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El café de filtro llevado a otro nivel: probamos la Melitta Epos y su ‘pour over’ automático

Tras haber probado una cafetera superautomática y una expreso manual, seguimos en nuestro viaje por el apasionante y e inabarcable mundo del café de especialidad. Aunque en realidad eso va a depender de los granos que usemos y no del método, si hay un sistema que suele vincularse a esta idea de café de calidad es el denominado pour over.

También conocido como sistema de vertido o de extracción manual, la idea es similar al café de goteo de toda la vida -sí, ese que hace cualquier cafetera de 30 euros- pero cuidando cada detalle del proceso: molido del café, temperatura del agua, calidad del filtro y la forma en la que se vierte el agua sobre el café.

La Chemex o la V60 son algunas de las cafeteras más conocidas para este sistema que se asocia con una preparación manual. Por eso teníamos mucha curiosidad por estrenar la nueva Melitta Epos, que se atreve a automatizar este proceso.

Algo bastante único en el mercado por el sistema, por el diseño -muy bonito, de esos que lucen en cualquier parte- y con un precio de 320 euros que puede sonar alto si pensamos en una cafetera de goteo convencional, pero que a los apasionados del café -este es un hobby caro- seguro que no asusta.

Bastante voluminosa, hablamos de un modelo pensado para quienes prefieran el de filtro al expreso y, como siempre, dispuestos a invertir en buen café en grano. Si vamos a comprar el que sea del super, tostado hace siglos y a saber cómo, este tipo de cafetera no tiene ningún sentido.

Hechas las aclaraciones sobre usuarios y precio, lo confesamos: tras probarla durante unas semanas, es ahora mismo nuestra cafetera favorita para esos cafés largos de la mañana donde lo que queremos es un café que se parezca más a una infusión en la que apreciar todos los matices del café que un chute de cafeína concentrada.

 

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Aquí se puede ver la cafetera en acción, la mejor forma de hacerse una idea aproximada de cómo funciona. La clave está en el molinillo integrado -hay una versión sin molinillo, la Melitta Epour, que cuesta 100 euros menos- y en el sistema de goteo del café, con un mecanismo móvil que reparte el agua por toda la superficie del café, imitando el movimiento que haríamos al verter el agua de forma manual.

Se pueden preparar hasta 10 tazas de café. El agua que vertemos en el depósito es lo que determina el resto de variables, puesto que se usará toda. Así que una vez elegida esa cantidad, hay que marcar en el molinillo el mismo número para que la cantidad de café sea la que toca.

Podemos elegir tres grados de molido, y otro menú permite seleccionar entre tres grados de intensidad de café. Además de estas variables, siempre podemos jugar con la cantidad engañando a la cafetera, indicándole molido para más o menos tazas de las que realmente hemos puesto de agua.

Además de usar un café en grano de calidad y fresco -tostado lo más recientemente posible- por supuesto la calidad del agua es básica. El depósito no incluye ningún sistema de filtro, así que mejor filtrarla, sobre todo si vivimos en una ciudad en la que la del grifo no tiene un sabor bueno.

Además del café, el único consumible son los típicos filtros de papel que usan muchas cafeteras de filtro. La marca recomienda usar unos específicos para esta gama pour over, con un precio de algo más de 3 euros por 40 filtros. Más allá de detalles técnicos -seguro que eso daría para otro máster, como casi todo en el mundo del café-, sí hemos notado que no tienen el clásico olor a papel que se aprecia en muchos filtros y que podría afectar al café.

¿Y el resultado? La verdad es que muy bien. Permite obtener lo mejor de unos buenos granos de café combinando tres claves: recién molido, control de la temperatura de agua de extracción -el punto flojo de las cafeteras de goteo más sencillas- y el original sistema de reparto del agua.

Y todo, además, de forma muy sencilla y asumible en el día a día. Que una cosa es el postureo cafetero y otra ponerte con la balanza, el termómetro y demás cada mañana para poder tomar una taza de café. La cafetera, por cierto, incluye una placa que mantiene el café caliente aunque, claro, el paso del tiempo va a afectando a su calidad y aroma.

La única pega es que, pese al bonito y aparente diseño, hay demasiado plástico en todos los componentes, lo que obliga a preguntarse qué tal envejecerá. La capacidad del molinillo también es limitada, pero en cierto modo eso es bueno para no dejar ahí medio kilo de café en grano y casi obligarnos a reponerlo cada mañana tras haberlo guardado en condiciones.

Si nuestra cocina no es muy grande, la inversión de espacio de encimera es considerable. ¿Se podría hacer esto mismo con un diseño vertical con molinillo integrado como vemos en otras cafeteras de goteo de Melitta? Ahí dejamos la idea.

Y respecto al precio, aunque esos más de 300 euros asustarán a quien busque una cafetera de goteo sin más, la suma de un molinillo casero de gama media y una buena cafetera de goteo ya supera esa cifra. De hecho, la famosa Moccamaster ronda los 250 euros sin molinillo y sin este sistema de extracción avanzado.

«Nos ponemos a disposición de los vecinos para dialogar y ayudar». Críticas a Aleix Puig, ganador de MasterChef, por la cocina fantasma de ‘Vicio’ en Madrid

Tras triunfar en Barcelona, Vicio ya ha llegado a Madrid. Hablamos de las famosas hamburguesas de Aleix Puig, ganador de MasterChef 7, y que desde principios de este año también se sirven en la capital. Aunque en Barcelona cuentan con local propio, por ahora en Madrid apuestan por el modelo de restaurante virtual que tanto se estila últimamente: desde una de esas denominadas cocinas fantasma se sirven las hamburguesas a domicilio.

Un estreno que no ha estado exento de polémica. Y es que la cocina elegida para este desembarco está situada junto a un colegio, lo que desde hace meses ha provocado críticas y denuncias por parte de padres y vecinos.

Según nos confirma Puig, hace solo dos semanas que trabajan en este espacio, aunque insiste en dos puntos: todo está en regla y no es la cocina de Vicio, sino un espacio en el que operan diferentes restaurantes a domicilio.

«Entendemos y es lógico que se aproveche el boom de ciertos nombres o marcas más conocidas para dar mayor visibilidad, pero la realidad es que no es nuestra cocina ni la hemos construido nosotros», explica.

La Asociación de Familiares de Alumnos del colegio público Miguel de Unamuno ya reclamó al Ayuntamiento de Madrid una regulación que impidiera que este tipo de instalaciones estuvieran en una zona vecinal y con las chimeneas industriales pegadas a un colegio. Por ahora, sus protestas -que desde aquí apoyamos en su momento- no han conseguido cambios legislativos.

La llegada de Puig y la nueva temporada de MasterChef han servido para relanzar el caso a los titulares y recordar el rechazo vecinal a la presencia de Cocukin -así se llama esta cocina fantasma- en el barrio. Numerosos medios se han hecho eco de la información publicada por Servimedia hace unos días, así que hemos querido conocer también la opinión del televisivo chef.

«Cuando se presentó la oportunidad de crecer en Madrid y hacerlo a través de Glovo evidentemente vimos que era una cocina que funcionaba perfectamente desde hace más de un año y que estaba todo en regla. Desconocíamos que ciertos vecinos habían mostrado su rechazo a la cocina», señala el responsable de Vicio.

Frente a la reciente regulación en Barcelona que ha prohibido la apertura de más instalaciones de este tipo en el centro de la ciudad, Madrid ha concedido recientemente nuevas licencias para cocinas fantasma. El pasado mes de abrir se dio luz verde a instalar 10 cocinas de este tipo en el mismo barrio de Arganzuela.

De ahí que Puig insista en que las instalaciones elegidas son totalmente legales. «Si en algún momento, el organismo correspondiente decide que el espacio no se ajusta a cualquier normativa, seremos los primeros en reubicarnos», promete.

Aunque asegura que Vicio no es por tanto un interlocutor en el conflicto («creemos que las conversaciones tienen que ser entre otros actores», defiende), deja la puerta abierta para mediar. «Nos ponemos a disposición de los vecinos para dialogar y ver de qué forma podemos ayudar», concluye.

Libros de cocina para regalar(se) este día de Sant Jordi

Tenemos todavía muy reciente la lista de recomendaciones de libros que hicimos para las pasadas Navidades así que, en realidad, esa misma podría servir. De todos modos, hemos dado un repaso al escaparte y nuestra librería para ver algunas de las últimas incorporaciones y hemos recopilado media docena de libros más o menos recientes que apetece tener en cuenta de cara a esta próximo 23 de abril.

Así que si celebras Sant Jordi, el Día del Libro o simplemente necesitas una buena excusa para regalar o regalarte un libro de cocina interesante, toma nota de estas propuestas.

Wine Folly, la guía maestra del vino

Aunque de entrada una guía del vino no suene como lo más apasionante del vino, que llegue a España de la mano de Col&Col Ediciones ya es una buena noticia. Y es que, como ya hemos comentado unas cuantas veces, todo lo que edita esta casa suele merece mucho la pena. Y Wine Folly no es una excepción.

Un libro -en edición magnum- que llega de la mano de los creadores de la que seguramente es una de las webs sobre vinos más completa e interesante del momento. Una guía esencial para empezar, profundizar y aprender más sobre el inabarcable mundo del vino, sin caer en soporíferas definiciones técnicas ni tampoco tratando de simplificar en exceso lo que, en realidad, es complejo. Para tener siempre a mano junto a alguna buena botella de vino. Cuesta unos 30 euros.

Comerse un melocotón

Dicen algunos que es el Kitchen Confidential del siglo XXI. Es pronto para decir si tendrá la repercusión que aquel Confesiones de un chef de Bourdain tuvo en su momento, pero la verdad es que estas memorias del cocinero David Chang prometen.

No hablamos, por supuesto, de un recetario, sino de un repaso en primera persona a su carrera en la cocina y también como empresario que ha creado un pequeño imperio a partir de su exitoso Momofoku. Si te gustó su serie Ugly Delicious en Netflix (merece la pena, la verdad), este libro seguro que te parece muy interesante.  Editado en España por Planeta Gastro, se puede encontrar por unos 20 euros.

Eso no estaba en mi libro de historia de la cocina española

Simpático título para el último libro de Miguel Ángel Almodóvar, divulgador polifacético que no es la primera vez que combina historia y cocina y que hace años, por ejemplo, escribió sobre la Última Cena en clave gastronómica.

¿Sabías que la gastronomía española es el resultado de una fusión entre las cocinas púnica, romana, visigoda, judía, musulmana, americana y europea? ¿Y que el gusto por el bacalao tiene mucho que ver con la Contrarreforma Religiosa? Entre anécdotas, datos históricos y algunos temas más conocidos -como la siempre polémica historia de la tortilla de patata que aquí aparece bien documentada-, una lectura amena para conocer la historia de la cocina española hasta nuestros días. Lo edita Almazara y cuesta unos 19 euros.

Cocina con microondas. Sana, segura y sostenible

Vamos con un libro algo más práctico para quienes, más allá de ensayos, guías y repasos históricos, quieran cocinar un poco. Y lo hacemos de la mano de Fundación Alicia, que recientemente ha publicado este libro dedicado a la cocina con microondas. Sí, ese aparato que tenemos en la cocina y que sirve para mucho más que calentar algún que otro plato.

Más de 80 recetastablas de referencia para precisar los tiempos de cocción de cada ingrediente en función de las cantidades, trucos y consejos para la descongelación y regeneración de alimentos son algunos de sus contenidos. Además de, claro, explicarnos por qué hay que desterrar esa mala fama que algunos insisten en ponerle al microondas. Lo edita Larousse y cuesta menos de 18 euros.

La alegría del exceso

Una propuesta diferente para añadir a la biblioteca gastronómica: este La alegría del exceso que recoge las singulares crónicas culinarias de Samuel Pepys en la Inglaterra del siglo XVII, durante el periodo de la restauración. ¿Suena aburrido? Nada de eso, porque Pepys pasa por ser el cronista más célebre de todos los tiempos, un gran bebedor, comilón y conocedor de todos los placeres que el Londres de su época podía ofrecer.

Vaya, que el título del libro es una buena pista de lo que podremos encontrar en él. Lo edita Nórdica Libros y su precio es de unos 17 euros.

¡Dumplings!

Si los recetarios al uso te aburren y lo que te gusta es el formato cómic –aquí puedes repasar algunos gastronómicos bien interesantes– tenemos buenas noticias: llega ¡Dumpings! El chef Hugh Amano y la ilustradora Sarah Becan, los autores de ¡Ramen!, nos invitan ahora a sumergirnos en el mundo de los dumplings asiáticos.

Perfecto para conocer las diferencias entre esos nombres que igual te suenan de la carta de algún restaurante (wontonguotie, buuzgyoza…), aprender a hacerlos en casa y darles forma. Es de Libros Cúpula y cuesta unos 22 euros.

Agua embotellada o comunismo: la polémica que viene (o no) por la obligatoriedad de ofrecer agua del grifo gratis en bares y restaurantes

Lo confesamos: estamos contando los minutos para ver si algún partido político se anima, a la vuelta de vacaciones de Semana Santa, a ponerse con el tema del agua del grifo en bares y restaurantes. La entrada en vigor de la ley que obliga a la hostelería a ofrecerla es una nueva oportunidad para revivir lo ocurrido con el tema de la publicidad de alimentos para niños o macrocranjas.

¿Se animará alguien a poner una foto rodeado de toneladas de botellas de plástico de agua? ¿Quién se vendrá más arriba y gritará algo tipo “agua embotellada o comunismo”? Es verdad que al no tratarse de una medida del ministro Garzón, hay que moderar las expectativas, pero confiamos mucho en la capacidad de algunos para hacer el ridículo.

De momento, es verdad, las reacciones y titulares están siendo bastante aburridos. Un repaso al kiosko permite intuir ciertas ganas de liarla por parte de algunas asociaciones de hosteleros a los que detalles como que sea una norma anunciada desde hace años, aplicada en muchos otros países o incluso en diversas zonas del país, les importa poco. 

En La Rioja, por ejemplo, parece que van con la artillería pesada: apelando a lo mal que lo ha pasado la hostelería en los últimos años y cómo esto puede suponerles un gasto más. Hay que comprar jarras y vajilla, explican algunas asociaciones de hosteleros de la región.

Lo de las jarras, vale, ¿pero la vajilla? ¿Acaso hasta ahora el agua mineral se bebía de la botella y la Pepsi en copas Zalto? Porque, claro, a ver qué bar o restaurante conocéis en donde haya algo tan loco como vasos que puedan usarse para servir agua del grifo. Por surrealista que pueda parecer, es uno de los argumentos más repetidos por quienes se animan a criticar la medida.

En Aragón, leemos en El Heraldo, lo tienen claro: siempre se ha dado agua del grifo a quien lo pide. Igual el problema –como comentábamos hace tiempo– es tener que hacer una ley para recordar algo obvio y que en muchos países es un simple gesto de cortesía a quien se sienta a comer. 

En el otro extremo, en Bilbao alguien ha descubierto que el agua era su principal fuente de ingresos con lo que, ahora que tienen que servir del grifo si alguien se la pide, ya no saben qué negocio van a hacer. No es una broma, es un titular de El Correo. 

Igual es que este hostelero no ha entendido que hablamos de agua normal, no agua de Bilbao, nombre coloquial para el champán en la capital del mundo. Esa la puedes seguir cobrando, tranquilo. O a lo mejor es que regenta un bar muy extraño en el que espera que la gente llegue, se aposente en la barra y pida una jarra de agua del grifo para compartir y el periódico. Lo típico.

En Castilla y León hay división de opiniones entre quienes creen que estamos a la puerta de otra gran crisis hostelera por esta medida y los que no le dan mayor importancia. Eso sí, aquí los miedos y críticas puntúan doble porque, atención, desde 2016 ya existe una ley en este territorio que garantiza que el cliente puede tomar agua del grifo sin coste. 

Un momento, ¿hay gente criticando algo que lleva más o menos operativo desde hace más de cinco años? Eso parece. ¿Algún bar o restaurante de Castilla y León o de Navarra o de cualquier otra zona donde ya existen desde hace tiempo normas parecidas ha tenido que cerrar o ha sufrido en sus cuentas por tener que ofrecer agua del grifo gratis?

Evidentemente no, pero estamos convencidos de que eso no serán argumentos suficiente para escuchar muchas tonterías en las próximas semanas.

Cuando el que cancela es el restaurante: un local de Barcelona anula una reserva porque sólo tenía una mesa ocupada y prefiere cerrar

Comedor vacío en un restaurante  que ni es el de la historia ni está en Barcelona

La escena es de sobra conocida: hora punta, una mesa lista en el comedor del restaurante y no se presenta nadie pese a que había reserva. Cuando la historia se comparte en redes, suele desatar numerosas muestras de apoyo y una idea insistente: la única manera de acabar con los llamados «no show» es pedir una tarjeta de crédito como garantía de la reserva, exactamente igual que ocurre en los hoteles.

De hecho, desde hace ya tiempo, algunos restaurantes de cierto nivel acostumbran a cobrar por adelantado una cantidad a modo de confirmación de la reservar. Una cifra que, claro, luego se descuenta de la cuenta final. Es conocido el caso de DiverXO que, por ejemplo, cobra por adelantado el precio íntegro (365 euros por persona y menú degustación) al hacer la reserva. Sólo si se cancela con dos semanas de antelación, se devuelve el importe.

¿Pero qué ocurre cuando es el restaurante el que cancela una reserva ya confirmada? Eso es lo que se preguntaba hace unos días en Twitter una cuenta muy conocida en el mundo gastronómico, señalando la reciente experiencia de un amigo en un restaurante de Barcelona.

«Un buen restaurante le cancela la mesa porque era la única que tenía para ese servicio», narra. Así que el local en cuestión optó por anular la reserva y cerrar. El pasado viernes de Semana Santa, para más detalles.

Vaya, un «no show invertido», como describe el propio @Growtxo. ¿De qué restaurante hablamos? Sí, ese en el que muchos hemos pensado, nos confirma por mensaje el usuario tras esta cuenta de Twitter que también ha compartido más detalles de la historia para confirmar su veracidad.

Que el restaurante en cuestión sea de un chef que ha hablado más de una vez de la necesidad de exigir algún tipo de garantía a una reserva hace que el caso resulte especialmente gracioso. Pero vamos a dejarlo así.

En realidad, el local en concreto es lo de menos, porque lo sucedido no es del todo inusual, solo que normalmente no se le dedican titulares ni debates como ocurre cuando el agravio es por parte del cliente al restaurante.

Así que hemos querido aprovechar este incidente para poner el caso sobre la mesa. Acostumbrados a historias donde las quejas de los hosteleros -en muchas ocasiones con moticos- son las protagonistas, ¿qué pasa cuando es el restaurante el que decide anular de forma unilateral una reserva y sin que la razón esgrimida convenza al cliente?

No es difícil ponerse al otro lado de la barra y los fogones y entender que las cuentas hay días que no salen y es mejor cerrar. Pero tampoco es complicado entender la cara de sorpresa del cliente en cuestión ante lo que no parece muy profesional por parte de un restaurante bastante conocido de la ciudad.

También es fácil suponer la pregunta que algunos se estarán haciendo: ¿Era esta la hostelería que exigía ayudas y que pedía solidaridad a sus clientes? ¿La misma que se queja de que no hay personal de cocina o sala para trabajar?

Frente a la frustración del hostelero cuando una reserva falla y se encuentra con una mesa sin ocupar que podría haber asignado a otros clientes, la indecisión del cliente al que se le anula una reserva y poco puede hacer. Más allá de irse a otro sitio, jurar no volver o liarla un poco en redes, claro.

Para lo primero parece que la solución es conocida: esa garantía de pago de la que hablamos. ¿Cabría exigirle también al restaurante algún tipo de compensación si cancela? Suena raro y complicado, pero el debate está servido, por si a alguien se le ocurre alguna solución.

Esta pastelería de Miami lleva años triunfando con sus tartas de croquetas

(Foto: BreadMan Miami)

¿Te gustan las tartas? ¿Te gustan las croquetas? Pues vamos a juntarlas a ver qué tal. Como todo el mundo sabe, esta compleja fórmula gastronómica que consiste en combinar dos cosas que por separado están ricas no siempre sale bien o gusta a todo el mundo. Lo del chorizo y el chocolate de toda la vida, vaya.

Pero hace ya años que una conocida pastelería de Miami decidió jugar fuerte y crear la que posiblemente fue la primera tarta de croquetas de la galaxia. La historia se remonta a 2018, nada nuevo en realidad. Pero como es la típica cosa rara que de vez en cuando toca rescatar, hoy teníamos antojo de pastel decorado con una generosa ración de croquetas.

Vaya por delante que en España somos bastante conservadores con el tema croquetil. Empeñados en buscar la perfección en la fluidez o, como mucho, hacer cosas raras con los ingredientes -hubo unas croquetas de gin-tonic, ojo- por ahí fuera van más a lo loco.

En Amsterdam, por ejemplo, los bocadillos de croquetas son una opción y hasta se venden en máquinas de vending. Eso sí, ligeras y fluidas no son.

También en versión romántica (Foto: BreadMan Miami)

El caso es que en BreadMan Miami tuvieron la ocurrencia de cubrir una de sus tartas con decenas de croquetas. ¿Una versión dulce? Nada de eso, croquetas normales. Concretamente -leemos por ahí- como las típicas que se elaboran en Cuba.

De hecho, Andy Herrera es de origen cubano y, según explicaba en su momento, la idea surgió cuando en una fiesta una croqueta acabó mezclándose en el plato con un poco de frosting de vainilla.

El resultado estaba bueno, contaba en su momento, así que se animó a convertirlo en una tarta que, desde entonces, es uno de los clásicos de esta cadenas de pastelerías.

En su momento, la tarta con 100 croquetas costaba 56 dólares.

¿Harto de dulces de Semana Santa? Atento a esta ruta de torrijas saladas en varias ciudades del país

Si eres de los que prefiere el salado a lo dulce y estás harto de oír hablar de torrijas, tenemos una buena noticia. Sobre todo si vives en Madrid, Murcia Tarragona, Santander, Gijón o Zaragoza, donde cervezas El Aguila ha ideado una ruta de torrijas saladas.

Más de medio centenar de bares participan en esta reinvención de la torrija que se convierte en un pincho perfecto para acompañar una cerveza. A fin de cuentas hablamos de una rebanada de pan sobre la que colocar cosas ricas con lo que, por mucho que lo de torrija salada suene raro, es fácil hacerse a la idea.

El pan, eso sí, no es uno cualquiera. De hecho, es lo que comparten todos los participantes en esta ruta torrijera tan original. Y es que cada una de estas minitorrijas tiene como base un brioche elaborado por el panadero John Torres y que ha usado cerveza El Aguila en la lista de ingredientes de la masa.

El local en la calle Ibiza de este conocido panadero es uno de los que participa en la ruta dentro de la capital, junto a otros bares como La Pulpería de Narváez, Txirimiri Ibiza y Nativo, en la zona Retiro. Las torrijas saladas también se podrán probar en Quintería El Bombín de SabinaTxirimiri Pardiñas; Café Tatiana, Txirimiri Ferraz o Cutzamala.

En Zaragoza, esta original propuesta de Semana Santa podrá disfrutarse en los locales Casa Juanico, Churrísimo, Los Compadres, Los Sitios y en dos ubicaciones de Café de Lolita.

En Murcia, por su parte, encontrarán la minitorrija en Aduana, Anfis, El Chato, Gastro Pecado, Genil, Kiosko La Redonda, La Negra, Nukka Gastro Beer, Santera, Terraza Corleone, Terraza La Bien Pagá y Verbena.

En Santander participan Arrabal 11, Bruma, Castellano, Hacienda Serrana, Indiano, Luzmela, Siboney y Zissou.

En Gijón la lista es larga: 180 Grados, Acicorbo, Ámsterdam, Café Luzmar, El Naranjo, Entreplazas, Golfo, Gota a Gota (Avda. Llano), Gota a Gota (Plaza Suárez Solís), La Industrial, La Sastrería, La Zingara y Malauva.

Y, por último en Tarragona, los locales serán Antojito de Marta, Bodegueta del Pagès (Corsini), Bodegueta del Pagès (Rambla Vella), El Rincón Extremeño de Piti, La Caseta de Les Piscines y Sedassos.

En todos los casos, la propuesta estará disponible hasta el próximo domingo 17 de abril. Así que ya no hay excusas para no darle a las torrijas estos días.

Jamón rojo o pimentonado: la forma tradicional de elaborarlo en La Rioja que esta marca mantiene desde hace más de un siglo

Pocas cosas nos gustan más en esta casa que encontrar y probar un producto que no conocíamos. Y no hablamos solo del penúltimo invento o rareza de la industria alimentaria, sino también de elaboraciones con muchos años a sus espaldas, pero que no estaban en nuestro radar.

Así que hace unos días, paseando por los pasillos de Alimentaria, frenamos en seco al pasar por el stand de Martínez Somalo -una marca centenaria de embutidos de La Rioja- y leer «jamón rojo». ¿Qué es un jamón rojo? Aunque puede que algunos piensen en la etiqueta de color rojo que identifica los jamones ibéricos de 75 o 50% de raza y alimentados con bellotas, nada que ver con eso.

En este caso, el rojo no hace referencia a la etiqueta sino al color exterior de una pieza de jamón que ha sido curada con pimentón. De hecho, el jamón pimentonado -esta es la denominación más habitual para el producto- es muy tradicional en La Rioja donde, desde hace más de un siglo, se elabora así. En el caso de Martínez Somalo, nos cuentan, desde hace 116 años.

Comercializado con la marca La Gloria Riojana -suena a moderna, pero es de nada menos que 1921-, el intenso color rojo se limita al exterior, puesto que al corte la pieza es similar a un jamón convencional de cerdo blanco.

¿Y por qué el pimentón? Evidentemente, no era un tema de marketing. Hace un siglo la matanza del cerdo no solo era una tradición, sino la que se ocupaba de llenar la despensa para muchos meses, así que el margen para pensar en colores más allá de la utilidad real era escaso.

El pimentón no es más que otro conservante para la carne, que aunque pueda sorprender en el jamón es clave en los chorizos, producto muy común y popular en tierras riojanas. ¿Alguien ha dicho patatas a la riojana? Eso mismo.

Así que al jamón se le aplicaba la misma lógica para asegurar que se conservara sin problemas en un territorio menos frío y seco que otros habituales para la elaboración de jamones, ya hablemos de Castilla, Extremadura o de Teruel. Así,  tras el periodo de salazón tradicional, el jamón se cubre con pimentón y se deja secar al aire o en bodega antes de que esté listo para salir a la venta.

Con un precio kilo que anda entre los 10 y 12  euros, el punto del pimentón es  sutil en el sabor del jamón y, en todo caso, dependerá del corte y la zona, puesto que el pimentón está solo en el exterior. ¿Seríamos capaces de distinguirlo de un serrano convencional con los ojos cerrados? Posiblemente no. Pero oye, que tiene más de 100 años y lo acabamos de descubrir. Todavía tenemos que asimilar tanta información y practicar un poco el tema de la cata de jamón rojo.

Torrijas a 6 euros la unidad y a 58 euros el kilo, ¿las más caras del país?

Tras comprobar que el precio de las nuevas TorrijasXO de Dabiz Muñoz asustaba a muchos, tocaba hacerse una pregunta: ¿son las más caras del mercado este año? Ojo porque además la subida de materias primas ha hecho que hasta las torrijas caseras salgan más caras, concretamente un 17% más en comparación con el año anterior.

El primer resultado de esta búsqueda es que, efectivamente, las de Muñoz están bastante por encima del precio medio de casi cualquier pastelería o panadería donde venden torrijas artesanas y que no suelen pasar de los 3 euros unidad. En realidad, habría que analizar el peso para poder hablar del precio por kilo, pero en casi ninguna se aporta ese dato.

Y es verdad que muchas de estas torrijas son una rebanada bastante más pequeña que las que vende el chef de DiverXO en El Club del Gourmet de El Corte Inglés. ¿Pero hay alguna que supere esos 5,5 euros por unidad de las TorrijasXO?

Puede que haya más, pero al menos hemos conseguido localizar una. En Madrid, concretamente en Cuatro a Gourmet, una tienda delicatessen que se presenta como una «joyería gourmet». El que avisa no es traidor.

Y entre su gama de productos exclusivos y dulces, unas torrijas de edición limitada que se venden en un estuche de dos unidades a un precio de 12 euros. No necesitamos ni calculadora: a 6 euros sale cada torrija.

En este caso, eso sí, hablamos de una torrija artesanal -nada de envasado y en el supermercado, como las de Dabiz Muñoz- y con un proceso de elaboración que incluye ingredientes de primera y elaboración casera con una producción muy limitada.

Una de las singulares torrijas de Nunos para esta temporada

La segunda parada nos lleva a otro clásico cuando se habla de torrijas en la capital: Nunos. No solo suelen ofrecer algunas de las más originales de cada temporada, sino que sus precios también pueden asustar al que no vaya avisado.

Las torrijas tradicionales se venden a 29 euros el kilo, lo que una torrija de unos 160 gramos, como las de Muñoz, saldría por unos 4,7 euros. Por lo que leemos, las tradicionales de este histórico local pesan bastante por el almíbar, así que es posible que cueste más cada unidad. Pero como referencia, parece que son más económicas que las citadas TorrijasXO.

La cosa se complica si queremos disfrutar de las versiones más innovadoras que presentan cada año y donde el precio, atención, sube a 58 euros el kilo.

Hablamos de torrijas más pequeñas y realmente singulares (pan de espinacas relleno de praliné y piñones bañada con leche…) inspiradas, según explican, en La Última Cena. Total, que aplicando la misma fórmula, una torrija del peso de las que comercializa Dabiz Muñoz saldría por más de 9 euros la unidad.

Probamos las torrijas de Dabiz Muñoz: ¿Merece la pena pagar 11 euros por ellas?

Tras el roscón y los turrones, ahora Dabiz Muñoz se atreve también con las torrijas. Y, por supuesto, las nuevas TorrijasXO no son unas cualquiera, sino que el chef madrileño ha querido dejar también en este postre tradicional de Semana Santa su particular sello.

«Unas torrijas sexys, hedonistas y adictivas», describe Muñoz en el vídeo de presentación que las acompaña, antes de avisarnos de que sus torrijas nos van a «joder la puta dieta».

A la venta en El Club de el Gourmet de El Corte Inglés, el pack de dos torrijas sale por 11 euros. Las ventas, por lo visto, van muy bien. En uno de los centros de este comercio en Barcelona nos confirman que llegan y se acaban rápido. Tuvimos suerte, porque cuando llegamos había unas cuantas en la nevera.

Cosas a tener en cuenta: es un producto refrigerado y con una caducidad bastante corta, de unos cuatro días. Posiblemente durarán menos, pero importante tenerlo en cuenta.

Así llegan las torrijas. El plástico no hay manera de quitarlo de forma sencilla y, si no se transportan en horizontal, las salsas se pueden salir

El precio de 5,5 euros por torrija puede asustar un poco, pero hay que tener en cuenta que son rebanadas grandes, el doble que muchas de las torrijas artesanas que se venden en pastelerías y panaderías por hasta 3 o 4 euros. Es verdad que las TorrijasXO ni son baratas ni lo pretenden, exactamente igual que el resto de productos que comercializa este chef.

Si algo le sobra a Dabiz Muñoz es gente que le haga la pelota y le diga lo bien que lo hace todo y lo ricos que son sus productos. No pretendemos sumarnos al amplísimo grupo de fans y palmeros, pero la verdad es que las torrijas están muy ricas.

La textura es muy cremosa, más sí hacemos caso de las indicaciones de Muñoz y la probamos caliente. Recomienda 10 segundos de microondas por cada lado. Le damos 20, porque con 10 -será que su microondas es mejor- sale casi fría. Cremosa pero con una textura que aguanta la mordida y la cuchara sin destrozarse. Ni rastro de líquido. Cada uno tiene sus manías, y las torrijas chorreantes no gustan por aquí.

¿Y las salsas? Una de chocolate con mole -esperábamos un punto más especiado- y otra de crema de limones, cítrica y fresca que va bien para rebajar el dulzor lógicos de las torrijas. No son empalagosas, pero es verdad que al ver lo del miso blanco esperábamos que aportara un punto casi salado que rebajara el dulzor del postre. No es así.

A 5,5 euros la torrija, es verdad que el tamaño es generoso y pensado casi para compartir

Según  los datos nutricionales, vemos que por cada 100 gramos de estas torrijas, 17 gramos son de azúcar. Comparadas con las «clásicas», también de El Corte Inglés -que es quien firma el pack de las de Dabiz Muñoz y suponemos se ocupa de parte de la producción- que tienen 21 gramos de azúcar.

Por cierto, cuestan 4,25 euros el paquete de dos de 320 gramos, frente a los citados 11 euros por los 400 gramos de las del cocinero de DiverXO. La diferencia de precio tiene pinta de ser cosa de las salsas, porque el tamaño de las dos rebanadas de pan parece el mismo.

Las «clásicas» de El Corte Inglés cuestan 4.25 euros. El tamaño y las rebanadas parecen similares

¿Están buenas? Mucho ¿Las mejores del país? Teniendo en cuenta la cantidad de buenas torrijas artesanas que se hacen por esta fechas en muchas pastelerías, eso es mucho decir. Tampoco parece su batalla, porque estamos hablando de unas de producción y distribución masiva. Teniendo eso en cuenta, casi tiene más mérito que lleguen tan ricas a la mesa.

En todo caso, las TorrijasXO juegan con dos evidentes bazas a favor que justifican su existencia y precio: son diferentes y, sobre todo, son de Dabiz Muñoz. Y a estas alturas ya sabemos que eso es un gran argumento de venta.