Archivo del autor

“Come menos carne”, el mensaje de uno de los mayores proveedores de vacuno del país

Comemos demasiada carne. Es algo que hemos escuchado ya muchas veces y de diferentes fuentes. OMS, expertos en nutrición y medicina, ecologistas y, por supuesto, el Ministerio de Consumo, que es a quien le suelen llegar los palos cuando abandera este mensaje.

Lejos de ser una idea marginal de veganos radicales, existe un amplio consenso alrededor del tema. Ya sea por motivos de salud, sostenibilidad o bienestar animal -cada cual puede combinar estos elementos según intereses y prioridades-, el futuro pasa por comer menos carne. Lo que, por cierto, no significa que la solución sean las denominadas carnes vegetales. Pero ese es otro tema.

El caso es que el otro día andaba por Alicante Gastronómica, probando la hamburguesa que hace la gente de La Bistroteca. Aunque estaban fuera de casa y no era exactamente igual que la que preparan en el restaurante, la verdad es que es fácil entender que la hayan elegido como una de las mejores del país.

Y entre mordisco y mordisco, un cartel llama mi atención. “Come menos carne, elige mejor”. Ya está Garzón fastidiándome la hamburguesa, pensé. Pero lejos de ser un lema del Ministerio de Consumo, resulta que la idea de comer menos carne es de Discarlux, uno de los distribuidores de carne de vacuno más conocidos del país.

Especializados en vaca y buey -del de verdad-, trabajan con muchos restaurantes y asadores. Vaya, por si no ha quedaro claro, que se dedican a vender carne. Concretamente desde 2005.

Así que, de entrada, puede sonar raro: un vendedor de carne diciendo que comamos menos carne. Pero, pensándolo bien, es una jugada maestra de los de marketing. Porque la clave es la segunda parte del mensaje, claro. Elige mejor. Es decir, menos carne, pero mejor carne. Justo lo que, fuera del torbellino político, cada vez más gente entiende y defiende.

Es cuestión de sentido común. Las bandejas del supermercado con carne de calidad cuestionable y criada de aquella manera, la idea de que hay que comer proteína animal sí o sí varias veces por semana y, además, pretender hacer campaña política con algo tan serio e importante, son la base del problema.

¡Es que la carne buena es cara! Un argumento habitual cuando sale el tema. Y es verdad, es más cara que la carne mala, claro. Ocurre con todos los productos. Así que el truco es comer menos e invertir ese dinero en menos carne pero de calidad.

De todos modos, no deja de ser curioso que una empresa dedicada a la carne muestre más sentido común que algunos partidos políticos que insisten en no querer entender lo que, en realidad, todo el mundo sabe.

Cuando Carlos III sugirió que había que prohibir los McDonald’s

Que el nuevo rey de Inglaterra anda algo justo de paciencia es algo que hemos ido viendo estos días. Pero, por lo visto, lo de las medidas drásticas -sea con un boli que no funciona o unos tinteros que molestan- no es algo nuevo, y ese carácter ya le viene de cuando era el Príncipe de Gales.

Una época en la que, como ha ido repasando la prensa estas semanas, meterse en jardines era una de sus especialidades. Algo que, combinado con su aparente preocupación por temas medioambientales y de sostenibilidad, dio lugar a situaciones bastante curiosas.

Uno de los capítulos más recordados y polémicos es cuando sugirió que una buena manera de luchar contra la obesidad infantil sería prohibir los McDonald’s. No es algo que no hayamos escuchado muchas veces, pero es que el actual monarca inglés lo dijo en 2007. Y claro, no es lo mismo que lo comente cualquiera que si las declaraciones vienen de un personaje de su relevancia.

El comentario real -principesco, por aquel entonces- ocurrió durante una visita a un colegio en Abu Dabi, capital de Emiratos Arabes. Acompañado de un nutricionista con quien comentaba el problema de la obesidad entre los más pequeños, Carlos señaló la popular cadena de hamburgueserías como una de las causas y preguntó si las autoridades del país se habían planteado prohibirlo, porque ahí estaba la clave.

Por supuesto, el comentario no hizo demasiada gracia a McDonald’s, que respondió asegurando que el Príncipe parecía no conocer sus esfuerzos por ofrecer alimentos más sanos como parte de sus menús.

Han pasado 15 años de aquella anécdota, que cuesta imaginar que se repita. Incluso evitando los nombres propios y planteando la responsabilidad de la industria alimentaria en general en la obesidad infantil, no es algo que un Jefe de Estado suela comentar en público.

De hecho, las experiencias cercanas nos recuerdan que cuando algún político se atreve a poner el tema sobre la mesa y plantea legislar sobre la alimentación de los niños, la reacción más habitual es una avalancha de críticas.

12 vinos para beberse Cariñena y su «vino de las piedras»

Es una de las denominaciones de origen más veteranas de España, así que a estas alturas los vinos de Cariñena no necesitan mucha presentación. Pero, aprovechando el 90 aniversario de esta DO y que este fin de semana celebran su fiesta de la vendimia -una lástima no habernos podido escapar por allí-, tenemos la excusa perfecta para reencontrarnos con algunas de las bodegas y referencias de esta región aragonesa.

Una zona vinícola que ha cambiado mucho en las última décadas, tal y como apuntan sus responsables. El resultado son vinos más elegantes y afinados que consiguen transmitir la variedad y personalidad de un paisaje y condiciones extremas. Y que ha servido de inspiración para eso de «vino de las piedras», el lema con el que desde hace unos años identifican los vinos de Cariñena.

Y todo con unos precios de venta muy ajustados, en ocasiones incluso demasiado económicos. Una buena noticia para el comprador, pero que muchas veces no ayuda al productor, ni tampoco a conseguir posicionar estos vinos en un segmento de cierto prestigio.

¿Y qué beber de Cariñena? Rara vez las propias denominaciones de origen se atreven a hacer una selección de los más interesantes de la zona, pero aquí han tenido una gran idea y cada año un sumiller de prestigio se encarga de escoger los vinos que considera más interesantes y representativos de la región.

Este 2022 el encargado ha sido Raúl Igual, elegido en 2021 como Mejor Sumiller IWC (International Wine Challenge), por destacar un dato de su largo curriculum relacionado con el mundo del vino. En una cata a ciegas, él ha escogido estas doce referencias que conforman la Selección Premium 2022, y que se pueden comprar de forma conjunta por menos de 150 euros.

Hemos podido catar algunos de ellos y la verdad es que ha sido un grato reencuentro con Cariñena, una zona que teníamos un tanto olvidada. Sus tintos a base de garnacha y cariñena se han quitado esa fama de vinos que casi se pueden masticar -potentes y con mucho alcohol-, aunque seguimos hablando de vinos con cuerpo y volumen.

También nos hemos topado con blancos interesantes, que saben trabajar bien con unas variedades adaptadas al duro clima de la zona. Mención especial, por cierto, al singular Aromas del Pilar, que reivindica las mistelas a base de garnacha aragonesa.

Pero mucho más interesante que nuestra opinión es ver cuáles son los vinos seleccionados este año. La mayoría, como decíamos, sobre los 10 euros e incluso por debajo, y ninguno se va de los 20 euros la botella. En la web oficial se pueden encontrar más detalles así como las notas de cata para los que estén interesados.

  • Anayon Macabeo
  • Elements Lluvia
  • Las Margas Garnacha Blanca
  • Anayón Cariñena
  • Anayón Garnacha
  • Elements Tierra
  • Hacienda Molleda Cariñena
  • Paniza Última Garnacha
  • Terrai OVC
  • Torrelongares Gran Reserva
  • Viñas Viejas de Paniza
  • Aromas del Pilar

Castilla la Mancha cambia olivos y viñas por el cultivo de pistachos

Las aceitunas se pagan a menos de 85 céntimos el kilo y las uvas a poco más de 60 céntimos. Ante este panorama, algunos agricultores de Castilla La Mancha están cambiando los cultivos tradicionales de la zona por uno aparentemente mucho más rentable: los pistachos. Y es que, según leemos en The Guardian, este fruto se paga a entre 6 y 8 euros el kilo.

Con estas cifras sobre la mesa, no parece que hagan falta muchas explicaciones para explicar esta apuesta que, a largo plazo, podría cambiar el típico paisaje manchego. Por ahora es pronto porque, según este interesante artículo del rotativo inglés, la producción de pistacho es todavía muy pequeña: 2.800 toneladas el pasado año, nada en comparación con los grandes productores de este fruto.

Lejos de ser algo improvisado, la apuesta por árboles de pistacho es fruto de una investigación que se remonta una década y que ha buscado cultivos alternativos y más rentables que los actuales en la zona. Según The Guardian, una de las más pobres del país y más amenazadas por la despoblación.

Y el pistacho ha sido el ganador en esta especie de concurso. Una planta que se adapta perfectamente a las condiciones climáticas un tanto extremas y al suelo de la zona. El calor no parece ser un problema para este cultivo, capaz también de sobrevivir en suelos secos.

Todo suena bastante idílico hasta leer lo que ocurre en otras regiones que han apostado por este cultivo: durante un periodo del crecimiento, sí necesita bastante agua, lo que ha supuesto un grave problema en zonas productoras (desde Irán a California), que han tenido restricciones de agua a causa de la sequía.

Los productores parecen realmente entusiasmados y no dudan en hablar del pistacho como el cultivo del futuro y la salvación de la zona. También, por supuesto, alaban su calidad y ya hablan de los pistachos españoles como los mejores del mundo. Menudos somos para estas cosas.

Pese a ello, es imposible no pensar en este tipo de cultivos y recordar lo que ocurre con el aguacate, un producto que se da muy bien en ciertas zonas del país, que resulta mucho más rentable que otros cultivos, pero cuyas necesidades de agua generan problemas o, al menos, mucho debate.

Pin parental para que Garzón no convierta a tu hijo en vegano

En la reunión del cole han tenido que ponerse serios con los almuerzos porque hay niños que llevan patatas fritas y Bollycaos, me cuenta una amiga. No es un caso aislado, como sabrá cualquiera que pise un parque a la hora de la merienda. Para entendernos, hay más zumos de bote y Pelotazos que manzanas.

Pese a ello, por lo visto, hay algún partido político que sigue creyendo que la alimentación de los niños es también un arma política que se puede usar para atizar al gobierno. O, mejor dicho, al ministro Garzón. No es ninguna novedad, porque ya hemos visto ese comportamiento con cada paso dado por el Ministerio de Consumo sobre alimentación o publicidad de alimentos insanos para menores.

Pese a que son medidas con un respaldo científico e internacional incuestionable y de puro sentido común, hemos podido ver a diputados posar con chocolatinas sólo para llevar la contraria a Garzón. Ese es el nivel.

Pero siempre hay margen para superarse. Y la penúltima es sugerir que los padres tienen derecho a que sus hijos no reciban formación en materia nutricional en los colegios. Vaya, como el pin parental aquel, pero aplicado ahora a la alimentación.

Así lo denunciaba el propio Alberto Garzón a través de su cuenta de Twitter, indicando que un grupo parlamentario -quién será, qué misterio- había planteado semejante estupidez como pregunta parlamentaria.

Vamos a dejar de lado que -como todo el mundo debería saber- los padres no eligen la educación de sus hijos, sino que, por suerte, está reglada. Vaya, que si quieres contarle que la Tierra es octogonal, lo haces en casa, no puedes exigir que alguien le mienta en el colegio.

No es que lo entendamos ni compartamos en otras materias, pero cuesta imaginar un sólo motivo por el que una familia no querría que a su hijo le explicaran temas nutricionales en el colegio. Imaginamos que por si le obligan a hacerse vegano, claro.

Tendría gracia si no fuera porque igual es verdad que algunos lo creen. Pero, sobre todo, porque estamos hablando de la alimentación de los más pequeños en un país que ha visto multiplicarse sus tasas de obesidad infantil en las últimas décadas.

Los pequeños reciben cada día decenas de impactos publicitarios sobre alimentos, y la inmensa mayoría son de productos poco sanos. Incluso si en casa cuidas la alimentación, ahí fuera, en el parque, en la tele y en Twitch, lo que se estilan son los Donetes y las hamburguesas. Darles herramientas e información para que sepan defenderse de ese bombardeo de la industria alimentaria es una asignatura más que necesaria.

Como, en realidad, todo el mundo sabe. En el Parlamento y fuera. Porque, en el fondo, sabemos que no lo dicen en serio. Que es sólo un farol más en esa carrera por ver quién la dice más gorda, por marcar la agenda informativa y por hacer que sea un tema de debate lo que en realidad no debería ni discutirse, sino ser un pacto nacional firmado por todos los partidos.

Drama gastronómico en Cataluña por el pan con tomate de ‘The New York Times’

Muchas risas con los valencianos que se enfadan cuando se toca la santa paella, pero poca broma con el plato de nuestro pueblo. El penúltimo capítulo en esta larga saga de insultos internacionales a clásicos de la gastronomía local lo protagonizan nada menos que The New York Times y el pan con tomate.

Mientras en Girona caen en picado las suscripciones al respetado diario, algunos señalan que no es la primera vez que este periódico opta por versionar a su manera recetas ajenas. Al pan con tomate han cometido el delito de ponerle rodajas de tomate por encima, pero es que por lo visto al guacamole mexicano le pusieron guisantes.

Para algunos, este tipo de cosas cuestionan la credibilidad de un medio de comunicación. ¿Cómo informarán de Ucrania si ni siquiera saben hacer un puñetero pan con tomate?, gritan al cielo los más integristas del tema tomatero. ¡Afrenta nacional! ¡Quememos las rotativas!, proponen los damnificados en su honor gastronómico. A la inmensa mayoría, por supuesto, les da absolutamente igual o se limitan a cachondearse del asunto.

Todo el lío viene a cuenta de una receta compartida por The New York Times en la que proponen un “pan con tomate” con algo de sobredosis de tomate. Hay, por lo visto, varios delitos: usar tomate rallado en lugar de frotar el tomate directamente sobre la rebanada de pan y, sobre todo, poner rodajes de varios tipos de tomate sobre el pan para rematar el plato.

¿Es pan con tomate? Parece evidente que sí, porque hay pan y tomate. Mucho. ¿Es la receta canónica catalana? No, pero es que tampoco lo pretende. Por supuesto, nadie se ha parado a leer la descripción de la receta donde explican claramente que se trata de su versión del pan con tomate, que tradicionalmente se hace frotando el tomate sobre el pan aunque -explican- en muchos sitios usan tomate ya rallado.

Vaya, que en ningún momento se indica que esta sea la receta auténtica, la santa, la única, la real. Suponiendo que a frotar ajo y tomate sobre pan tostado y ponerle un poco de buen aceite de oliva se le pueda llamar receta, apuntan algunos. Pero ese es otro debate. Porque aquí la cosa no va de gastronomía, sino de orgullo patrio y todo eso.

Por supuesto, los más ofendidos son los mismos que luego se pasan por la punta del recetario la ortodoxia con pizzas, panettones, ceviches o cualquier cosa que salga de nuestras fronteras. Sin demasiados miramientos y sin ir luego a confesar, arrepentidos, a la ONU.

“Aberrante”, brama la prensa nacionalista catalana que, por lo visto, no pisa mucho los restaurantes locales donde no es difícil encontrar panes con tomate con bastante peor pinta que el de esta receta. Tampoco hemos visto muchas manifestaciones contra ese ‘pantumaca’ -tal cual- que se vende ya preparado o se lee en algunas cartas para turistas en Barcelona.

O quejas formales a la Generalitat porque en ningún sitio el pan con tomate se prepara por las dos caras, como decía el gran Leopoldo Pomés que tenía que hacerse. Le dedicó un libro al asunto del pan con tomate, así que algo sabía del tema.

Igual que pasa con tantas recetas de arroz, el pan con tomate es un invento de aprovechamiento para adecentar pan reseco y tomates que amenazaban con ponerse malos. A partir de ahí ya, el relato, la historia y el toque gastronómico que pretende sacralizar lo popular. O dignificarlo, como dicen algunos. Como si tal cual no fuera digno.

Por cierto, en el centro de Barcelona abrió hace unos años un precioso restaurante dedicado al pan con tomate. Bar Nou se llamaba. No duró demasiado, lo que igual es una pista del interés real por un buen pan con tomate. Ahora es un local de una cadena de hamburgueserías. Quienes quieran ponerse estupendos, mejor empezar por casa, no por Nueva York.

Cuando un ‘Tío Pepe’ costaba el doble que un ‘Vega Sicilia’

No hace falta ser un experto en el tema para saber que Vega Sicilia es uno de los vinos más caros de España. En realidad, es una bodega con varias referencias y marcas (Único, Valbuena 5º…), pero ya nos entendemos. Para todo, el mundo Vega Sicilia es sinónimo de vino bueno y con precios muy elevados.

Tampoco hace falta un máster en enología para situar Tío Pepe como una de las bodegas míticas y veteranas de Jerez. Y los vinos generosos que se elaboran en esta región, como uno de los patrimonios vinícolas más interesantes del país. Y, curiosamente, muchas veces más aplaudidos y bebidos fuera que dentro. Por situarnos, una botella de fino de Tío Pepe anda sobre los 7 euros en cualquier tienda o supermercado.

Pero el caso es que no siempre ha sido así. Hubo un momento en el que este fino se cotizaba mucho más que el famoso tinto de Ribera del Duero, hasta el punto que una botella de Tío Pepe llegaba a costar el doble en un restaurante que un mítico Vega Sicilia.

Así se puede ver en una carta de vinos del restaurante Lhardy de Madrid, que hace unos días compartía Eric Vernacci, miembro de la Academia Madrileña de Gastronomía y muy conocido en las redes por sus visitas a los mejores restaurantes del país y su exquisito gusto con los vinos.

Tal y como consta en la citada carta, la botella de Tío Pepe andaba por las 15 pesetas y, de hecho, era una de las referencias más económicas dentro del apartado de vinos de Jerez que aparece. El Vega Sicilia tinto, sin embargo, se cotizaba a 6 pesetas la botella y el blanco -también había Vega Sicilia blanco en la época- a 10 pesetas.

Hace muchísimos años de aquello, posiblemente un siglo. No hay fecha exacta de la carta pero, por las añadas de los vinos, cabe situarla entre 1920 y 1930. Pero no deja de ser curioso el protagonismo de los vinos de Jerez en la época, cuando ahora todavía son casi una rareza en la mayoría de restaurantes del país.

¿Y qué ha pasado con los precios? De costar más del doble que un Vega Sicilia, ahora mismo la comparación sería absurda: frente a esos 7 euros del citado fino, con un Vega Sicilia Único empezaríamos a hablar a partir de 300 euros como poco.

Las explicaciones a este cambio son de sobra conocidas: alta producción, guerra de precios entre bodegas de Jerez, vinos muy complejos como para poder comunicarlos de forma sencilla… Y aunque es verdad que en los últimos años se está haciendo un gran trabajo para reivindicarlos, cuesta imaginar que su popularidad y reconocimiento (en el mercado, más allá del pequeño y cerrado mundo del vino) pueda volver a ser el de hace un siglo.

¿La cafetera más inteligente? Probamos ‘Smarter Coffee’

Qué mejor mes que septiembre, por aquello del sueño y la vuelta a la rutina y los madrugones, para seguir con nuestra búsqueda de la cafetera perfecta. Hemos probado superautomáticas de gama alta, expreso manuales de marcas muy reconocidas en el mundo cafetera, e incluso una pour over automática que nos encantó.

¿Y qué pasa con las cafeteras de goteo de toda la vida? Sí, esas que resuelven el café largo de la mañana en muchas casas. La gama es enorme, también la variedad de precios, desde menos de 30 euros a unos cuantos centenares.

Aunque aparentemente todas hagan lo mismo, sus componentes (empezando por si tienen o no molinillo) o la capacidad para mantener una temperatura controlada y constante del agua, son clave y explican las diferencias abismales de precio. Además de la marca y el diseño, claro.

Y dentro de esa gama, hemos estado probando una un tanto diferente. Elegida por la BBC como una de las mejores cafeteras bean to cup (del grano a la taza) -otros medios especializados le dan un repaso bastante menos benevolente- la Smarter Coffee se vende solo online y cuesta unos 230 euros.

Es una cafetera de goteo con molinillo integrado, bonita, compacta y con un plus: presume de ser inteligente, lo que quiere decir que podemos controlar todo desde el móvil con una aplicación o incluso con órdenes de voz a través de Siri o Amazon Alexa. Exacto, para que así Jeff Bezos sepa cómo nos gusta el café por la mañana.

La aplicación permite ajustar cantidad de tazas, fuerza del café y programarla para que el café esté listo a la hora que queramos. También para mantenerlo caliente hasta 40 minutos, aunque ya sabemos que no es muy buena idea y puede afectar a la calidad final.

Desde la propia cafetera también podemos ajustar todo esto (no programación) y además el tamaño de molido de los granos de café que, como sabemos, afecta mucho al sabor e intensidad.

Molinillo y filtro

La verdad es que es muy fácil de configurar y usar. Tanto desde la aplicación como desde la propia cafetera. Confesamos que tras los primeros días hemos usado más los mandos directos del aparato que los controles desde el móvil.

Pese a la terrible foto, se aprecia que el molido -en modo más fino- es demasiado grueso.

Del diseño -con cubiertas de varios colores incluidas para que quede bien bonita en la cocina- solo una queja: la jarra (carafe) es un tanto frágil. Pensaba que era solo cosa nuestra, pero rebuscando comentarios entre usuarios, la rotura de la jarra es una queja recurrente.

El molinillo integrado es una pieza clave del conjunto. Funciona correctamente, pero además de ser algo ruidoso el molido incluso en la posición más fina, resulta un poco grueso. Como alternativa siempre se puede recurrir a café ya molido, pero es lógico pensar que si compramos una cafetera con molinillo es porque queremos usar grano.

La Smarter Coffee usa un filtro fijo que, como siempre, tiene sus ventajas (residuos, coste…) e inconvenientes. Por curiosidad, hemos usado filtros de papel y, además de comprobar que encajan bien, se aprecia cierta mejora en el resultado.

Enumeradas las quejas, la cafetera es bastante rápida en su puesta en marcha.  Tras un precalentamiento de unos 3 minutos, en algo más de 5 minutos tenemos listas cuatro tazas, la medida mínima que permite y la que más hemos usado. El depósito permite elaborar hasta 12 tazas a la vez.

Si trabajamos con buen café, obtendremos resultados muy correctos. Pero hay que tener claro que no es una cafetera para puristas del asunto ni alumnos aventajados que más que beber, catan café. Su rendimiento está por encima de la media -también el precio- pero hemos obtenido mejor café con muchas otras cafeteras probadas.

Por lo demás, el tamaño es bastante compacto, las opciones de control son cómodas e interesantes, y el precio no es desorbitado para lo que ofrece.

Oiga, que por ese precio me puedo comprar una Moccamaster de colores. Cierto, pero más allá de diferencias en diseño -más clásico- y tamaño, en ese caso toca renunciar al molinillo incorporado y todas las opciones de control que ofrece esta Smarter Coffee.

El alimento que Carlos III prohíbe en sus menús desde hace más de 10 años

Como no queríamos ser los únicos en perdernos la fiesta del clickbait que durante estos días rodea a la familia real británica, hemos estado revisando los gustos culinarios del nuevo monarca inglés tras repasar los de su difunta madre, la reina Isabel II.

Así, hemos descubierto que, por lo visto, su comida favorita es el risotto con setas y cordero, que le encanta un restaurante indio de Londres, y que a la hora de beber es más de whisky escocés bien ahumado que de ginebra.

Pero confesamos que siempre nos llama más la atención descubrir lo que no gusta, está prohibido o todas esas cuestiones que suelen tener con manías de niños ricos o cuestiones de protocolo que suelen estilarse en las familias reales.

Y en el caso de Carlos III hay una historia relacionada con sus gustos y su dieta que nos ha sorprendido. Resulta que al nuevo rey no le gusta el foie, y desde 2008 sus cocineros tienen prohibido incluirlo en cualquier menú. En realidad, no sabemos si le gusta o no, porque el motivos para eliminar este producto de la lista de la compra obedece a motivos animalistas.

Sí, la misma persona que en su momento amenazó con irse del país si se prohibía la caza del zorro, se ve que tuvo una revelación posterior y empezó a preocuparse por la vida de los animales. Al menos de los patos.

El giro definitivo llega al encontrar que, en su momento, PETA -la asociación animalista conocida por sus campañas un poco locas que hacen un flaco favor al veganismo- escribía sobre el asunto con cierta admiración por el entonces Príncipe de Gales, y su entonces máximo responsable le escribió una carta de agradecimiento por su gesto.

Según explicaban en aquel momento, recibió una carta donde le hablaban sobre la alimentación forzada que sufren los patos en algunas granjas de foie y se reclamaba que retiraran ese producto de una tienda con el sello oficial de la Casa Real. La respuesta oficial fue contundente: el príncipe había ordenado a sus cocineros -ahora también sabemos que es muy de ordenar- que no se comprara más foie.

Aunque hace años que la producción de foie con alimentación forzada está prohibida en Reino Unido, a día de hoy se está debatiendo sobre la posibilidad de prohibir la importación y venta de este producto.

No trates a los camareros como Carlos III a sus ayudantes

En esta retransmisión minuto a minuto de la muerte de Isabel II y la coronación de Carlos III ha habido un momento que ha despertado muchos comentarios en las redes sociales. Un pequeño detalle en un momento histórico, pero que para muchos da una pista interesante del carácter del nuevo monarca británico.

Se ha hecho viral, así que a estas alturas todo el mundo habrá visto los gestos un poco feos del nuevo rey para que le despejaran la mesa. Tanto tintero y tanta pluma no dejaba apenas sitio para que el pobre Charles III firmara cómodamente los importantes documentos que tenía delante.

Pero en vez de retirar él mismo lo que le molestaba como cualquier simple mortal o pedir educadamente que alguien lo hiciera, Carlos III lo ordenó a los ayudantes que había por allí de una manera un tanto expeditiva.

Y los plebeyos, que son muy envidiosos y siempre le andan buscando las cosquillas a los pobres monarcas, no han dudado en afearle las maneras. Cabe suponer que cuando se lleva más de media vida esperando ese momento y todo el mundo te está mirando, es fácil perder los nervios. Que también es verdad que se supone que es parte de tu trabajo, pero podemos llegar a entender la tensión del momento.

Así que que mucho Windsor, mucho estudiar en Eton y codearse toda la vida con lo mejor de cada familia, y a la hora de la verdad y con medio mundo viéndole en directo no parece saber lo que mi hijo de cuatro años sí: las cosas se piden por favor y se da las gracias.

El caso es que los analistas de Twitter no han dudado en identificar el gesto no como algo casual, sino como un reflejo instantáneo que desvela la personalidad del monarca. Vaya, que no es que haya sido maleducado por los nervios del momento, es que es así como considera que puede tratar a quienes trabajan para él.

La anécdota, llamada a olvidase en breve como todas esas cosas virales que ocupan titulares y conversaciones durante un rato, me ha recordado a eso que de vez en cuando merece recordar: si quieres saber cómo es alguien de verdad, fíjate cómo trata a los camareros en un bar o en un restaurante.

Da igual si hablamos de influencers de Regional B molestando a camareras, de eruditos gastrónomos comportándose como auténticos cretinos en la mesa -de esos he visto unos cuantos en directo- o de ti, José Luis, que pagas 15 euros por un menú del día y crees que puedes hablar de cualquier manera a quien te está atendiendo. Aunque pagues 365 en DiverXO, ya me entiendes.

Los que chistan desde la otra punta de la barra del bar, los Torrente de la vida que se permiten incomodar a la paciente camarera o los que, en general, consideran que en el ticket va incluido sentirse un Windsor durante un ratito, son de la misma calaña que el nuevo rey inglés. Y encima ellos no saldrán en The Crown.