro pequeño balcón tenemos un naranjo bien cargado.

Nos saltaremos la clásica lista de beneficios de esta fruta que estamos convencidos también es -o será- superfood de esas. La verdad es que nos interesa más descubrir a qué sabe y qué hacer con ella.

Y un reciente cargamento de kumquat que nos llegó desde Granada -en tiendadefruta.com la cultivan y venden- nos permitió probarlo y animarnos a preparar una mermelada con él.

¿Se puede comer crudo? Claro. De hecho se come entero, cáscara incluida que, curiosamente, es su parte más rica, porque el interior es realmente muy amargo. Para darle un toque cítrico muy potente a una ensalada también es un buen ingrediente, aunque dado ese amargor hay que usarlo con moderación o bien quitar el interior blanco.

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Receta: mermelada casera de higos

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Lo del otoño y el efecto mermelada en nuestra cocina no es sólo una manera de hablar: es llegar esta estación y sentir la irrefrenable necesidad de hacer mermeladas. El otro día recordábamos la exótica y especiada mermelada de calabaza que hicimos hace tiempo, y ahora es el turno de uno de los productos estrella del momento: los higos.

Hay que aprovechar mientras duran en el mercado y si, como suele pasar, se nos ha ido la mano comprando y algunos amenazan con pasarse, nada mejor que preparar unos cuantos tarros de mermelada. Aunque así en frío pueda parecer una labor compleja, digna de un chef molecular, pocas cosas hay más sencillas. Sólo necesitaremos un poco de azúcar y una media hora para dedicarle a la cocina y, de paso, conseguir que toda la casa huela estupendamente.

Ingredientes (Para dos tarros de unos 250 gramos)

  • 500 gr. de higos pelados y troceados
  • 250 gr. de azúcar
  • 200 ml. de agua
  • Zumo de medio limón

Preparación

Las mermeladas se basan en algo tan sencillo como combinar un ingrediente (fruta, pero también verduras y hortalizas) con azúcar y dejarlo a fuego lento durante un buen rato. Así de sencillo.

Esta mermelada de higos no es una excepción, aunque luego en cada cocina hay trucos y manías. Empezando por la cantidad de azúcar o si se usa o no agua. Hemos probado de las dos maneras y la verdad es que la textura y resultado final nos gusta más añadiendo algo de líquido durante la cocción, para conseguir una mermelada algo más suave pero que, por supuesto, sigue conservando un sabor potente.

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Todas las fotografías: © Emma García para La Gulateca

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Lo primero es limpiar, pelar y trocear los higos. En algunas recetas se recomienda pasarlos por la batidora, pero a nosotros nos gustan las mermeladas en las que se note la fruta, así que en vez de eso vamos a ir aplastándolos con la ayuda de un tenedor o una cucharada de palo hasta conseguir casi un puré.

Por supuesto, usaremos higos bien maduros y en temporada, así que si estás leyendo esto en febrero y tu frutería cuqui tiene higos, ya sabes lo que toca: cambiar de frutería.

Con los higos pelados, troceados y convertidos en una masa, los añadimos a una cazuela junto con el azúcar, el agua y el zumo del limón. Hemos optado por una cantidad de azúcar moderada porque la fruta ya es suficientemente dulce y no queremos que el sabor del higo quede relegado a un segundo plano por el exceso de azúcar.

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A fuego bajo dejamos cocer entre 30 y 45 minutos, removiendo con bastante frecuencia y retirando la espuma que se formará en la parte superior, para que nos quede una mermelada bien clara, transparente y bonita. Al añadir agua el riesgo de que se pegue es menor, pero habrá que estar atentos y usar la mejor cazuela antiadherente que tengamos por casa.

Hay que tener en cuenta que al enfriarse ganará consistencia, así que mejor retirarla del fuego cuando todavía nos parezca un poco líquida, y así conseguir al final la textura perfecta y una mermelada que sea fácil de untar y no un mazacote con el que levantar una casa.

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Dejamos enfriar a temperatura ambiente y la guardamos en tarros que deberán estar muy limpios. Al tener bastante azúcar -que actúa de conservante-, sin hacer nada más, en la nevera puede aguantar perfectamente unas semanas. Suponiendo que nos dure tanto, claro.

Pero los que se animen a hacer más cantidad pueden embotarla con el sistema habitual. Se hierven unos 20 minutos los tarros y sus tapas en agua para esterilizarlos, se rellenan de mermelada y, bien cerrados, se vuelven a hervir sumergidos en agua otros 20 minutos.

Dos recetas de cuscús que todavía no has probado

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Por Iker Morán

El cuscús es uno de esos comodines para esos días en los que toca despejar la nevera o rebuscar en el fondo de la despensa. Casi todo le va bien y, de hecho, por aquí ya lo hemos probado con espinacas y ciruelas e incluso en una receta dulce por aquello de salirnos de las preparaciones más habituales a base de carne (pollo o cordero, básicamente), verduras y bien de especias.

Tras estos dos exitazos, se nos ocurrió arriesgar un poco más e incorporar a la receta dos ingredientes que, de entrada, no parecen muy habituales en una receta de cuscus: mermelada y leche de coco. Pero por separado eh, que tampoco somos tan moleculares. La mermelada funciona bien para darle un toque dulce que puede contrastar muy bien con las especias, aunque lógicamente lo suyo es usar una con un sabor que cuadre bien. En nuestro caso optamos por una de higos que, al igual que unos higos naturales o secos, le sienta muy bien.

¿Y leche de coco? Otra marcianada de esas que pruebas a ver qué pasa y que acaba quedando resultona y exótica. De nuevo, sabor dulce que necesitará un contrapunto. Eso sí, los granos de cuscús no quedarán tan sueltos, pero todo es cuestión de seguir practicando a ver si sale un cuscús arrisotado, suponiendo que eso pueda existir. Que no creo.

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Mermelada de calabaza, naranja y jengibre

¿Calabaza en primavera? Pues sí, aunque es un producto más bien otoñal ha caido en nuestras manos una estupenda calabaza de producción ecológica del Maresme y, la verdad, tampoco era plan de dejarla hasta el próximo Halloween.

Aunque los primeros calores posiblemente inciten más a una típica crema de calabaza tibia o algo más ligero, puestos a llevar la contraria al calendario nos ha dado por preparar una mermelada a base de calabaza y con un toque de naranja y jengibre por aquello del exotismo.

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