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La Gulateca

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Entradas etiquetadas como ‘lasaña’

Recetas de verano: lasaña vegetal sin horno

Fotos de Emma García para LaGulateca

Seguimos empeñados en comer rico sin pasar demasiado calor. Y aunque lasaña suena a plato contundente que requiere pasarse un buen rato en la cocina y encender el horno, hay alternativas mucho más ligeras y sencillas, como esta versión fría y a base de vegetales crudos.

De hecho, ésta es la típica receta que si queremos hacernos los finos y los healthys podemos llamar lasaña raw y sorprender un poco al personal. Pero vaya, que viene a ser un plato a base de láminas de calabacín, queso, tomate seco, pesto…

Por mucho que una lasaña en frío a base de calabacín crudo pueda sonar un poco soso, la clave está en usar otros ingredientes con un sabor más potente que le den gracia al plato. Resultado: queda riquísimo y en verano entra estupendamente.

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Receta exprés: (falsa) lasaña de pencas y pollo

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Hay platos a los que casi hay que dedicar más tiempo para inventarles un nombre que para prepararlos. Y el de hoy es el ejemplo perfecto. ¿Lasaña? Sin pasta ni bechamel por medio, complicado. ¿Parmigiana por aquello del tomate y el queso? La idea va por ahí, pero no es parmesano…

El caso es que, mientras se nos ocurre el nombre, ya podemos tener lista esta (falsa) lasaña a base de pencas de acelga, un producto no demasiado popular o que siempre se relaciona con alguna preparación frita o rebozada, pero que aquí puede funcionar muy bien como capas de esta original lasaña. Además, ya cocidas y en conserva, hacen que la receta sea incluso más sencilla.

Pollo, una salsa de tomate rica, bien de queso, un poco de horno, y en un momento tenemos un platazo con el que incluso el menos cocinillas de la casa se puede atrever.

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Lasaña de calabacín, setas y tomates secos

Acostumbrados a encontrar calabacín durante todo el año, muchas veces se nos olvida que es ahora cuando esta verdura está en su mejor momento de precio y sabor. Así que, como es posible que ya estemos un poco hartos del repertorio clásico (pisto, cremas…) podemos recurrir a la técnica de siempre: saquear la despensa y aprovechar lo que haya para improvisar una lasaña en la que en lugar de pasta usaremos calabacín para separar las capas.

Es muy fácil de preparar y además puede ser un buen sistema de colar un poco de verdura a esa extraña raza de seres que asegura que no les gusta nada de color verde.

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Lasaña de calabaza, tomates y anchoas

La teoría dice que mezclando cosas que están ricas por separado, el resultado final sólo puede ser delicioso. Aunque es una ecuación bastante discutible -nocilla y jamón, en fin- a veces funciona. Así que cuando vimos una calabaza muerta de aburrimiento en la cocina y unas láminas de pasta de espinacas (de color verde, vaya) se nos encendió la bombilla. ¿Por qué no una lasaña de calabaza?

Para el relleno hemos cortado la calabaza en dados no muy grandes y en lugar de cocerla o asarla, directamente a la cazuela con un poco de aceite de oliva y cebolla. A fuego no muy fuerte en unos 15 minutos ya está casi hecha y suficientemente blanda. Tampoco nos interesa que se deshaga porque, además, después irá al horno y ya se acabará de hacer. A última hora se nos ocurrió añadirle también unas pasas para animar un poco más el relleno, que ya se sabe que la calabaza puede resultar un poco sosa por sí sola.

Empezamos a montar la lasaña como siempre. Tendremos una bechamel preparada -o de las que venden ya listas, si estamos en plan vagos- y en una bandeja para horno ponemos una pequeña capa y encima las láminas de pasta. Por supuesto, si la pasta es casera la receta estará mucho más buena, pero en este caso hemos optado por unas que ni siquiera necesitan cocerse. Basta con tenerlas unos minutos en agua tibia para que se ablanden un poco y listo. Más fácil, imposible.

Sobre la capa de pasta ponemos el relleno y más bechamel. Si no nos pasamos demasiado con la salsa el resultado final incluso podría pasar por ser algo medianamente sano, así que cada cual decida.

Llegados a este punto y en otro alarde de improvisación nos preguntamos si con tanta calabaza y tanta pasa la lasaña no acabaría pareciendo una especie de tarta dulce. Solución: introducir una capa con algo que contraste. ¿Unas láminas de tomate y unas anchoas? Venga.

Como el tomate siempre resulta un poco ácido, después de cortarlo y colocarlo le añadimos una pizca de azucar antes de sazonarlo con un toque de pimienta. Por la sal no hay que preocuparse, que de eso ya se ocupan las anchoas.

Un poco más de salsa, cubrimos con otra capa de pasta y casi listo. Por encima la última capa de bechamel y un queso que nos guste y que gratine bien. Al horno unos 20 minutos a 180 grados (que coja color la parte superior y poco más) y ya tenemos una receta de lo más innovadora y con ese contrastre dulce-salado que siempre triunfa.