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MasterChef Celebrity 4, o cómo hacer un reality de cocina sin cocina

Pues ya está, 12 semanas después llega a su fin la cuarta edición de MasterChef Celebrity. Una edición que se puede resumir en una sola frase: vinimos a cocinar y por el camino nos olvidamos los ingredientes.

Y es que esta cuarta edición ha sido, sin lugar a dudas, la de más bajo nivel culinario con diferencia. En la semifinal aún hubo quien presentó algún plato que ni los Junior. Eso sí, risas y condimentos para el reality, todos y más.

Sin ir más lejos, MasterChef pasará a la historia de la televisión por ser el primer programa en reunir en un mismo plató a las archienemigas Ana Obregón y Antonia Dell’Atte. Tanto es así que no nos extrañaría que la Obregón fuera la repescada únicamente para poder ofrecer este capítulo de la televisión. Solo eso explicaría que, una vez de vuelta a las cocinas, fuera de nuevo la siguiente expulsada. Eso sí, el momentazo televisivo, como diría Boris, no se lo quita nadie.

Pero volviendo a la cocina, como decíamos, ha sido la gran ausente de esta edición. A riesgo de que nos llamen crueles, podríamos decir que uno de los signos evidentes de que se han esmerado más bien poco ha sido la falta de “accidentes” entre los concursantes.

Más allá de alguna quemadura en los brazos, especialmente de Tamara y Vicky, pocos parches hemos visto. Y no es que queramos que las celebrities se desangren, pero un poco más de garbo con los cuchillos no hubiera estado de más.

Pero claro, poco cuchillo hace falta cuando en una eliminación, momento decisivo de cada programa, la prueba consiste en hacer un huevo frito, una tortilla francesa y un huevo poché. Pues sí, seguro que es muy difícil hacerlos perfectos, pero hombre, en un programa de cocina, y en la semana 5, igual no toca, que diría aquel.

En general, ha sido una edición descafeinada culinariamente hablando. Divertida lo ha sido un rato. Al final, han convertido el programa en una especie de sitcom en la que, casualmente, los principales protagonistas son los que han llegado a la final.

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MasterChef Celebrity 4: Los Chunguitos, la hija del Marqués y un nivel culinario por los suelos

Cuatro semanas lleva ya en antena la cuarta edición de MasterChef Celebrity (esta noche se emite el programa 5) y por aquí aún no habíamos hablado del tema. ¿Por qué? Pues porque esta vez preferíamos esperar algunas semanas para que no nos acusaran de hablar antes de tiempo.

Ahora, con unos cuantos programas y apuntes en nuestra libreta, ya estamos preparados para decir lo que seguramente hubiéramos dicho el primer día: o el formato se agota, o ya no saben qué hacer para mantener la audiencia. Solo eso explica que Los Chunguitos entraran en el programa y peor aún, ¡se mantengan!

Que sí, que nosotros también nos reímos con ellos, pero se supone que aquí se viene a cocinar y, de momento, lo más que han hecho es triturar una piña en la batidora durante aproximadamente 30 minutos. Eso, y una ensalada verde cuyas hojas y demás ‘tallos’ no vieron ni el agua antes de acabar en el plato, con cuerda incluida. Y pese a todo, milagrosamente -o no- ahí siguen. Casualmente, en las pruebas de exteriores -que como todo seguidor del programa sabe, son las más duras y siempre faltan manos- el equipo en el que ellos cocinan (por decir algo, porque lo cierto es que ayudar, más bien poco) siempre gana la prueba. Y eso que cuentan con 4 manos menos…

En fin, cualquiera con un poco de mala baba diría que esto huele a chamusquina… Nosotros nos sumaremos a la teoría de los propios José y Juan que no dudan en calificarse a ellos mismo como “los talismanes” del programa.

 

Tamara Falcó, la “artista” revelación

Además de su falta de conocimientos culinarios, el paso de Los Chunguitos por el programa será recordado también por la amistad que han entablado con Tamara Falcó. “Madre mía, la hija de un Marqués con Los Chunguitos”, comentaban sus compañeros entre risas al principio del programa. Pero lo cierto es que la hija de Isabel Preysler y el Marqués de Griñón está rompiendo moldes.

La que en un principio tenía todas las papeletas de ser la Lomana de la cuarta edición, se ha ganado al jurado, a todos sus compañeros y a una buena parte de la audiencia del programa. Hasta El Sevilla, cantante de Mojinos Escozíos (no se nos ocurre un artista más lejos en todos los sentidos de Tamara Falcó) dijo al abandonar el programa que lo mejor de su paso por el concurso, lo que más le había sorprendido, habido sido conocer a Tamara: “Me parece maravillosa. La gente tiene muchos prejuicios y le va a venir muy bien el programa para que la gente la conozca”.

Y es que lejos de ser una niña remilgada, Tamara se muestra semana a semana cercana, divertida y cariñosa. Y no se le caen los anillos a la hora de hacer nada. Ni siquiera para coger el hacha y despellejar los conejos que haga falta para salvar a su equipo. Hasta el jurado la nombró la mejor en aquella prueba. Y es que esa sí es una imagen para pasar a la historia de la televisión. Y nos referimos al trabajo de Tamara, claro, no a la escena en sí que, para muchos espectadores, volvió a ser algo que el programa se podría haber ahorrado como ya pasó en ediciones anteriores.

La espontaneidad de Tamara es tal que gracias a ella estamos conociendo las intimidades culinarias -y no solo culinarias- de su familia. Ahora sabemos que en casa son adictos al chocolate (eso explicaría el idilio de su madre con los Ferrero Rocher), que a Vargas Llosa no le gusta comer nada que tenga hueso (¿?), que en su casa quien cocina es Ramona (ya sospechábamos que mamá no era), etc. De hecho, su exceso de sinceridad le llevó la semana pasada a confesar que para su libro Cupcakes de Tamara tan solo se había hecho las fotos. “Luego dijeron que eran mis recetas, pero no lo eran”. Maravilloso.

 

Boris y Anabel, de nuevo en el programa

La semana pasada se produjo otro de esos momentos que ponen en duda el funcionamiento del programa. ¿Recurren a antiguos concursantes que funcionaron bien por gusto o porque necesitan un poco de mecha? Las audiencias les acompañan, eso es cierto, pero ¿quizá los concursantes no brillan todo lo esperado por el bajo nivel culinario?

El caso es que en el programa de la semana pasada Boris Izaguirre y Anabel Alonso aparecieron en la prueba de eliminación como candidatos a entrar de nuevo en el concurso, consiguiendo hacerse con una plaza y eliminando de paso a dos de las concursantes de esta cuarta edición: Marta Torné y Elena Furiase.

Justo o no, dos concursantes de pleno derecho de esta edición han sido expulsadas por dos concursantes que ya pasaron en su día por el programa y que, obviamente, no están en igualdad de condiciones. Y lo peor de todo no es eso. Lo peor -y más frustrante- es que Los Chunguitos volverán a ponerse de nuevo delante de los fogones una semana más.

Lo peor y lo mejor de Master Chef 7

Pues ya está, hasta aquí ha llegado una nueva edición de MasterChef. Una temporada que arrancaba con la afirmación de que se enfrentaban a un alto nivel culinario, y que, una vez más, se ha demostrado que salvo algún concursante que ya entró fuerte y algún otro que ha evolucionado durante el concurso, el resto, pues la verdad, ni fu ni fa.

Eso sí, si por algo ha destacado esta séptima edición ha sido por el exceso de protagonismo del (supuesto) conflicto entre Carlos y Valentín. Una lucha que desde el programa han explotada hasta la saciedad, insistiendo y pinchando en cada uno de los programas incluso en más de una ocasión.

La guerra entre ambos y la formación de los consiguientes “ejércitos” a cada bando ha llenado, para nuestro gusto, demasiados minutos del programa. Ya sabemos que es tele y que blablablá pero, la verdad, ha resultado bastante cansino.

Carlos, lo peor de esta edición

Además del citado conflicto, lo peor de todo ha sido Carlos en sí mismo. El más sobrado (pese a no saber hacer ni un gazpacho) de los concursantes que recordamos en todos estos años. Un tío que llegó ya el primer día rajando de todos los compañeros, condenando a algunos de ellos a las pruebas de eliminación -como a Osiris, de quien llegó a decir que era un sobrado y que había que echarlo a los leones- o celebrando la expulsión de algunos de sus compañeros con una cara de satisfacción que daban ganas de apagar la tele.

Junto con Marcos llenaron el programa de un exceso de testosterona que resultaba bastante desagradable. Y suerte que Aleix no llegó a sumarse a eso que ellos insistían en llamar “El Trío Calavera” y que, gracias a dios, no llegó a fraguar nunca, porque hubiera sido la plasmación del mismísimo Trío de Colón en versión culinaria.

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‘Master Chef 7’: maridajes con cerveza en el país de los vinos y otras decepciones de la nueva edición

Este año la séptima edición de MasterChef ha arrancado bajo la premisa del ‘todo nuevo’. La novedad fundamental, con permiso de la ausencia de Eva González, es que, por primera vez, compiten no solo los concursantes sino también el jurado. “Nuestra reputación está en juego”, afirmaba Jordi Cruz nada más arrancar el primer programa.

Como si de La Voz se tratara -igual se trataba de homenajear a Eva- cada jurado tiene sus propios minichefs. 5 cada uno para ser exactos, aunque la pobre Samantha ya tuvo su primera baja en el primer programa. Veremos cómo evoluciona la cosa hoy en la segunda entrega.

Pero más allá de esto, la verdad es que, novedades novedades, pocas. Un año más ha apelado al altísimo nivel culinario, pero bastó la primera prueba de eliminación -a base de bocadillos- para ver que, de entrada, los que se salvan se pueden contar con los dedos de una mano. Y no lo decimos nosotros, es que ellos mismos se retratan.

Sin ir más lejos, Teresa, la gallega que dice haber venido al programa a “reivindicar las canas” se vanagloriaba de haber hecho su primera mayonesa. Vamos, que ni Carmen Lomana en la edición Celebrity. Y lo mejor es que se supone que ella, y algunos otros de sus compañeros, han sido los elegidos de entre los 25.000 aspirantes que se han presentado a esta edición…

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10 conceptos para que parezcas todo un experto en vino

El mundo del vino es tan fascinante como complejo. O al menos eso es lo que parece visto desde fuera. Pero lo cierto es que basta un poco de interés y pasión por la materia – además de práctica, claro, aunque esa es la parte fácil en este caso- para darse cuenta de que una vez dentro no sólo no es tan complicado sino que es más sorprendente aún de lo que pensábamos.

Esto no quiere decir que sea fácil de manejar. Como decimos, hace falta poner algo de nuestra parte y el resto vendrá rodado. Una buena manera de empezar para no sentirnos como un pulpo en un garaje es comenzar a familiarizarse con algunos términos muy habituales entre aquellos que son expertos en la materia.

Empecemos con 10 conceptos básicos para ir situándonos. Algunos nos resultarán más familiares y otros menos pero nadie dijo que el camino hacia el estrellato enológico fuera fácil.

  • Añada

La añada de un vino viene determinada fundamentalmente por las condiciones climáticas que se dieron durante el año de la cosecha en la zona en cuestión. Esto marcará la base de la que partirá el vino y determinará si estamos hablando de una buena o una mala añada. Si la cosecha ha sido buena, el vino ya tendrá unas buenas condiciones de partida. Si por el contrario la cosecha no ha sido muy buena, será el enólogo de la bodega quien tendrá que emplearse a fondo para conseguir el mejor vino. La información de la añada de un vino se puede encontrar en la etiqueta, normalmente en la parte frontal.

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Lo mejor y lo peor de MasterChef Junior 6: ¿Se agota el formato?

Finalizada una nueva temporada de MasterChef Junior, se masca la tragedia: ¿Se agota el formato? A nadie se le escapa que esta edición ha dejado bastante que desear en lo que a culinario se refiere (“yo no se pelar manzanas”, se le ha oído decir a algún concursante), y siempre en comparación con otras ediciones del talent infantil. Sí, algunos niños han brillado en algún momento pero, la verdad, pocos -momentos y niños-.

Ante esta situación, lo primero que uno piensa es si no se habrá agotado la fuente de niños brillantes con aspiraciones culinarias. Los campamentos MasterChef son una buena cantera, pero parece que la cosa empieza a flojear. 8.000 niños se han presentado a esta sexta edición, y sólo los 16 mejores han formado parte del concurso.

Ahí está el problema, que estos eran los mejores. Y que nadie se confunda: los niños lo han hecho maravillosamente bien. Miren a Candela: 8 años y en la final. ¿Qué más se puede pedir? Puede que el problema sea que nos habían acostumbrado a niños capaces de enfrentarse a menús de Estrella con una facilidad pasmosa. Y eso tampoco es normal.

Otra de las cosas que hemos visto mermar en esta edición ha sido la exigencia de los chefs del jurado. Samantha, Pepe y Jordi han sido claramente más indulgentes que en ediciones anteriores. Y no es que nos parezca mal. Al contrario, lo celebramos.

Así como en la edición de adultos la caña mola, siempre hemos dicho que uno de los problemas de MasterChef Junior era la extrema exigencia y competitividad que el programa trasladaba a los pequeños. Por eso nos ha sorprendido lo relajados y comprensivos que han estado esta vez.

¿Quizá también ellos eran conscientes de las limitaciones de los concursantes? Es posible. Después de un primer programa en la línea de ediciones anteriores, el nivel de exigencia cayó en picado, y no podemos sino pensar que también ellos vieron que, esta vez sí, los concursantes eran niños. Y punto.

En fin, sea como sea, lo que nunca dejará de sorprendernos es cómo es posible que una renacuaja que no llega ni a ver la olla pueda hacer un guiso de rape con patatas o unas patatas a la riojana. O hacer unos ravioli rellenos de ricotta y yema de huevo sin que esta se rompa. O presentar un plato precioso con un bogavante impreso en 3D comestible y relleno con trozos del propio bogavante. Motivos más que suficiente para seguir al detalle cada uno de los programas de esta sexta edición, y disfrutar con lo mejor de cada uno de ellos.

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Ideas para regalar en Navidad: 10 objetos de diseño para tu cocina

Como cada año, desde La Gulateca hemos decidido echarte un cable con eso de la temida lista de regalos. El otro día ya os proponíamos unos cuantos libros de cocina para -esperamos- algo más que adornar las estanterías de la casa.

Hoy vamos a meternos de lleno en el diseño con una colección de 10 objetos que seguro que harán de tu casa un lugar aún más bonito. Porque, claro, la lista no es sólo para que cojas ideas para los demás: ¡tú también te puedes beneficiar!

1- Lignun // SKID 

Cuchillos de madera en el mercado hay muchos, pero pocos como éste. Un cuchillo 97% madera – 3% acero, disponible en seis ediciones diferentes y cada una producida en un tipo de madera distinto. Un diseño exclusivo no al alcance de cualquiera, pero que hará de tu regalo el más excepcional. Puedes encontrarlo disponible en su página web a partir de 300€.

2- Vajillas de Chichinabo 

Hace tiempo que somos fans de las vajillas de Chichinabo. De hecho, podéis encontrar alguno de sus diseños en nuestras recetas. Uno de los más divertidos es su colección homenaje a los bares de toda la vida, un pack de 3 pequeñas fuentes, perfectas para el aperitivo. Disponibles en su página web por 32€. Y no dejéis de echarle una ojeada a sus colecciones personalizadas. Para esta ya no llegáis pero con tiempo ¡es un regalo de 10!

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Los callos de Lomana, el mal perder de Santiago Segura y las tradicionales sospechas de tongo: lo mejor y lo peor de Master Chef Celebrity 3

Siempre que acaba una nueva edición de MasterChef -da igual si es la Senior, la Junior o la de los famosetes- siempre nos queda la misma sensación de que nos ha sabido a poco y empezamos a buscar por Internet cuándo empieza la siguiente edición.

Así que con la final de anoche todavía fresca -tranquilos, no hay spoilers- como era de esperar, nos ha vuelto pasar. Pero como nuestra obligación es no quedarnos sólo con lo bueno -demasiado fácil-, tan sólo hemos necesitado echar una ojeada a los apuntes de estas semanas para volver a encendernos con algunas de las cosas que hemos visto en esta edición.

Sí, ya sabemos que es la de los famosos y que ellos no se dedican a esto de manera profesional, pero hombre, teniendo en cuenta que -en teoría- pasan un casting, qué menos que un poco más de exigencia ¿no?

Porque es que a estas alturas aún no entendemos cómo es posible que ficharan a Carmen Lomana, y lo que es peor, ¡qué llegara hasta el octavo programa! Pero antes de incendiarnos del todo, hagamos un repaso a los que, sin duda, han sido los grandes personajes de esta edición.

Carmen Lomana: la mujer que nunca había picado una cebolla

Sí, la Lomana se ha jactado día sí día también de no haber picado una cebolla en su vida. Como ella misma ha dicho, no ha limpiado un pescado en su vida, le molestan los olores de la cocina, el ajo, la cebolla… Todo lo que tiene que ver con cocinar es para ella un engorro. Y pese a ello, consigue llegar al octavo programa de la edición.

Normal que ella misma se haya calificado a sí misma como el talismán. Eso sí, las siestas que se ha metido en el balcón han sido míticas. Y es que si algo ha quedado claro, es que el trajín y el movimiento no son lo suyo: en la primera y única prueba de eliminación en la que participó (antes de llegar su sentencia) le dio un parraque de esos que pasarán a la historia de la televisión.

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Lo mejor y lo peor de ‘MasterChef 6’

Dos meses y medio, un parto y 13 programas después, ayer finalizaba la sexta temporada de MasterChef. Pero tranquilos, que este es un artículo libre de spoilers para quienes no hayan tenido todavía tiempo de ver el último programa.

Con la visita de los ganadores de otras ediciones y de los chefs del restaurante Disfrutar de Barcelona -el heredero natural de El Bulli, por si alguien no está al día los temas del Olimpo gastronómico-, además de una prueba de exteriores en el mismísimo Bohio de Pepe, finalizaba una edición que arrancaba con la promesa de que el nivel culinario sería más alto que nunca.

En su día ya dijimos que eso estaba por ver. Ahora que ha acabado podemos decir tranquilamente que, como cebo, muy bien, pero que la realidad ha ido por otros caminos. Y es que una de las cosas por las que se puede definir esta sexta edición es precisamente por el descenso de espectacularidad en los platos de los concursantes.

Ha habido evolución, claro, pero nada que ver con ediciones anteriores en las que a mitad de temporada los concursantes ya se curraban emplatados a la altura del siempre archiexigente Jordi Cruz. Sin ir más lejos, aún recordamos algunos de los platos de Jorge, el ganador de la pasada edición, y en cambio de ésta tenemos que hacer un esfuerzo por recordar alguno memorable.

Pero más allá de eso, lo cierto es que hemos vuelto a disfrutar una vez más con el programa. Las dosis de diversión, mala leche, emoción y algo de cocina las hemos tenido bien dosificadas. Y, además, hemos visto ponerse la chaquetilla tantas veces a Pepe y Jordi que ya sólo por eso ha merecido la pena.

Hasta capitanes de los dos equipos han llegado a ser. Todo un lujo escuchar sus consejos y verles formar a los aspirantes que, en más de un caso, la acabaron liando por la presión que supone tener a Jordi “comiéndote la oreja” (Toni dixit) para que saques el plato ¡YA!

Lo que tampoco ha faltado en esta edición han sido las polémicas, con la ‘campanada’ de Jon en primer lugar claro. La credibilidad del programa se vio seriamente afectada con ese episodio, y es que no se puede repetir hasta la saciedad que quien se salte las normas será expulsado directamente y, cuando pasa de forma tan evidente, mirar hacia otro lado.

Ese momentazo elevó a Jon a la categoría del más odioso y odiado del programa (puesto que ya se había ido ganando semana a semana), y no sólo porque hiciera trampas él, sino porque consiguió que expulsaran a Ramón, uno de los concursantes que mejor caían al público y que más ilusión tenía por estar en el programa (se había presentado al casting desde la primera edición y no había conseguido entrar nunca). Ay Jon, ¡pero qué listo eres!

Este es, sin lugar a dudas, el peor momento de una edición que, como siempre, ha tenido sus luces, sus sombras y, claro, sus llantos.

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¿Qué diferencia hay entre una barrica de roble francés y una de roble americano?

A la hora de comprar un vino, hay quien lo hace porque le gusta la etiqueta, otros por su Denominación de Origen y otros por si es o no un vino con crianza. Cuando un vino tiene crianza es habitual que se especifique los meses que ha estado en barrica y, a menudo también, que se indique si es barrica de roble francés o americano. ¿Alguna vez os habéis preguntado cuál es la diferencia? Es más, ¿existe realmente una diferencia?

Pues sí, existe. La calidad de una y otra madera es diferente, y de ello dependerá el envejecimiento del vino. Las barricas ayudan a oxigenar el vino y le aportan aromas, de ahí que no sea lo mismo una barrica fabricada con madera procedente de Francia que otra que proceda del Este de Estados Unidos. La estructura de la madera no es la misma, y tampoco lo serán los aromas que éstas transferirán al vino.

Mientras que las barricas de roble americano son más resistentes y porosas, las de roble francés son más blandas, y en su fabricación se desperdicia gran cantidad de madera, razón por la que la diferencia de precio es también un elemento diferenciador. Una barrica de roble francés puede costar alrededor de 800€ frente a los 450€ -aproximadamente- que costaría una de roble americano.

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