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‘Domingos de lechazo’, la forma más sabrosa de ayudar desde casa a los ganaderos de Castilla

El coronavirus ha puesto la vida patas arriba. También las costumbres que, como casi todo, ha tocado reinventar en estas semanas. Los domingos de salir a comer fuera tendrán que esperar por ahora un poco. Y lo de escaparse a un asador de Aranda de Duero un poco más, al menos para los que nos pilla fuera de provincia, comunidad y fase.

¿Solución? Si el cliente no va al asador, que el asador llegue a casa. Y es que si algo hemos aprendido estos días es que también a través de compras online se puede echar una mano a los productores que lo están pasando mal y que no encuentran salida para su género.

Esa es la propuesta de la iniciativa de Domingos de Lechazoque quiere echar una mano a los ganaderos de ovino que han visto cómo su mercado prácticamente desaparecía. Y, de paso, solucionarnos el menú del domingo especial, claro.

Por menos de 40 euros, gastos de envío incluidos, se puede adquirir un cuarto de lechazo churro con sello de calidad de la IGP de Lechazo Castilla y León. Se asan en el restaurante El Pastor de Aranda de Duero, en un horno de leña de encina, y se envasan luego al vacío, acompañados por otra bolsa sellada con la salsa propia del asado para que al calentarlo (15 minutos al horno, recomiendan) quede perfecto.

“Muchos nos dicen que tiene el mismo sabor que en el restaurante, y eso significa que hemos sabido hacer que un producto artesano llegue a casa del cliente en las mejores condiciones”, explica el responsable de este popular asador. El pedido se puede completar con otros productos de la zona como morcilla, jamón y vino de Ribera del Duero.

Y, además de apoyar al sector ovino y a la restauración, el proyecto también tiene un lado solidario: con cada pedido se hace una donación de 2 euros a Cáritas para que puedan potenciar su programa de alimentos.

¿Hay que prohibir los mercados de animales vivos? El coronavirus reabre el debate

Una visita a un mercado en China o en el Sudeste asiático suele ser toda una experiencia. Pero tampoco exageremos: la mayoría de ellos no distan demasiado -dejando a un lado instalaciones o higiene en algunos casos- de los mercados de cualquier país mediterráneo, empezando por España.

Vaya, que un puesto con una cabeza de cerdo, un cordero abierto en canal o dedicado a la casquería puede ser un shock para un viajero anglosajón más acostumbrado a las bandejas del supermercado que a este tipo de mercados, pero no para nosotros.

La cosa se complica si hablamos de un mercado de animales vivos -no todos los wet markets lo son- donde, como el propio nombre permite adivinar, el sacrificio se produce muchas veces en el mismo puesto, delante del cliente que elige la pieza viva.

Cuestión de tradición, o una forma de asegurar la frescura -mantener el pescado vivo en la tienda es lo habitual en China, por ejemplo-, pero algo a lo que ya no estamos tan acostumbrados. No se trata solo de la venta de animales, sino de su sacrificio, con las dudas higiénicas que eso conlleva.

El debate sobre estilos de mercados hace ya mucho que está en la agenda de asociaciones animalistas por las condiciones en las que viven y mueren estos animales. Pero la pandemia de la Covid-19 ha hecho que se refuerce otro de los argumentos de quienes piden su prohibición: la falta de sanidad y el peligro de transmisión de virus de animales a humanos.

En realidad, tampoco es nuevo. El mercado de pescado de Wuhan es señalado por muchos como epicentro del virus, pero anteriormente también el SARS (síndrome respiratorio agudo grave) tuvo su origen en uno de estos mercado.

“Los animales exóticos y los criados tradicionalmente se mezclan en minúsculas jaulas y recintos infectos, creando el perfecto caldo de cultivo para el desarrollo de enfermedades zoonóticas”, denuncian desde Igualdad Animal.

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El delivery ha llegado para quedarse: los restaurantes reinventan sus cartas, horarios y protocolos

Foto: @juangonzalezdelcerro

La pregunta no es ya cuándo abrirán los restaurantes, sino cómo. Y algo se puede dar por seguro: nada será como antes. Pero mientras ese momento llega y los debates sobre mamparas, terrazas y medidas de seguridad se repiten sin que haya ninguna pista clara sobre ese próximo futuro, son muchos los restaurantes que estas semanas han decidido dejar de esperar y poner en marcha sus servicios de comida a domicilio.

Una lista que crece día a día y que ha hecho que en esta última semana la oferta en ciudades como Barcelona se haya multiplicado. Hasta hace nada solo con opción de envío, pero desde hace unos días también con posibilidad de pasar a recoger por el local.

“Habrá que adaptarse a la situación y ahora esto es lo que toca”. Así de pragmática se muestra Ronit Stern, que desde hace más de una semana ha puesto en marcha el servicio de delivery de Auto Rosellón en Barcelona. La oferta es similar a la carta de este restaurante de cocina que ellos mismos definen como “sin etiquetas” y con inspiraciones de Oriente Próximo y Asia.

Su berenjena asada o su humus de remolacha son dos de los clásicos que no faltan en la oferta para casa, aunque algo es diferente: los platos llegan envasados al vacío y con algunos ingredientes por separado para que sea el cliente el que los acabe de montar y emplatar.

“Enviar el plato ya montado no me gusta. Ni un simple pan con tomate aguanta igual, mucho menos las avellanas que van encima del hummus y que llegarían reblandecidas”, explica Stern. Así que los platos o el menú del día que envían (a 13,90 euros) llega en bolsas selladas que se pueden guardar directamente en la nevera si no se quiere comer al momento. Todo con su fecha de elaboración y de caducidad etiquetado.

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Si no sabes qué chocolate comprar estos días, aquí tienes una buena razón para que sea este

Igual es solo otra campaña de marketing, pensamos al leer la noticia que aparece estos días en todos los medios de comunicación. Aunque la cuarentena nos ha vuelto a todos más sensibles a las buenas noticias y a todos esos gestos que nos recuerdan que hay más gente buena que cafres sueltos, son muchos años de creerse solo la mitad de las notas de prensa y aplicar una buena dosis de escepticismo ante cualquier marca que busca su minuto de gloria.

Pero, lo reconocemos, lo de chocolates Valor y su aumento de sueldo del 20% a los empleados nos ha ganado. Se trata de una medida temporal que durará mientras continúe el estado de alarma y que, tal y como ha explicado la compañía, quiere reconocer la labor de sus trabajadores durante estas semanas.

Ahora que tantas empresas se acogen a un ERTE pese a tener beneficios y seguir más o menos operativas. O mientras piden ayudas para reducción de jornada pero a los trabajadores les dicen que tocará seguir trabajando lo de siempre y las vacaciones ya veremos.

Ahora que Glovo reduce el pago a sus repartidores (esos falsos autónomos que se juegan el tipo para que tú tengas una hamburguesa en casa), y que parte de la hostelería pregunta por lo suyo pero se ha olvidado de pagar a su proveedores.

Ahora que para Amazon vuelve a ser Navidad -les sobran repartidores por horas, al parecer- y mientras las grandes cadenas esperan impacientes a que esto remita un poco para hacerse con los locales que les quedaban por tener en el centro de las ciudades, y que los pequeños negocios y bares difícilmente podrán seguir pagando…

Ahora que sale lo mejor y lo peor de cada uno, noticias como esta nos animan a pensar que hay empresas diferentes. ¿Nos estamos pasando de frenada con el optimismo? Leemos que la misma compañía alicantina compró en 2013 Huesitos y Tokke para evitar que Mondelez cerrara la fábrica situada en Ateca (Zaragoza).

Una pista que también nos va estupendamente para mantener la sonrisa y dejar de buscar, no vaya a ser que encontremos algo que enturbie un poco la historia y que nos deja sin excusa para, en la próxima visita al super, sumar a la lista -que no nos oigan los nutricionistas- unos Huesitos y unas cuantas tabletas de Valor.

Por cierto, cadenas de supermercados, teniendo en cuenta el esfuerzo de los empleados -que son de los que se la están jugando en primera línea- y que, seguramente, vuestras ventas estén siendo espectaculares estas semanas, estaría bien un gesto parecido. Aunque sea para salir en las noticias. Nos vale.

Come queso, las pequeñas queserías artesanas del país te necesitan

Son tantos los frentes económicos abiertos por la crisis del coronavirus que resulta complicado fijarse en uno sin que parezca que te olvidas de todos los demás. De uno u otro modo, todos los sectores se ven afectados, y entre ellos los agricultores y ganaderos -por el cierre de la hostelería y las limitaciones de transporte y exportación- ocupan un puesto destacado.

El propio Gobierno lanzaba a principios de abril un mensaje animando al consumo de queso, cordero y pescado fresco para apoyar a los productores. Algo que resulta interesante sobre todo si se hace de la manera más directa posible, de tal modo que la ayuda llegue a esos pequeños ganaderos o a los pescadores -que se quejaban por la caída de los precios en lonja, algo que no se ha visto reflejado en las pescaderías- y no a la red de distribución.

Vaya, que comprar queso en el supermercado no nos parece la mejor manera de poder echar una mano a las pequeñas queserías del país que llevan semanas lanzando señales de auxilio.

Así que se nos ha ocurrido recopilar las propuestas de algunas tiendas o de queserías que reparten a domicilio o que incluso han creado lotes especiales para quienes quieran comprar queso y ayudarles al mismo tiempo.

Evidentemente la lista será mucho más larga que esta pequeña muestra, así que sería interesante ir aportando pistas en los comentarios sobre propuestas locales o de queserías de vuestra zona que serán muy útiles. De todos modos, la Red de Queserías de Campo y Artesanas tienen un mapa y una lista con los negocios asociados a esta agrupación y que también puede ser una buena pista.

Quesería Cultivo

La mejor prueba de que estas iniciativas en apoyo al queso artesano funcionan: en pocos días, Quesería Cultivo (Madrid) ha vendido 500 tablas con un lote especial de quesos artesanos. Ya está agotado, pero visto el éxito seguro que se animan a una segunda ronda o, en cualquier caso, sus tablas de queso mensuales o su oferta de quesos habitual es siempre muy recomendable.

Asturias País de Quesos

Conocido por todos los amantes del queso en Barcelona, Kike Ojanguren sigue repartiendo buen queso asturiano por la ciudad. Sus packs de cuatro quesos (a partir de 12 euros con reparto a domicilio) son un plan estupendo para una comida o cena diferente durante estos días de encierro casero.

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La Guardia Civil detalla los productos que justifican salir a hacer la compra. Tranquilos que hay marisco, alcohol, helados y “aditivos”

Se ha convertido en una escena más o menos habitual cuando toca salir a hacer la compra: personas, en muchos casos de cierta edad, que circulan con una barra de pan bajo el brazo, a paso suave y con gesto de que es parte de la rutina diaria.

No vamos a jugar aquí a la Gestapo de balcón, que suficiente cretino hay suelto, pero es verdad que la posibilidad de salir a hacer la compra es a veces interpretada con bastante amplitud de miras por los que buscan cualquier excusa para salir de casa.

Sin ir más lejos, el otro día la Guardia Civil multó con 1.000 euros a alguien con aspecto de estar paseando que esgrimió como argumento para su salida que iba a comprar Nocilla. Por lo visto, no coló y el bote le acabó saliendo bastante caro.

No es el único caso, porque hace unos días también leíamos que la policía multaba a alguien porque su cesta de la compra (salchichas, Coca Cola y chocolate) no cumplía con lo que se supone que es razón para salir de casa. Nutriocionalmente, delito grave. Legalmente, una de esas multas altamente cuestionables, puesto que la ley no especifica ni cantidades ni productos concretos.

Unas lagunas que, por lo visto, han llevado a la Guardia Civil a elaborar una lista con los productos que justificarían una excursión al super o a la tienda de turno.

Un momento, ¿tiene la benemérita potestad para hacer esa lista? Que la respuesta sea un contundente “evidentemente no” no significa que, al parecer, no lo hayan hecho, según leemos en Las Provincias.

Así que, dejando a un lado que esa capacidad se le supone a las autoridades políticas -a ser posible con algún nutricionista cerca para poner un poco de sentido común al asunto-, veamos qué es lo que podemos comprar y qué no según la Guardia Civil.

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Tras el papel higiénico y el alcohol, ahora llega la locura por la harina y la levadura

Desde hace días era un chiste recurrente: con tanto pan casero y bizcocho diario, en breve la harina se convertirá en un artículo de lujo. Pues resulta que no era broma. Ayer, a última hora, en el supermercado, en la estantería correspondiente, solo quedaba algún resto de harina de esos paquetes medio rotos que, como todo el mundo sabe, están siempre estratégicamente colocados para que sea el que te lleves a casa y te la líe al colocar la compra.

Y, por lo que me cuentan, no es un caso aislado. Tras volvernos locos acumulando papel higiénico como para disfrazarnos de momias durante los carnavales de las dos próximas décadas y, después, acabar con las existencias alcohólicas del supermercado, ahora la harina se ha convertido en el nuevo producto a comprar por toneladas.

La normal, la de fuerza e incluso la de centeno integral han desaparecido como consecuencia de esa fiebre panarra que, por lo visto, ha recorrido el país de norte a sur. Sí, algo de culpa tienen también los pasteles y magdalenas que hacemos cual obrador industrial pero, al parecer, la histeria es sobre todo con el pan, porque la levadura -fresca y seca- también ha volado de los supermercados, mientras que la Royal para repostería aguanta algo mejor.

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Cristina Oria, la chef que está dando de comer a los sanitarios de Ifema

Por suerte, en plena crisis sanitaria por la pandemia del coronavirus, el mundo de la hostelería va más allá de reflexionar sobre su futuro o lamentarse por las perdidas económicas. Cada día surgen decenas de iniciativas para echar una mano en estos momentos, como la llegada a España de la ONG World Kitchen de José Andrés de la mano del grupo Arzabal, Makro y Banco de Alimentos.

Otras, igual, no ocupan tantos titulares, pero la verdad es que los merecen. Es el caso de la cocinera Cristina Oria, que desde hace una semana trabaja en su obrador de Madrid -su empresa está especializada en catering de alta cocina- preparando menús para los sanitarios que están trabajando en Ifema.

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Hoy hemos llevado también ensaladas para poner un punto healthy a la alimentación 🤣! En el obrador nuestro proveedor GM cash ha entregado toda una furgo con producto! Muchas empresas me están ofreciendo producto fresco y grandes cantidades de materia prima, pero para eso, lo mejor es el banco de alimentos que lo canalizarán de la manera más eficiente. Nosotros estamos ahora centrados en conseguir cosas que nos pueda pedir el personal de logística de Ifema, como instrumental sanitario (mañana entregamos) o por ejemplo hoy han pedido impresoras/fotocopiadoras para informes, altas (ojalá) etc, es decir que los fondos que habéis donado y nuestro personal de ofi (que está trabajando voluntariamente) están a disposición para suministrar lo q van necesitando urgente. Por cierto el lunes dos empresas entregan mucho producto de higiene personal para los enfermos, todo gracias a vuestros contactos! Seguiré poniendo por aqui, que van necesitando! Pd esta tarde compartiré una receta exprés que vi a mi admirado Rafa @rafuel55 el otro día, la hice ayer muy rápido xq aunque tenga poco tiempo no quiero renunciar a comer bien y compartirlo! GRACIAS Y MIL GRACIAS A TODOS

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Una idea llevada a cabo -según leemos en este interesante artículo– con la ayuda de su marido y un cocinero del equipo, y que pronto encontró respaldo de otras empresas con las que trabaja, como GM Cash, que está donando producto fresco para facilitar la elaboración de los menús o para entregarlo directamente al hospital instalado en la feria de Madrid.

Y es que, además de la labor en la cocina, Oria también ha lanzado una campaña para recoger fondos de todas las personas que se interesaron por el proyecto y querían aportar dinero. El resultado son ya casi 150.000 euros en la plataforma Gofundme en estos días.

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‘Con las manos en la masa’ es lo que necesitábamos para el confinamiento

Aunque a ratos se nos olvida, hay vida más allá del coronavirus y las cifras de víctimas contadas minuto a minuto en televisión. Frente al martilleo continuo de noticias -amarillismo puro y duro en muchos casos-, la verdad es que RTVE está ejerciendo muy bien su papel de televisión pública, adaptando su parrilla y contenidos a las circunstancias actuales.

Además de la programación educativa de las mañanas en La 2 para que los pequeños sin clase estén ocupados, el confinamiento ha servido para que Archivo TVE recupere dos de las joyas de la casa: el programa de gimnasia de Eva Nasarre para quienes quieran darle un toque clásico a sus sesiones de gimnasia -y estén hasta los calentadores de youtubers gritándote que hagas más flexiones- y el maravilloso Con las manos en la masa.

Es verdad que ahora que algunos de los mejores chefs del país están compartiendo recetas desde sus casas, y que hasta el mismísimo Ferran Adrià hace vídeos con -ejem- recetas a base de un iPad y algunas instrucciones, podría parecer que no hace falta recuperar un programa de hace décadas. De cuando combinar cocina y televisión era casi algo exótico y los cocineros ni eran ni soñaban con ser estrellas.

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¿Y si cierras ya durante unos días tu restaurante?

No conozco los números, pero no hace falta saber mucho para deducir que están siendo días complicados para la hostelería y que se avecinan semanas que lo serán aún más. Mientras en Madrid muchos señalan con indignación las terrazas llenas pese a las recomendaciones de las autoridades, otros hablan de los grandes restaurantes del país funcionando a medio gas y con más de la mitad de las reservas anuladas. Incluidos algunos en los que encontrar sitio implica normalmente semanas o meses de espera.

La situación es incierta y precisamente por eso, lo que ahora sirve, dentro de una hora tal vez sea una soberana estupidez. Y esa incertidumbre que afecta a todos los sectores -desde padres organizándose con niños en casa a empresas teletrabajando u hoteles pensando cómo salvar el año- hace que tomar decisiones sea complicado.

Una cosa está clara: las notas de prensa que llegan estos días a los medios sobre ideas para viajar en Semana Santa, los mejores destinos de vacaciones o los mejores menús infantiles para ir con los niños son una pésima idea. ¿Qué parte no hemos entendido exactamente de la situación? ¿En qué estamos pensando antes de enviar algo que se llame “Comer en tiempos de coronavirus”?

No hablo de recetas para que estos días la despensa cunda o de ideas para tener a los peques entretenidos en la cocina. Me refiero a restaurantes animando a salir con los peques de paseo o de medios de comunicación supuestamente serios elaborando listas de la compra para el Apocalipsis. Literal. Todo vale por unos clics o unos euros.

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