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‘MasterChef Junior’ o la peligrosa combinación de niños, televisión pública, azúcar y mitos nutricionales

Lo de meter a niños en la televisión siempre nos ha parecido una mala idea. Da igual si están contando chistes, concursando a ver quién es más listo o rápido, o demostrando que pueden cocinar igual o mejor que muchos adultos.

La televisión es un ecosistema demasiado dado a las lágrimas y el sensacionalismo fácil como para que uno pueda ver a los más pequeños ahí delante sin pensar que detrás hay un negocio redondo aprovechándose de su ilusión y del cuestionable criterio de los padres para permitirlo.

¿Llevarían presentadores, productores, directivos o cualquiera que sepa cómo funciona la maquinaria televisiva a sus retoños a un programa incluso siendo tan aparentemente inofensivo como MasterChef Junior?  Por supuesto que no.

Pero aquí estamos, como cada Navidad, viendo a los niños estresarse un poco entre fogones y cámaras. Un incuestionable éxito de audiencia que al parecer permite a los responsables tener una especie de cheque en blanco por parte de la televisión pública para hacer lo que les de la gana.

La publicidad acotadísima en cualquier otro programa de TVE aquí se cuela a paladas con más o menos elegancia. La responsabilidad mínima que cabe pedir a cualquiera que presente un programa en una televisión pública, y más con niños, aquí ni está ni se le espera. ¿Alguien de la cadena o la productora ha dado alguna explicación del affair de Samantha con los Happy Meal de McDonalds?

La penúltima entrega de esta peligrosa receta la vivimos en el segundo programa de la nueva temporada, cuando la ganadora de la anterior edición de MasterChef ofreció una “masterclass sobre alternativas más sanas que el azúcar”.

Dicho así suena bien, y más teniendo en cuenta que Marta Verona ha estudiado nutrición y dietética, con lo que se le presuponen conocimientos suficientes para hablar sobre el tema.

Sin embargo, esta lección dada ante los pequeños concursantes y, suponemos, unos cuantos millones de espectadores adultos y menores, fue un auténtico despropósito. Azúcar integral, miel, sirope de agave y compañía presentados como alternativas al malvado azúcar blanco refinado.

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Masterchef Junior, ¿era necesario?

MasterChef_Junior

Navidad, esos días en que se juntan vacaciones escolares, reuniones familiares infinitas y mucho frío son perfectos para poner en televisión todo tipo de películas y programas “para todos los públicos”. El humor blanco e infantil, lo políticamente correcto y las películas de animación inundan la parrilla televisiva.

Este año hay una novedad entre los clásicos de cada Navidad. Televisión Española ha decidido aprovechar el éxito de Masterchef para lanzar un especial infantil del programa. El formato, existente ya en muchos otros países, consiste en cuatro episodios en los que se expulsa a cuatro concursantes cada vez. Hemos visto ya dos, el lunes 23 y el día de Navidad, y como no podía ser de otra forma, nos lanzamos a escribir nuestra particular crítica gastrotelevisiva.

MasterChef Junior – Cabecera del programa

Es el mismo Masterchef, con el jurado Pepe Rodríguez, Jordi Cruz y Samantha Vallejo-Nágera, pero con dieciséis concursantes entre 8 y 12 años. Niños y niñas en esa complicada etapa preadolescente con una ilusión bárbara por cocinar y con una desenvoltura acojonante ante las cámaras -como muestra Noa y Aimar-. Enganchan, sí. Son listos, imaginativos, cocinan sorprendentemente bien… También ayuda el ritmo del programa, muy bueno para aguantar dos horas sin cortes de publicidad. Pero a partir de ahí, nos hacemos algunas preguntas sobre el formato.

1. ¿La competitividad del programa es buena para chicos de esta edad?

Aunque se disfracen algunas pruebas como de trabajo en equipo o en parejas, la base del programa es la competición. No se trata de aprender a cocinar -tendría más lógica ya que son niños en edad escolar, no chefs- sino de conseguir más puntos que tu compañero de al lado. Frases del jurado como “te supera la presión” o de los mismos concursantes como Ana Luna y su “se van a cagar conmigo” nos inquietan. Que sí, que hay muchos prepúberes con mucha presión encima para llegar a ser grandes estrellas del deporte o de la música. Pero no olvidemos que esto tan solo es un espectáculo televisivo sobre la burbuja mediática creada entorno a la cocina. Ni tan solo se trata de llegar a ser buen cocinero.

2. ¿Es necesario verles llorar?

En dos episodios hemos ya visto llorar a los niños. No solo cuando son eliminados sino por la presión de las pruebas. La frustración forma parte de cualquier proceso de aprendizaje pero ¿qué aprenden en este programa? Ver a un chico llorar porque no se está emplatando bien una comida para más de cuarenta personas que han cocinado niños -el trabajo infantil es delito- duele. Y duele porque no es necesario verle llorar, porque no es necesario que llegara a llorar por una situación así y porque intuimos que alguien ha pensado que este momento le da intensidad a un programa de televisión.

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La gastrotele que viene

paco-torreblanca

¿Recuerdan cuando la única manera de ver cocinar en la televisión era con Arguiñano? No hace tanto. La Sexta abrió la veda con la Pesadilla de Chicote y ahora no hay cadena de televisión que no quiera su formato gastro. No creáis que con Masterchef y Top Chef se acaba esto.

Cuatro amenaza con que vayamos dejando sitio para el postre. Está en fase de cásting y, por cierto, si alguien está interesado en presentarse mejor que vaya leyendo lo que escribe Pintxo sobre el tema. El capitán de este “Masterchef de los postres” -presentado así da como pereza- será el gran Paco Torreblanca. Será el responsable de juzgar y guiar a pasteleros aficionados y semiprofesionales. Veremos si la televisión le consagra como EL pastelero de España para el gran público.

Las series sobre pasteleros han tenido éxito, por ejemplo, en Estados Unidos y hace ya unos meses triunfan en los canales de TDT de nuestro país. Sea la hora que sea, en algún canal hay alguien recreando objetos increíbles en forma de pastel. Pero la pastelería española es infinitamente más discreta y seguramente mucho más deliciosa. Está por ver su capacidad de espectáculo.

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