Archivo de agosto, 2021

En Las Ramblas de Barcelona ya no necesitan al público local al que pidieron ayuda

Hace ya tiempo que asumimos la cruda realidad: no, no vamos a salir mejores de la pandemia. El espejismo duró lo justo, pero durante un instante sí parecía que aquellos duros meses de paréntesis iban a servir para replantear algunas cosas.

Ahora, más allá de la alegría de ver que las vacunas funcionan, que España está a la cabeza del mundo en vacunación y a la cola en cuanto a antivacunas -pocos motivos mejores para sentirse orgullosos-, el verano nos ha recordado que no hemos aprendido nada.

Hace un año, con Barcelona prácticamente desierta de turistas, vivimos situaciones realmente surrealistas. De Las Ramblas, zona cero del turismo en su peor versión, desaparecieron las jarras inmensas de sangría, mojitos y demás bebidas de colorines para atrapar turistas incautos.

En el mercado de La Boquería volvía a haber más vecinos comprando que gente sacando fotos y, como por arte de magia, las cañas pasaron de ser una estafa a solo caras. Incluso algunos se vinieron arriba e intentaron atraer al público local con ofertas de paella  y caña por el precio que normalmente costaría media ración de patatas bravas congeladas con salsa de bote.

Aquello funcionó regular, claro. El instinto de supervivencia de quienes vivimos en ciudades muy turísticas nos ha ayudado a desarrollar un instinto natural que nos impide sentarnos en terrazas en ciertas zonas y, sencillamente, rehuir de bares y restaurantes en los que durante años se ha dejado claro que no éramos bienvenidos.

Ha pasado un año de aquello y, como los más pesimistas ya adelantamos, no hemos aprendido absolutamente nada. Basta volver a acercarse a Las Ramblas para comprobarlo. Han vuelto las jarras absurdas, con brebajes para incautos y pajitas inmensas que animan a perder cualquier esperanza.

Todo sigue igual: los menús con precios aparentemente baratos de calidad infame y de cuentas abultadas por la bebida y los turistas que por algún motivo que desconocemos sienten la necesidad de sentarse allí y dejarse engañar.

¿No notan la mirada de terror de los locales cuando les vemos allí sentados sorbiendo esas cervezas calientes de litro? ¿De verdad has pagado un vuelo, un hotel y posiblemente una PCR para acabar sentado ahí comiendo mal y bebiendo peor?

De verdad que por un instante creímos que se podía hacer algo. Parecía el momento perfecto para meter mano en el asunto, regular lo que ocurre en las zonas más turísticas del país y reformular un modelo que había tocado techo y amenazaba con saltar por los aires en cualquier momento.

Pero nada ha cambiado. Bueno, una cosa sí: pese a que las cifras de turismo están lejos de ser lo que fueron en aquel lejano verano de 2019, la paciencia de los locales está bajo mínimos. Tal vez recuperar calles y plazas que hace años se abandonaron en manos del turismo masivo les hizo soñar con que aquello no era un espejismo y la ciudad podía ser realmente suya.

‘Smootea’, batidos con té para refrescarse este verano

¿Buscando una bebida diferente para soportar el calor, y lo más sana posible? Si ya te has pasado el episodio de los zumos cold press, la kombucha te da un poco de pereza, los batidos suenan empalagosos y los tés fríos te saben a poco, hemos descubierto algo nuevo: los smooteas.

En realidad, de nuevo tienen poco. Resulta que hace ya cinco años algunos lo planteaban como la nueva bebida a descubrir aquel verano, así que parece que llegamos un poco tarde. Da igual, porque nos sigue pareciendo algo interesante, tanto la idea como el ingenioso juego de palabras entre smoothie (batido) y tea (té).

Otra cosa no, pero la de inglés que aprendemos con esto de las modas y tendencias gastronómicas. Y la verdad es que a veces ayuda, porque hay que reconocer que smootea suena mucho mejor que batido de té.

¿Y cómo se prepara? Según nos explican desde Tea Shop -que comercializa varios tés pensados específicamente para preparar esta bebida- la receta es tan sencilla como batir un té frío con frutas frescas y leche o bebida vegetal, que es lo que aportará la textura y cremosidad típica del batido.

Es decir, lo primero será preparar el té en caliente según las instrucciones de cada variedad, endulzarlo al gusto si es necesario y dejarlo enfriar.

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¿Cuántos fuegos de la cocina realmente usas?

¿Gas o inducción? Ese parecía el único debate posible a la hora de hablar de los fuegos de la cocina. Dos bandos normalmente irreconciliables que defienden a capa y espada las ventajas de una buena llama o la limpieza y comodidad de la moderna inducción.

Nosotros somos más de gas, pero casi más interesante que el tipo de fuente de calor nos parece el tamaño y número de fuegos. La cocina, para muchos la habitación más importante de la casa, siempre lo más grande posible, y la zona de fuegos tiene que ser suficientemente amplia como para jugar un día a que estamos en pleno servicio en el Celler de Can Roca. Aunque solo estemos haciendo una tortilla, claro.

El caso es que parecía haber poco debate ahí, hasta que hace unos días un amigo empezó a cuestionar los pilares del asunto: con dos fuegos es suficiente -tuiteaba- porque en realidad nadie usa más a la vez.

Hay que matizar que la reflexión llega desde Estados Unidos. Y ya se sabe lo que por allí se estila, tal y como hemos aprendido durante años en series, películas y esos programas de obras y decoración: las cocinas suelen tener unos 60 metros cuadrados, descomunales islas centrales y todo tipo de cacharros. Luego, a la hora de la verdad, las hamburguesas las hacen en la barbacoa del jardín o piden la comida a domicilio.

Bromas al margen, cuando el otro día me topé con una preciosa cocina de gas con sus seis quemadores no pude evitar acordarme de este debate. Si hubiera sitio me la llevaría para casa sin pensarlo, ¿pero realmente alguien necesita media docena de fuegos? ¿Usamos más de dos de forma simultánea?

La pasta y al lado la sartén con la salsa. El café y algo que podamos preparar a la vez. El caldo caliente para ir echándolo a la cazuela del risotto… Sí, la verdad es que cuesta pensar en usos que requieran más de dos fuegos simultáneamente.

Es verdad que no solo se trata de uso simultáneo, sino también de tamaños de fuego y quemadores. Porque no es lo mismo poner la cafetera que una paella para doce. Por no hablar de esas placas portátiles que tan prácticas y modernas parecen para cocinas minúsculas en las que, cocinas, las limpias y las guardas o cuelgas. La teoría bien, en los vídeos de recetas quedan monísimas, pero no parece algo realmente útil para casas en las que realmente se cocina.

Igual lo que falta es un nombre en inglés para el drama de las cocinas pequeñas. “Practica el smallkitching, la nueva moda entre los jóvenes”, que titularía alguno de esos periódicos encantados de ponerle nombre a carencias para que parezcan algo  interesante.

Pero mientras llega esa tendencia, nosotros seguiremos reivindicando las cocinas lo más grandes posible.  Y que, con menos de cuatro fuegos, eso ni es una cocina ni es nada.