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¿Qué quiere decir tu madre con “eso tú ya lo ves”?     Lección 3: Ensaladilla rusa

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Aunque los fenómenos metereológicos de estas últimas semanas evidencien lo contrario, el verano está a la vuelta de la esquina. En un abrir y cerrar de ojos estaremos en la gloriosa época de los picnics al aire libre y las barbacoas infinitas en las terrazas de amigos con pisos más molones que el tuyo.

Sí, amigo, pronto te encontrarás con un mail-invitación a una barbacoa con una frase final del tipo: “que cada uno se traiga algo para picar”. Hace un tiempo quizá te hubieras decidido por llevar unos Doritos con churretones de queso por encima o, mejor, los susodichos Doritos con un bote de guacamole envasado. Podrías incluso haber comprado un bote de hummus y pan de pita para dártelas de exótico pero hoy eres un cocinillas y se espera de ti algo mejor.

“¡Ya lo tengo! -piensas- una ensaladilla rusa”. Ciertamente es un plato adecuado, a casi todo el mundo le gusta y es perfecto para este tipo de ocasiones. De pronto recuerdas que tu último intento no tuvo demasiado éxito y, sinceramente, te cuesta entender el porqué: seguiste a rajatabla las instrucciones de la bolsa de ensaladilla congelada y, aún así, no sabía como la de tu madre. “¡Eureka! -exclamas- una llamadita a mamá y triunfo seguro”. Olvidas, amigo, que tu madre tiene una forma particular de contar sus recetas pero, tranquilo, estamos aquí para ayudarte.

La ensaladilla rusa, a pesar de ser un plato con ingredientes humildes, tiene su qué. No tanto por la cocción de las hortalizas -que también- como por la elaboración de la mayonesa. Porque sí, tu madre te dirá que la hagas tú mismo. Pero no avancemos acontecimientos. Has llamado a tu madre y…

– ¿La ensaladilla? Sí, hijo, no tiene ningún misterio. A ver, pones tres patatas grandes enteras y un par de zanahorias también hermosas a cocer en agua con sal.

– ¿Cuánta sal le echo, Mami?

– Pues un puñadito, hijo

Problema #1: Por experiencia os decimos que tu “puñadito” no tiene porque ser necesariamente el “puñadito” de tu madre. No tener eso en cuenta puede hacer que tu plato parezca cocinado en las aguas del mar Muerto y una maldición caiga sobre todo el que lo pruebe. Es de sentido común, pero la cantidad a la que se refiere debe ser la que te quepa cómodamente en la palma de la mano sin rebosar, vamos, lo contrario a ese “puñadito” de palomitas que le robas a tu acompañante en el cine. En medidas menos abstractas vendría a ser una cucharada y media. Sigamos.

– Cuécelas con piel que están más sabrosas y cuece también, en otra olla, un par de huevos. Cuando estén…

– Mmm, ¿y cuándo estarán? ¿Cuánto tardan en cocerse?

– Un ratín, hijo, es que depende del tamaño, ya lo irás viendo.

Problema #2: ¿Ya estamos otra vez con el “tú ya lo ves”? ¿Acaso saldrá una inscripción en la patata que rece “Estoy lista” cuando le preguntes como si fuera el diario de Tom Riddle en su versión tubérculo? ¿Saltarán las zanahorias del agua y te gritarán “¡Sácanos ya! ¡Estamos a punto de pasarnos!”? Por desgracia, nada de eso sucederá. El tiempo que necesitan para estar listas son unos 25-30 minutos. ¿Quiere eso decir que puedes poner un temporizador e irte a mirar videos de monos en Youtube hasta que suene la alarma? No, listillo. Cuando hayan pasado 20 minutos debes comprobar como va la cocción. ¿Cómo? Pues pinchando las patatas y las zanahorias con un cuchillo: si entra fácilmente, están listas, si no, cinco minutillos más. Así hasta que estén. Con los huevos la cosa es más sencilla, 10 minutos a partir de que el agua empiece a hervir y listo.

– Cuando esté todo cocido, lo escurres y dejas que se enfríe un poco, después pelas las patatas y las zanahorias…

– Vale mamá. Una cosa, ¿tu ensaladilla no lleva guisantes? ¿No hay que cocerlos?

– Pues hijo, yo uso guisantes de bote, que tampoco pasa nada.

– ¡Pues que sean de bote! ¿Cuántos botes le echas?

– Uno de los pequeños, llega

Hasta aquí seguimos bien pero ya se sabe que antes de la tormenta… Sí, ya está aquí, llega la parte más peliaguda del asunto.

– Pues eso, pelas las patatas, las zanahorias y los huevos y los cortas en taquitos, los pones en un bol y añades los guisantes lavados y escurridos. Échale también un par de latas de atún escurrido. Haces una mayonesa y la añades también.

– ¿Hacer la mayonesa? ¿No vale de bote como los guisantes?

– Hombre, como valer… vale, pero te va a quedar mejor con mayonesa casera. Ya verás: echas un huevo, aceite de girasol, un poco de vinagre, sal y le das con la batidora.

– No sé yo mamá

– ¡Qué sí! ¡Es muy fácil, hijo!

Problema #3: ¿Fácil? ¿Cómo de fácil? ¿Tanto como una pregunta de Call Show? ¿O más en plan ganar un premio en un Call Show? No vamos a endulzartelo, no somos Mary Poppins: la mayonesa no es especialmente fácil de hacer. El proceso en sí no parece complicado: hace falta un huevo, un vaso de aceite, vinagre y sal. Se trata de poner el huevo, la mitad del aceite, un chorrito de vinagre y una pizca de sal en el vaso de la batidora y batir hasta que la mezcla emulsione. A partir de aquí iremos añadiendo el aceite que queda poco a poco y continuamente mientras movemos la batidora de abajo a arriba muy suavemente hasta acabar el aceite.

Dicho esto, se requieren docenas de intentos para conseguir algo parecido a la salsa de tu madre. Si te sirve de consuelo, nosotros no siempre lo conseguimos. Te quedará demasiado líquida, se te cortará, sabrá demasiado a aceite o a vinagre pero… ¡No pierdas la fé! Un día de estos te sorprenderás viendo una mayonesa decente en el vaso y ese día -¡oh sí ese día!- probarás el sabor de la victoria. Podrás salir a la calle con la cabeza bien alta, despertando admiración por donde pasas, podrás decirle a quien se meta contigo: “Tú no sabes con quién estás hablando. Yo, aquí donde me ves, he hecho una mayonesa decente”.

– Añade la mayonesa a la ensaladilla. Yo no la añado toda, porque a tu padre le gusta más bien seca, pongo la que sobra en un recipiente y quien quiere más, pues se echa y punto.

– ¿Y nada más, Mami?

– Bueno, ya sabes que a mi me gusta decorarla con unas aceitunas y unos pimientos del piquillo que le dan un toque, pero eso ya como tú veas.

Parecía casi imposible, pero ya tienes lista la ensaladilla rusa y con ella seguro que triunfas en la barbacoa de tu colega el guay pero no te olvides:

– ¡Ah! Y métela en la nevera, hijo, que esté fresquita. Además la mayonesa es muy delicada y ¡luego no quiero disgustos!

DISCLAIMER: Esta ensaladilla es la que se hace en casa de mi madre, no una receta canónica e inamovible. ¡Qué nadie se nos ofenda!

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¿Qué quiere decir tu madre con “eso tú ya lo ves”? Lección 2: Croquetas de pollo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Sabrina

    Vaya por dios, yo hubira pelado y cortado las verduritas antes de hervirlas, que es más cómodo y están antes…

    22 mayo 2013 | 10:04

  2. Dice ser Danza de Fogones

    Me siento totalmente identificada jajaja

    22 mayo 2013 | 10:21

  3. Dice ser Sariña

    La ensaladilla tiene una pinta bárbara!! Una cosa, yo las medidas de la mayonesa las echo más o menos a ojo y si veo q se queda muy líquida le pongo un poco más de aceite y ya está. Normalmente si queda líquida es porque nos hemos pasado con el vinagre, pero si lo añades después de emulsionada no se va a cortar así que mejor quedarse cortos y luego poner más. Lo digo por si a alguien le sirve de ayuda. Es que yo soy de esas que sale a la calle con la cabeza bien alta, jeje!!

    22 mayo 2013 | 14:38

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