La Gulateca

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¿Qué quiere decir tu madre con “eso tú ya lo ves”?   Semana Santa Edition: Torrijas

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Por Ninna Jorro

La Semana Santa, ese oasis vacacional que se presenta justo cuando el “necesito vacaciones” empieza a taladrarte la mente cada vez que te pones frente al ordenador para currar, estudiar o actualizar tu perfil en Infojobs sin éxito. Los días soleados empiezan a ser la tónica habitual y los nostálgicos del verano sacan su look California Dream del armario. Tú, poco amante de las altas temperaturas y atrapado en la ciudad, los ves caminar por la calle, con sus gafas-hipster, sus bermudas y -¡oh, sí!- sus bambas sin calcetines y deseas verlos llorar, como lo hacen los cofrades que no pueden sacar a su patrona en procesión por inclemencias meteorológicas.

Los oyes hablar por su Smartphone en la parada del autobús: “Nos vamos todos a un apartamento en la costa, ¡tengo unas ganas de playita!”. Notas que tus instintos asesinos afloran e invocas a los dioses para que una ciclogénesis explosiva se los lleve a ellos y a su apartamento en la costa, muy muy lejos. “¡Qué en Semana Santa llueve! ¡Qué aún no es verano! Donde estén unas mini-vacaciones en el pueblo, con un buen puchero y unas torrijas…”.

“¡Eureka! -te dices- este año me monto mi propia Semana Santa urbanita” y citas a todos tus amigos para una merendola a base de torrijas el Jueves Santo. La primera y única vez que te lanzaste a hacerlas pensaste que era suficiente con empapar pan de molde en leche y huevo y freírlas y aunque te engañas a ti mismo diciéndote que menos es más y que lo básico es lo mejor, sabes que sólo hay una forma de obtener unas torrijas gloriosas. Antes de que te des cuenta, estás llamando a tu madre. Un tono, dos tonos…

– ¿Diga?
– Mamá, ¿qué tal?
– ¿Quién es?
– ¿Quien va a ser? ¡Tu hijo!
– Mi hijo… ¿Qué hijo?
– ¿¡Cómo que qué hijo!? ¡El único que tienes!
– ¡Ay hijo, perdona! Es que me he quedado traspuesta viendo la novela y estoy algo atontada. Dime.

Yo que tú pensaría en dejar un retrato tuyo a tamaño natural en la pared del salón.

– Quiero hacer torrijas, ¿me das la receta?
– ¡Claro hijo! ¿De vino o de leche?
– ¿Cuáles me haces tú?
– De leche
– ¡Pues esas!
– Vale, pues necesitas un poco de pan de ayer, leche, azúcar, canela, la ‘pela’ de medio limón y media naranja, una rama de vainilla.
– Aha, ¿vale cualquier pan? ¿Cuánto necesito?
– Pues pan normal, el que tengas por casa.

Problema #1: Pan normal… No, tu madre no se refiere a ese pan del súper que te venden cómo “pan de verdad” pero que no es más que el mismo pan de molde de siempre con un poco de harina por encima. Tu madre se refiere a una barra de pan, ni más ni menos. ¿Sirve una baguette del Paqui de la esquina? Como servir, sirve. Pero no obtendrás unas torrijas nivel Don Draper, obtendrás unas torrijas más bien nivel Paquirrín. ¿Están bien para salir de un apuro? Depende de las ganas que tengas de comer… torrijas.

Lo ideal es que compres un par de barras de pan en una panadería de nivel medio y reserves lo que te sobre de la comida o cena del día anterior. ¿Cuánto necesitas? Nosotros calculamos un par de rebanadas por persona, de un par de centímetros de grosor, pero si lo que quieres es darte un homenaje, calcula 3 o 4.

– Pones la leche a calentar, con una cucharadita de azúcar, una ramita de canela, la vainilla, la ‘pela’ del limón y la naranja. Lo dejas que cueza a fuego lento y lo sacas antes de que eche a hervir. A veces también le echo una gotita de Brandy pero si no tienes no pasa nada.
– Ahá
– Mientras tanto, cortas el pan en rebanadas y lo colocas sobre una fuente honda. Cuando se temple la leche, le quitas la canela, la vainilla y el limón y la naranja. Echas la leche encima del pan, que se empape bien por todas partes y lo dejas reposar un ratín.
– ¿Cuánto tiempo?
– Pues hasta que esté blandito, eso tú ya lo ves.

Problema #2: ¿Lo verás? ¿Sí? ¿Seguro? ¿Te avisará tu sentido arácnido antes de que tus torrijas se hayan convertido en una papilla grumosa a medio camino entre las gachas y el blandiblú? Además, ¿qué significa “blandito” para tu madre? ¿Será “blandito” en plan bizcocho recién hecho? ¿En plan puré? ¿O en plan triceps de Cayetana de Alba? Lo que tu madre quiere decir es que el pan tiene que quedar bien empapado, no ligeramente húmedo pero tampoco deshecho. El tiempo de “reposo” dependerá de lo duro que esté el pan pero, en general, con un par de minutos -el tiempo que tardas en poner la sartén al fuego, batir los huevos y preparar una fuente con papel absorbente- es suficiente. Sigamos.

– Bates dos huevos y pones una sartén con aceite de girasol al fuego. Sacas el pan de la leche, escurriendolo un poco con ayuda del tenedor, lo pasas por el huevo y, cuando el aceite esté bien caliente, las fríes.
– Vale, ¿cuánto aceite mamá? ¿Cómo de caliente?
– Pues no mucho aceite, un par de dedos y caliente, lo bastante para que se fría pero no tanto como para que se quemen nada más las eches.

Problema #3: “Lo bastante para que se fría pero no tanto como para que se quemen nada más las eches”, como diría Manolito Gafotas: científicos de todo el mundo han intentado descifrar esta frase sin éxito. Uno de ellos ha llegado, incluso, a afirmar: “Este es el mayor reto al que me he enfrentado en mi carrera. La investigación de la Fusión Fría resulta menos intrigante… estoy pensando en devolver mi premio Nobel” (se quita el micrófono violentamente y pide al cámara que deje de grabar mientras dice : “no puedo seguir con esto”).

No tenemos termómetro en casa, así que no podemos decirte la temperatura exacta a la que debe estar el aceite pero sí darte un par de consejos para echar las torrijas en el momento ideal. La sartén debe tener un dedo de aceite, nuestra recomendación es que dejes que se caliente a fuego medio durante, aproximadamente, dos minutos. Si pones la mano encima verás que está caliente pero que aún no salta. Para asegurarte puedes echar un trocito de pan, si ves que “baila” levemente y se tuesta poco a poco, es tu momento. ¡Torrijas dentro!

– Vas friendo y las vas dejando en una fuente con papel de cocina para que chupe el aceite que sobra. Cuando las tengas todas hechas, esperas a que se enfríen un poquitín y las “rebozas” en azúcar y canela en polvo. ¡Y ya las tienes! Hazlas un poco antes de comerlas para que estén más bien frías a la hora de comerlas.
– Gracias, mamá. ¡Voy a hacerlas!

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Una hora más tarde: has intentado hacer las torrijas sin éxito, así que cojes el teléfono de nuevo.

– Mamá, he intentado hacer las torrijas dos veces pero la primera vez las rebanadas de pan se me han deshecho al llevarlas al plato con el huevo batido. La segunda las he empapado menos en leche y, salir han salido, pero no están jugosas como las tuyas.
– ¡Ay hijo, no sé! A mi no se me desmontan. ¿Has ido con cuidado? ¿O lo has hecho a lo bruto como la mayoría de las cosas? ¡Mira que te tengo dicho que tienes que ser más cuidadoso! Siempre con las prisas… ¡Así te sale todo!

Problema #4: Para que te queden unas torrijas melosas y jugosas como las de tu madre, el pan debe estar bien mojado. Eso es un problema a la hora de pasar las rebanadas al huevo y, después, a la sartén. Nuestro consejo es que pruebes y que, como dice tu madre, vayas con cuidado. Utiliza una espumadera y un tenedor para hacer el “trasvase”, coje las rebanadas una a una y espera a que suelten parte de la leche que les sobra. Sin prisa pero sin pausa obtendrás la torrija perfecta.

Más ¿Qué quiere decir tu madre con ‘eso tú ya lo ves’?:

Lección 1: Tortilla de patatas
Lección 2: Croquetas de pollo
Lección 3: Ensaladilla rusa
Lección 4: Albóndigas con tomate
Lección 5: Tarta de chocolate y galletas
Lección 6: Empanadillas de bonito

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