Archivo de julio, 2021

Una salsa con 3 Estrellas Michelin para las patatas fritas

¿Se puede pensar en alta cocina también a la hora del aperitivo? Sin duda. Pero no ya a base de delicados productos gourmet o como inicio de uno de esos largos menús degustación, sino también con algo tan sencillo como unas patatas fritas.

Así lo defiende la chef Elena Arzak, que ha colaborado con la marca Lays Gourmet para crear una salsa que eleve el momento del aperitivo a otra categoría. Que sí, que unas buenas patatas fritas no necesitan mucho invento para animar ese picoteo antes de la hora de comer. Y muy cierto también que las colaboraciones de grandes cocineros o cocineras con marcas a veces salen regular.

Pero el caso es que esta salsa de Elena Arzak -responsable del restaurante Arzak, con 3 Estrellas Michelin- está realmente buena. Bastante densa y con un sabor potente que, si nos pusiéramos finolis, definiríamos como umami, aquí manda el sabor marino.

Así lo explica la chef, que ha usado para esta singular salsa aperitivo mejillones escabechados -que aportan densidad y ese toque avinagrado que tan bien sienta a las patatas-, guindillas y un toque de alga nori.

Y la combinación de sabores tiene mucha lógica, como bien sabrán los que ya han probado a poner sobre unas buenas patatas fritas de bolsa -con cierta consistencia, para que aguanten bien- unos mejillones de lata bien escurridos y unas piparras cortadas.

Esta salsa aperitivo gourmet es una edición limitada aunque, según podemos comprobar, todavía es posible comprarla. El kit de la salsa con un par de bolsas de patatas fritas Lays Gourmet sale por unos 10 euros.

Lo que dice de ti el sabor de helado que eliges (según esta socióloga y heladera)

Se puede saber mucho de alguien viendo qué y cómo come. Y mucho más -añadimos- viendo cómo se comporta en un restaurante y cómo trata a los camareros y camareras, pero eso daría para otro tema.

Pero de ahí a poder deducir rasgos personales a partir del tipo de pizza que come, el queso que elige o demás decisiones gastronómicas hay un gran salto. Pese a ello, los artículos que prometen adivinar todo sobre ti en función de este tipo de gustos gastronómicos son un clásico de los cazadores de clics. Credibilidad nula, audiencia máxima. Perfecto.

Por eso el otro día frenamos en seco al encontrarnos con un divertidísimo hilo de Twitter en el que jugaban a esto, pero con sabores de helado.

“Yo como heladera y socióloga se identificar qué tipo de persona eres según el helado que te pidas. Evidentemente es un estudio sin ningún tipo de rigurosidad y totalmente basado en mi experiencia poniendo miles de tarrinas”, prometía la protagonista. Y la verdad es que solo con esa combinación ya ofrece más rigurosidad que el 99% de los artículos por el estilo que circulan por ahí.

La lista de sabores y perfiles que dibuja no tiene desperdicio. Estos son solo algunos ejemplos de la larga enumeración:

  • Chocolate negro: señor de 45 años divorciado.
  • Pistacho: cuadriculado.
  • Kinder: no tienes personalidad.
  • Yogurt: pretendes ser fitness y en realidad eres fatness.
  • Nube: si tienes más de doce años, tienes el síndrome de Peter Pan y un gusto horrendo. No te fies de esa gente.
  • Nata con nueces: no destacas nada igual que este helado.
  • Ferrero: votantes de Vox.
  • Stracciatella: helado claramente conciliador. A todo el mundo le gusta pero a nadie le encanta. Sin más.
  • Chocolate blanco: estudiante de ADE. Le caerías bien a Toni Cantó.
  • Frutas del bosque: Pijipi.

Si hacemos caso a esta psicología heladera, por mi parte estaríamos ante un cuadriculado (pistacho) con cierto aire conciliador (stracciatella). Lo primero tiene un pase, lo segundo creo que hay que darle una vuelta.

Pero vaya, que sea cual sea tu sabor preferido –excepto si es el de kalimotxo, claro– esta semana te puedes ahorrar la terapia y descubrir lo que dice de tu personalidad ese cucurucho o tarrina que te vas a pedir insistentemente todo el verano.

Las provincias más caras y baratas de España para hacer la compra

(Foto GTres)

Aunque el precio de una caña en una terraza suele ser un método muy popular para conocer el nivel de un pueblo o ciudad, hay un indicador bastante más fiable para saber si estamos en un lugar caro o barato: el ticket de la compra.

¿Cuál es el lugar más barato de España para hacer la compra? Según un reciente estudio de mercado realizado por SoySuper -una plataforma que permite hacer la compra online en diferentes supermercados-, las cuatro provincias gallegas están en el top de la lista de lugares con un ticket más ajustado. Sí, nosotros hemos pensado lo mismo: otra buena razón para ir por allí de vacaciones.

En concreto, Lugo es la provincia más barata del país para llenar el carro de la compra según este estudio que compara los precios de productos y marcas blancas en los mismos supermercados de diferentes provincias.

En el otro extremo, malas noticias para los sorianos o quienes este verano anden por allí: hacer la compra en esta provincia es casi un 1% más caro que la media del país. Le siguen en este ranking de lugares caros Navarra, Álava, Baleares y Huesca.

Entre las más económicas, tras las cuatro provincias gallegas, Madrid, Canarias, Murcia y Andalucía son las más económicas. Navarra, Baleares, Euskadi, Cantabria y Castilla León, por su parte, son las comunidades más caras, con precios medios que van del 0,38 al 0,96% más altos que la media nacional.

El 90% de los españoles come delante de una pantalla, una muy mala práctica según los expertos

Que los móviles se han convertido en un comensal más de la mesa es algo que hace tiempo sabemos. También que lo de comer o cenar con la televisión encendida es algo habitual en muchas casas. O que, si toca comer solos, las noticias o alguna serie en la pantalla de turno suele ser una compañía habitual.

Nada nuevo, pero que cuando se pone en números la verdad es que sorprende. Y es que según un reciente estudio realizado por la firma de aceite Hojiblanca, 9 de cada 10 españoles confiesa hacer al menos una de las comidas del día delante de una pantalla.

¿Culpa del trabajo o del teletrabajo que nos obliga a nos despegarnos del ordenador ni a la hora de comer? Parte de eso hay aunque, siempre según estos datos, la mayoría lo hace por informarse o por ocio, siendo el trabajo la tercera de las razones que justifican comer sin despegar la vista del monitor.

Otro dato que se desprende del estudio y que quizás resulte curioso: la televisión sigue ganando por goleada a móviles, iPads y ordenadores a la hora de comer. De hecho, el momento álgido de este maridaje de pantallas y comidas se produce en la cena y con la televisión delante.

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Vinos blancos para viajar este verano

(Foto: Aitor Aulestiarte para Bodegas Itsasmendi)

Los blancos, como las bicicletas, son para el verano. Nada de eso. A estas alturas ya hemos aprendido que más allá de la postal de terraza, calor y una copa de blanco ligero y fresco, estos vinos no solo son compatibles con más platos de los que tradicionalmente nos han contado, sino que apetecen todo el año.

Hecha, una vez más, la pertinente aclaración enológica, se nos ha ocurrido emprender un viaje este verano a través de unas cuantas bodegas repartidas por todo el país y que elaboran blancos de lo más interesantes. Del Cantábrico a Jerez, asomándonos al Mediterráneo y buscando el fresco en algunos casos, la intensidad en otros o simplemente la curiosidad.

Tussio 2020

Si lo de los vinos atlánticos se escucha mucho, la idea de vinos cantábricos es algo más original. Y así es como se define este Tussio 2020 de la bodega cantaba Miradorio. Acidez marcada y mucho carácter de la mano de una combinación singular: hondarribi zuri (la uva del txakoli) y albariño. Perfecto para quienes buscan mucho frescor. Cuesta unos 9 euros.

Itsamendi Astizar

Nos quedamos cerca, en Bizkaia, para hacer parada en la bodega Itsasmendi. Una de las casas de referencia cuando se habla de buen txakoli y que con este Astizar 2016 juega a algo por ahora poco conocido: darle complejidad a un vino tradicionalmente sencillo pero que en los últimos años ha ido ganando muchos puntos. La crianza sobre lías le da entidad y le permite envejecer hasta convertirlo no solo en uno de los mejores txakolis que hemos podido probar, sino también en un gran vino blanco. Cuesta, eso sí, unos 38 euros.

Finolis

Rumbo al sur para descubrir esta interesante rareza de la bodega Williams & Humbert: Finolis. Un nombre divertido y sugerente para un blanco que sueña con ser fino, pero en realidad es un vino tranquilo -es decir, no es un generoso, no se le ha añadido alcohol- pero que tiene crianza bajo velo de flor. Se elabora con uva palomino sobremadurada y luego asoleada, lo que permite elevar la graduación hasta más de 14º. Añada 2016 y saca de 2021 en esta edición limitada para amantes de vinos diferentes. La botella de medio litro sale por unos 20 euros.

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Chocorrezno, el chocolate con torreznos de Soria existe (y tenemos muchas ganas de probarlo)

Nuestro radar de mezclas raras acaba de volverse loco al descubrir que desde hace unos días existe el chocolate con torreznos. Un invento de la firma El Beato que llega, claro, desde Soria, y que quiere llevar eso del dulce-salado a una nueva dimensión.

¿Pero cómo es posible que esto no existiera antes? Porque, por mucho que la mezcla pueda parecer una aberración a alguno, pensándolo bien tiene toda la lógica.

No solo por aquello de que si combinas dos cosas ricas sale una tercera buenísima -a veces funciona regular, cierto- sino porque lo de mezclar chocolate con sal y aceite es muy viejo. Y un postre delicioso que se mantiene en muchos lugares.

Pero esto es grasa de cerdo, cierto. Como la manteca que se ha usado de toda la vida en repostería o los chicharrones que, por ejemplo, se estilan tanto en la coca catalana.

Además, ya hemos visto cosas similares: el turrón con patatas fritas que las Navidades pasadas escandalizaba a quienes no lo habían probado -estaba bueno, la verdad- o incluso el chocolate con morcilla que hace años pensaron en Burgos y que tampoco está nada mal.

Según leemos, este nuevo chocolate de torreznos es fruto de un largo trabajo de investigación para poder integrar ambos ingredientes. Y las primeras pruebas -explican sus responsables- han sido un éxito en Soria, así que ahora el plan es llegar a todo el mercado nacional.

Los fans de los torreznos y el chocolate seguro que están dispuestos a darle una oportunidad. Por ahora, ya se puede comprar online en versión de chocolate negro o con leche y con un precio de unos 4 euros la tableta.

¿Inventazo o guarrindongada? Nosotros lo tenemos claro.

Una aplicación de citas abre su propia cafetería

¿Cuál es el mejor lugar para una primera cita? ¿Café a media tarde, barra de bar, directamente una cena? La popularización de las aplicaciones de citas ha añadido un plus de complejidad a la clásica primera cita que, en estos casos, será entre personas que nunca antes se habían visto.

Así que Bumble -una aplicación de citas que se define como pensada para que las mujeres den el primer paso- ha tenido una idea: abrir su propia cafetería para facilitar este primer encuentro.

No se trata solo de crear un espacio agradable para un primer café y charla, sino que Bumble Brew -así se llamará este local que abrirá este verano en Nueva York- también será un lugar seguro para esa primera cita con alguien que, en realidad, es por el momento un desconocido.

Aunque originalmente su apertura estaba prevista para 2019, primero los retrasos con los permisos de las obras y después la pandemia han pospuesto la inauguración hasta ahora. También el enfoque del negocio que, aunque sigue estando firmado por la citada aplicación de citas, también se plantea como una cafetería y bar de vinos para tomar algo o incluso una reunión.

Si de estar bien acompañados se ocupa, en teoría, Bumble, la oferta gastronómica es cosa de Pasquale Jones, un grupo de restaurantes especializados en comida italiana. No hay pistas por ahora sobre la carta, pero en su momento se aseguraba que se evitarían platos de esos que te pueden complicar una primera cita.

¿Por ejemplo? Hamburguesas y espaguetis, explicaban hace más de un año los responsables del proyecto. Cabe suponer que por la posibilidad de acabar con media hamburguesa y su salsa encima al comerla con las manos -o descubrir que has quedado con alguien que pretende comerla con cuchillo y tenedor, que sería peor- y espaguetis, por aquello de sorberlos.

¿El televisivo restaurante de First Dates trasladado a la vida real? Algo así. Pero sin cámaras, claro. Veremos si alguno de esos entrepeneurs que siempre andan buscando nuevas ideas para un restaurante se animan con algo parecido.

Alimentos que puedes comer aunque estén caducados, según la OCU

Verano, la nevera a tope, en marcha la operación para dejar el congelador y la despensa un poco despejados antes de vacaciones… El momento perfecto para repasar los apuntes sobre caducidad y, además, ponerlos al día ahora que sabemos que consumo preferente y caducidad no son lo mismo.

¿Hay alimentos que nos podemos comer aunque la fecha de caducidad esté pasada? Pues sí. La puesta al día del etiquetado para distinguir entre esos dos conceptos es una tarea pendiente de muchos productos, así que en algunos casos podemos saltarnos esa supuesta caducidad y consumirlo sin problema.

Recientemente la OCU –Organización de Consumidores– publicaba una lista con los alimentos que encajan perfectamente en esta descripción. Son estos y merece la pena tenerlos presentes para impedir que acaben en la basura sin ningún motivo.

  • Yogures. Posiblemente el ejemplo más conocido. No es que los yogures no caduquen, sólo que aguantan más de lo que indica la fecha, que la podemos considerar como de consumo preferente. El margen, en este caso, es de unos días pasada la fecha, y siempre haciendo caso a nuestro sentido común, el aspecto y el gusto para confirmar que no hay ningún problema.
  • Conservas de pescado y vegetales. Como su propio nombre indica, la gracia de las conservas es precisamente su capacidad de aguante. Sardinas, bonito, conservas de verdura  y compañía duran mucho tiempo, más allá de lo que diga la fecha que, de nuevo, será de consumo preferente. Así que adelante con comerlas incluso meses después de lo indicado. Ojo, las anchoas son semiconservas, de ahí que haya que guardarlas refrigeradas y esta norma no cuente para ellas.
  • Pasta, arroz y legumbres secas. Ya lo comentamos el otro día, en principio, la pasta no caduca. Puede que el paso del tiempo afecte a su calidad óptima, pero en ningún caso será un problema. Y lo mismo es aplicable al arroz, lentejas, alubias, garbanzos… Evidentemente, hablamos del producto en seco y no cocinado.
  • Tomate frito y otras salsas. Es verdad que una vez abiertos su caducidad es de unos días en la nevera, pero mientras están sin abrir la salsa de tomate y otros productos similares pueden aguantar mucho tiempo en la despensa. Más incluso de lo que indique la fecha del envasado. Según recomiendan desde la OCU, en el caso de la mahonesa u otras salsas con una cantidad considerable de grasas o aceite, lo único que puede ocurrir es que que adquieran un sabor un tanto rancio.
  • Embutidos secos, snacks, galletas o bollería. La fecha indicada es de consumo preferente y, de nuevo, aquí la grasa y el sabor rancio que puede ir adquiriendo con el paso del tiempo son lo que nos indicarán si merece o no l apena comérselo una vez pasada la fecha. Es decir, no nos van a sentar mal, pero puede que no estén ricos.

Nuestro primer vino en lata. ¿Tiene sentido este formato?

España no es sólo uno de los mayores productores de vino del mundo, también un mercado muy particular. Bebemos menos vino del que creemos, estamos muy mal -o bien- acostumbrados a vinos de calidad a un precio muy ajustado y, en general, las innovaciones en este sector se miran con bastante desconfianza.

Así que si lo de sustituir el corcho de verdad por plástico -no digamos ya por rosca- sigue sin convencer, poner sobre la mesa una lata de vino nos sigue pareciendo una auténtica marcianada. Algo, en todo caso, reservado para turistas despistados, vinos de dudosa calidad y, en fin, para ese tipo de salvajes que serían capaces de ponerle hielo al vino blanco o rosado.

En realidad el vino en lata hace mucho que existe y está más o menos normalizado en otros países. Por aquí, cada vez que alguien se anima con este formato lo hace hablando de revolución, nuevos momentos de consumo, llegar a un público más joven…

La teoría y el marketing están muy bien. Pero el caso es que a estas alturas todavía no nos habíamos animado a probar un vino en lata. Poco sospechosos de puristas -al arroz le echamos cosas y ya hemos probado formatos diferentes de vinos– es verdad que la lata se nos resistía.

Así que unas muestras gentileza de Zeena -una marca española que está apostando fuerte por el vino en lata- fueron la excusa perfecta para hacer los deberes y probar de una vez el vino en lata. Tinto, blanco y rosado a la nevera y a ver qué tal.

Empezamos por lo bueno: los tres vinos son muy correctos. Especialmente el tinto, que bien fresco es uno de esos vinos jóvenes, suaves y fáciles de beber con todo.

El tamaño de las latas (200 o 250 ml) también es una gran idea: es la medida perfecta de una copa un poco generosa o de un par de copas un poco justas.

¿Pero qué vinos son? ¿De dónde vienen? ¿Qué uva? Aquí el marketing vuelve a mandar, porque aunque la información está disponible (garnacha blanca y tinta de la zona de Tarragona) tienen más protagonismo otros mensajes, como que es un vino orgánico (es decir, ecológico) y vegano. Se supone que al potencial comprador le interesa más estos datos que los habituales en el mundo del vino.

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Vuelve el mítico Frigurón (más o menos)

Que por aquí somos muy fans de los helados vintage no es ningún secreto. La Comtessa nos parece la obra cumbre de la heladería industrial, y que haya recuperado su nombre, una de las noticias de la década. Así, sin exagerar.

Pero si hablamos de helados míticos de los 80 -al menos para los que fuimos niños en aquella época- el Frigurón ocupa un lugar destacado. Su genial nombre, su forma de tiburón, su color azul y sabor indefinido lo han convertido en una pieza indiscutible de la historia de la heladería española.

Además, hablamos de un helado de hielo. Nada de cremosidades son sabor a yogur -ejem- como el Frigopie. Esto era hielo puro que, como las madres de la época nos advertían, era capaz de provocarnos una gripe instantánea solo con acercarnos a él.

Pues tenemos una buena noticia y otra regular. La buena es que el Frigurón ha vuelto al catálogo de la marca. La regular es que no en forma de helado, sino como un flash (o polo-flash, o polo-flan… hasta la RAE dudaba), haciendo equipo con otros sabores históricos de Frigo como el citado Frigopie, el Drácula, o los Popeye de naranja o limón.

Reconocemos que es un poco decepcionante, aunque si se trata de un estudio de mercado para ver la aceptación y luego recuperarlo de verdad, aceptamos el juego. El caso es que había que probarlo y, por suerte, en el supermercado los tenían a menos de 2 euros el pack de 10 flashes, 2 de cada uno de los sabores. Se venden, claro, sin congelar.

Empezamos la cata con el Frigurón, en realidad, el único que se ha recuperado porque tanto el Drácula como el Frigopie siguen a la venta. Primer detalle a tener en cuenta: son muy pequeños. En realidad, bien, porque evidentemente no estamos ante lo que sería un producto sano, así que mejor poco.

El color azul intenso cumple con las expectativas. ¿El sabor? Pues reconocemos que tenemos un vago recuerdo de aquel helado lanzado en el 83, pero sus intenciones tropicales sí que parecen ser similares a las de la época. Después de todo, aquel también era un hielo con sabor.

La cosa se complica con el Frigopie porque reproducir en forma de hielo el punto cremoso es complicado. Con el Drácula, el sabor está bastante bien conseguido -cola, fresa y vainilla-, pero pierde la gracia de la parte de helado de vainilla y la textura de la fresa. Pero vaya, que a menos de 20 céntimos el polo tampoco podemos pedir un helado de los Roca.

En cualquier caso, los heladeros más nostálgicos ya tenemos con qué refrescar las tardes de verano.