La triste historia de cómo España se ha dejado robar el jamón ibérico

¿De dónde es el jamón ibérico? Aunque la respuesta parece sencilla y hasta ahora no había mucho margen de error, las cosas están cambiando. Porque resulta que ahora el jamón ibérico puede ser de Texas o de Georgia.

Sí, ese jamón ibérico made in USA del que ya hablamos hace tiempo es una realidad. No una posibilidad o un plan de futuro como leemos en algunos titulares los últimos días, sino algo que se puede comprar ya mismo en Estados Unidos.

Y sí, incluido lo de “ibérico”, y sin que parezca que por ahora legalmente haya mucho que hacer frente a eso de “puro ibérico americano” de lo que presume la empresa Iberian Pastures en su tienda online.

Es una de las dos compañías que han introducido cerdos ibéricos en Estados Unidos. Porque esa es la clave: la denominación “ibérico” se refiere exclusivamente a la raza del animal, no al lugar de crianza o curación de los jamones ni a su alimentación. De hecho, algunos de ellos comen cacahuetes en vez de bellotas. Y no pasa nada.

Es decir, solo hacía falta que alguien se llevara unos ejemplares fuera y, por supuesto, que nadie lo impidiera -vamos a suponer que no había herramientas legales- para conseguir acabar con la exclusividad de uno de los productos más icónicos de la gastronomía española.

Por supuesto, el tema es muy complejo, por mucho que den ganas de solventarlo con el recurrente “es que somos gilipollas”. Que igual también. Pero este es un sector con mucho dinero en juego y cierta fama de trampeo como para culpar únicamente a la dejadez o la estulticia.

Ya lo dijimos en su momento: los primeros que siempre han puesto trabas a vincular el cerdo ibérico a cuestiones de territorio o alimentación son los grandes productores, que quieren seguir llamando ibéricos a sus jamones con etiqueta blanca de cerdos que no saben lo que es una bellota ni han pisado el campo en su vida.

Y quienes estén ya ondeando la bandera ante la afrenta de Estados Unidos por este robo, no deberían olvidar otro pequeño detalle: las dos empresas que ahora mismo están produciendo y vendiendo jamón ibérico al otro lado del Atlántico tienen origen y parte del capital nacional. Fueron españoles quienes tuvieron la idea, se llevaron los animales, los criaron y pusieron en marcha el proyecto.

Dicen los expertos que en ningún caso el jamón ibérico americano será comparable al español. Si las fotos de la tienda son reales y no de stock, la verdad es que no parece tener mucho que ver con el clásico veteado de las piezas de aquí. El precio, eso sí, está a la altura: la pieza de entre 6 y 8 kilos se cotiza a 1.500 dólares.

También es verdad que se trata de las primeras piezas curadas, que se suman a la oferta de carne fresca, bacon o de elaboraciones como la sobrasada, así que seguramente los resultados tienen mucho margen de mejora con el tiempo.

En cualquier caso, aquí la batalla no está en la calidad sino en el acceso en un mercado como el de Estados Unidos, donde al jamón español le acaba de salir un competidor que juega en su propia casa.

Por ahora pequeño y casi anecdótico pero con un camino mucho más sencillo para extenderse por aquel continente y, lo que es peor, conseguir que se pierda la pista de lo que un jamón ibérico realmente es. ¿El jamón lo quiere de Extremadura, Huelva o de Texas curado en Iowa, que hoy lo tenemos de oferta?

Así que menos discursos vacíos con eso de la marca España, menos pulseras con banderitas y menos sacar pecho con patriotismos rancios y más orgullo de cochinos, aceites y todos esos productos que nos están robando delante de nuestros morros sin que, aparentemente, nadie pueda hacer nada ni parezca preocuparle demasiado.

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