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Celebra el día de la tortilla de patata con una tan buena como la de tu madre

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El 9 de marzo es el día de la tortilla de patata. Una tradición que -nos chivan- tiene su origen en Fuenlabrada coincidiendo con Santa Juana pero que por lo visto comienza a cruzar fronteras. Aunque es verdad que eso de los “día de…” empieza a ser bastante cansino, lo cierto es que nos ha entrado un antojo instantáneo de tortilla. Pero no de una cualquiera, sino de la que todo el mundo coincide en señalar como la mejor del mundo: la que hace tu madre.

La tortilla de patata es la prueba definitiva de que hay muchas más que dos Españas. Con o sin cebolla; más pasada o con el huevo un poco líquido; con la patata cortada en dados o lisa… Ponerse de acuerdo sobre cuál de todas las posibles combinaciones es la mejor suena tan complicado como un pacto de gobierno, así que lo mejor será empezar por echar mano de los consejos maternales.

Problema: muchas veces no hay manera de entender las recetas  que dan las madres en la cocina, así que hemos rescatado de nuestra hemeroteca aquel primer capítulo dedicado precisamente a traducir las instrucciones que una madre daría a quien se enfrenta a sus primeras tortillas.

Porque manuales, tratados, ensayos y listas de consejos para hacer una buena tortilla hay muchos. Pero ésta es la guía definitiva para que cualquiera pueda hacer una tortilla de patatas tan buena como la de su madre. Bueno, igual hay que practicar un poco para conseguirlo, pero de momento aquí van las pistas básicas.

Las cantidades son uno de los primeros dilemas ante los que se encuentra el tortillero novato. Muy fácil: una patata grande o dos pequeñas por persona. Para los huevos calcularemos dos por persona, y a la suma total le añadiremos uno. Primera gran duda resuelta.

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¿Qué quiere decir tu madre con ‘eso tú ya lo ves’? Lección 9: gazpacho

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Septiembre se ha instalado en tu vida dándote una bofetada de realidad. Sin darte cuenta has dejado atrás los alegres días piscineros en el pueblo, los días de beber cañas como si no hubiera un mañana y de dormir siestas a horas a las que, en circunstancias normales, solo duermen ancianos, niños y las señoras que van de público al Sálvame Naranja.

Así te encuentras: charlando de camino al trabajo con tu Síndrome Post-vacacional y explicándole lo mucho que echas de menos el pueblo y la nevera llena de tu madre. Te lamentas porque ya no puedes decir aquello de: “Ya me ducho mañana que hoy me he bañado en la piscina y estoy limpio”. “¡Despierta iluso! ¡Reacciona! Esos días se han ido y tardarán en volver, es mejor que te hagas a la idea”, te contesta tu nuevo mejor amigo el Síndrome.

Pero te resistes, porque tú, en el fondo, eres un soñador, y mientras tengas la marca del bañador en tu piel y no se haga de noche antes de las 6, agosto vivirá en tu corazón. Así que, ya en casa, te dispones a preparar una de las recetas más veraniegas del universo conocido: el gazpacho. Pero no cualquier gazpacho, el de tu madre. Sabes que no será un camino fácil pero la recompensa lo merece. Has marcado, el teléfono da señal, un tono, dos tonos…

– ¿Dígame?

– Hola mamá, ¿cómo estás?

– ¡Ay hijo! He estado a punto de no cogerte, pensaba que eras de esos que quieren venderte cosas, ¿por qué me llamas de un número raro?

– Es el mío de siempre, mamá.

– ¿Y por qué no me sale? Seguro que tu padre ya me ha tocado algo, porque éste no se aclara con los “marfons”. ¡Si ni sabe lo que es el “Guasa”!

(Tú madre es muy moderna)

– No sé, mamá. Bueno, que yo te llamaba porque quiero hacer gazpacho.

– ¿Y para eso me llamas? Si eso es tan fácil que no necesita explicación. Coges tomate, pepino, un trozo de pimiento verde, pan que te haya sobrado de ayer, un diente de ajo, agua, aceite y vinagre. ¡Ah! Y un trocico de cebolla tierna. Tu tía Encarni no le echa porque ya sabes que ella tiene que ser distinta siempre, ¡pues menuda está hecha!

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Receta de verano: una ensaladilla rusa tan buena como la de tu madre

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La ensaladilla rusa no sólo es uno de los platos clásicos del verano, sino también una de esas recetas que cada cual prepara a su manera. De ahí que sea un tema de discusión perfecto para amenizar las sobremesas estivales: que si hay que echarle guisantes pero no de lata, que si aparto esos pimientos rojos de mi ensaladilla, pica más la patata, la mía sin zanahoria… Y así.

Pero, en el fondo, la mejor ensaladilla rusa es la que prepara tu madre. Y estás de suerte, porque no sólo tienes la receta -eso a veces tampoco sirve de mucho- sino que, hace ya tiempo, en La Gulateca publicamos la guía definitiva para poder descifrar ese lenguaje con el que tu progenitora habla de sus platos. Una serie de artículos en los que la ensaladilla rusa tiene, claro, un lugar destacado.

Por eso, además de recomendar la lectura de aquel divertido artículo, ahora recuperamos la receta en versión más práctica y reducida para que hoy mismo -¡ahora mismo!- te puedas poner manos a la obra y preparar una ensaladilla tan buena como la de tu madre. O casi. Y, si como nos tememos, esta receta no coincide con la de vuestra familia o con las instrucciones de la Santa Cofradía de la Ensaladilla, no dudéis en tirarnos de las orejas en los comentarios.

Ingredientes

  • 3 patatas grandes enteras
  • 2 zanahorias
  • 2 huevos
  • 1 bote de guisantes (pero de los buenos)
  • 2 latas de atún (el mejor que podamos comprar)
  • Aceitunas y pimientos del piquillo para decorar
  • 1 huevo, 1 vaso de aceite de girasol y vinagre para la mahonesa

Preparación

La ensaladilla rusa es un plato muy fácil de preparar. De hecho, la única complicación está en la mahonesa pero, ya puestos, hemos decidido hacerla casera. Si usas de bote no se lo diremos a nadie -bueno sí- pero con la hecha en casa la ensaladilla gana muchos puntos. ¡Y lo que vamos a poder presumir, además!

Lo primero, ponemos a cocer las patatas sin pelar y las zanahorias en una cazuela con agua y sal. En unos 20 minutos aproximadamente estarán, pero mejor probar con un cuchillo que no estén muy duras. Mientras tanto, en otra cazuela cocemos los dos huevos. 10 minutos desde que el agua empiece a hervir.

Dejamos que se enfríe y pelamos las patatas y los huevos. Mientras, nos preparamos para la operación mahonesa que, por cierto, podéis ver también en este vídeo cómo la preparamos en un momento. No tiene ningún misterio aunque es verdad que la primera vez parece magia y todo.

Se trata de poner el huevo, la mitad de un vaso de aceite (girasol y oliva suave, depende de lo fuerte que os guste), un chorrito de vinagre y una pizca de sal en el vaso de la batidora y batir hasta que la mezcla emulsione. A partir de aquí iremos añadiendo el aceite que queda, poco a poco y continuamente, mientras movemos la batidora de abajo a arriba muy suavemente hasta acabar el aceite.

Y esto casi ya está. Picamos las patatas, el huevo y la zanahoria, añadimos los guisantes y el atún, y mezclamos todo con la mahonesa. El tamaño de las patatas y la cantidad de mahonesa ya va a gustos, porque hay quienes prefieren una ensaladilla casi untable y otros prefieren que no haya demasiada mahonesa. Para decorar, unas tiras de pimiento del piquillo y unas aceitunas es algo muy de madre, así que nos decantamos por eso.

Receta de Semana Santa: torrijas como las de tu madre

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Dedicar un rato de las vacaciones a cocinar siempre nos ha parecido un gran plan. Y si es para hacer una torrijas -uno de los platos más típicos de estas fechas- mucho mejor. Aunque hay decenas recetas de este postre y la red está plagada de ellas, seguro que ninguna te ayuda a preparar unas torrijas tan buenas como las de tu madre.

Por eso nos hemos animado a rescatar de nuestro recetario esta guía que ya publicamos el año pasado por estas fechas y que es mucho mejor que una nueva receta: es la fórmula secreta para que por fin consigas entender la receta que tu madre ha usado toda la vida.

Ahora, para los más despistados, la actualizamos en formato “receta tradicional”, con sus ingredientes y sus pasos para que nadie se pierda. Eso sí, en caso de duda, antes que llamar a tu madre para que te suelte lo de “eso tú ya lo ves”, os recomendamos releerse el artículo original.

Ingredientes

  • Pan (si es bueno y de ayer, mejor)
  • Leche (o vino para los más animados)
  • Azúcar
  • Canela
  • Piel de limón y naranja

Preparación

Para hacer unas buenas torrijas necesitamos pan decente. En realidad vale cualquiera y de hecho es un buen sistema para deshacerse del pan duro que haya por casa, pero mejor si usas una barra en condiciones que ese pan cutre de la gasolinera.

Cortamos rebanadas de unos dos centímetros de grosor. ¿Cuántas? Pues depende del vicio de cada uno, pero dos torrijas por persona suele ser una buena ración.

Ahora llega el momento de tomar la decisión más importante de la semana y quién sabe si de este mes o año: ¿Quieres torrijas de leche o de vino? La preparación es idéntica, salvo que en unas remojaremos el pan en leche y en otras en vino. A nosotros nos gustan las dos así no nos hagáis elegir. De hecho, ya que te pones, ¿por qué no haces mitad y mitad y así triunfas el doble?

Ponemos la leche -o el vino- a calentar con una cucharadita de azúcar, una rama de canela y la piel del limón y la naranja. Lo dejamos un rato a fuego lento, pero sin que llegue a hervir. Si usamos leche, una gotita de licor tipo brandy no le va nada mal. Retiramos y dejamos que se temple.

¿Cuánta leche o vino necesitaremos? Pues lo suficiente para remojar todo el pan que ya tendremos preparado en una fuente honda.

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Vertemos sobre el pan y dejamos que se empape bien pero sin pasarse, para que al sacar las rebanadas no se destrocen. Lo dejamos un rato en la leche o el vino y, mientras lo vigilamos, batimos un par de huevos y ponemos aceite de girasol a calentar en una sartén.

Lo más delicado será sacar el pan de la leche -una espumadera mejor que un tenedor-, escurrirlas un poco y pasarlas vuelta y vuelta por el huevo. Las freímos en el aceite caliente y las dejamos sobre papel de cocina para que suelten el aceite sobrante. Ahora sólo queda pasarlas por azúcar y canela para que el exterior quede bien bonito y sabroso.

Y ya lo tenemos, unas auténticas torrijas de Semana Santa tan buenas como las de tu madre y, además, en dos variedades. Ahora sí que pueden empezar las vacaciones, las procesiones o lo que haga falta.

Vino y cerveza para untar

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¿Harto de camuflar tu vino mañanero en una tacita de café? ¿Cansado de esos que dicen que el alcohol no es apropiado para el desayuno? Tus plegarias han tenido respuesta. Una pequeña empresa de Vermont ha empezado a comercializar una serie de mermeladas y jaleas de vino, perfectas para un desayuno de verdad de deporte.

Los artífices de el que, sin duda, es uno de los grandes inventos de la humanidad son Nancy y Walter Warner de Potlicker Kitchen, una empresa familiar especializada en la producción de mermeladas artesanas.

De momento, tienen cuatro variedades. Cabernet & Cracked Pepper, Rosemary Garlic Chablis, Spices Wine y Burgundy Anise. Las dos primeras -según cuentan en su web- combinan perfectamente con diferentes tipos de queso, y las dos últimas -de sabor más dulce- son perfectas para untarlas en una buena rebanada de pan.

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¿Qué a ti el vino ni fu ni fa? ¿Qué eres más de cerveza? ¡Tenemos la mermelada perfecta para ti! Los mismos Nancy y Walter han elaborado una selección de mermeladas de distintas cervezas artesanas elaboradas allí mismo, en Vermont. Tienen una variedad amplia, tanto de cerveza rubia como de cerveza negra.

Según cuentan, estas mermeladas son ideales para acompañar quesos y carnes, y las variedades más dulces le sientan de maravilla a la tostada del desayuno. Todas estas singulares mermeladas pueden adquirirse en la web de Potlicker Kitchen y cuestan alrededor de los 7 dólares cada una.

‘Ramnut’, un donut de ramen

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El tuning de donuts se nos está yendo de las manos. Parece que idear nuevas versiones de estas esponjosas rosquillas es el hobby de moda entre los cocinillas del mundo. De momento, el último en sumarse al movimiento, aportando su propia y estrafalaria versión, ha sido Josh Scherer, un blogger de Los Ángeles en cuyo blogCulinary Bro-Down– encontraréis unas cuantas recetas hipercalóricas, con una pinta estupenda y contadas con grandes dosis de humor, ironía y pinceladas de crítica ácida. 100% recomendable. 

La historia ya fue muy comentada en su momento pero, dado nuestro conocido amor por la cerdadas de este tipo, hemos querido recuperar la singular creación de este Scherer: un donut de ramen bautizado como Ramnut. ¿Es dulce? Sí, ¿Está bueno? Ni él mismo sabe decirlo.

Lo cierto es que, según cuenta, eso es lo de menos. La creación del Donut de Ramen va más allá de si sabe bien o mal, asegura en plan autoconvencimiento, se trata de lanzarte a crear tu propia cultura culinaria popular. Todo ello aprovechando para hacer un alegato sobre el hecho de que la mayoría de consumidores no tienen la más ligera idea de lo que comen y de cómo somos cada vez más permeables al marketing y packaging culinario.

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Podéis encontrar la receta del invento en el blog de Josh. Así, de entrada, no parece demasiado apetecible pero ¡quién sabe! Si alguno se anima a prepararla estaremos encantados de leer sus impresiones. Y ya que os ponéis a probar cosas raras con donuts y ramen, la donut burger y la hamburguesa con “pan” de ramen también figuran en el top ten de las guarradas a probar.

Flan de chocolate y almendras con naranjas asadas

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Hoy es el Blue Monday, es decir, el día más triste del año, según una fórmula desarrollada en la Universidad de Cardiff. ¡Vaya patraña! -pensarás-. Pues sí, estamos bastante de acuerdo, aunque no negamos que enero es un mes un tanto raruno.

Creas o no en la existencia del Blue Monday, la receta de hoy es de las que suben el ánimo, sea cual sea su estado inicial. Se trata de una versión propia de una receta familiar: un flan -de textura más consistente- de chocolate puro y almendras, acompañado de unas naranjas asadas con limón y hierbabuena que le aportan un toque fresco al asunto.

Un postre con una elaboración más sencilla de lo que parece, perfecto para alegrar éste o cualquier otro lunes del año. Tomen nota.

Ingredientes

  • 6 huevos (4 enteros y 2 yemas)
  • 100 gr. de azúcar
  • 450 ml. de leche
  • 150 ml. de nata
  • 150 gr. de chocolate puro con almendras
  • Caramelo líquido
  • 3 mandarinas
  • 1 limón
  • 3 o 4 hojas de hierbabuena
  • 2 cucharadas de azúcar moreno

Elaboración

En un cazo ponemos a calentar la leche y la nata líquida. Calentamos sin dejar que llegue a hervir. Sacamos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Nosotros hemos escogido uno con un 70% de cacao y almendras enteras ya incorporadas, aunque siempre podéis añadirlas aparte.

Esperamos a que se funda el chocolate y pasamos la mezcla por la batidora para triturar las almendras. Dejamos que se temple. Si queréis darle más sabor a chocolate, podéis añadir también unas cucharadas de cacao en polvo.

Mientras tanto, en un bol aparte añadimos 4 huevos enteros y 2 yemas -guardad las claras para otra preparación- y batimos. Añadimos el azúcar y mezclamos bien. Cuando esté templada, añadimos poco a poco la mezcla de leche, nata y chocolate. Removemos bien.

Podéis hacer los flanes en flaneras individuales o bien en un molde grande. Echamos el caramelo líquido en el fondo de las flaneras y vertemos la mezcla.

Precalentamos el horno a unos 180 grados. Metemos en el horno una fuente con unos 3 dedos de agua. Pasados unos 5 minutos, introducimos las flaneras para que se hagan al baño maría.

Horneamos durante 25 minutos si son flaneras pequeñas y 35 si es un molde grande. Pasado ese tiempo, pinchamos con un palillo para asegurarnos de que está bien hecho. Si no, damos unos minutos más. El tiempo es orientativo: hemos hecho esta receta en hornos distintos y el tiempo de cocción ha sido diferente así que estad atentos al horno porque. en función de su potencia, el flan se hará antes, y si se pasa queda un tanto mazacote.

Dejamos enfriar el flan -primero a temperatura ambiente y luego en el frigo tapado con papel film- durante unas 3-4 horas como mínimo. Poco antes de servir el postre, hacemos las naranjas. Es muy sencillo. En una bandeja de horno ponemos los gajos de naranja,
los rociamos con el zumo de medio limón y espolvoreamos el azúcar moreno. Añadimos las hojas de hierbabuena y mezclamos bien.

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Horneamos a 180 grados durante unos 15-20 minutos. La idea es que los gajos queden medianamente enteros pero suelten algo de líquido almibarado.

Llega el momento de servir. Un flan -o un trozo- unos cuantos gajos de naranja por persona y… ¡A levantar el ánimo!

Bonus track

En la casa familiar, este postre se elabora con un preparado para hacer flan de esos que venden en el supermercado. ¿Herejía? Quizá sí, pero tampoco se muere nadie.

Si estás muy Blue este lunes y quieres una receta aún más sencilla: medio litro de leche, medio litro de nata, 200 gr. de chocolate puro con almendras y un sobre con preparado para 8 flanes es lo que necesitas.

Derrite el chocolate en la nata caliente, disuelve el preparado en la leche siguiendo las instrucciones del envase. Tritura las almendras, mezcla bien y que la nevera haga el resto. Fake, fácil y sólo casero al 40%, pero está igualmente estupendo.

Una cerveza para tener ideas brillantes

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Cuántas veces habremos escuchado expresiones como: “El mundo iría mejor si nos fuésemos más de cañas” o ” Esto lo solucionamos con unos vinos“. Muchas, ¿verdad? Y es que, en este país, cualquier excusa es buena para salir a darle un poco al drinking. Lo que no sabíamos -al menos nosotros- es que tras estas afirmaciones hay una teoría científica.

Como lo leéis. Un estudio de la Universidad de Illinois -de esos que siempre dan la razón a quien los financia, suponemos- apunta que beber una cantidad moderada de alcohol mejora nuestra creatividad y capacidad de resolución de problemas. ¡Y tu perdiendo el tiempo y el dinero en coaches!

Se trata, sin duda, de toda una revelación: cuando te encalles con un problema de trabajo, unas cañas. Que no sabes como resolver un entuerto… ¡Vámonos de vinos! Pero, ojo, no te pases porque el mismo estudio afirma que esta mejora de nuestras capacidades se produce, ni más ni menos, que al alcanzar el 0.075% de alcohol en sangre y que, si te pasas, esas mismas capacidades empiezan a mermar.problemsolver_peso

Tu gozo en un pozo. ¿Cómo narices vas a medir la cantidad justa de alcohol que debes ingerir para notar la diferencia? Esa misma pregunta se debieron hacer en CP+B, una agencia de publicidad danesa que ha lanzado al mercado The Problem Solver, una cerveza artesana cuya botella incorpora un medidor para saber, en función de tu peso, la cantidad justa de birra que debes ingerir para alcanzar tu zenit creativo particular.

La idea es tan molona y ha tenido tanto éxito que sus responsables han creado un grupo en Facebook –The problem Solvers– el que invitan a personas con mentes creativas a participar en brainstormings para solucionar problemas de comunidades locales o ayudar a entidades sin ánimo de lucro.

Así que ya sabes, cuando te encuentres en una encrucijada, tengas que tomar una decisión importante o, simplemente, no des con esa idea brillante, coge tu botella ¡y a beber y pensar! ¿Quién dijo que la respuesta no estaba en el fondo del vaso?

Alternativas al Roscón: “Brioche de Reyes” (express)


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5 de enero ¡y yo con estos pelos! Esta noche vienen los Reyes Magos y mañana toca zamparse el Roscón con la familia y amigos. Es probable que para este año te propusieras hacer uno tú mismo y es posible que te hayas encontrado ante una de estas tres situaciones:

A- Creías, erróneamente, que preparar un Roscón de Reyes te llevaría aproximadamente el mismo tiempo y esfuerzo que preparar un bizcocho con fruta confitada por encima.

B- Consciente de la dificultad y, sobre todo, del tiempo de elaboración del Roscón, te has dejado llevar por la pereza y te has dicho a ti mismo: “El año que viene lo hago con tiempo” (ya… claro).

C- Tu primer intento de Roscón de Reyes casero ha sido un fracaso y tu ego cocinillas ha quedado tan maltrecho que necesitas una victoria culinaria para reponerte.

Para cualquiera de los casos, venimos al rescate con una opción distinta pero casera y deliciosa para arreglarte la merienda del último día de excesos navideños. Se trata de una especie de brioche “de Reyes” que puede ser una buena alternativa para preparar algo con tus propias manos sin invertir todo el día en ello.

Para ser honestos, esta no es una receta de brioche como Dios e Iban Yarza mandan. No, se trata de una elaboración algo más rápida y simplona, hecha para no expertos en panes dulces como nosotros, pero que da un resultado decente en “solo” una mañana. Por supuesto la receta puede tunearse a gusto del consumidor. Tomen nota:

Ingredientes

  • 250 gr. de harina de fuerza
  • 3 huevos
  • 130 gr. de mantequilla
  • 30 ml. de leche
  • 50 gr. de azúcar
  • 5 gr. de sal
  • 15 gr. de levadura fresca
  • 1 yema de huevo
  • Pasas (opcional)
  • Fruta confitada (opcional)
  • Azúcar
  • Agua

Elaboración

Sacamos la mantequilla de la nevera, la cortamos en taquitos y la dejamos templar en un bol. En un cuenco, vertemos la leche tibia y disolvemos la levadura en ella. Reservamos.

En un bol aparte, echamos los huevos, el azúcar y la sal. Batimos hasta que quede una especie de pomada naranja. A continuación añadimos la leche con la levadura disuelta. Vamos añadiendo la harina y mezclamos bien. Al principio podéis usar una espátula aunque lo suyo es que lo hagáis con las manos. Trabajaremos la masa hasta obtener una mezcla lisa y homogénea.

Vamos incorporando la mantequilla poco a poco, dejando que la masa la absorba antes de incorporar más. Se trata de un proceso un tanto lento y, porqué no decirlo, pringoso. Cuando hayáis incorporado toda la mantequilla, veréis que la masa se despega de las paredes del bol y eso es señal de que vamos bien.

Hacemos una bola con la masa y la dejamos reposar en el bol, tapado y a temperatura ambiente, durante aproximadamente una hora o bien hasta que haya doblado su tamaño.

Pasado ese tiempo rescatamos la masa y la trabajamos un poco. ¿Cuánto es un poco? Pues unos 15-20 minutos. Veréis que se vuelve más consistente. Es el momento, si queréis, de incorporar unas pasas o unos trozos de fruta confitada. Hacemos una bola con la masa y la dejamos de nuevo en el bol, tapada con papel film. Dejaremos que repose unas 2 horas en la nevera.

Tras ese tiempo la masa debería haber crecido de nuevo y haber cogido algo más de consistencia. La sacamos del bol y le damos forma: trenzado, en bollos individuales, en un molde rectangular o, simplemente, en forma ovalada sobre la bandeja del horno. Es el momento de esconder en la masa el rey y la alubia.

Dejamos reposar durante una hora más o hasta que haya doblado su tamaño. Pasado ese tiempo, precalentamos el horno a 180 grados y, mientas tanto, pintamos el brioche con la yema de huevo batida y adornamos con frutas confitadas y “roquitas” de azúcar. En casa,siempre las hemos hecho mezclando el azúcar con unas gotas de agua y repartiendo los “grumillos” resultantes por la superficie de la masa.

Horneamos durante 30 minutos. Es importante dejar enfriar el brioche antes de cortarlo y/o probarlo. Si os apetece, podéis rellenarlo con nata o trufa pero ya os adelantamos que solo está de muerte.

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Si queréis hacer vosotros mismos la naranja confitada y marcaros un tanto, os recomendamos seguir esta receta de Gastronomía y Cía. Se trata de una receta un tanto distinta a la que nosotros conocíamos pero bastante más rápida, sencilla y con un resultado más que decente.

¡Felices Reyes!

Ideas para regalar en Navidad: 10 juguetes para pequeños cocinillas

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¿Cómo? ¿Regalos? ¡A buenas horas mangas verdes! ¡Estamos a día 26! Sí, lo sabemos, hablar de regalos para los pequeños de la casa el día después de Navidad parece poco práctico pero, en realidad, sí lo es, ¡y mucho! Porque, tras la locura Navideña, toca pensar en la llegada de los Reyes Magos. Una festividad que debería recuperar el esplendor de antaño.

Como éste es un blog de cocinillas, vamos a daros unas cuantas ideas para los pequeños gourmets de la casa. Algunas son ya conocidas y otras son novedades o reestrenos de este año. Sea como sea, seguro que ellos disfrutarán de lo lindo. Vamos a ello.

1- La fábrica de pasta

PastaCon el boom de MasterChef Junior, este año los Reyes Magos van a tener un buen surtido de juguetes gastro para escoger. Y entre ellos, como no, todos los de la linea de este programa de televisión: kit para hacer tartas, cupcakes… Pero el que más nos pitufa es esta fábrica de pasta con la que los pequeños chefs podrán elaborar su propia pasta fresca. Sin duda un regalo divertido y útil que les enseñará, al menos, que hay vida más allá de los espaguetis cortados con tomate frito de bote. Su precio, unos 45 euros.

2- Kit para hacer ravioli

 

 

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Seguimos con pasta, esta vez con un juguete algo menos sofisticado que el anterior pero con tantas o más posibilidades culinarias. Se trata de un estupendo kit de juguete para que los niños elaboren su propia pasta rellena. A nosotros, personalmente, nos gusta mucho porque este trasto permite a los más aventureros probar con distintos rellenos y experimentar sus primeros desastres culinarios. Algo muy importante para forjar a los cocinillas del mañana. Y por sólo 8 euros.

3- Maleta de repostería

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Si aún así el pequeño de la casa sigue prefiriendo el dulce, te recomentamos esta maleta de repostería de estética campestre. ¿Por qué esta y no otra? Te preguntarás. Pues porque los accesorios pueden utilizarse, es decir, no son de plástico malo que puede causarte un estropicio en el horno, ni tienen piezas que puedan romperse con facilidad. Con este kit los niños tendrán lo necesario para hacer sus pasteles y galletas. ¡Ah! Y adaptadas a su tamaño que, aunque no lo parezca, también es importante. Eso sí, el precio se va a los 60 euros.

4- Set para hacer bombones

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Seguimos con regalos para los más golosos. Con este set para hacer bombones, los pequeños de la casa podrán dar rienda suelta a su locura chocolatera y fusionar dos cosas que ya por separado les vuelven locos: los dulces y las manualidades. Éste en concreto viene de japón -aunque se puede adquirir aquí- y lo hace con muchos accesorios para crear pequeñas y dulces obras de arte. Se puede encontrar por unos 38 euros.

5- Máquina de granizados de fruta

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Si tienes problemas para que tus hijos coman fruta, este regalo es perfecto para ellos. Se trata de una máquina que elabora granizados hechos con fruta de verdad, nada de preparados en polvo. Es fácil de usar  y, aunque no estemos precisamente en verano, ¿quién dice que no se puedan tomar granizados en enero? Cuesta unos 25 euros.

6- Máquina “tuneadora” de helados

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Un regalo para aquellos mini-cocinillas a los que les gusta recrearse en las presentaciones de los platos. Se trata de un trasto con el que los más pequeños podrán dar diferentes formas a sus helados preferidos y presentarlos en tarrinas que harán las delicias de cualquier comensal. El precio anda por los 20 euros.

7- Delantales, chaquetillas y gorros para pequeños Chefs

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Un Chef, tenga la edad que tenga, tiene que tener un buen mandil, un gorro y, ya si es muy muy bueno, una chaquetilla como las de los profesionales. Este año los hay para todos los gustos: de colores, con dibujos, de estética vintage y hasta chaquetillas dignas del mismísimo Alberto Chicote. A partir de 10 euros.

8- La cocinita definitiva

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Este regalo sólo llegará a las casas de los niños que hayan sido muy buenos. Debéis saber que, en los tiempos de vuestros padres, tíos y demás parientes mayores, no existían cocinitas tan sumamente pro como las que hay ahora. Por aquí estamos fascinados con la cantidad de detalles que se encuentran hoy en día en estos juguetes y, realmente, no sabemos si es necesaria tanta parafernalia pero hay que reconocer que algunas son mejores que la nuestra de verdad. ¿Precio? Casi 240 euros.

9- Thermomix Baby

Thermomix-BabyEl complemento perfecto para la cocinita anterior,  y todo un clásico ya, la Thermomix Baby es algo que cualquier niño cocinillas que se precie pedirá a los Reyes de Oriente. Eso sí, tendrá que haber sido un niño, al menos, moderadamente bueno este año. Lo cierto es que el trasto es divertido y útil. Viene con un sencillo recetario para que los peques puedan hacer el desayuno, la merienda o, incluso, la cena para toda la familia. Batidos, cremas y hasta tortilla de patatas con el aparato estrella de muchas cocinas, pero en su versión infantil. Cuesta unos 50 euros.

10- ¡Y carbón!

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No sé vosotros, pero aquí una servidora quería que los Reyes le trajeran carbón dulce junto con los regalos, al menos, un poquito. Sí, sabemos que es azúcar industrial solidificada, de la que provoca muchas caries y que, además, es culpable de la crisis y se sospecha que asesinó a Kennedy, pero no nos importa. Para nosotros, un día de Reyes no es completo sin dejarnos parte del esmalte dental en un trozo de carbón. Así que ya sabéis, pedidle un par de trocitos a los Reyes para nosotros.