Archivo de la categoría ‘Vinos y bebidas varias’

6 tintos para quienes buscan algo diferente

Como diría cualquier coach de esos, de vez en cuanto hay que salirse de la dichosa zona de confort. Posiblemente no se refieren a vinos, pero vamos a utilizar esta idea tan de moda para hablar de tintos que resultarán interesantes para quienes buscan algo diferente.

No hablamos de ninguna rareza tipo vino picante o de colores. Simplemente de algunas referencias que además de estar ricas -eso es innegociable- tienen algún detalle curioso, son de alguna variedad o zona menos conocida o tienen ese punto que a uno le hace parar delante de la botella y querer probarla.

George Glass

Un tinto dulce de Lanzarote. La descripción ya es suficiente para entender que estamos ante un vino poco convencional. Y muy interesante. Se elabora con uva listán negro, que es asolada (los racimos ya recogidos se dejan al sol para empezar una suerte pasificación), lo que permite obtener este vino con un marcado dulzor natural pero un punto de acidez muy agradable al tomarlo.

Una rareza que bodegas El Grifo ha recuperado, poniéndole el nombre del escocés que en el siglo XVIII vivió en las islas y  en un libro publicado en 1765 ya hablaba de los primeros vinos de Lanzarote. La botella de 50 cl. cuesta unos 33 euros.

El Paisano de Tares

¿Tinto? Bueno, en realidad un vino de intenso color violeta que representa ese Bierzo más desenfadado y fresco. De hecho, lo de la etiqueta no es por hacerse los modernos porque desde la bodega Dominio de Tares invitan a beber este vino en porrón.

Una especie de vuelta a la tradición de la zona para celebrar los 20 años de esta casa. Se elabora con variedades de uvas tintas y blancas y la crianza se realiza en cubetos viejos de roble. Cuesta menos de 8 euros y la verdad es que está muy bueno.

Hermanos Lurton 2020

Al habla de vinos diferentes uno no piensa en Toro, una zona que se tiende a relacionar con vinos clásicos y de cierta potencia. En realidad ya hace tiempo que eso cambió, pero ya se sabe que cuesta mucho cambiar este tipo de estereotipos. Para quienes se animen a hacerlo, este Hermanos Lurton es un buen camino.

Elaborado íntegramente con uva tinta de toro el resultado es un tinto delicado, fresco, y sin madera, aunque el reposado con sus lías le da cierta estructura. La bodega hace tiempo que dispone de la certificación ecológica para sus viñedos, pero esta añada 2020 llega además sin sulfitos añadidos. Se puede encontrar por entre 12 y 14 euros.

Dehesa de Luna Graciano 2017

Desde La Roda (Albacete) llega este singular tinto ¿Qué tiene de particular Dehesa de Luna? La apuesta por un monovarietal con una uva, la graciano, muy popular en España -en Rioja y otras zonas- pero que no suele tener un papel tan protagonista.

El resultado es un vino intenso, con mucha personalidad y de esos que no dejan indiferente y que, mucho mejor que intentar describirlo con muchos adjetivos es abrir una botella y decidir si encaja o no con nuestros gustos. Su precio ronda los 17 euros.

El Porrón de Lara 

Un vino natural y de Ribera que se aleja de lo que normalmente esperamos al escuchar esas dos palabras. Así podríamos definir El Porrón de Lara, sin duda el vino más singular de la bodega burgalesa Finca Torremilanos.

Ecológico, biodinámico, sin sulfitos, sin clarificar y sin filtrar, tras esa larga lista de certificados y sellos se encuentra un vino fresco, ligero (13 grados) y muy apetecible, que encaja perfectamente con esa tendencia de poca intervención y baja graduación. Anda sobre los 13 euros.

Ole de Aromas

¿Sabrías situar Manchuela en el mapa? ¿Conoces la uva bobal? Pues vamos a solucionar estos dos asuntos con la ayuda de uno de los vinos que elabora la bodega La Cepa de Pelayo en Albacete: Ole de Aromas.

Colorido en su etiqueta y nombre, es una buena pista de lo que espera en botella. Un tinto joven reconocido en su momento entre los más destacados del país en este categoría, y que apuesta por un perfil moderno, fácil de beber, y ligero (13,5 grados). Pero todo ello sin renunciar a la personalidad que marca las cestas viejas de bobal utilizadas para su elaboración. Cuesta unos 15 euros.

¿Qué son los vinos atlánticos? Estos son los mejores de 2021

Cada vez se escucha más hablar de los vinos atlánticos. A priori, un concepto que no parece necesitar mucha explicación: vinos hechos a orillas del Atlántico y que, en cierto modo, trasladan a la copa ese carácter marino, fresco y un punto ácido.

¿Hablamos entonces de vinos gallegos y portugueses? Toca repasar las lecciones de geografía y el mapa porque la región atlántica da para mucho más. Al menos eso es lo que explican desde Atlantic, un concurso internacional dedicado a este tipo de vinos y que ofrece una visión mucho más amplia de este concepto, tal y como puede verse en el mapa de regiones.

Y es que, evidentemente, también los vinos de Huelva y Cádiz entran en esta categoría. Y, evidentemente, los excelentes vinos de Canarias. ¿Hay algo más atlántico que eso?

De hecho, este certamen esta organizado por la DO Cangas. Y es que, claro, también los vinos asturianos responden perfectamente a ese concepto de atlántico. Y lo mismo los de Cantabria, los txakolis vascos, el sur de Francia y de Reino Unido… Y los de León, por supuesto, porque esto va más allá de tener costa atlántica, claro.

Quienes prefieran una definición canónica y de esas que pueden entrar en el examen, aquí va la que proponen los organizadores de este concurso y que resume bastante bien la idea: “Los vinos atlánticos son el resultado de una serie de inclemencias climatológicas que tras ser superadas dan como resultado vinos muy diferenciados, siendo su sello de identidad la elevada expresión aromática, son ligeros  y su peculiar acidez controlada establece un equilibrio perfecto entre cuerpo y frescura”.

Mientras lo vamos memorizando para la próxima vez que salga el tema en la mesa, vamos con lo realmente interesante: unos cuantos vinos atlánticos que merecen la pena.

O que, según los criterios del jurado de este concurso Atlantic, celebrado del 11 al 14 de septiembre, son los mejores de este 2021. Y no hablamos solo de blancos -que igual es lo primero en lo que uno piensa- sino también tintos, generosos e incluso algún espumoso. Esta es la lista completa:

  • Mejor Blanco Joven: Abeitxa 2019 de la Bodega Txa-Txabarri
  • Mejor Blanco Maduro: Abeitxa 2014 de la Bodega Txa-Txabarri
  • Mejor Blanco Envejecido: Firmo Godello
  • Mejor Rosado: Pardevalles Klaret
  • Mejor Tinto Joven: Prómine de Bodegas Petrón
  • Mejor Tinto Maduro:  Douma de Adega Pedralonga
  • Mejor Tinto Envejecido: Alan de Val Caíño Longo
  • Mejor Generoso: Justino’s Madeira Sercial 10 years old
  • Mejor Espumoso: Mar de Frades Brut Nature

‘Komvirra’, la kombucha que soñaba con ser cerveza

Se presenta como “la virra bien”. Sí, con “v”, porque en realidad no es birra, sino kombucha. Una muy especial porque, elaborada con lúpulo, su sabor quiere recordar a la cerveza y, de hecho, se presenta como una alternativa a tener en cuenta para quienes siempre andan buscando una sin alcohol o 0,0 con algo de gracia.

El invento es de Komvida, la compañía extremeña que lleva años fabricando esta bebida de té fermentado y que cada vez es más popular. Y, sin duda, el toque de cerveza puede funcionar muy bien en este sentido para todos aquellos a los que kombucha les sigue sonando como algo muy moderno o exótico que jamás se pedirían en la barra de un bar pero que a una especie de cerveza sin alcohol mirarían con otros ojos.

¿Pero está buena esta “no cerveza que sabe a birra”, según la propia descripción de sus creadoras? Acaba de llegar al mercado y ya hemos podido catarla para ver qué tal.

Y lo cierto es que recuerda más a una cerveza que al clásico sabor de la kombucha. El punto de acidez está presente y hace que, al primer sorbo, Komvirra casi pueda recordar más a una sidra que a otro bebida, pero después el aroma y cierto gusto a lúpulo ayudan a situar el paladar y dar con los parecidos cerveceros.

Esa acidez un tanto marcada ayuda a que resulte muy refrescante y, por suerte, nada dulzona. Algo que pasa con algunas kombuchas saborizadas y que, en su empeño por tapar el natural punto avinagrado de la fermentación, se pasan de frenada con la cantidad de azúcar.

Hecha con té verde y lúpulo ecológico, tampoco falta el clásico mensaje saludable en su ficha de presentación, donde se destaca que solo tiene 5 calorías. Pero a estas alturas ya sabemos que no existen bebidas saludables más allá del agua, así que mejor beberla pensando que está rica y que puede ser una opción interesante y sin alcohol.

Y, realmente, una alternativa muy interesante y más rica que la mayoría de cervezas sin alcohol. También algo más cara (unos 2 euros por botella de 250 ml), al menos si se compara con las cervezas industriales o incluso alguna artesana.

Vinos blancos para viajar este verano

(Foto: Aitor Aulestiarte para Bodegas Itsasmendi)

Los blancos, como las bicicletas, son para el verano. Nada de eso. A estas alturas ya hemos aprendido que más allá de la postal de terraza, calor y una copa de blanco ligero y fresco, estos vinos no solo son compatibles con más platos de los que tradicionalmente nos han contado, sino que apetecen todo el año.

Hecha, una vez más, la pertinente aclaración enológica, se nos ha ocurrido emprender un viaje este verano a través de unas cuantas bodegas repartidas por todo el país y que elaboran blancos de lo más interesantes. Del Cantábrico a Jerez, asomándonos al Mediterráneo y buscando el fresco en algunos casos, la intensidad en otros o simplemente la curiosidad.

Tussio 2020

Si lo de los vinos atlánticos se escucha mucho, la idea de vinos cantábricos es algo más original. Y así es como se define este Tussio 2020 de la bodega cantaba Miradorio. Acidez marcada y mucho carácter de la mano de una combinación singular: hondarribi zuri (la uva del txakoli) y albariño. Perfecto para quienes buscan mucho frescor. Cuesta unos 9 euros.

Itsamendi Artizar

Nos quedamos cerca, en Bizkaia, para hacer parada en la bodega Itsasmendi. Una de las casas de referencia cuando se habla de buen txakoli y que con este Artizar 2016 juega a algo por ahora poco conocido: darle complejidad a un vino tradicionalmente sencillo pero que en los últimos años ha ido ganando muchos puntos. La crianza sobre lías le da entidad y le permite envejecer hasta convertirlo no solo en uno de los mejores txakolis que hemos podido probar, sino también en un gran vino blanco. Cuesta, eso sí, unos 38 euros.

Finolis

Rumbo al sur para descubrir esta interesante rareza de la bodega Williams & Humbert: Finolis. Un nombre divertido y sugerente para un blanco que sueña con ser fino, pero en realidad es un vino tranquilo -es decir, no es un generoso, no se le ha añadido alcohol- pero que tiene crianza bajo velo de flor. Se elabora con uva palomino sobremadurada y luego asoleada, lo que permite elevar la graduación hasta más de 14º. Añada 2016 y saca de 2021 en esta edición limitada para amantes de vinos diferentes. La botella de medio litro sale por unos 20 euros.

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Chocorrezno, el chocolate con torreznos de Soria existe (y tenemos muchas ganas de probarlo)

Nuestro radar de mezclas raras acaba de volverse loco al descubrir que desde hace unos días existe el chocolate con torreznos. Un invento de la firma El Beato que llega, claro, desde Soria, y que quiere llevar eso del dulce-salado a una nueva dimensión.

¿Pero cómo es posible que esto no existiera antes? Porque, por mucho que la mezcla pueda parecer una aberración a alguno, pensándolo bien tiene toda la lógica.

No solo por aquello de que si combinas dos cosas ricas sale una tercera buenísima -a veces funciona regular, cierto- sino porque lo de mezclar chocolate con sal y aceite es muy viejo. Y un postre delicioso que se mantiene en muchos lugares.

Pero esto es grasa de cerdo, cierto. Como la manteca que se ha usado de toda la vida en repostería o los chicharrones que, por ejemplo, se estilan tanto en la coca catalana.

Además, ya hemos visto cosas similares: el turrón con patatas fritas que las Navidades pasadas escandalizaba a quienes no lo habían probado -estaba bueno, la verdad- o incluso el chocolate con morcilla que hace años pensaron en Burgos y que tampoco está nada mal.

Según leemos, este nuevo chocolate de torreznos es fruto de un largo trabajo de investigación para poder integrar ambos ingredientes. Y las primeras pruebas -explican sus responsables- han sido un éxito en Soria, así que ahora el plan es llegar a todo el mercado nacional.

Los fans de los torreznos y el chocolate seguro que están dispuestos a darle una oportunidad. Por ahora, ya se puede comprar online en versión de chocolate negro o con leche y con un precio de unos 4 euros la tableta.

¿Inventazo o guarrindongada? Nosotros lo tenemos claro.

Nuestro primer vino en lata. ¿Tiene sentido este formato?

España no es sólo uno de los mayores productores de vino del mundo, también un mercado muy particular. Bebemos menos vino del que creemos, estamos muy mal -o bien- acostumbrados a vinos de calidad a un precio muy ajustado y, en general, las innovaciones en este sector se miran con bastante desconfianza.

Así que si lo de sustituir el corcho de verdad por plástico -no digamos ya por rosca- sigue sin convencer, poner sobre la mesa una lata de vino nos sigue pareciendo una auténtica marcianada. Algo, en todo caso, reservado para turistas despistados, vinos de dudosa calidad y, en fin, para ese tipo de salvajes que serían capaces de ponerle hielo al vino blanco o rosado.

En realidad el vino en lata hace mucho que existe y está más o menos normalizado en otros países. Por aquí, cada vez que alguien se anima con este formato lo hace hablando de revolución, nuevos momentos de consumo, llegar a un público más joven…

La teoría y el marketing están muy bien. Pero el caso es que a estas alturas todavía no nos habíamos animado a probar un vino en lata. Poco sospechosos de puristas -al arroz le echamos cosas y ya hemos probado formatos diferentes de vinos– es verdad que la lata se nos resistía.

Así que unas muestras gentileza de Zeena -una marca española que está apostando fuerte por el vino en lata- fueron la excusa perfecta para hacer los deberes y probar de una vez el vino en lata. Tinto, blanco y rosado a la nevera y a ver qué tal.

Empezamos por lo bueno: los tres vinos son muy correctos. Especialmente el tinto, que bien fresco es uno de esos vinos jóvenes, suaves y fáciles de beber con todo.

El tamaño de las latas (200 o 250 ml) también es una gran idea: es la medida perfecta de una copa un poco generosa o de un par de copas un poco justas.

¿Pero qué vinos son? ¿De dónde vienen? ¿Qué uva? Aquí el marketing vuelve a mandar, porque aunque la información está disponible (garnacha blanca y tinta de la zona de Tarragona) tienen más protagonismo otros mensajes, como que es un vino orgánico (es decir, ecológico) y vegano. Se supone que al potencial comprador le interesa más estos datos que los habituales en el mundo del vino.

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Cuatro vermuts diferentes para probar este verano

A ver lo que dura la moda del vermut, llevan años repitiendo algunos. Efectivamente, hace mucho que se habla de ella y aquí seguimos, descubriendo nuevos vermuts que no paran de asomarse a los escaparates y a la hora del aperitivo para reivindicar una bebida que, más allá de modas, siempre ha estado por ahí.

Resulta complicado llevar la cuenta de todas las nuevas referencias, pero hemos seleccionado cuatro relativamente recientes y que nos han parecido interesantes y diferentes.

Dos Déus DIP

Tras recordarnos hace un tiempo que el vermut también se puede tomar caliente y que es una estupenda idea para el invierno, ahora Dos Déus llega con un vermut ahumado. ¿El vermut que sueña con ser un whisky? Ese podría ser un buen titular, porque en realidad en su elaboración se combinan guiños a la elaboración del whisky escocés, pero también al bourbon de Tennessee.

El ahumado de las hierbas utilizadas en la maceración así como el envejecimiento en barricas tostadas le confieren un carácter muy especial. Se trata de una edición limitada de poco más de 600 botellas. Y además con un nombre que rinde homenaje a un ser mitológico (Dip) de la zona de Tarragona donde se elabora. Un vermut singular y misterioso para las noches de verano.

Cuppedia

Tal y como ocurre con muchos de sus vinos, a veces lo clásico puede ser lo más revolucionario. Así que, en tiempos de nombres ingeniosos y etiquetas con muchos colorines, Bodegas Riojanas lanza su primer vermut abanderando sobriedad. Y un diseño de botella tan clásico y sencillo como bonito.

Un vermut riojano que reivindica su elaboración artesanal y en el que raíces, cortezas, flores y también cítricos y amargos se maceran con los vinos de la casa para conseguir un vermut equilibrado y clásico.

Seagram’s Vermouth

Y hablando de botellas icónicas, la de la ginebra Seagrams ahora sirve también para presentar el primer vermut de esta firma. Con un amargor muy bien equilibrado y un precioso color caoba, los toque cítricos lo hacen especialmente fresco.

Aunque lo natural es pensar en él como un ingrediente estupendo de coctelería -la marca, la botella…-, solo y con hielo está estupendo. En realidad, el perfect serve que propone la marca para este vermouth con carácter americano es algo más sofisticado: con zumo de pomelo y una rodaja también de pomelo.

El Bandarra al Fresco

La última gamberrada de esta casa -creadores del genial Primabuela Sound– es Bandarra al Fresco, un aperitivo pensado para tomar con bien de hielo, un poco de naranja y tónica. Concretamente, dos partes de tónica por una de esta bebida, bastante densa y dulce, pero que la tónica se encarga de moderar con su amargor para hacerla más fresca.

Vaya, que una botella cunde mucho para animar los aperitivos veraniegos. No es un vermut, sino un bitter pensado para servir combinado, lo que rebaja considerablemente su graduación original (14,5%, es decir, no llega a los 15 mínimos que requiere el vermut) para que sea más fácil de beber con estos calores. Pese a ello, ojo, porque es de esas bebidas que en vaso ancho y generoso entra muy bien.

Putin cabrea a los franceses: el champán tendrá que ser etiquetado como “vino espumoso” en Rusia

Pocos productos se han encargado de proteger tanto su denominación como el champán francés. De hecho, sobra el gentilicio porque solo el producido en la región francesa de Champagne puede usar ese nombre. No hay margen para jugar y, de hecho, cualquier intento de lanzar algo con un nombre medianamente parecido tiene muchas posibilidades de acabar en los tribunales.

Algo que, por lo visto, no cuenta para Vladimir Putin. Y es que el presidente ruso, en un movimiento que solo puede ser calificado como provocación, ha dado luz verde a una ley que obligará a etiquetar como “vino espumoso” todos los vinos de este tipo producidos fuera de Rusia y que quieran ser vendidos en el país.

Algo que, como era de esperar, ha sido calificado como escandaloso por los productores franceses. Y es que no solo sus botellas tendrán que llevar esta etiqueta, sino que el término popular Shampanskoye, usado en Rusia para este tipo de bebidas con burbujas, quedará limitado exclusivamente a los productores nacionales.

Es decir, a partir de ahora, el champán en Rusia será el que se hace allí, mientras que el resto serán simplemente vinos espumosos. Lejos de tratarse de una simple ocurrencia de Putin o la excusa para iniciar alguna guerra comercial con otros intereses, según explican en The Guardian, la razón puede ser tan sencilla como un gesto simpático del mandatario hacia su amigo Yuri Kovalchuk, dueño de importantes bodegas en la zona de Crimea.

Moët Hennessy, uno de los grandes grupos productores y distribuidores de varias marcas de champán (Veuve Clicquot, Ruinart o Dom Perignon, entre otros) ya anunció su intención de suspender las exportaciones a Rusia como respuesta a esta singular normativa.

Por su parte, el Shampanskoye es heredero del denominado “champán soviético” que durante décadas se popularizó en la URSS. Tras su disolución, diversas empresas privadas se hicieron con los derechos para seguir usando esta denominación para los vinos espumosos producidos en diferentes países de la extinta Unión Soviética.

Seis cervezas para refrescar los primeros calores del año

Por aquí somos muy de ir recopilando los vinos que hemos probado y que nos parecen interesantes y recomendables. Pero la verdad es que los primeros calores del año y ese verano que se asoma a la vuelta de la esquina hacen que una buena cerveza sea una alternativa estupenda.

En los últimos años la gama disponible ha crecido exponencialmente, tanto de pequeñas marcas que han despuntado en el mundo de las artesanas como de referencias de las grandes cerveceras que han hecho los deberes.

Así que hemos seleccionado media docena de cervezas con perfiles muy diferentes -unas de supermercado, otras que sólo se encuentran en algunas ciudades o más de tienda especializada- pero que tienen algo en común: tienen un punto diferente, están muy ricas, y maridan perfectamente con las ganas de terraza y verano que tenemos acumuladas.

La Sagra Primavera

Aunque llegamos derrapando a la temporada cervecera de primavera, despedirla con esta Sessión IPA de La Sagra es una gran idea. ¿Y qué es una session IPA?, se preguntará la mayoría. Básicamente, una IPA algo más ligera, fácil de beber y pensada para el verano. Vaya, nada de cerveza masticable, sino algo refrescante.

Tiene 4,5 grados, un toque floral muy agradable y es perfecta para cuando hay sed y calor, pero quieres algo diferente a la clásica caña.

Basqueland Zumo

Su nombre es una buena pista de lo que promete esta cerveza de Basqueland que, por cierto, acaba de cumplir cinco años. Y que -eso lo decimos nosotros- puede presumir de los nombres y etiquetas más bonitos del mercado en un sector donde sobran calaveras y cervezas para machote,s y faltan botellas y latas que apetezca beber a simple vista.

Aclarado este punto, Zumo es uno de las referencias más frutales y frescas de la casa. Una Hazy IPA -algo así como una IPA turbia, por no entrar en tecnicismos que importan al 0,00001% de los bebedores de cerveza- con un marcado carácter fresco y tropical. Se vende en formato de 440 ml que, la verdad, es estupendo para competir (algo más de dos quintos) o para disfrutar con calma.

San Miguel Yakima Valley

No es nueva, pero confesamos que acabamos de descubrirla. Y que nos ha gustado mucho. Otra IPA que usa como nombre uno de los lugares de referencia de los lúpulos que llegan de Estados Unidos. Tiene algo más de 6 grados, pero su carácter cítrico y floral hace que resulte muy agradable y fácil de beber, con un amargor fresco pero bien integrado.

Precio ajustado (menos de 1,5 euros en tienda) para una cerveza diferente pero fácil de beber y perfecta para asomarse al mundo de las IPA más veraniegas.

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Seis vinos perfectos para brindar y celebrar

Desde hace unas semanas hay cierto ambiente general de optimismo. La primavera, las vacunas, la sensación de que, ahora sí, es el principio del fin de la maldita pandemia han creado el clima perfecto para que den ganas de celebrar. Que ya iba tocando.

Con cautela y todo eso, claro. Pero no se nos ocurre mejor motivo para descorchar algo rico y brindar que ver cómo cada vez son más los familiares y amigos vacunados. Así que hemos seleccionado unos cuantos vinos que hemos tenido ocasión de probar recientemente y que son de esos que se guardan para una ocasión un poco especial.

An 2018

Nos gustan los vinos con los que se aprendan cosas. Y con esta An 2018 no sólo hemos descubierto que en Mallorca se hacen estupendos vinos, sino también unas cuantas variedades de uva que no conocíamos (callet,  fogoneu y manto negro) y que marcan la personalidad de un tinto muy particular y mediterráneo.

Este An es una de las referencias de la pequeña bodega Ànima Negra y donde las cepas viejas de calles juegan un papel destacado. Un vino intenso -que no fuerte, sus 13,5 grados confirman cierta frescura- diferente y muy arraigado a su tierra. Se puede encontrar por entre 35 y 40 euros la botella.

Malleolus 2018

Uno de esos vinos que son siempre una apuesta segura. Revolucionario en su momento por dejar a un lado la clasificación e crianzas, reservas y demás en Ribera del Duero este Malleolus de la bodega Emilio Moro sigue en plena forma más de 20 años después de aquella apuesta.

Clásico en tanto que ofrece lo que se espera de un gran tinto de Ribera (hay estructura y hay madera, pero muy bien integrada en el conjunto), esa elegancia no está reñida con un carácter muy vivo que lo hace más apetecible a la hora de beber y expresa como pocos el potencial de la tempranillo.

Anda sobre los 30 euros. La versión magnum por algo más del doble -esa es la que hemos podido probar- es sensacional si una botella se nos queda pequeña.

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