Entradas etiquetadas como ‘Fábrica Moritz’

Alkimia, alta cocina hecha a mano

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Tal vez su nombre no esté entre los más conocidos en la lista de grandes chefs del país, pero hace ya mucho que Jordi Vilà es uno de los cocineros de referencia en Barcelona. Y tras su exitoso Louis 1958 -uno de nuestros preferidos en la ciudad-, ahora es el turno de Alkimia. Su restaurante, con una Estrella Michelin, se traslada a esta misma ubicación, en la Fábrica Moritz, que por derecho propio se convierte en uno de los enclaves gastronómicos más interesantes de Barcelona a día de hoy.

Se trata de uno de los estrenos más esperados del año, que tras su rodaje estival se sitúa entre las visitas obligadas para este curso. Puede sonar a la típica frase hecha ante cada inauguración, pero lo cierto es que el nuevo local, el estilo de cocina, la nobleza del producto y el servicio hacen que merezca la pena pagar los 98 o 155 euros a los que se cotizan los dos menús degustación que ofrecen.

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Suele ser costumbre entre muchos críticos acabar hablando más de ellos mismos que del cocinero o restaurante de turno, dejando claro que ese plato, ese sabor o esa textura -siempre hay que decir textura- ya estaban inventados y ellos ya lo habían probado. Al final, el protagonista del relato no es la cocina que se prueba, sino más bien la sabiduría del despiadado o palmero crítico.

Por suerte para la literatura gastronómica, por aquí ni se practica ese noble arte de la crítica pura y dura ni se aspira a contar más batallitas de las necesarias. Pero en el caso de Alkimia haremos una excepción, porque este restaurante, en su dirección anterior en el barrio de la Sagrada Familia, fue nuestro primer Estrella Michelin hace ya algunos años. Así que sí, le tenemos cariño y llegamos con las expectativas y la nostalgia muy altas.

¿Qué se come en Alkimia? Alta cocina en la que el producto es el rey absoluto. Alta cocina hecha a mano, como defienden Vilà y el equipo de este proyecto. Y buena prueba de ello es la zona unplugged del comedor, en la que los platos de la carta y la imponente y moderna parrilla (¿se puede decir que la parrilla está de moda o siempre lo ha estado?) son los reyes.

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Hace mucho que no vas a un restaurante como ‘Louis 1856’

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La mala noticia es que Alkimia -uno de los históricos estrellados de Barcelona- cerró sus puertas hace unos meses. La buena es que promete volver esta primavera en una nueva ubicación dentro de la popular Fábrica Moritz. La otra buena noticia es que, mientras tanto, el chef Jordi Vilà ha abierto en este mismo espacio Louis 1856, uno de los estrenos más celebrados de la ciudad en los últimos meses.

A Alkimia le teníamos un especial cariño. Hace ya bastantes años fue uno de los primeros estrella Michelin que visitamos, y eso siempre se queda en la retina. Pero aunque lo de hablar de la propia vida y milagros sea muy habitual entre los gastrónomos, aquí no hemos venido a hacer ni de críticos ni de gastrónomos, sino a hablar de un restaurante que quiere recuperar un concepto de local que ha quedado enterrado entre tanta tendencia, modernidad, platillos y nueva cocina.

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Escondido en el espectacular sótano de la Fábrica Moritz (Ronda Sant Antoni, 41) un recetario con guiños a la cocina francesa tradicional, un espectacular servicio de sala -prácticamente desaparecido del panorama actual- y raciones y piezas grandes pensadas para compartir, son la carta de presentación de la propuesta de Vilà.

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Fábrica Moritz: tapas catalano-alsacianas en Barcelona

Diez años ha tardado Moritz en habilitar su sede histórica como gran espacio gastronómico en el centro de Barcelona. De la mano de Jean Nouvel este enorme edificio ha sido reconvertido en multitud de espacios, algunos polivalentes pero todos centrados en la cerveza y en la comida en general.

De momento el mayor espacio operativo lo ocupa la cervecería dónde podemos disfrutar de la cocina supervisada por Jordi Vilà – responsable del estrella Michelin Alkímia -. El mismo que en poco tiempo abrirá un restaurante en el sótano del edificio.

La cervecería es un espacio amplio, diáfano, con una cocina con paredes de cristal que ocupa una posición central. Las mesas adecuadas para grupos de amigos con ganas de juerga. Ayuda que los camareros – por cierto maltratados por unos uniformes de diseño arriesgado – se paseen entre los comensales con jarras de cerveza fabricada en los sótanos del local dispuestos a rellenar vasos cual diner americano.

Pero cómo no sólo de cerveza vive el hombre, la cocina ofrece una extensísima carta de tapas y platillos organizada en apartados. Una carta que tiene en su punto fuerte que puede contentar todo el mundo por la absoluta variedad que ofrece. Aunque también pueda marear un poco y dificulte la elección de platos.

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