Archivo de septiembre, 2021

¿Qué son los vinos atlánticos? Estos son los mejores de 2021

Cada vez se escucha más hablar de los vinos atlánticos. A priori, un concepto que no parece necesitar mucha explicación: vinos hechos a orillas del Atlántico y que, en cierto modo, trasladan a la copa ese carácter marino, fresco y un punto ácido.

¿Hablamos entonces de vinos gallegos y portugueses? Toca repasar las lecciones de geografía y el mapa porque la región atlántica da para mucho más. Al menos eso es lo que explican desde Atlantic, un concurso internacional dedicado a este tipo de vinos y que ofrece una visión mucho más amplia de este concepto, tal y como puede verse en el mapa de regiones.

Y es que, evidentemente, también los vinos de Huelva y Cádiz entran en esta categoría. Y, evidentemente, los excelentes vinos de Canarias. ¿Hay algo más atlántico que eso?

De hecho, este certamen esta organizado por la DO Cangas. Y es que, claro, también los vinos asturianos responden perfectamente a ese concepto de atlántico. Y lo mismo los de Cantabria, los txakolis vascos, el sur de Francia y de Reino Unido… Y los de León, por supuesto, porque esto va más allá de tener costa atlántica, claro.

Quienes prefieran una definición canónica y de esas que pueden entrar en el examen, aquí va la que proponen los organizadores de este concurso y que resume bastante bien la idea: “Los vinos atlánticos son el resultado de una serie de inclemencias climatológicas que tras ser superadas dan como resultado vinos muy diferenciados, siendo su sello de identidad la elevada expresión aromática, son ligeros  y su peculiar acidez controlada establece un equilibrio perfecto entre cuerpo y frescura”.

Mientras lo vamos memorizando para la próxima vez que salga el tema en la mesa, vamos con lo realmente interesante: unos cuantos vinos atlánticos que merecen la pena.

O que, según los criterios del jurado de este concurso Atlantic, celebrado del 11 al 14 de septiembre, son los mejores de este 2021. Y no hablamos solo de blancos -que igual es lo primero en lo que uno piensa- sino también tintos, generosos e incluso algún espumoso. Esta es la lista completa:

  • Mejor Blanco Joven: Abeitxa 2019 de la Bodega Txa-Txabarri
  • Mejor Blanco Maduro: Abeitxa 2014 de la Bodega Txa-Txabarri
  • Mejor Blanco Envejecido: Firmo Godello
  • Mejor Rosado: Pardevalles Klaret
  • Mejor Tinto Joven: Prómine de Bodegas Petrón
  • Mejor Tinto Maduro:  Douma de Adega Pedralonga
  • Mejor Tinto Envejecido: Alan de Val Caíño Longo
  • Mejor Generoso: Justino’s Madeira Sercial 10 years old
  • Mejor Espumoso: Mar de Frades Brut Nature

Una plaza de toros, el lugar elegido para presentar estas nuevas salchichas y chorizo vegetal

Que a Heura le gusta el cachondeo ya quedó claro con aquella campaña de la hamburguesa que contaminaba más que el coche. Su particular revolución basada en la transición de la proteína animal a la vegetal -así lo definen ellos- acaba de dar el siguiente paso.

Tras el “pollo” que les hizo famosos y los productos de “ternera”, ahora es el turno del “cerdo”. Todo con muchas comillas porque, evidentemente, se trata de versiones vegetales de esos productos de origen animal. Si se le puede o no llamar carne es un debate y una cuestión legal de la que posiblemente seguiremos hablando mucho durante una temporada.

Fieles a ese espíritu gamberro, Heura ha escogido un lugar muy curioso para la presentación de sus dos nuevos productos: La Monumental de Barcelona. Una plaza de toros en la que, en realidad, no se celebra ninguna corrida desde 2011 pero que, igualmente, tiene un simbolismo evidente.

Con pasodobles, vuelta al ruedo y una decoración cuidada al detalle (Ganadería: Heura, Peso: 42 kilos menos de CO2, rezaba un cartel), Marc Coloma y Bernat Añaños, responsables de la empresa, han elegido este singular espacio para, como ellos mismos han dicho, dar la alternativa.

“Un simbolo de que hay tradiciones que hay que dejar de romantizar y toca cambiar”, han destacado en el centro de la plaza antes de abanderar los nuevos chorizos y salchichas de la compañía. “En su momento -han apuntado- también usar el aceite de ballena para iluminar o que las mujeres no pudieran votar eran cosas normales”.

En este nuevo panorama en el que se habla de carne de origen animal y vegetal, el discurso alrededor de la salud es uno de los pilares. “Los dos nuevos homólogos tienen todo el sabor y textura de los productos tradicionales de carne de cerdo, pero con perfiles nutricionales mejorados, una mayor sostenibilidad y sin crueldad animal”, explican desde Heura.

Y no se trata ya solo de ofrecer una alternativa a la carne, sino también de plantar cara a una competencia que no para de crecer en un mercado claramente en auge. Y de salir al paso de las críticas recurrentes a las interminables listas de ingredientes que suelen llevar estos productos y que, desde la industria de la carne, se suele señalar.

En este caso se destaca que la salchicha tiene un 40% menos de grasa y grasas saturadas que la carne animal, y un 32% y 66% menos que la competencia. El chorizo vegetal, por su parte, presume de un 60% menos de grasa que la carne y el de otras marcas, y un 100% menos de grasas saturadas que el de origen animal.

El cocinero vegano Prabhu Sukh se ha encargado de organizar una barbacoa en plena plaza de toros con los nuevos productos que, por cierto, se venden congelados y se recomienda cocinar directamente así.

¿Y están buenos?  La verdad es que sí, con un sabor bastante más suave de lo que cabría esperar, sobre todo en el caso del chorizo, donde el recurso fácil habría sido abusar de pimentón, sal y un punto picante.

¿Pero dan el pego, que al final es lo que mucha gente se pregunta? Las pruebas y catas a ciegas que han hecho así lo aseguran, y confesamos que, sobre todo en el caso del chorizo, sin saberlo nos costaría decir que es de origen vegetal y no cerdo.

Los mejores pintxos veganos de Bilbao

Aunque para algunos combinar vegano y Bilbao en la misma frase pueda sonar a chiste y siempre piensen en grandes chuletones o en cazuelas de bacalao al hablar de la capital de Bizkaia (y del mundo), las barras de pintxos y cocinas de la ciudad dan para mucho más que esos ricos tópicos.

De hecho, uno piensa en pintxos de Bilbao y entre los primeros de la lista seguro que figuran el histórico grillo (patata, lechuga y cebolla) o los champis del Motrikes. Cero proteína animal por ahí.

En cualquier caso, hace unas semanas Bilbao celebró la primera edición del concurso de pintxos veganos del Casco Viejo y ya se conocen los ganadores. La Olla de la Plaza Nueva, el Ondori Botxo y el Restaurante Víctor Montes han conseguido el premio Zazpikaleak, el premio a la creatividad y el premio del público.

El primero de ellos -en la imagen superior- es un falafel con esfera de yogur de pepino confitado, emulsión de tahini de sésamo y ajo negro.

El más creativo ha sido el elaborado por el Ondorio Botxo: un nigiri gunkan de tapenade de oliva negra, tratar de hongos y espuma de coco y cilantro con nabo daiko. Los de Bilbao ya se sabe que nacen donde quieren y también pueden hacer pintxos que parecen japoneses.

Por su parte, el de Víctor Montes -uno de los clásicos de la Plaza Nueva de Bilbao- ha sido elegido como el mejor pintxo vegano por el público.

Se trata de uno a base setas shimeji blancas y marrones, setas de cardo, setas shitake, zanahorias baby, reducción de salsa teriyaki con soja, tamarindo, limón, tofunesa de mostaza, rabanito, brotes de brócoli y yuca. Nada menos.

Efectivamente, no hace falta ser vegano para que suenen estupendamente y den ganas de pasarse por allí a probarlos.

Caviar de beluga hecho en España

Todos lo hemos oído alguna vez y sabemos que es uno de los productos más caros del mundo. Pero lo que seguramente menos sepan es que el esturión beluga con el que se elabora el caviar más codiciado está prácticamente extinguido. Y que hay un exitoso proyecto para recuperarlo y criarlo en cautividad que no es ruso o iraní -lo primero que se piensa al hablar de caviar caro- sino granadino.

Sí, caviar de beluga made in Spain de la mano de Caviar Riofrío, que recientemente anunciaba el nacimiento en cautividad en sus instalaciones en Loja (Granada) de los primeros esturiones beluga en cautividad.

Una veterana empresa creada en los años 50 y dedicada inicialmente a la cría de truchas, pero que en la década de los 80 apostó por el esturión. Puede sonar exótico, pero se trata de una especie que en su momento había sido habitual en el Guadalquivir, que fluye muy cerca de las instalaciones de esta compañía que, por cierto, acaba de ser adquirida por el Grupo Osborne.

Posiblemente esa es la noticia empresarial del momento en el sector de la gastronomía de lujo. No así para los biólogos de Caviar de Riofrío, más centrados en seguir el crecimiento de los primeros ejemplares de beluga (husa-husa, la especie más grande de los esturiones) que han conseguido reproducir en cautividad.

Con un precio de casi 8.000 euros el kilo de caviar de esta variedad, evidentemente se trata de una gran apuesta económica que va mas allá de la subsistencia de esta especie, en peligro de extinción y cuya pesca está prohibida desde hace décadas. De hecho, la inmensa mayoría del caviar que se consume en el mundo proviene de criaderos de esturiones y, en el caso del beluga, el salvaje es ilegal desde hace tiempo.

¿Pensando en ahorrar de aquí a Navidad para darse el capricho de una cucharada de caviar beluga granadino? Es posible, aunque no será de estos esturiones que ahora se han reproducido en cautividad, porque habrá que esperar entre 15 y 20 años para poder extraer sus huevas.

De todos modos, que no cunda el pánico porque el capricho en cuestión sigue siendo posible. La producción de beluga es mínima, pero también se ofrece y, además, éste puede presumir de ser el primero del mundo con certificado ecológico. ¿Precio? 780 euros la lata de 100 gramos. Para paladares menos exquisitos o que lo mismo les de un beluga que un Acipenser naccarii (la especie de esturión más habitual), por menos de 50 euros es posible conseguir una lata de 15 gramos.

Las gastrónomas reclaman su espacio también en la Wikipedia

Menos del 30% de las biografías disponibles en la Wikipedia sobre personas relacionadas con la gastronomía corresponden a mujeres. Para algunos será un dato anecdótico pero, en realidad, es una muestra más de la escasa representación que las gastrónomas tienen en todos los ámbitos del mundo de la cocina y que nada tiene que ver con su papel e importancia real.

Una injusticia normalizada y que no solo se repite cada año en las mediáticas listas de grandes restaurantes -la gastronomía, por suerte, es mucho más que eso-, sino también en una historia en la que ellos ocupan muchas más páginas y titulares.

Así que el año de Emilia Pardo Bazán -conmemorando el centenario de su muerte- es la excusa perfecta para poner al día la Wikipedia con una “editatona” centrada en las gastrónomas.

¿Y eso qué es? Unas jornadas participativas para crear, completar y difundir artículos en Wikipedia de cocineras, recetaristas, escritoras, científicas, empresarias, artesanas, periodistas, sumilleres, agrónomas, nutricionistas y tecnólogas, y en definitiva, gastrónomas.

Se trata de una iniciativa del colectivo Los Recetarios y la Biblioteca Nacional de España, promovido por Wikimedia España y la Academia Madrileña de Gastronomía, que cuenta con el apoyo de la Universidad de Cádiz y The Foodie Studies.

Para participar es necesario inscribirse y asignarse un artículo, bien una entrada que no existe o una que sí pero necesita ser mejorada. La lista de propuestas es muy larga, una prueba más de que, también en este terreno, queda mucho trabajo por hacer.

Una deuda histórica que parece que también los congresos gastronómicos se han animado, por fin, a asumir. Y es que la escasa presencia de mujeres en este tipo de encuentros ha sido una crítica constante durante los últimos años en las grandes citas del sector.

¿La solución pasa por crear una cita donde ellas son las protagonistas en lugar de replantear la agenda de los congresos que ya existen? Una pregunta pertinente, pero, en cualquier caso, resulta interesante ver cómo esta semana inicia su andadura FéminAs, el primer Congreso Internacional de Gastronomía, Mujeres y Medio Rural.

La cita es en Asturias -puede seguirse online de forma gratuita-  y promete “analizar el rol que desempeñan las mujeres en todo el mundo como guardianas de la cocina tradicional”, explican sus organizadores.

Entre las ponentes figuran cocineras (Narda Lepes, Leo Espinosa, Celia Florián, Najat Kaanache, Lucía Freitas, Elena Lucas…) junto a productoras agrícolas, ganaderas y de la pesca, sumilleres, jefas de sala o empresarias.

‘Komvirra’, la kombucha que soñaba con ser cerveza

Se presenta como “la virra bien”. Sí, con “v”, porque en realidad no es birra, sino kombucha. Una muy especial porque, elaborada con lúpulo, su sabor quiere recordar a la cerveza y, de hecho, se presenta como una alternativa a tener en cuenta para quienes siempre andan buscando una sin alcohol o 0,0 con algo de gracia.

El invento es de Komvida, la compañía extremeña que lleva años fabricando esta bebida de té fermentado y que cada vez es más popular. Y, sin duda, el toque de cerveza puede funcionar muy bien en este sentido para todos aquellos a los que kombucha les sigue sonando como algo muy moderno o exótico que jamás se pedirían en la barra de un bar pero que a una especie de cerveza sin alcohol mirarían con otros ojos.

¿Pero está buena esta “no cerveza que sabe a birra”, según la propia descripción de sus creadoras? Acaba de llegar al mercado y ya hemos podido catarla para ver qué tal.

Y lo cierto es que recuerda más a una cerveza que al clásico sabor de la kombucha. El punto de acidez está presente y hace que, al primer sorbo, Komvirra casi pueda recordar más a una sidra que a otro bebida, pero después el aroma y cierto gusto a lúpulo ayudan a situar el paladar y dar con los parecidos cerveceros.

Esa acidez un tanto marcada ayuda a que resulte muy refrescante y, por suerte, nada dulzona. Algo que pasa con algunas kombuchas saborizadas y que, en su empeño por tapar el natural punto avinagrado de la fermentación, se pasan de frenada con la cantidad de azúcar.

Hecha con té verde y lúpulo ecológico, tampoco falta el clásico mensaje saludable en su ficha de presentación, donde se destaca que solo tiene 5 calorías. Pero a estas alturas ya sabemos que no existen bebidas saludables más allá del agua, así que mejor beberla pensando que está rica y que puede ser una opción interesante y sin alcohol.

Y, realmente, una alternativa muy interesante y más rica que la mayoría de cervezas sin alcohol. También algo más cara (unos 2 euros por botella de 250 ml), al menos si se compara con las cervezas industriales o incluso alguna artesana.

Cocineros y camareros serán sustituidos por robots en las próximas décadas, asegura un estudio

Lo de los robots en la cocina es algo así como lo de los insectos en la dieta: hay más noticias sobre el tema que indicios de convertirse en algo real. Al menos a corto plazo, claro.

Hasta ahora, todos los experimentos llamados a sustituir el personal de cocina por máquinas han salido regular. Da igual lo sencilla que sea la operación, porque incluso dar la vuelta a la carne de las hamburguesas y colocarlas en un pan lo hace mejor una persona que un brazo robotizado.

Mejor o más barato, claro. Porque, a fin de cuentas, eso es lo que acaba marcando el ritmo de cambios tecnológicos en un sector, también en la cocina. El día en que resulte más barato implementar este tipo de aparatos que pagar a personal para que lo haga ya sabemos lo que ocurrirá.

¿Y cuándo será eso? Pues según un reciente estudio, en una o dos décadas. Según estos datos, las posibilidades de que el trabajo actual de los camareros sea automatizado es del 94%, mientras que en el trabajo en las cocinas es incluso mayor: un 96%.

No se matiza de qué tipo de labores hablamos. Porque, evidentemente, no es lo mismo tomar los pedidos y colocarlos en un lugar de recogida -la primera parte hace ya tiempo que está automatizada en muchos restaurantes de comida rápida- que pasearse por las mesas, libreta en mano, para lidiar con cortados, descafeinados en taza pequeña con sacarina y leche fría y demás.

Lo mismo ocurre en la cocina. ¿Pelar patatas o cortar cebolla? Claro. ¿Pensar el menú y darle el toque creativo al asunto? Eso parece más difícil de automatizar, la verdad. Al menos con la tecnología de ahora, en la que los robots de Boston Dynamics bailan estupendamente pero luego las pizzerías automáticas siguen siendo poco más que una anécdota.

Como curiosidad, según este mismo estudio, hay profesiones que tienen un futuro laboral un poco más prometedor. Como, por ejemplo, profesores, enfermeros o, atención, cargos intermedios o que impliquen cierta responsabilidad.

De hecho, y siempre según esta quiniela futurista -basada en datos de Estados Unidos, por cierto-, las posibilidades de que un robot sustituya a un conserje son muchísimo menores (66%) que las de un cocinero.

Por suerte, los periodistas no aparecen en la lista. Y es que cuesta creer que llegue a existir algún robot que puede salir más barato que nosotros.

El truco para conseguir el pescado rebozado perfecto está en la harina

Rebozar pescado y freírlo después, ni parece ni es complicado. Que quede crujiente y bonito ya es otro tema. De hecho, muchas veces optamos por hacerlo en el horno para, además de evitar frituras, saltarnos esa parte en la que los filetes de pescado con huevo y harina se nos acaban pegando en la sartén.

Pero hay un truco para conseguir el rebozado perfecto. Nada nuevo, cierto, que no estamos aquí para descubrir la rueda, pero sí para recordar cosas que realmente funcionan en la cocina. Y la clave está en el tipo de harina que usamos, tanto si optamos por prepararlos al horno como en una sartén con aceite.

En vez de usar la tradicional harina de trigo, la vamos a sustituir por harina de garbanzos. En realidad, algo que se hace habitualmente con las famosas frituras de pescado andaluza, así que solo hay que fijarse en cómo lo hacen los que realmente saben.

Cambiando la harina de trigo por la de garbanzos vamos a conseguir unos rebozados mucho más crujientes y sabrosos. Aporta un toque de sabor muy rico, además de un bonito color dorado. Por si fuera poco, aguanta muy bien las altas temperaturas del aceite y aporta proteína vegetal, fibra y hierro.

La harina de garbanzos no tiene gluten, por lo que es apta para celíacos e intolerantes, y mezclándola con agua puede sustituir al huevo, algo que las personas veganas suelen hacer para prescindir de este ingrediente.

Y aunque hablamos de pescado porque el resultado nos gusta especialmente, podemos usar esta harina también para carne o verduras. Aquí una sencilla receta para preparar pescado rebozado.

Lee el resto de la entrada »

Estos son los alimentos que suman y restan minutos de vida

Con el permiso de enero, septiembre suele ser el otro gran momento del año para los buenos propósitos. Y entre ellos, lo de comer mejor tiene un lugar destacado. Nada de dietas -y menos dietas de esas absurdas y con apellido-, pero siempre es buena idea dedicar un momento a pensar qué comemos y cómo podemos hacerlo de forma más saludable.

Pero no nos engañemos. En realidad, conocemos la teoría de sobra y sabemos perfectamente qué es lo que habría que ir reduciendo (carne, ultraprocesados, alcohol…) y de qué hay que comer más. No obstante, siempre está bien contar con nuevos argumentos para reforzar el plan, y el estudio que han elaborado en la Universidad de Michigan la verdad es que es muy potente.

Y es que en su estudio, Health Nutritional Index han elaborado una lista con los minutos de vida saludable que restan algunos alimentos y los que suman otros. Si además de nuestra salud y lorzas, también nos preocupa el tema medioambiental, por el mismo precio podemos saber la huella de carbono que conlleva cada uno de los productos que añadimos a la lista de la compra y a nuestro menú semanal.

Según estos datos, por ejemplo, un perrito caliente nos resta 36 minutos de vida, mientras que una ración de frutos secos y semillas nos permite alargar nuestro reloj vital unos 25 minutos. Hablan siempre de vida saludable, es decir, no habría que pensar en este curioso estudio como una especie de cuenta atrás que se va actualizando cada vez que nos sentamos en la mesa.

En realidad, solo se trata de poner en cifras y darle un enfoque un tanto mediático a lo que ya se sabe. Es decir, esta especie de reloj nutricional y vital no descubre nada: carnes, refrescos y compañía están en la parte mala; verduras, frutas y legumbres en la buena; y otros alimentos (lácteos) están en la zona neutra.

Curiosamente, estos últimos parecen situarse en un nivel de huella de carbono similar a un pepino, lo que hace pensar que la ganadería industrial, en su vertiente de lácteos, y la agricultura extensiva tienen el mismo peso medioambiental. En cualquier caso, hablamos siempre de datos y números basados en Estados Unidos.

Es verdad que estar zampándose una hamburguesa pensando que eso significa media hora menos en condiciones en este mundo puede genera un poco de ansiedad. Una pésima idea para quienes tratan de comer de forma más saludable y se sienten mal cada vez que se comen algo que no corresponde con el plan. Lo comentábamos el otro día al hablar de la cara B del realfoodismo.

Tampoco nos parece muy justo eso de dejar en manos del consumidor la responsabilidad medioambiental. Por ejemplo, según este estudio, reduciendo solo el 10% de la ingesta calórica a base de carne se consigue disminuir la huella de carbón una tercera parte. Y, de regalo, 48 minutos más de vida que se ganan cada día.

Suena tentador y, en efecto, nos parece un argumento interesante para quien lo pueda utilizar para animarse. Mejorar la dieta en esa dirección no parece complicado, y con los beneficios tan claros sobre la mesa menos aún.

Pero también implica que se está trasladando toda la culpa al consumidor. Si no reduces tu huella de carbono te estás cargando el planeta. Si no comes mejor, te vas a morir antes o vas a vivir peor. Que sea cierto no significa que sea injusto y absurdo descontextualizarlo de las políticas y leyes que tienen que ir de la mano para, por ejemplo, regular la publicidad y las prácticas de la gran industria alimentaria. Y pasar una buena factura a quienes no lo cumplan, claro.

‘Realfoodismo’ o por qué gritar a la gente “ultraprocesado” igual no es buena idea

Que unos palitos de galleta recubiertos de chocolate no son un producto saludable posiblemente lo sabe todo el mundo. Que gritar “ultraprocesado” a sus potenciales compradores va a servir de poco, también. Todos menos, por lo visto, Carlos Ríos, creador y gurú del movimiento real food, que hace unos días se dedicó a colocar este adjetivo a un montón de productos de Mercadona.

No lo hizo, eso sí, en alguna cuenta oficial de la compañía, sino en una de Instagram que se dedica a repasar las novedades de esta cadena de supermercados. Y con notable éxito, a la vista de las cifras que mueve. Cabe suponer que una cosa es ir por los pasillo del supermercado llamando ultraprocesado a todo lo que se menea y otra enemistarse de cara con una cadena de supermercados que igual luego tiene que vender alguno de tus productos.

Dejando a un lado pequeños detalles feos del asunto, como que Ríos ha hecho campañas de publicidad para otra cadena de supermercados que, lógicamente, vende muchos ultraprocesados, el asunto no ha pasado desapercibido en redes sociales y la polémica del día tuvo hasta su momento trending topic.

Y es que el realfoodismo tiene muchos fervientes seguidores que no dudan en defender a Ríos y sus mensajes -un saludo a los que se pasen por aquí- pero, por lo visto, también muchos detractores en Twitter. Una red que él mismo abandonó hace tiempo precisamente por las broncas que le caían con cierta asiduidad.

Aunque la crítica constructiva no suele ser el fuerte de Twitter, más allá de algunos exabruptos y chistes con más o menos gracia -con algunos nos hemos reído-, lo cierto es que el comentario de Ríos ha puesto sobre la mesa un interesante debate alrededor del movimiento real food. Otra vez.

Por supuesto, a su creador le van a dar exactamente igual las críticas y las puntualizaciones a su mensaje y sus gritos de ultraprocesado. Tampoco que se cuestione la utilidad real del mensaje, o la falta de referencias al contexto socioeconómico a la hora de hablar de nutrición.

Ninguna sorpresa, en realidad. Es lo que suele ocurrir cuando una buena idea y un mensaje necesario se convierte en un producto de marketing o en una marca de hummus, tal y como ya comentamos por aquí recientemente.

Y es que con lo del realfoodismo nos pasa algo curioso. Queremos quererlo pero nos cuesta mucho. Vaya, que evidentemente es importante reivindicar la comida real frente a los productos que no son saludables. Y defender que se cocine más y se compren productos frescos en vez de nuggets con sabor a Nocilla, por poner un ejemplo.

También es cierto que algunas de las críticas más simplonas -‘ya sé yo lo que tengo que comer’- nos recuerdan mucho a cuando en el parque con los críos ponemos los ojos en blanco al ver circular el paquete de galletas o los zumitos de turno. Ojo, que igual alguien sí debería decirte qué comer. O al menos qué no comer. O no dar de comer a tus hijos.

A tope siempre con todo eso, claro. Y mucho más con la regulación, las leyes y la subida de impuestos a productos no saludables. Son ese tipo de medidas, la educación o las mejoras en comedores escolares las que van a conseguir avances reales, no un sello realfooder que, más allá de ser un estupendo negocio, solo va a convencer a los ya convencidos.

Incluso puede provocar el efecto contrario entre quienes ya crean en la causa pero no comulguen con la religión de Carlos Ríos. Disidentes que al ver el sello en cuestión sienten -sentimos- la irrefrenable necesidad de comprar la palmera de chocolate más grande que encontremos. Solo por llevar la contraria, claro.

Y es que gritarle a la gente que come mal sin preguntarse por qué lo hace, o dando por hecho que alguien se compran unas galletas de chocolate sin ser consciente de que no son buenas es un error y hace un flaco favor a una tarea muy necesaria.