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Las copas que prometen hacer que tus vinos buenos sepan mejor

Para muchos, la copa de vino es un accesorio que tiene más que ver con lo que estético que con lo práctico. Vaya, que un buen vino seguirá siendo bueno en un vaso y uno malo no hay copa cara que lo salve. Y aunque es tentador apuntarse a esa teoría y parte de ella -la segunda mitad- es incontestable, quienes saben del asunto aseguran que la copa juega un papel clave a la hora de disfrutar de un vino.

Y entre los mayores expertos del mundo en la materia, Kurt J. Zalto ocupa un lugar destacado. Este prestigioso vidriero es el artífice de Josephinen, unas copas alemanas de lujo que llegan ahora al mercado español y que, con un diseño único -y una finura que entre las manos hace temer lo peor pero disfrutar mucho de cada sorbo-, prometen conseguir que los buenos vinos sean un poco mejores.

Aprovechando su visita por el país para presentar el estreno de estas exclusivas copas hemos podido charlar con él para resolver algunas de esas dudas que siempre nos asaltan a la hora de elegir, guardar o limpiar copas sin acabar con la mitad rotas.

¿Hasta qué punto una copa puede condicionar la experiencia de beber vino?

La copa es mucho más relevante a la hora de degustar el sabor de lo que el público se imagina. Si pruebas el mismo vino en cinco copas distintas, seguramente tendrá un sabor distinto en cada una de ellas.

La estructura de la superficie de la copa determina cómo la copa es capaz de retener el vino y transmitir los aromas a la nariz. El tamaño de la superficie también es muy importante para transmitir la intensidad del vino.

La forma de la copa es clave. Puede aportar armonía al vino, abrirlo o marcar la diferencia en el caso de que no se consiga potenciar el vino si no incorpora el alcohol con la complejidad de aromas y sabores.

¿En qué hay que fijarse para saber que estamos ante una buena copa de vino?

Una buena copa de vino tiene que llevar el vino a su máxima expresión en cuanto a aroma, nariz y sabor. En segundo lugar, tiene que ser un vino auténtico. En otras palabras, un buen vino florecerá en una buena copa. Sin embargo, si es un mal vino, el sabor puede ser incluso peor.

Uno de los rasgos más importantes de una buena copa es que esta sea fina, ligera y delicada. La copa debe estar bien equilibrada para poder sostenerla en la mano y hacer girar el vino perfectamente. Tiene que ser fina, que te aporte la sensación de tener el vino en tus manos, conectar con el vino. Todo forma parte de una experiencia sensorial completa: ver, sentir, oler y saborear.

Además, la copa debe ser duradera y de uso diario. Personalmente, no me gustan los productos de lujo que no son funcionales.

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