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12,5 millones de niños trabajan en plantaciones de café en todo el mundo, denuncia una campaña

Variedad de café, origen, tostado, precio… Las preguntas habituales que uno puede hacerse al tomar una taza de café. Una lista en la que faltan las que, seguramente, son las más importantes: ¿en qué condiciones se ha recolectado ese café?, ¿cuánto se paga en origen?, ¿llega algo de ese carísimo flat white de especialidad a quienes están trabajando en las plantaciones?

Pese a que en los últimos años se habla más del tema y seguramente algo habrá mejorado, un reciente informe nos recuerda que queda mucho por hacer todavía en un sector en el que -como tantos otros del sector agroalimentario- las condiciones de trabajo parecen un detalle menor de la cadena. Incluido el trabajo infantil, que sigue presente en muchas producciones de café.

Y es que, según el estudio publicado por GoodNews Coffe como parte de su campaña Good Coffe Agreement, todavía 2,5 millones de niños en todo el mundo trabajan en cafetales. Eso significa -siempre según estos datos- que de cada 10 trabajadores, uno es un niño.

No es la única denuncia que ha puesto sobre la mesa esta start up cafetera creada en Barcelona en 2020 y que se ha hecho popular por reconvertir kioscos de prensa en puestos de revistas y café. Más de 40 millones de productores de café cobran menos de 100 dólares al año y la mayoría viven en situación de pobreza, denuncian, mientras recuerdan que el 80% del mercado está controlado por tres grandes empresas.

Para la presentación de la campaña han optado por una acción muy vistosa, en línea con ese marketing de guerrilla que tanto gusta a las start up: instalar una mesa delante de diferentes locales de Starbucks, McCafé y Costa Café, instándoles a sentarse a hablar sobre el tema, mientras recogían firmas de este manifiesto.

No parece tratarse de una acusación directa a estas marcas, sino más bien de un llamamiento para que otras empresas se sumen a esta campaña. Más allá de que se trate -insistimos- de una acción de marketing y que seguramente todas esas compañías citadas ya tienen sus propias campañas sobre el origen y sostenibilidad del café que sirven, nos parece una gran noticia que se aborde este tema desde la propia distribución. Y que se anime al cliente a exigir un café lo más justo posible para los productores.

«Hemos eliminado las especialidades de café en las que detectamos que existía o podía existir trabajo infantil», prometen desde GoodNews Coffe. Que cunda el ejemplo.

El café de filtro llevado a otro nivel: probamos la Melitta Epos y su ‘pour over’ automático

Tras haber probado una cafetera superautomática y una expreso manual, seguimos en nuestro viaje por el apasionante y e inabarcable mundo del café de especialidad. Aunque en realidad eso va a depender de los granos que usemos y no del método, si hay un sistema que suele vincularse a esta idea de café de calidad es el denominado pour over.

También conocido como sistema de vertido o de extracción manual, la idea es similar al café de goteo de toda la vida -sí, ese que hace cualquier cafetera de 30 euros- pero cuidando cada detalle del proceso: molido del café, temperatura del agua, calidad del filtro y la forma en la que se vierte el agua sobre el café.

La Chemex o la V60 son algunas de las cafeteras más conocidas para este sistema que se asocia con una preparación manual. Por eso teníamos mucha curiosidad por estrenar la nueva Melitta Epos, que se atreve a automatizar este proceso.

Algo bastante único en el mercado por el sistema, por el diseño -muy bonito, de esos que lucen en cualquier parte- y con un precio de 320 euros que puede sonar alto si pensamos en una cafetera de goteo convencional, pero que a los apasionados del café -este es un hobby caro- seguro que no asusta.

Bastante voluminosa, hablamos de un modelo pensado para quienes prefieran el de filtro al expreso y, como siempre, dispuestos a invertir en buen café en grano. Si vamos a comprar el que sea del super, tostado hace siglos y a saber cómo, este tipo de cafetera no tiene ningún sentido.

Hechas las aclaraciones sobre usuarios y precio, lo confesamos: tras probarla durante unas semanas, es ahora mismo nuestra cafetera favorita para esos cafés largos de la mañana donde lo que queremos es un café que se parezca más a una infusión en la que apreciar todos los matices del café que un chute de cafeína concentrada.

 

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Aquí se puede ver la cafetera en acción, la mejor forma de hacerse una idea aproximada de cómo funciona. La clave está en el molinillo integrado -hay una versión sin molinillo, la Melitta Epour, que cuesta 100 euros menos- y en el sistema de goteo del café, con un mecanismo móvil que reparte el agua por toda la superficie del café, imitando el movimiento que haríamos al verter el agua de forma manual.

Se pueden preparar hasta 10 tazas de café. El agua que vertemos en el depósito es lo que determina el resto de variables, puesto que se usará toda. Así que una vez elegida esa cantidad, hay que marcar en el molinillo el mismo número para que la cantidad de café sea la que toca.

Podemos elegir tres grados de molido, y otro menú permite seleccionar entre tres grados de intensidad de café. Además de estas variables, siempre podemos jugar con la cantidad engañando a la cafetera, indicándole molido para más o menos tazas de las que realmente hemos puesto de agua.

Además de usar un café en grano de calidad y fresco -tostado lo más recientemente posible- por supuesto la calidad del agua es básica. El depósito no incluye ningún sistema de filtro, así que mejor filtrarla, sobre todo si vivimos en una ciudad en la que la del grifo no tiene un sabor bueno.

Además del café, el único consumible son los típicos filtros de papel que usan muchas cafeteras de filtro. La marca recomienda usar unos específicos para esta gama pour over, con un precio de algo más de 3 euros por 40 filtros. Más allá de detalles técnicos -seguro que eso daría para otro máster, como casi todo en el mundo del café-, sí hemos notado que no tienen el clásico olor a papel que se aprecia en muchos filtros y que podría afectar al café.

¿Y el resultado? La verdad es que muy bien. Permite obtener lo mejor de unos buenos granos de café combinando tres claves: recién molido, control de la temperatura de agua de extracción -el punto flojo de las cafeteras de goteo más sencillas- y el original sistema de reparto del agua.

Y todo, además, de forma muy sencilla y asumible en el día a día. Que una cosa es el postureo cafetero y otra ponerte con la balanza, el termómetro y demás cada mañana para poder tomar una taza de café. La cafetera, por cierto, incluye una placa que mantiene el café caliente aunque, claro, el paso del tiempo va a afectando a su calidad y aroma.

La única pega es que, pese al bonito y aparente diseño, hay demasiado plástico en todos los componentes, lo que obliga a preguntarse qué tal envejecerá. La capacidad del molinillo también es limitada, pero en cierto modo eso es bueno para no dejar ahí medio kilo de café en grano y casi obligarnos a reponerlo cada mañana tras haberlo guardado en condiciones.

Si nuestra cocina no es muy grande, la inversión de espacio de encimera es considerable. ¿Se podría hacer esto mismo con un diseño vertical con molinillo integrado como vemos en otras cafeteras de goteo de Melitta? Ahí dejamos la idea.

Y respecto al precio, aunque esos más de 300 euros asustarán a quien busque una cafetera de goteo sin más, la suma de un molinillo casero de gama media y una buena cafetera de goteo ya supera esa cifra. De hecho, la famosa Moccamaster ronda los 250 euros sin molinillo y sin este sistema de extracción avanzado.

¿Preparado para pagar más por el café? Los precios alcanzan máximos históricos

En plena subida de precios de la gasolina y la electricidad -y del cristal, del papel, del transporte…- tenemos otra mala noticia: el café ha triplicado su precio en los últimos años, y en las últimas semanas ha alcanzado máximos históricos.

Los precios más altos de la última década, alertaba hace unos días Bloomberg mientras también hablaba de escasez y problemas de suministro. El clima, las malas cosechas y los costes más elevados de logística unidos a la especulación de esta materia prima -que cotiza en el mercado de futuros- se citan como las causas habituales de esta escalada de precios.

Algo que si no se ha notado ya en la taza o el supermercado, lógicamente acabará ocurriendo. Y es que con el café ocurre algo curioso.

Por un lado es uno de los productos que más margen de beneficio deja a la hostelería. Al menos eso dicen los productores de café, normalmente muy enfadados cuando un bar o cafetería racanea unos céntimos para poner café de peor calidad, no cuida el agua o el mantenimiento de la cafetera.

Y paralelamente, las diferencias de precio entre unos locales y otros pueden ser enormes. No hablamos solo de zonas o terrazas que cobran lo que quieren, sino que mientras en algunos sitios resisten con el café sobre el euro, en las cafeterías de especialidad es raro pagar menos de dos euros por cualquier café, al menos en las grandes ciudades.

Y pese a que el precio de la taza de café suele ser un tema sensible para muchas cafeterías y sus clientes habituales, todo hace pensar que quienes no hayan subido el precio tendrán que hacerlo en breve.

En las tiendas de café es algo que ya se ha notado para el cliente final -nuestro café en grano habitual ha pasado de 20 a 24 euros el kilo, por ejemplo-, y aunque las grandes marcas industriales juegan con más márgenes y stock, acabará repercutiendo también esta situación del mercado en el precio.

Ya hace unos años el máximo responsable de Illy daba la voz de alarma asegurando que, con el ritmo actual de consumo y producción, en 2040 nos quedaríamos sin café. Respecto al precio, hay poco que discutir: a 6 u 8 euros el kilo, ni el producto puede ser bueno ni, lo que es peor, se puede pensar en unas condiciones dignas para los productores.

Al final, llegamos al punto de siempre: ¿Llegará esta subida de precios también a quienes cultivan el café y lo recogen, o se perderá, como casi siempre, por el camino?

Reino Unido sin café: cómo el Brexit y la pandemia están dejando desabastecidas las cafeterías del país

¿Pero es para tanto como cuentan los periódicos? En efecto, nos confirma un amigo inglés que acaba de regresar de Reino Unido. Él, como tantos otros, es de los que voto no al Brexit y vivió horrorizado la victoria del sí, por si sirve para evitar esa media sonrisa casi automática que -reconozcámoslo- a muchos nos sale al escuchar las calamidades que está suponiendo para el país abandonar la Unión Europea.

El desabastecimiento afecta a la cadena de suministros de la industria y de los mercados, y es perceptible en casi cualquier sector. También a la hora de hacer la compra e incluso tomarse un café.

Pero es verdad que no solo ha sido el Brexit sino que, como explica The Guardian, se ha producido algo así como la tormenta perfecta. La pandemia mundial, la crisis climática e incluso los problemas en el transporte marítimo en el Canal de Suez han hecho que conseguir una taza de café en el Reino Unido se haya complicado un poco últimamente.

Para empezar, las malas cosechas de café unido al aumento de los costes de transporte han hecho que la materia prima marque precios máximos. ¿Y qué culpa tiene el Brexit? Pues mucha y en diversos puntos del tema.

Para empezar, la salida de muchos trabajadores extranjeros del país ha hecho que la falta de camioneros para transportar mercancía lleve semanas copando los titulares sobre la actualidad económica en Reino Unido.

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Adiós a las cápsulas de siempre. Probamos la nueva generación de cafeteras ‘Nespresso Vertuo’

En España somos de cafés largos y con leche. Guste o no a los puristas del café, es lo que hay. O lo que dicen los números y las encuestas. Posiblemente por eso, con el reinado de los cafés de cápsulas ocurre una cosa curiosa: más allá de las precisas instrucciones para preparar las diferentes variedades con un volumen determinado de agua, es más que habitual pasar de todo y prepararse el tazón de café de la mañana con una cápsula pensada para un expreso de 25 mililitros.

Esa podría ser una de las razones para explicar la llegada del nuevo sistema Vertuo de Nespresso, llamado a convivir con su sistema de cápsulas tradicionales y pensado, en cierto modo, para cafés más largos. Mucho más largos, porque el formato permite incluso preparar una jarra de más de medio litro de café.

¿El asalto definitivo a la cafetera italiana que sobrevivía a la hora del desayuno? ¿Un órdago a las cafeteras de goteo que para muchos son más cómodas cuando se trata de preparar café para varios o de llenar la taza sin miramientos? Seguro que también hay algo de eso.

Y, claro, una forma de estrenar un nuevo sistema de cápsulas en el que vuelven a estar solos, como en los primeros años de Nespresso cuando nadie se atrevía a hacer las ahora omnipresentes cápsulas compatibles.

Y es que Vertuo implica no solo nuevas cafeteras, sino también nuevas cápsulas que, además, incluyen un código para que la máquina la identifique y determine la preparación óptima. Y que, cabe suponer, complicará un poco el tema de la compatibilidad.

Por eso las nuevas cafeteras tienen un solo botón. Nada de formato largo y corto, nada de poder programar a medida el volumen de nuestro café porque ahora eso lo marca la cápsula. Hay diferentes variedades y cuatro tamaños para cafés expresos de 40 y 80 mililitros, largos de 130 o 230, y el de 535 mililitros.

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El café de especialidad más original: aromatizado con vermut

Café de especialidad y café con sabores parecen dos cosas a priori incompatibles. O al menos así nos lo han hecho entender los expertos en el tema, que ponen el grito en el cielo ante cafés con caramelo, siropes variados y su corona de nata.

Así que descubrir que unos conocidos y respetados tostadores de café de especialidad se habían animado a hacer uno de vermut fue toda una sorpresa.

“Como tostadores creemos que innovar y arriesgar forma parte de nuestra responsabilidad”, explica Alejandro Pascual, de Speciality, la compañía detrás de este invento y cuyo tostadero está en Huesca.

¿Y exactamente cómo se consigue darle al café aroma de vermut? Nos lo explica él mismo. “El café es nuestro Colombia Ecológico y Comercio Justo. El vermut es el de Bodegas Valdovinos, pues consideramos que su calidad y características eran las idóneas”.

El café verde se macera durante seis meses en toneles de roble de vermut a temperatura y humedad controladas, comenta. Después, se somete a un proceso totalmente natural -no pueden dar más detalles, puntualiza- y finalmente se tuesta con un perfil especialmente diseñado.

El resultado es bastante sorprendente. Lo preparamos en cafetera de prensa (francesa) y, en nariz, la sensación de alcohol y la presencia de vermut es evidente. Al probarlo es bastante más suave, aunque gana mucho en frío.

De hecho, sus creadores recomiendan consumirlo con hielo o prepararlo como cold brew. En cualquier caso, siempre con algún método que permita infusionar el café para extraer todo el potencial y aromas.

“Es cierto que no es un café de consumo diario ni mucho menos, pero igual que reservas una botella de vermú para esas comidas más especiales, o un buen vino, este café puede ser algo especial”, nos explica Pascual.

¿Y qué dirán los puristas de este invento? “Respetamos a los puristas y también a los muy puristas. Respetamos a todos los consumidores de café. Simplemente es una propuesta disponible para aquel que quiera probarla y disfrutarla”.

De momento, nos adelantan que ya están pensando en más variedades con esta fórmula de cafés aromatizados, y este de vermut está teniendo una buena acogida. Disponible en formato de 125 o 250 gramos y tanto en grano como molido para diferentes métodos de preparación, se puede comprar en su tienda online a partir de 3,4 euros.

El molinillo de café que ha recaudado dos millones de euros antes de salir a la venta

El molinillo de café ha pasado de ser un aparato relativamente habitual en los hogares a convertirse en poco menos que un artilugio de lujo reservado a los muy amantes del café.

Es verdad que los sigue habiendo por pocos euros. Pero, curiosamente, ese Braun que forma parte de la infancia de muchos ahora se cotiza casi como pieza de colección y diseño. Los más actuales -manuales o eléctricos- y pensados para el mercado de café de especialidad, tampoco son especialmente baratos.

Pero es evidente que hay un público para ello. Y la prueba es que este molinillo de café que cuesta 250 euros en su oferta de lanzamiento ha conseguido recaudar casi dos millones de dólares en una de esas campañas de micromecenazgo que tanto se estilan.

¿Y qué tiene de especial este molinillo Arco? En realidad, son dos: uno eléctrico y otro manual, aunque también se puede adquirir solo el segundo por separado (125 euros, también como oferta de lanzamiento).

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Cómo hacer espuma de leche en casa (también con bebidas vegetales)

Seas de cápsulas, de cafetera italiana o de una cafetera expreso de las buenas, lo cierto es que espumar la leche antes de preparar un cortado, uno con leche o un capuccino, es siempre una gran idea.

No hace falta que vayamos a hacer viguerías latte art dibujando florecitas sobre el café: algo más de cremosidad y un poco de espuma hace que cualquier café gane en categoría y textura.

Hay infinidad de métodos y otros tantos aparatos para conseguirlo. Algunos, por cierto, bastante aparatosos y caros como para que resulten una opción interesante para casa. Vaya, que si tu espumador de leche cuesta casi tanto como tu cafetera, algo está fallando en el sistema.

Dejando a un lado la clásica batidora en miniatura con la que se puede conseguir algo de espuma con un poco de paciencia, o el sistema más manual de todos -bote bien cerrado y 30 segundos de meneo con garbo- nos vamos a quedar con dos que también se pueden usar con bebidas vegetales.

Y es que, guste o no, la denominada leche de avena -en realidad no es leche ni se puede llamar así– cada vez es más popular. Incluso en algunos lugares cuando se pide un café con leche ya se pregunta con qué tipo de leche. Lo que hasta ahora era la única opción posible -de vaca, claro- ahora es solo una más de la lista.

Si no tenemos en casa cafetera con vaporizador, la mejor opción es recurrir a una cafetera francesa. Es un viejo truco del que ya hablamos por aquí hace años pero que nos sigue pareciendo de lo más eficaz. Sí, ese artilugio que hay en casi todas las casas y que rara vez se usa para preparar té y nunca para café, resulta que es un espumador maravilloso.

Hacer espuma con bebidas vegetales es más complicado. La falta de grasa complica el proceso y solo la de soja -por la cantidad de proteína que contiene- consigue una textura similar a la leche vaporizada. Su sabor, eso sí, no convence demasiado a los cafeteros.

La de avena suele ser la alternativa más usada. Problema: cuesta mucho conseguir espumarla y, en todo caso, que la textura aguante mínimamente una vez servido el café. Por eso algunas marcas han lanzado al mercado alternativas de leche de avena pensando en los baristas. Queríamos probarlo, así que hemos usado la nueva Yosoy Avena Barista para ver qué tal.

¿Funciona? La verdad es que sí. El resultado no tiene nada que ver con la leche de avena convencional si se trata de conseguir espumar esta «leche» vegetal y darle más cremosidad.

Eso sí, hay que tener en cuenta que, más allá de la diferencia en el proceso de elaboración, la lista de ingredientes crece. Ya no es solo avena (15%) y agua como en la versión convencional, sino que esta incluye aceite de nabina, carbonato cálcico, fosfato tricálcico y sal marina. Ocurre exactamente lo mismo con otras marcas que también tienen versión «barista», como Oatly, que fue la primera en lanzarla.

Con vaporizador

El clásico vaporizador que suelen tener las cafeteras expreso -y cuyo sonido es parte de la banda sonora de los bares- es una alternativa estupenda. Pero es verdad que hace falta algo de práctica para conseguir resultados pasables.

Tres claves muy sencillas: usar mejor leche entera que desnatada, trabajar con leche fría y controlar la temperatura para que la leche no llegue a hervir. Por eso es importante partir de una temperatura fría, para tener algo más de margen al conseguir la espuma sin calentar en exceso la leche.

Lo ideal sería no pasar de 40 grados, aunque lógicamente es complicado controlar esto a ojo y tampoco es plan de añadir a la lista de trastos un termómetro. Tocar la jarra y comprobar que está caliente pero que no nos llega a quemar puede ser un buen truco.

¿Pero necesitamos una jarrita metálica o es simple postureo? No es indispensable, pero la verdad es que es más fácil trabajar con ella y conseguir resultados aparentes de forma más rápida que con otro recipiente. Cuestan unos 10 euros, así que tampoco supone un gran gasto.

Con bebida de avena ocurre exactamente lo mismo: mejor fría de la nevera, y ojo con pasarse con la temperatura. Desde Yosoy nos recomiendan no pasar de los 65 grados mientras intentamos espumar la leche.

Leche o bebida vegetal, en ambos casos, la clave es conseguir pequeñas burbujas de aire que aporten esa textura cremosa. Para ello, hay que inclinar un poco la jarra y colocar la salida de vapor cerca del borde de la leche. Lo justo para que se cree una pequeña corriente que vaya generando espuma, pero no tanto como para que haya burbujas grandes. Son muy aparentes a primera vista, pero duran solo unos segundos y no aportan cremosidad.

Con algo de práctica podremos conseguir resultados bastante buenos. Lo de dibujar la florecita de turno mientras vertemos la leche, por ahora nos queda lejos, pero los cafés en casa han ganado bastante últimamente.

Las cápsulas de café de los años 70 que se han convertido en las más sostenibles del mercado

Las cápsulas de café que han monopolizado este mercado y puesto en peligro el futuro de las cafeteras de toda la vida parecen un invento relativamente moderno, pero en realidad, antes de las que ahora se han convertido en estándar, ya había otro estándar de cápsulas: ESE (Easy Serve Espresso).

Más que de cápsulas, en este caso hay que hablar de monodosis. Inventadas por Illy en los años 70 pero planteado como un sistema abierto al que luego se sumaron otras marcas italianas com Lavazza, casi 40 años después, este formato de café se reivindica como uno de los más sostenibles del mercado.

La razón es muy sencilla: es totalmente compostable. Aquí no hay cápsula de plástico o metal ni se hace necesario un proceso de separación de los restos del café y reciclaje de la cápsula. Así lo reivindica Illy, que parece dispuesta a relanzar en el mercado doméstico estas monodosis.

En realidad, nunca han llegado a desaparecer y siempre han tenido una presencia discreta en el mercado profesional y de hostelería. Pero es verdad que la competencia es dura. Empezando por la enorme variedad de cápsulas Nespresso y de terceras marcas para este formato, así que como la popularización de cafeteras que las utilizan. Incluso Illy dispone de café en cápsulas compatibles y un formato propio –Iperespresso– que probamos hace ya años, pero que sigue siendo muy minoritario.

En este caso, solo hay cuatro variedades de monodosis (tueste natural, intenso, largo y descafeinado) y con un precio de 46 céntimos por café, que lo sitúa un poco por encima de las oficiales Nespresso para su sistema. El café es de variedad arábica y el resultado es bueno, teniendo en cuenta la rapidez y comodidad, que es lo que prima en estos casos.

Más pensada para cafés expresos cortos -como mandan los cánones- que para hacer viguerías con leche, cada una de estas monodosis viene envuelta en un envase de plástico. Algo que no parece muy compatible con el discurso de la sostenibilidad, pero es verdad que al no tratarse de un recipiente hermético como en el caso de las cápsulas sería difícil mantener el café en perfecto estado. En cualquier caso, algo claramente a revisar y mejorar.

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55 euros por una taza de café. El café más caro del mundo se sirve en este local de Londres

Quienes quieran llevar lo del café de especialidad a otro nivel, tienen en la cafetería Queens of Mayfair de Londres su nueva meca. Y es que este local sirve el que ahora mismo presume de ser el café más caro del mundo, que superó los 400 dólares el kilo en una subasta realizada tras una cata a ciegas en el certamen Cup of Excellence.

Para hacerse una idea, un café normal de supermercado anda entre los 5 y 15 euros el kilo, mientras que el café de especialidad suele moverse entre los 20 y 40 euros el kilo. Es decir, estamos hablando de un café 10 veces más caro que un muy buen café de especialidad.

La citada cafetería de este exclusivo barrio londinense fue una de las pocas en conseguir una partida de este café . Y el resultado ha sido, claro, tazas de café a más de 50 euros, lo que las convierte, con permiso de algún turista despistado en una terraza de las Ramblas en sus buenos años o en la Plaza de San Marcos en Venecia, en el café más caro del mundo. Y, por suerte, en este caso no ha tenido que pasar por el estómago de ningún animal.

Si eso es o no un tema del que presumir sería muy discutible. Que es noticia y que hay un público dispuesto a pagar por ello está claro. Solo tienen 450 gramos disponibles, lo que a 15 gramos la taza da exactamente para 30 raciones de este exclusivo café.

Cuando hace un par de días un periodista de The Guardian quiso probarlo, le aseguraron que solo quedaban dos raciones más y que para reservar una de ellas había que pagar un adelanto.

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