Archivo de julio, 2020

Gallos, gallinas y exceso de testosterona. Esto es lo que ha dado de sí la edición 8 de ‘MasterChef’

Si hay algo que marcará esta octava edición de MasterChef será, como no, el coronavirus. También el programa se ha visto afectado por la crisis sanitaria, con los concursantes confinados juntos en la casa del programa durante unas 6 semanas extra.

Para nosotros, los espectadores, el programa ha durado lo mismo, pero los concursantes se han visto afectados también por la pandemia, pasándola todos juntos como si de un Gran Hermano se tratara. De hecho, esta ha sido la primera edición en la que hemos visto “la casa”, gracias en parte a los vídeos que los concursantes hicieron durante el confinamiento por aquello de hacerlo más llevadero.

En lo culinario, pues la verdad es que, aunque en un principio parecía que los concursantes estaban más preparados que en ediciones anteriores, lo cierto es que ha sido más de lo mismo. Pese a que el encierro les ha servido para mejorar algo sus técnicas, lo cierto es que eso que desde el jurado denominan “la necesaria evolución”, este año nos ha costado encontrarla. Y sospechamos que al programa también. Solo eso explicaría que en la semana 11 del programa montaran una prueba de delivery en la que tenían que preparar un bol de palomitas, hummus o guacamole…

Eso sí, al prueba sirvió para conseguir desquiciar a la pobre Juana, la veterana del concurso, que como es normal, no pudo seguir el ritmo loco impuesto por los jurados en la prueba. Tampoco consiguió Juana adaptarse a las técnicas de vanguardia: “Yo me lío con las cocinas de MasterChef. Tienen todo moderno y robots. Yo prefiero mi gas y mi olla express de 1900. En mi casa tengo una sartén que le regalaron a mi madre cuando se casó”. ¡Ay Juana! Si por nosotros fuera, se podría haber quedado hasta el final.

Pero, para ser justos, y pese a su indudable mano en los fogones, lo cierto es que, que llegara hasta el programa 11 en un concurso en el que siempre se recalca que hay que evolucionar y adaptarse a nuevas técnicas, no se acaba de entender si no es por las “preferencias” del jurado. Pese a todo, no les culpamos. Ha sido una concursante entrañable, y muy buena en lo que a compañerismo se trata. Pero claro, este no es un programa de convivencia, ¿no?

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La dieta del jamón y el vino: ojalá fuera cierto, pero evidentemente no

Si ante cualquier dieta siempre es mejor ser muy escépticos, más en aquellas que prometen milagros a corto plazo. Si la propuesta de perder unos cuantos kilos se acompaña de ingredientes de lo más apetecibles y normalmente poco relacionados con una alimentación sana, la mentira es más que evidente.

Pese a ello, cada cierto tiempo reaparecen dietas más o menos exóticas que consiguen colarse en los titulares. No es de extrañar, porque resulta indudablemente atractivo algo que combine la palabra dieta con chocolate, cerveza o torreznos. Por desgracia, esta última todavía no se ha inventado y, sobre todo, todas ellas son una solemne tomadura de pelo.

El sentido común debería bastar para detectarlas y tomarlas como tal pero, por si queda alguna duda al respecto, los nutricionistas se ocupan, pacientemente, de explicar por qué no tienen ningún fundamento. La mayoría de dietas, y estas en especial.

El último hit parece ser una denominada como la “dieta del jamón y el vino” a la que, claro, todos nos apuntaríamos encantados. No ya como dieta para perder peso sino como modo de vida. Bromas al margen, esta dieta existe y por méritos propios entra a formar parte de nuestro particular top 5 de ditas absurdas junto a la no menos delirante “dieta del delfín”.

¿Y en qué consiste esta dieta del jamón y el vino? Pues su nombre deja poco margen a la imaginación. De todos modos, en la página oficial -sí, la tiene- se detalla que la dieta “ha sido diseñada para ayudarte a reducir entre 4Kg y 6Kg” y que incluye, entre otros platos, 1 o 2 copas del vino al día y entre 60 y 90 gramos de jamón ibérico diario. ¿Dónde hay que firmar?

Aunque a priori no parece necesario detenerse a explicar por qué esta dieta tiene tanta credibilidad como la famosa del cucurucho -posiblemente menos, bien pensado-, lo peligroso llega al comprobar que en los últimos días numerosos medios hablan de ella. Y no para reírse, como sería lo lógico, sino como una opción a tener en cuenta. Más preocupante todavía es comprobar que la firma Rubén Bravo, dietista colegiado y, lo que nos parece más esclarecedor, licenciado en publicidad.

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Estas son las tres salsas favoritas de los españoles para el verano

(Foto: GTres)

¿Cuál es la primera salsa en la que piensas a la hora de acompañar un plato, mejorarlo o simplemente rebañar bien con el pan? Según el estudio Radiografía del sabor del verano presentado por Heinz, los españoles lo tienen claro: la mahonesa y el ketchup ganan por goleada.

Sí, nada de torcer el morro, porque estamos ante dos señoras salsas que, cuando están bien hechas, cumplen perfectamente con su misión. Según los datos de este estudio realizado a partir de 2.000 entrevistas, estas dos populares salsas ganan por goleada (el 66% elige la primera y el 44% la segunda), mientras que el tercer puesto es para el alioli con un más modesto 39%.

No se especifica si estamos hablando de salsas en general o si en la propia pregunta se acotaba más a salsas de añadir a algo ya cocinado o como complemento que a salsas de cocinar (salsa de tomate, española, salsa verde, de chipirón…), pero la verdad es que tampoco sorprende que esta eterna pareja de mahonesa y ketchup sean las grandes vencedoras.

Sí se concreta, por cierto, que hablamos de salsas para el verano, con lo que igual el personal está pensando más en unas bravas -gran ausencia de la salsa brava, cierto- que en unas patatas en salsa verde.

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La razón por la que no deberías comprar sandías y melones cortados

Pese a que hay mil artículos -seguro que también alguno nuestro- sobre trucos infalibles para saber a simple vista si una sandía o un melón están en su punto, reconozcámoslo: no nos fiamos. El miedo a estar llevándonos a casa un melón más verde que un pepino o una sandía pasada no se va hasta que le metemos el cuchillo y comprobamos si hemos acertado o no.

Entre eso y las dimensiones a veces descomunales que tienen estas frutas, lo de comprarlos cortados por la mitad o a cuartos se ha convertido en un clásico. Es una imagen de lo más habitual en fruterías y supermercados: melones y sandías cortados y envueltos en papel film. El éxito es doble, porque vemos la pinta que tienen y además nos llevamos la cantidad justa que queremos.

Una práctica de lo más habitual que, sin embargo, no es muy buena idea. Así lo acabamos de descubrir casi nada más abrir el libro de Beatriz Robles Come seguro comiendo de todo. Experta en seguridad alimentaria y nutrición -y una de nuestras fuentes de confianza cada vez que toca despejar dudas sobre seguridad a la hora de comer-, su primer libro está lleno de buenos consejos y algún que otro tirón de orejas sobre cosas que, como en este caso, hacíamos mal sin saberlo. Una lectura de lo más recomendable y además muy bien estructurada y escrita de forma muy amena.

Pero volviendo a las sandías y melones cortados, según explica Robles es una práctica que “entraña riesgos”. El problema -apunta- es que al cortar la fruta estamos rompiendo la protección natural del interior comestible respecto a la posible contaminación del exterior, ya sea en forma de microorganismos patógenos en la piel o contaminación de los utensilios o persona que lo corta.

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El teletrabajo acabó con el menú del día (así que la hostelería quiere acabar con el teletrabajo)

“Lo mejor para todos es volver a la normalidad y que haya el teletrabajo que tenga que haber, pero que no sea lo que ocurre en todas las empresas como en estos días”. Son declaraciones a EFE de Emilio Gallego, secretario general de Hostelería de España, la asociación que agrupa a la patronal del sector.

¿Y qué pinta la hostelería -se preguntarán muchos- opinando del teletrabajo de los demás? Porque cabe entender que resulta complicado eso de trabajar desde casa para cocineros o camareros pero ¿qué más les da a ellos si, quienes puedan, siguen trabajando en sus casas?

Muy sencillo: los locales en zonas de oficinas han perdido su clientela de mañanas y mediodías, lo que amenaza la continuidad de muchos negocios, alertan desde esta asociación esgrimiendo -como siempre- las cifras sobre el empleo que generan. Ahora, lamentan, la actividad se concentra por las tardes y los fines de semana.

El teletrabajo mató el menú del día, así que la patronal de la hostelería no se anda con tonterías y ha puesto sobre la mesa su propuesta: acabar con el teletrabajo. Ha sido útil durante el estado de alarma, pero ya es suficiente porque -atención- está “sobrevalorado”.

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