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Lecciones de filosofía alrededor del vino

FilosofiadelvinoEn el inicio no fue el verbo, fue la boca. Esta es la primera lección que se aprende gracias al ensayo de Béla Hamvas, La filosofía del vino. Con la boca se alimenta y se aprende, decía Novalis. Con la boca se habla, se besa y se alimenta. Con la boca se hace física y metafísica. Y con el vino, incluso religión.

Hacer filosofía es hacer conceptos, decía Gilles Deleuze. Y La filosofía del vino de Béla Hamvas hace precisamente eso: crea nuevos modos de pensar sobre el vino y gracias a él. Que nadie se confunda, éste es un libro de filosofía, pero también es un libro imaginativo y humorístico.

“Malditos ateos, el vino es una religión”, defiende Hamvas. Tal vez la única que merezca ser amada, rezada y bebida. La religión del vino, la de Saturno, la de los melancólicos y los genios, la de Dionisios, la de las máscaras y los rostros…

Hombres de religión frente a la razón abstracta. Hombres que carecen de corazón y sólo tienen rostro. De eso hablaba también Nietzsche en el Zaratrusta y de eso -de la metafísica del vino- se habla en este tratado. El vino te da las máscaras, el corazón, la pasión y el amor por la vida.

El vino es también física, claro. Hay países de vino y otros de aguardiente, cosa de bárbaros. Hay vinos llanos, de montaña y criados junto al agua. Los hay de rubios y morenos, masculinos y femeninos, vinos que son sopranos, contraltos, tenores o bajos. Los hay místicos, lógicos, visuales y acústicos. Los hay holgazanes, coquetos, locuaces y trágicos.

La vida entera son cambios. Son diferentes vidas, nuevos conceptos, son nuevos “tú” y “yo”. Por eso hace falta algo más para comprenderla y cambiarla constantemente en un ejercicio de gimnasia casi revolucionaria. Tu triste vida diaria -se defiende con pasión en estas páginas- solo será menos triste si vas más allá de la física. Y es ahí donde, de nuevo, el vino se convierte en la herramienta necesaria para esos cambios. Pero no es en pos de la embriaguez, sino en busca de la experiencia hedonista.

La comida se debe ajustar al vino y no al revés, como ya decía Kingsley Amis en Sobrebeber. Lo contrario es cosa de ateos, porque es el vino el que da el alma; la comida sólo alimenta, reivindica Hamvas. Así que no teman los que hayan llegado hasta aquí entre bostezos filosóficos, que en estas páginas que tenemos entre manos también se habla de qué platos pueden tener el honor de acompañar a qué vinos. O en qué situaciones y en qué vida -ya hemos dicho que hay muchas- se debe optar por una u otra botella.

Y hasta aquí puedo escribir. El resto deberás leerlo, ateo de razón abstracta.