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Las mejores fotos gastronómicas del año no se parecen a las que ves en Instagram

Food photographer of the year. Foto: KM Asad

Nos gusta la gastronomía y nos encanta la fotografía a la que, como alguno igual ya sabe, dedicamos nuestra otra media vida. Así que el concurso Pink Lady Food Photographer se ha convertido en una cita imprescindible a la que cada año nos acercamos con curiosidad para descubrir cuáles son, según este certamen organizado por las manzanas Pink Lady, las mejores fotos gastronómicas del año.

Y un año más nos encontramos con una selección tan amplia como impresionante, y en la que el titular vuelve a ser claro: la gastronomía, la comida, va mucho más allá de esas preciosas fotos de mesas de madera vintage atiborradas de ingredientes de colores, vajilla cuidadosamente descascarillada, aguacates y granola con arándanos.

Primer premio. Food for Celebration. Foto:  K M Asad

Primer premio. PlaceBring Home the Harvest. Foto: Zay Yar Lin

También hay espacio para el estilismo gastronómico, los bodegones y las fotos de producto entre las 24 categorías, claro. Pero hay vida más allá de esas fotos que inundan las redes sociales. Y, de hecho, la mayoría cuentan y muestran cosas bastante más interesantes.

Es más, puede que la elegida como mejor foto del año sorprenda a muchos. O golpee, mejor dicho. Posiblemente eso pretende y consigue la instantánea de KM Asad, con una fila de niños esperando con sus platos la comida en un campo de refugiados rohingya. Sí, esto también es fotografía gastronómica, aunque te quite el apetito.

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Un palo de selfies con cuchara para hacerte fotos mientras comes

SelfieSpoon

La plaga de los selfies -forma supuestamente sofisticada de llamar a los autorretratos de toda la vida-, lejos de remitir, sigue generando monstruos. Y es que al dichoso palo de selfies le acaba de salir un nuevo primo: el palo con cuchara incorporada, un artilugio de lo más ingenioso pensado para que, por fin, podamos conseguir eso que la humanidad lleva siglos pidiendo, fotos nuestras mientras comemos.

Bautizado como selfiespoon, el invento es obra de una marca, Cinnamon Toast Cruch,  dispuesta a inundar las redes sociales con gente comiendo sus estupendos cuencos de cereales cada mañana. A un lado del palo, el típico enganche para poner el móvil; al otro, una cuchara y un mando a distancia para poder disparar la foto.

“Por fin las dos cosas que más te gustan en el mundo juntas”, aseguran entusiasmados desde esta compañía. Y parece que algo de razón tienen, porque la campaña de marketing les ha salido perfecta: su curioso palo con cuchara ha causado furor en Internet y ahora mismo las existencias están agotadas. También es verdad que lo regalan -sólo hay que pagar los gastos de envío- así que si alguien está interesado en este trasto infernal, atentos a la próxima remesa.

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Fotografiando en la cocina con Jamie Oliver

Si hay un cocinero que ha sabido rentabilizar su imagen ese es Jamie Oliver. El omnipresente chef británico es también -además de aficionado a la fotografía- imagen de Nikon en algunas de las campañas publicitarias de la firma en el Reino Unido.

Aunque cabe suponer que las producciones fotográficas para sus libros serán algo más sofisticadas, este vídeo recoge algunos consejos muy interesantes del cocinero y del fotógrafo David Loftus para aquellos cocinillas que se animen a retratar sus recetas.

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Fotografía gastrocósmica

© Nadege Meriau

La fotografía y las gastronomía siempre han tenido una relación muy fructífera. Más allá del arte de sacar buenas fotos de alimentos o platos, algunos autores han ido más allá convirtiendo la comida y la cocina en el centro de unas imágenes.

Unas instantáneas que en ocasiones -ahí está parte de la gracia- esconden ese origen gastronómico para jugar a parecer lo que no son. Tras los espectaculares paisajes gastronómicos de Carl Warner y las geniales sartenes planetarias de Christopher Jonassen en su trabajo Devour, ahora descubrimos a través de la revista Wired las desconcertantes imágenes de Nadege Meriau.

Lo que parece una postal espacial de una película de serie B es en realidad una calabaza. Espuma convertida en una especie de gruta helada.  ¿Una instantánea recién salida de un microscopio? No, simplemente miga de pan.

Auténtica cocina molecular en versión fotográfica.