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La Gulateca

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Icebergs convertidos en agua de lujo a 90 euros la botella

Si la idea de “agua de lujo” ya es un concepto bastante discutible por sí sólo, cuando en la historia intervienen icebergs derretidos y botellas vendidas a precio de oro, la cosa se complica. Y es que, mientras en el Día Mundial del Agua -que se celebra hoy 22 de marzo- se cuestiona la sostenibilidad y lógica del agua embotellada y se defiende el suministro público para todo el mundo, parece que en Svalbarði van por otro camino.

Hablamos de una de las agua más caras y exclusivas del mundo. Concretamente, la supuesta pureza polar de cada una de estas botellas noruegas se vende a más de 90 euros. ¿Por qué es tan cara? Ojo que aquí llega la parte más preocupante de la historia, al menos para muchos ecologistas: el agua Svalbarði proviene de icebergs que son recogidos por el barco de esta empresa y fundidos para embotellarlos.

Aunque pueda sonar al penúltimo capricho para millonarios excéntricos, desde la firma aseguran que se trata de agua que se congeló hace miles de años. Según explica su máximo responsable a The Daily Mail, este origen asegura que se trata de agua libre de cualquier tipo de contaminación que, de hecho, ni siquiera necesita ser filtrada antes de pasar a la botella y consumirse.

Para conseguirlo, eso sí, hay que fundir pequeños trozos de glaciar que flotan en el mar. El proceso de pesca se realiza en el archipiélago de Svalbard sólo 2 veces al año, y en cada uno se recoge material -unas 15 toneladas de hielo- para elaborar 13.000 botellas de agua.

Detrás de esta idea entre lo loco, lo absurdo y lo snob está el empresario Jamal Qureshi. Hace unos años, navegando cerca del Ártico, se le ocurrió llevarse un pedazo de hielo a casa para que su mujer usara el agua para preparar un té. A partir de esa idea surgió su plan para convertir los icebergs en el agua de los ricos.

Aunque para muchos la idea es una auténtica aberración, desde la compañía se defiende su carácter ecológico. La empresa, de hecho, dona parte de sus beneficios al centro de investigación sobre el calentamiento global situado en esta misma zona -parece un chiste, pero ellos mismos lo explican con orgullo- que se dedica a guardar semillas de especies en peligro.

Además la empresa presume de tener una huella de carbono nula, porque compensa sus emisiones con la inversión en industrias de energía limpia. Y los icebergs que recoge -se defienden- ya se han desprendido y están flotando en el agua, así que tampoco se dedican a romper bloques de hielo con su barco, sino recogerlos y fundirlos.

En cualquier caso, no parece una buena idea que, en pleno debate sobre las consecuencias del calentamiento global, alguien aproveche parte de ese hielo que se está derritiendo para elaborar un agua que, además, sólo muy pocos podrán beber.

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser mmmmmmm

    eh?, no entiendo nada.

    22 marzo 2017 | 10:42

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