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El bar con “tiempos de consumición”: 15 minutos para un café, 25 para una caña


Dos frases se repitieron mucho a lo largo de 2020: que saldríamos mejores del confinamiento y que había que salvar la hostelería. La primera es poco más que un chiste a estas alturas. La segunda ha acabado generando alguna que otra duda entre quienes se preguntan si cierta hostelería merece ser salvada.

Por ejemplo, en aquellos meses de aforos reducidos y terrazas muy cotizadas, se popularizó lo de marcar un tiempo por cliente. Tenía cierta lógica dadas las circunstancias, así que poco que reprochar. Algunos mantuvieron en aquellos tiempos de interiores cerrados los de “suplemento terraza 10%”, pero venga, vale, hagamos como que no nos enteramos y todo vale.

El problema es cuando ciertas licencias de tiempo extraños se mantienen pasada -más o menos- la excepcionalidad. ¿Puede un establecimiento delimitar el tiempo que unos clientes puedes ocupar una mesa en función de lo que consumen? No hablamos de sobremesas que se alargan hasta las siete de la tarde o cafés que se convierten en partida de 5 horas, sino de un cartel con tiempos establecidos para café, caña o bocata.

Pues bien, tal cosa existe. Tal vez en muchos sitios, pero el otro día descubrimos a partir de Twitter que un bar de Bilbao aplica este singular sistema. Unas pegatinas en las mesas de su concurrida terraza en la zona deLedesma informan de que si te tomas un café no deberías tardar más de 15 minutos, y que para una caña el plazo se alarga hasta los 25.

¿Una pegatina olvidada de las primeras fases de salida del confinamiento? Ha pasado más de un año, así que no tendría mucho sentido. Tampoco -lo hemos confirmado- es una foto de aquellos tiempos, sino de hace solo un par de días.

Es verdad que no sabemos si la advertencia tiene vertiente práctica y alguien, cronómetro en mano, viene a dar el alto transcurrido el plazo indicado, pero el cartel en cuestión es de esos que quitan las ganas de sentarse.

Más, por cierto, en un sitio como Bilbao, donde precisamente lo que se estila no es apalancarse dos horas con una caña en una terraza. Alguno habrá, claro, pero no es lo habitual entre la clientela, más dada al denominado poteo -de bar en bar tomando algo en cada uno- que a echar la tarde con un café o una caña en una mesa.

En cualquier caso una pésima idea. Frente a la hostelería que había que salvar, una que directamente quita las ganas de acercarse.

El recetario del Ministerio de Consumo vuelve a enfadar a los de siempre


Algunos se refieren a él como “el recetario de Alberto Garzón”. Una pista de que, en realidad, da igual el contenido, porque si el Ministro de Consumo tiene algo que ver, seguro que está mal. El chiste ese de que si Garzón recomienda respirar algunos abogarían por la apnea, pero hecho realidad.

El caso es que el Ministerio de Consumo ha lanzado un libro con 40 recetas saludables, sencillas y económicas. Si alguien hace casos a lo que se lee por Twitter, daría la sensación de que el propio Garzón se ha puesto el delantal para elaborar el este recetario. Pero, sorpresa, en realidad detrás del proyecto están la cocinera María José San Román y la nutricionista Marián García, más conocida en esta casa como la gran Boticaria García.

Aunque cabe suponer que algo sabrán las dos reconocidas autoras de cocina y salud, por lo visto eso no es suficiente para que algunos den el visto bueno a unas recetas donde las legumbres, las frutas y los vegetales mandan y, lógicamente, la presencia de la carne es casi simbólica.

De nuevo, criterios universalmente aceptados y reconocidos por organismos internacionales pero que, por lo visto, cuando se aplican en España se convierten por arte de magia en locuras sin sentido del comunista Garzón.

“Lejos de ser un mero repositorio de recetas healthy, esta herramienta nace con una marcada vocación divulgativa y pretende ir un paso más allá, incluyendo en cada receta dos consejos que contribuyan a la educación nutricional y a combatir la desinformación”, dice en sus primeras páginas este recetario. Insistimos, damos por hecho que muchos de los que lo critican no se han molestado en leerlo porque ya sabían de antemano que no les iba a gustar.

¿Qué pinta esa horterada del healthy?, se preguntarán algunos. Podemos comprar el argumento. También que se ve mucho kale y palabras de esas de carta de sitio moderno (poke…) y poco guiso tradicional. También que se recurre a legumbre cocida cuando lo realmente económico es comprar el paquete de kilo y cocer los garbanzos, alubias o lentejas en casa.

Pero, tal y como se explica, la idea es hacer recetas sencillas, pensadas para acabar con eso del “no tengo tiempo para cocinar”. ¿De verdad a alguien que opina así le vas a decir que ponga la olla con garbanzos?

Tanto colorido y tanta modernez también suponemos que responden a un enfoque atractivo con el que convencer a los chavales más reacios a hincarle el diente a verduras y legumbres de que con estos ingredientes se pueden preparar platos diferentes y vistosos.

Y tal vez -sea o no un error- a darle cierto empaque a esa cocina austera que siempre ha sido de puchero. Ya sabemos que quienes le ponen bien de caviar a los huevos fritos ahora lo reivindican mucho por aquello del producto, la tradición y tal vez el exotismo que para ellos supone unos garbanzos sin almejas. Aquello de que los obreros no pueden ir de crucero ni llamar -si les da la gana- llamar poke a su ensalada de arroz con pollo.

Pero vaya, que es verdad que algunos detalles patinan. Y que hay críticas certeras, necesarias y bien planteadas respecto a algunos precios no parecen cuadrar y otros elevarían demasiado el presupuesto familiar y se supone que esto también va de desigualdad.

Pero a estas alturas todos sabemos que la idea no va por ahí. Que muchos han sacado el cuchillo sin siquiera asomarse a la guía. Porque, igual que con aquello de los donuts que iban a prohibir, lo que cuenta es convertir la alimentación de los niños y algo tan serio como la obesidad infantil en un arma política. La comida y la gastronomía son política, ojo, siempre lo hemos defendido. Pero hay ciertos temas en los que se presupone el consenso y el sentido común.

Cuesta entender las críticas airadas, y lo ofendidos que algunos parecen sentirse ante unos garbanzos, una alubias con arroz, una crema de calabaza o un ramen. Ah, que tenían que haberlo llamado sopa o cocido, claro. Que solo Daviz Muñoz puede hacer un cocido-ramen-Hong-Kong sin que nadie se enfade.

De hecho, lo más gracioso del asunto es que si algunos de esos mismos platos los firmara algún afamado cocinero, los mismos que llevan días criticando este recetario -y, por extensión, a sus autoras- estarían dando palmas en las redes sociales y alabando la audacia y genio creativo del chef de turno.

La famosa crema de cacao ‘real food’ no podrá anunciarse para niños por ser un alimento no saludable según la OMS


Los fans del movimiento realfooder y de su precursor Carlos Ríos no se tomaron nada bien que algunos compararan su nueva crema de cacao con productos como la Nocilla o la Nutella. Algo que, lógicamente, choca frontalmente con el argumento de venta de este producto: frente a los ultraprocesados, esto es una crema de cacao saludable.

La mayoría de nutricionistas discreparon con este mensaje, sobre todo cuando el propio Ríos animaba a tomarla a diario sin problema al estar elaborada con alimentos naturales y endulzada a base de castañas y dátiles.

Algo que no parece cuadrar con los criterios legales. De hecho, la futura ley sobre publicidad de alimentos para niños parece que va a poner en aprietos el discurso oficial de esta crema de cacao.

Y es que, como ya adelantó en su momento Juan Revenga –muy interesante este hilo–  la crema de cacao de Carlos Ríos estaría englobada en la categoría 1, según la OMS, que engloba los alimentos no saludables y que, por tanto, estaría afectada por la ley sobre publicidad de alimentos para menores.

Curiosamente, hace poco Carlos Ríos celebraba la iniciativa del Ministerio de Consumo de regular la publicidad de alimentos para niños. ¿No había pensado que su propia crema podría verse afectada? Puede ser pero, optimistas que somos, preferimos creer que no entra en los planes realfoodistas plantear su crema de cacao como un buen alimento para niños.

‘Plátano del volcán’: una nueva etiqueta para identificar los plátanos de La Palma

Si a esta alturas ya hemos aprendido a buscar la etiqueta de Plátano de Canarias en la frutería para distinguirlos de las bananas -el precio también suele dar una pista, cierto-, a partir de ahora habrá que acostumbrarse a una nueva etiqueta.

Y es que la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias (ASPROCAN) ha presentado una nueva pegatina de color negro y con una imagen de un volcán que identificará los plátanos de la isla de La Palma.

Según explican sus responsables, además de apoyar a los productores del lugar afectado por la erupción, el objetivo es hacer que el consumidor entienda que algunos de los plátanos pueden tener imperfecciones externas a causa de la ceniza pero que, en ningún caso, afectará a la calidad y sabor de esta fruta.

¿De verdad a estas alturas hace falta recordar que el aspecto exterior de la fruta es totalmente secundario? ¿Que cada día toneladas acaban en la basura porque nos han hecho creer que si un alimento no es como los de Instagram no nos sirve? ¿No había quedado claro, lo decía Arguiñano hace años, que el plátano con pintitas era el bueno porque es el de Canarias?

Tal vez, pero si esta nueva etiqueta ayuda a recordarlo, bienvenida sea. También a echar una mano a productores -esperemos que eso incluya no solo a dueños de las fincas, sino también a los trabajadores- que se han visto afectados por la erupción.

Según los datos de ASPROCAN, algo que incluye a casi todas las plantaciones de plátanos de la isla porque incluso las que no han sido arrasadas por la lava, también se han visto dañadas por las cenizas.

Así que momento de apostar, más que nunca, por los platos de Canarias y, sobre todo, de La Palma.

Chuletas a 1.700 euros, cocineros a 14 €/hora: ¿Subir precios mejora las condiciones laborales en la hostelería?

En poco tiempo, Nusret London se ha ganado fama de ser uno de los restaurantes con los tickets más abultados de Londres. Algo que tiene mucho mérito para un steakhouse en una ciudad donde comer con mantel y vino siempre es bastante caro.

Pero aquí hablamos, claro, del restaurante del famoso Salt Bae y de una carta en la que el Tomahawk (un caro y gigantesco corte de carne) con oro sale por unos 1.700 euros. ¿Y cuánto cobran los trabajadores de este carísimo restaurante de moda? Una reciente oferta para el puesto de cocinero jefe de partida ha permitido saber que el salario anda sobre los 14 euros la hora.

Por contextualizar la cifra, según diferentes estudios del mercado laboral en Reino Unido, un trabajador de McDonalds en Londres anda sobre las 9 libras la hora, lo que confirmaría que las 12 libras la hora que ofrecen en Nusret London son un poco justas.

O un chiste de mal gusto si se mira la lista de precios y se comprueba que, con el salario de una hora, un cocinero podría pagarse solo un refresco de la carta del restaurante.

Mientras la prensa británica critica una oferta de trabajo así en uno de los restaurantes más caros del país -para colmo, se habla de salario competitivo en la propuesta- es imposible no leer la noticia y pensar en lo que ocurre en España.

Estos días se ha vuelto a hablar mucho de condiciones de trabajo, sueldos y la actitud de algunos hosteleros que, al parecer, se sorprenden cuando los aspirantes a un puesto preguntan por su salario. El debate, no obstante, va más allá de este caso y, por fin, parece que el tema de las condiciones de trabajo en la hostelería es un asunto a tratar.

No sabemos si porque ya tocaba, porque falta personal o porque realmente hay gente dispuesta a cambiar las cosas en lo que respecta a horarios, sueldos y condiciones de trabajo en general. En las ferias de gastronomía todos dicen que es por esto último y nos gustaría pensar que es verdad.

El caso es que siempre que alguien menciona el tema, una de las respuestas recurrentes desde el mundo de la hostelería es que si queremos que los trabajadores de bares y restaurantes ganen más, habrá que pagar más en la cuenta.

Vaya, que parte de esa subida salarial la tendría que asumir el cliente para que los números sigan saliendo y los trabajadores puedan vivir un poco mejor. Al menos ese es el razonamiento de parte de la patronal hostelera y el mensaje que poco a poco va calando, mientras se recuerda que, en comparación a otros países europeos, comer y beber en España es relativamente barato.

La teoría está muy bien y seguro que hay clientes encantados de pagar más por el menú, el café o el ticket de un gastronómico si eso repercute en sueldo y condiciones de trabajo. El problema es que casos como este de Londres nos recuerdan que la regla de tres entre ticket y sueldo de los trabajadores no siempre funciona bien. Y que, en algunos casos, pagar más simplemente significará que el empresario gane más.

MasterChef, el programa de las mil polémicas

Hemos perdido la cuenta de ediciones de MasterChef. También de polémicas que, cada pocas semanas, salpican este programa que alguna vez llegamos a creer de cocina. Teniendo en cuenta la experiencia de quienes manejan el proyecto, los cuidados guiones, la selección de protagonistas y la maquinaria de marketing, uno empieza a creer que tanta polémica no puede ser casual, sino una herramienta más para que se hable de ellos. Aunque sea regular.

En esta última edición del Celebrity, el ritmo de líos parece haberse incrementado. Por supuesto, nada que ver con la elaboración de tal o cual plato, por una receta más o menos ajustada o por absolutamente nada que tenga algo que ver con la cocina. Por si a estas alturas queda algún despistado que cree que esto, sobre todo en la versión Celebrity, va de cocinar.

Tras lo del marisco gallego que no lo era o que estaba fuera de temporada -sinceramente, da pereza rebuscar los detalles- o el chiste sin gracia del centro gallego por el que ya han pedido disculpas, la penúltima polémica es algo más seria. En absoluto nueva, eso sí, porque combina dos clásicos de la casa: publicidad en un programa en el que se supone que no puede haberla, y hacerle la ola a discursos nutricionales con muy poca base científica.

El caso es ya bastante conocido: una exconcursante (Amelicious) ha montado una empresa de cremas macrobióticas y en el programa no dudaron en promocionar el invento y alabar sus supuestas virtudes.

Muy supuestas, porque no hay una sola evidencia científica que confirme las ventajas de este tipo de  dieta. Curiosamente, no es la primera vez que MasterChef tropieza con esta piedra macrobiótica porque en 2015 ya tuvieron un lío similar con la misma tontería.

Pero no es el único problema. ¿Se están promocionando unos purés ya preparados en un programa de cocina? Correcto. ¿Están haciendo publicidad en un programa de una cadena en la que en teoría no se puede hacer? Exacto.

Porque no hay que olvidar que MasterChef es un programa de una televisión pública. Por lo visto, con suficiente audiencia y poder como para sumar polémicas año tras año y con total impunidad.

De todos modos, puestos a ser abogados del diablo, es curioso leer sobre esta polémica en medios que normalmente no tienen reparo en hablar de dietas con nula base, alimentar modas antigluten o antilactosa sin ningún fundamento, o apuntarse a la última tontería del famoso de turno para perder esos kilitos, limpiar el organismo o lo que sea.

No, el gobierno no ha prohibido los dulces para niños

(Foto: GTres)

Es una gran noticia. No hay debate posible. Regular la publicidad de alimentos poco saludables para menores era una asignatura pendiente y el Ministerio de Consumo por fin ha tenido la valentía de ponerse manos a la obra con este asunto.

El tema es muy sencillo y, en realidad, todo el mundo lo entiende perfectamente: puedes seguir dando de comer a tu retoño lo que te de la gana, simplemente ahora las marcas tendrán unas normas específicas que regularán los mensajes que se pueden lanzar para menores de edad de alimentos poco saludables.

Y entre ellas figura algo tan lógico como prohibir la publicidad de dulces, snacks, bebidas azucaradas, zumos, helados y compañía para menores de 16 años. Los datos sobre el aumento de obesidad infantil son tan evidentes como la nula intención de la industria alimentaria de regularse por sí sola.

Así que la regulación de la publicidad no solo es necesaria, sino urgente. Así coinciden en señalarlo los nutricionistas que llevan años reclamando una medida similar.

Pese a todo ello y por surrealista que pueda parecer, hay gente a la que no le parece bien. O eso dicen. El fango político, por supuesto, tampoco tiene miramientos cuando se habla de algo tan serio como la alimentación infantil, y no dudan en utilizar cualquier asunto como arma arrojadiza.

Ocurrió con la carne y la historia se repite con esto. El tema es lo de menos, lo importante es atacar al ministro Garzón aunque para ello haya que defender la supuesta libertad que supone que tu hijo al encender la tele se coma un anuncio de Phoskitos.

Y aquí estamos, a finales de 2021 cuestionando lo obvio, con presidentas autonómicas intentando sacar tajada del asunto y la maquinaria de siempre intentando hacer calar la idea de que el gobierno ahora quiere prohibir los dulces para niños.

Lo peor de todo, y lo más peligroso -ese es el objetivo, claro-, es que al final la mentira acaba calando y más de uno llegará mañana al parque, con su bolsa de Risketos XL para el crío, diciendo que hasta esto nos quieren quitar.

Solo un apunte: ojalá esta regulación llegue también a Youtube, Twitch y demás redes sociales, donde muchos influencers no tienen reparo en vender a menores comida nada saludable. Ese melón también habrá que abrirlo en algún momento.

¿Cuánto tiempo pierdes en los pasillos del supermercado? Un estudio asegura que el 60% del total de la compra

Posiblemente la mayoría estamos convencidos de tener perfectamente controlado nuestro supermercado de cabecera y saber al milímetros donde está cada cosa. Tanto, que el día que recolocan un producto y hay que cambiar recorrido es casi un drama.

Esa es la teoría, pero la práctica y la realidad parecen distar bastante de esa idea instalada en nuestras cabezas como auténticos contrarrelojistas de la compra. Y es que según Cátedra ShopperLab -un proyecto de colaboración entre la Universidad Complutense de Madrid y Campofrío-, malgastamos el 60% del tiempo en el supermercado dando vueltas sin rumbo por los pasillos.

Aunque es sano y recomendable desconfiar de la mayoría de estudios, a estas alturas hay una cosa que podemos tener muy clara: nuestros movimientos a la hora de hacer la compra están estudiados al milímetros para que nada quede al azar. Ni en qué pasillo está cada producto, ni a que altura, ni el color del paquete ni la dichosa música que suena.

De hecho, la citada cátedra que ha presentado este estudio se especializa precisamente en esto: estudiar el comportamiento del consumidor durante la compra, medir sus reacciones ante diferentes estímulos o saber cómo se mueve su mirada en el estante.

En este sentido, el estudio confirma que somos un poco dispersos a la hora de echar un vistazo a la oferta de productos: mirados en zigzag y eso hace que a veces cueste encontrar algo a la primera y, sobre todo, que el 40% de lo que hay en el lineal pasa inadvertido.

Aunque sería interesante saber cómo afecta el crecimiento de las compras online a nuestra actitud cuando vamos a una tienda -¿con más calma a buscar algo concreto o, al contrario, sin tiempo que perder acostumbrados a encontrar todo a golpe de click?- este estudio presenta algún otro dato curioso.

Como por ejemplo que solo dedicamos 25 segundos a elegir un producto. Algo que quizás expliqué por qué los fabricantes lo tienen relativamente fácil a la hora de tomarnos el pelo con el etiquetado. Sencillamente es que no lo leemos. Lo de pararse a leer la lista de ingredientes o el origen de los productos es, sin duda, una asignatura pendiente para el consumidor.

Café añejado en barricas de ron, un caro capricho para los cafeteros que buscan algo diferente

Aunque para la mayoría la elección del café no vaya más allá del solo, cortado o con leche, existe un mundo paralelo que va más allá del llamado café de especialidad y se adentra en lo que podríamos bautizar como café de lujo. Ediciones limitadas, orígenes muy codiciados o procesos para darle un toque a los granos de café que, además de elevar su calidad o rareza, también multiplican notablemente su precio.

Si hace poco nos enterábamos que un local de Londres servía tazas de café a 55 euros, ahora hemos descubierto el nuevo y exclusivo café Bravío, que nos pilla mucho más cerca: se trata de una edición limitada de cafés La Mexicana -que presume de ser la tienda de café más antigua de Madrid- y que se vende a nada menos que 54 euros los 168 gramos.

¿Y qué tiene de exclusivo este café Bravío? Según nos explican los responsables de este histórico negocio, se trata de su particular manera de celebrar los 130 años de La Mexicana: un café gran reserva elaborado a partir de granos de café que se han añejado durante 3 meses en barricas de ron.

Que los amantes del carajillo no se animen demasiado porque, evidentemente, no se trata de granos de café con el alcohol ya incorporado. “El añejamiento del grano verde en barricas de ron del café arábica cambia la composición química del grano, otorgándole un aroma y sabor único, sin generar o transmitir trazas de alcohol sobre el producto final”, nos explican.

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La hamburguesa que te ayuda a mantener la “distancia social”

Ahora que todo el país está ya por lo menos en Fase 1, hay algo que seguramente ha quedado ya muy claro: lo de mantener la “distancia social” no es tan fácil.

Ya sea, como dicen algunos, por eso del carácter mediterráneo, por las ganas de calle y terrazas o simplemente porque las aceras son demasiado estrechas, lo de estar a dos metros unos de otros a veces se complica. Sobre todo en las primeras reuniones de familia y amigos después de dos meses sin vernos.

Pero en Burger King han tenido una ingeniosa idea para contribuir a que la gente respete esa distancia de seguridad y se quite la manía de pegarse en la cola de la panadería, al hacer deporte o simplemente al pasear: la cebolla.

Así que, tirando de humor, esta cadena de hamburgueserías ha lanzado en Italia su social distancing Whopper“, que incluye el triple de cebolla que la receta habitual. Nada como un buen aliento de cebolla para animar a que todo el mundo mantenga la suficiente distancia y el dichoso coronavirus nos de una tregua.

Una ingeniosa campaña de publicidad en uno de los países más golpeados por la pandemia pero que, más allá de la dosis de humor, es totalmente real: desde hace unos días, todos los establecimientos de Burger King en Italia han incluido en su menú esta versión tan especial de su famoso Whopper que hará las delicias de los amantes de la cebolla.