Entradas etiquetadas como ‘dieta vegana’

¿Pueden los veganos comer pan?

Harina, agua, levadura y sal. Si nuestra memoria no nos falla, esos son los ingredientes del pan. Y si no se nos escapa algún detalle, en ninguno de esos tres elementos hay nada de origen animal, salvo que, rizando un poco el rizo, alguien quiera considerar la levadura como algo vivo -en cierto modo lo es- y por tanto incluya las fermentaciones en la lista de alimentos prohibidos para un vegano.

¿Por qué no va a poder un vegano comer pan? Eso mismo es lo que nos preguntamos hace unos días cuando nos topamos con un cartel que identificaba unos panes como veganos en el mostrador de un puesto de un pequeño mercado gastronómico en Mallorca.

Si estos son panes veganos, ¿significa que el resto de los que ofrecían no lo eran? ¿Será que, como en el caso del vino, es algo que todo el mundo considera apto para veganos pero en realidad no siempre lo es? ¿Acaso se habían hecho un lío con el cartel y, por aquello de apuntarse a alguna moda, pusieron vegano y en realidad era “sin gluten?

Ante semejante lista de dudas existenciales, tocaba investigar un poco para aclarar este pequeño lío. Hablamos, evidentemente, de pan normal, no de brioches, bizcochos o panes enriquecidos con leche, mantequilla o huevos que, por supuesto, no son veganos.

Desde PETA -tampoco es que nos fiemos mucho de quienes recomiendan beber cerveza antes que leche, o aseguran que las embarazadas que comen pollo tendrán hijos con el pene pequeño– aseguran que, de entrada y por generalizar, el pan sí puede considerarse vegano, aunque recomiendan mirar con lupa la etiqueta por si se ha colado algún aditivo de origen animal.

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Niños y alimentación vegana, ¿una combinación peligrosa?

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La noticia saltó hace unos días a todos los titulares. En la ciudad italiana de Génova, una niña de dos años era ingresada en estado grave por serias deficiencias alimentarias. La dieta vegana que seguían sus padres, y que también aplicaban a la pequeña -combinando la leche materna con productos que no tuvieran origen animal-, fue señalada como el origen de su estado, con unos niveles muy bajos de vitamina B12 y hemoglobina.

Aunque posteriormente un senador italiano apuntó que en realidad la niña también consumía lácteos –concretamente mencionó el queso parmesano– lo cierto es que no hay muchas más pistas sobre esa aclaración. La polémica y las duras críticas a los padres han sido desde entonces la nota dominante.

Desgraciadamente no es la primera vez que el tema de niños y veganismo ocupa noticias y debates. E igual que ahora, casi siempre está relacionado con algún caso de especial gravedad. En 2011, por ejemplo, una pareja francesa fue juzgada después de que su bebé de 11 meses muriera (el caso se remonta a 2008) por problemas de malnutrición relacionados también con la dieta vegana.

Casos dramáticos que ponen de nuevo sobre la mesa una pregunta muchas veces formulada: ¿Pueden los niños seguir una dieta vegana? No se trata de entrar en valoraciones morales o de responsabilidad de los padres a la hora de trasladar a los pequeños sus decisiones sobre alimentación, sino de descubrir si, desde un punto de vista nutricional, privar a los niños de alimentos de procedencia animal es viable o peligroso.

Pese a que el reciente caso de la niña italiana ha desatado todas las alarmas, en realidad los expertos en nutrición coinciden en lanzar un mensaje de tranquilidad y señalar que la dieta vegana es perfectamente válida para los niños, siempre que haya un estricto control médico. Este es el punto clave, según explica Julio Basulto, que nos remite a la reciente guía publicada por la Agencia de Salud Pública de Catalunya y sus Recomendaciones para la alimentación en la primera infancia (de 0 a 3 años).

Tal y como puede leerse allí, y Basulto comparte, “la alimentación vegetariana […] y la vegana […], bien planeadas y suplementadas cuando sea preciso, pueden satisfacer las necesidades de niños y adolescentes. […]”. Vigiladas y llegado el caso reforzadas con suplementos para controlar los niveles de la citada vitamina B12 que en estas fases de crecimiento es importante para el desarrollo del niño.

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Si comes pollo embarazada, tu hijo tendrá el pene más pequeño, alerta un grupo animalista

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Por si los informes de la Organización Mundial de la Salud no eran suficiente para replantearse el consumo de carne roja, ahora una organización animalista ha decidido subir la apuesta y tirar por el siempre eficaz atajo del miedo para convencer a la gente de que comer pollo tampoco es una buena idea. Y es que según un vídeo publicado recientemente por PETA (People for the Ethical Treatment of Animals, personas por el tratamiento ético de los animales), el consumo de pollo durante el embarazo podría tener una relación directa con el tamaño del pene del niño.

“Comer pollo puede hacer que el pene de tu hijo sea pequeño”, señala este vídeo para dejar claro cuál sería ese supuesto efecto sobre el miembro del pequeño. Aunque dicho así podría parecer una vuelta de tuerca más a aquello tan surrealista que en su momento decía el presidente boliviano Evo Morales sobre el consumo de pollo y la homosexualidad, desde la organización PETA señalan un estudio del Instituto Nacional de Salud (NIH) estadounidense para argumentar su discurso.

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Según este informe, los ftalatos -un compuesto químico presente en los plásticos pero detectado también en la carne de algunas aves- pueden tener un efecto directo en el desarrollo de los genitales del bebe antes de nacer. Un estudio, por cierto, de 2008, y en el que no se cita en ningún momento el pollo.

Pero en PETA han optado por obviar estos detalles e ir directamente al grano, resumiendo los supuestos resultados con unas cuantas sentencias entre lo curioso, lo alarmista y lo científicamente cuestionable. “Cuanto más pollo comas, más pequeño será el pene”, aseguran antes de rematar la faena con un genial “¿Preocupada por el tamaño del pene de tu hijo, futura mamá? Pues no comas pollo”.

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Barcelona, primera ciudad “Veg-Friendly” del mundo. ¿Y eso qué significa?

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Barcelona acaba de convertirse en la primera ciudad del mundo “amiga de la cultura vegana y vegetariana”. Aunque posiblemente muchas otras localidades del planeta comulgarían con esta idea, se trata de la primera cuyo ayuntamiento aprueba oficialmente una moción que recoge esta filosofía de apoyo explícito a la alimentación sin productos de origen animal. Una propuesta secundada por todos los grupos políticos del consistorio en la Comisión de Economía y Hacienda del Ayuntamiento, a excepción de PP y Ciutadanos que se abstuvieron.

¿Y no sería más fácil hablar de cultura vegana y vegetariana que de Veg Friendly o Meat Less Monday (lunes sin carne) como si esto fuera un chiste sobre la moderna y cosmopolita que es siempre Barcelona? Posiblemente, pero en realidad se trata de campañas e iniciativas internacionales que han sido adoptadas por el ayuntamiento, así que nos conformaremos con un pequeño tirón de orejas lingüístico sin hacer demasiados chistes sobre el asunto.

Pero dejando a un lado la cosa idiomática, ¿qué implicaciones reales tendrá para la ciudad esta apuesta por la dieta vegana y vegetariana? Según lo que ha trascendido hasta ahora, y más allá de ser una simple declaración de intenciones para destacar los beneficios sociales, medioambientales y de salud de una dieta más vegetal y menos animal, también se contemplan medidas concretas.

Así, el ayuntamiento recogerá en una guía los restaurantes de la ciudad en los que no se sirve carne -a día de hoy unos 60, según explican-; impulsará una aplicación móvil que informe sobre los comercios con este tipo de productos veganos y vegetarianos; creará un punto de información (BCN Veg Point) y reunión para los interesados en el tema; y, además, se adherirá a la citada campaña de lunes sin carne.

¿Lunes sin carne? ¿Patrullas de soviets patrullando la ciudad en busca de carnívoros a los que enviar al gulag? Aunque seguramente más de un medio de comunicación ya estará especulando con esta idea aprovechando la jugada para atacar a la alcaldesa de Barcelona, parece que la medida es más sencilla: “La alimentación que provenga de la administración será vegetariana los lunes, de forma voluntaria”.

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Comer lechuga es más perjudicial para el medio ambiente que el bacon, según asegura un estudio

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Una alimentación con menos carne y más rica en vegetales no sólo es -en líneas generales- más sana, sino que se percibe como menos agresiva para el medioambiente. Algo que la mayoría de organismos defienden y que a simple vista parece bastante lógico, pero que un reciente estudio se ocupa de cuestionar.

O, mejor dicho, de negar rotundamente con afirmaciones tan sorprendentes como que la lechuga es tres veces más perjudicial que el bacon, si se tienen en cuenta las emisiones de gases invernadero que origina su producción. Ésta es una de las conclusiones más sorprendentes del estudio realizado por científicos de la universidad Carnegie Mellon -existe, aunque suene a nombre inventado-, y que han medido el impacto medioambiental de varios alimentos.

¿Dónde está el truco o quién subvenciona este estudio?, se estarán preguntando nerviosos los vegetarianos. Aunque lo de la financiación es siempre una cuestión interesante para saber qué intereses puede haber detrás de un estudio, aquí no hay truco, pero sí una curiosa forma de realizar este ranking. Y es que para igualar todos los alimentos y su impacto se ha optado por realizar las mediciones a partir de las cantidades necesarias para proporcionar 1.000 calorías.

Es decir, como la cantidad de lechuga que hay que comer para conseguir 1.000 calorías es muchísimo mayor que la del bacon, de ahí que los consecuencias ambientales de la producción de uno y otro sean tan diferentes.

De todos modos, según explican los autores del estudio centrado en Estados Unidos, no se trata de un mera curiosidad, sino de un tema que se debería valorar y tener presente a la hora de alabar ciertos alimentos. “Comer los alimentos sanos recomendados por las autoridades (fruta, vegetales y pescado), incrementa el impacto ambiental en tres aspectos: la energía usada para producirlos es un 38% superior, el uso de agua aumenta un 10%, y las emisiones de gases un 6%”, aseguran.

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