Los famosos también lloran al cocinar: así es una crisis en directo en MasterChef Celebrity

Todo es parte de un guión perfectamente calculado. Es una de las críticas más recurrentes que cada edición se le hace a MasterChef, y que tanto sus protagonistas como quienes han sido testigos del programa –nosotros mismos– suelen negar de forma categórica.

En la cocina es muy difícil hacer un guión, nos explicaron en su momento tanto Jordi Cruz como Pepe Rodríguez. Una cosa es que los presentadores tengan unas frases aprendidas para cada programa, y otra es que haya un poder en la sombra que decida quién se queda, quién se va y qué receta va a ser un desastre -a veces lo son todas, como en el programa en Asturias de hace unos días- para mandar a alguien a su casa.

¿Pero qué pasa con los lloros y esas crisis que tienen algunos de los aspirantes en plena faena cocinera? Anoche mismo vimos a Anabel Alonso peleándose con el postre que tenían que preparar coincidiendo con la visita de Jordi Butrón, de Espai Sucre y toda una referencia cuando hablamos de dulces y repostería.

Y no sólo la vimos en pantalla, sino que tuvimos la ocasión de ser testigos en directo y a muy pocos metros de la crisis pastelera de Alonso. Posiblemente, la mejor prueba de cómo no hay guión posible para estos momentos tan habituales en cada programa. Y es que a la retales -como ella misma y Bibiana Fernández se califican- no le salía los eclairs ni a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera.

Ante el desastre en marcha y una masa que no funcionaba, decidió empezar de cero. ¿Se equivocaba con los ingredientes? ¿Estaba pesando mal? ¿No seguía los pasos de la receta? ¿Se ha metido demasiado en ese papel un tanto quejoso y cansino que resulta que en realidad es así? ¿Los nervios del concurso? Sí, creednos, los famosos también se ponen nerviosos cuando va pasando el tiempo y el plato no sale, por muchas horas de televisión y cine que tengan encima.

Por aquí andaba también el famoso “equipo de culinarios” -sí, esos misteriosos cocineros fantasma de los que se hablaba– encargados de echar una mano o resolver algunas dudas que les van surgiendo a los aspirantes en la cocina. Y Anabel Alonso tenía muchas dudas, una empanada considerable -por usar el chiste culinario, ya que la cosa iba de platos gallegos en la prueba anterior- y un nerviosismo creciente que no ayudaba nada a que las cosas salieran.

“Los nervios son malos compañeros de los reposteros”, avisaba Cruz antes de empezar. Y una báscula con las medidas en libras en vez de en gramos -como descubrió antes de tener que tirar por segunda vez la masa- tampoco ayuda mucho.

Pero ni así, porque la masa seguía quedando demasiado blanda y ella seguía dudando de los ingredientes, de las medidas, de que tuviera correctamente anotada la receta… Según ella estaba haciendo todo bien, como les explicaba a los citados culinarios que, llegado el momento, tienen que retirarse. “Tampoco se trata de que hagan ellos la receta”, se comentaba entre bastidores ante la situación.

Pero el eclair no tiraba y todo apuntaba a desastre.  Segunda visita del presentador acompañado Butrón para revisar lo que estaba pasando, dar alguno consejo casi a la desesperada -el tiempo seguía pasando- y animar a la aspirante. Vistas en directo las broncas de Jordi Cruz la verdad es que resultan bastante creíbles e incluso tienen un punto pedagógico que a veces se pierde en el montaje final que sale en pantalla y donde prima, claro, el espectáculo.

Mientras tanto Anabel Alonso pasaba de los lloros y la desesperación en plan todo mal y pobrecita de mí, a las ganas de seguir intentándolo. Hasta cuatro masas llegó a hacer, pero a estas alturas la receta tenía difícil apaño por muchas ganas que le pusiera en el último momento. Difícil solución y cero guión.

En realidad nos fuimos del plató sin saber exactamente qué había fallado en su receta más allá del exceso de nervios y la falta de método. Tampoco pudimos ver la valoración del jurado. Para evitar filtraciones, incluso si hay visitas en los rodajes tienen que salir -antes del veredicto -se queda sólo el equipo- para que no se sepa quién se queda y quien abandona las cocinas.

¿Lo peor de todo? Que ayer también nos quedamos con la duda, porque era más de la 1 de la mañana, el drama repostero había empezado y ya sabíamos casi todo lo que iba a pasar. Excepto si Anabel se salvaba o no, claro. Pero la cosa, la verdad, pintaba bastante mal.

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