Los contagios se dan en los bares, no en las manifestaciones, asegura un informe en Estados Unidos

No llevan mascarilla, pero es una foto de stock, que no cunda el pánico (Foto: GTres)

El mapa de rebrotes de coronavirus en España empieza a resultar preocupante. Aunque, por suerte, la situación no tiene nada que ver con la que viven ahora mismo países como Brasil o Estados Unidos, sí resulta suficientemente preocupante como para que los diferentes gobiernos automáticos estén tomando decisiones para atajar esta tendencia y reforzar las medidas preventivas.

Mensajes de preocupación que se combinan con las recurrentes imágenes de lugares en los que hay más gente junta de la que el sentido común ahora mismo indica que sería recomendable. Sobre todo si las mascarillas brillan por su ausencia, como ocurre en muchos casos.

Aunque por suerte parece que la crispación política se ha calmado un poco y los debates sobre el papel que las manifestaciones han tenido en los contagios y la pandemia han desaparecido, un reciente estudio en Estados Unidos arrojaba un dato que merece la pena tener en cuenta.

No para reanimar polémicas, sino para recomendar prudencia a esos hosteleros que a veces parecen tener demasiada prisa por volver a la normalidad. A la económica, se entiende.

Y es que según explicaba hace unos días Eater, en el estado de Idaho (Estados Unidos) un estudio ha demostrado que la mayoría de contagios se producen en bares y no en las manifestaciones. Incluso durante los días de protestas contra el racismo tras el asesinato de George Floyd, el mayor foco de contagios estuvo en los locales de ocio.

Por supuesto, no se trata de extrapolar conclusiones de uno a otro país. Y más en una situación en la que lo que se sabe sobre la transmisión de la Covid-19 va cambiando de semana en semana. Pero en este caso el razonamiento parece bastante claro: en las manifestaciones, si no hay gritos, se habla poco, hay mascarillas y están al aire libre, la posibilidad de contagio es mucho menor que en los bares.

Aquí, la falta de mascarillas al beber, la inhibición que produce el alcohol y, en algunos casos, la necesidad de hablar más alto para comunicarse, hacen que se conviertan en potenciales focos de contagio.

Algo que concuerda con las recientes declaraciones de Anthony Fauci, un prestigioso experto en la materia y responsable del control de pandemias en Estados Unidos desde hace décadas. Preguntado por su opinión sobre los restaurantes, el epidemiólogo aseguro que él ahora mismo no se planteaba hacer nada dentro de los establecimientos.

En la nueva normalidad comemos menos carne roja

Que durante los meses de confinamiento se ha cocinado mucho más de lo habitual no es ningún secreto. Que podría tratarse simplemente de una burbuja temporal es algo que no tardaremos en descubrir aunque, vista la euforia con la que hemos vuelto a bares y terrazas, parece que el plan del verano no es precisamente pisar mucho la cocina.

¿Pero hemos cambiado nuestros hábitos alimenticios? Pese a nuestro habitual escepticismo con todo eso de que de la pandemia salimos mejores, los datos parecen ser algo más optimistas. Al menos si damos por buenos los datos recopilados en el Informe sobre alimentación saludable y consciente, elaborado por Kantar Worldpanel para Obrador Sorribas.

Según este estudio, un 60% de los encuestados asegura tener ahora una alimentación más sana y consciente. ¿Significa eso que comemos de forma más saludable en esta nueva normalidad? También se aprecia un creciente interés -en realidad es una tendencia de la que llevamos tiempo hablando- por reducir el consumo de carne y aumentar el de vegetales.

Es verdad que la muestra del estudio (personas entre 20 y 40 años) puede condicionar un poco este dato, pero es interesante comprobar que un 30% ha reducido su consumo de carne roja y un 60% apuesta por una dieta flexitariana. Es decir, una alimentación en la que prima lo vegetal sobre los productos de origen animal.

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Gallos, gallinas y exceso de testosterona. Esto es lo que ha dado de sí la edición 8 de ‘MasterChef’

Si hay algo que marcará esta octava edición de MasterChef será, como no, el coronavirus. También el programa se ha visto afectado por la crisis sanitaria, con los concursantes confinados juntos en la casa del programa durante unas 6 semanas extra.

Para nosotros, los espectadores, el programa ha durado lo mismo, pero los concursantes se han visto afectados también por la pandemia, pasándola todos juntos como si de un Gran Hermano se tratara. De hecho, esta ha sido la primera edición en la que hemos visto “la casa”, gracias en parte a los vídeos que los concursantes hicieron durante el confinamiento por aquello de hacerlo más llevadero.

En lo culinario, pues la verdad es que, aunque en un principio parecía que los concursantes estaban más preparados que en ediciones anteriores, lo cierto es que ha sido más de lo mismo. Pese a que el encierro les ha servido para mejorar algo sus técnicas, lo cierto es que eso que desde el jurado denominan “la necesaria evolución”, este año nos ha costado encontrarla. Y sospechamos que al programa también. Solo eso explicaría que en la semana 11 del programa montaran una prueba de delivery en la que tenían que preparar un bol de palomitas, hummus o guacamole…

Eso sí, al prueba sirvió para conseguir desquiciar a la pobre Juana, la veterana del concurso, que como es normal, no pudo seguir el ritmo loco impuesto por los jurados en la prueba. Tampoco consiguió Juana adaptarse a las técnicas de vanguardia: “Yo me lío con las cocinas de MasterChef. Tienen todo moderno y robots. Yo prefiero mi gas y mi olla express de 1900. En mi casa tengo una sartén que le regalaron a mi madre cuando se casó”. ¡Ay Juana! Si por nosotros fuera, se podría haber quedado hasta el final.

Pero, para ser justos, y pese a su indudable mano en los fogones, lo cierto es que, que llegara hasta el programa 11 en un concurso en el que siempre se recalca que hay que evolucionar y adaptarse a nuevas técnicas, no se acaba de entender si no es por las “preferencias” del jurado. Pese a todo, no les culpamos. Ha sido una concursante entrañable, y muy buena en lo que a compañerismo se trata. Pero claro, este no es un programa de convivencia, ¿no?

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La dieta del jamón y el vino: ojalá fuera cierto, pero evidentemente no

Si ante cualquier dieta siempre es mejor ser muy escépticos, más en aquellas que prometen milagros a corto plazo. Si la propuesta de perder unos cuantos kilos se acompaña de ingredientes de lo más apetecibles y normalmente poco relacionados con una alimentación sana, la mentira es más que evidente.

Pese a ello, cada cierto tiempo reaparecen dietas más o menos exóticas que consiguen colarse en los titulares. No es de extrañar, porque resulta indudablemente atractivo algo que combine la palabra dieta con chocolate, cerveza o torreznos. Por desgracia, esta última todavía no se ha inventado y, sobre todo, todas ellas son una solemne tomadura de pelo.

El sentido común debería bastar para detectarlas y tomarlas como tal pero, por si queda alguna duda al respecto, los nutricionistas se ocupan, pacientemente, de explicar por qué no tienen ningún fundamento. La mayoría de dietas, y estas en especial.

El último hit parece ser una denominada como la “dieta del jamón y el vino” a la que, claro, todos nos apuntaríamos encantados. No ya como dieta para perder peso sino como modo de vida. Bromas al margen, esta dieta existe y por méritos propios entra a formar parte de nuestro particular top 5 de ditas absurdas junto a la no menos delirante “dieta del delfín”.

¿Y en qué consiste esta dieta del jamón y el vino? Pues su nombre deja poco margen a la imaginación. De todos modos, en la página oficial -sí, la tiene- se detalla que la dieta “ha sido diseñada para ayudarte a reducir entre 4Kg y 6Kg” y que incluye, entre otros platos, 1 o 2 copas del vino al día y entre 60 y 90 gramos de jamón ibérico diario. ¿Dónde hay que firmar?

Aunque a priori no parece necesario detenerse a explicar por qué esta dieta tiene tanta credibilidad como la famosa del cucurucho -posiblemente menos, bien pensado-, lo peligroso llega al comprobar que en los últimos días numerosos medios hablan de ella. Y no para reírse, como sería lo lógico, sino como una opción a tener en cuenta. Más preocupante todavía es comprobar que la firma Rubén Bravo, dietista colegiado y, lo que nos parece más esclarecedor, licenciado en publicidad.

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Estas son las tres salsas favoritas de los españoles para el verano

(Foto: GTres)

¿Cuál es la primera salsa en la que piensas a la hora de acompañar un plato, mejorarlo o simplemente rebañar bien con el pan? Según el estudio Radiografía del sabor del verano presentado por Heinz, los españoles lo tienen claro: la mahonesa y el ketchup ganan por goleada.

Sí, nada de torcer el morro, porque estamos ante dos señoras salsas que, cuando están bien hechas, cumplen perfectamente con su misión. Según los datos de este estudio realizado a partir de 2.000 entrevistas, estas dos populares salsas ganan por goleada (el 66% elige la primera y el 44% la segunda), mientras que el tercer puesto es para el alioli con un más modesto 39%.

No se especifica si estamos hablando de salsas en general o si en la propia pregunta se acotaba más a salsas de añadir a algo ya cocinado o como complemento que a salsas de cocinar (salsa de tomate, española, salsa verde, de chipirón…), pero la verdad es que tampoco sorprende que esta eterna pareja de mahonesa y ketchup sean las grandes vencedoras.

Sí se concreta, por cierto, que hablamos de salsas para el verano, con lo que igual el personal está pensando más en unas bravas -gran ausencia de la salsa brava, cierto- que en unas patatas en salsa verde.

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La razón por la que no deberías comprar sandías y melones cortados

Pese a que hay mil artículos -seguro que también alguno nuestro- sobre trucos infalibles para saber a simple vista si una sandía o un melón están en su punto, reconozcámoslo: no nos fiamos. El miedo a estar llevándonos a casa un melón más verde que un pepino o una sandía pasada no se va hasta que le metemos el cuchillo y comprobamos si hemos acertado o no.

Entre eso y las dimensiones a veces descomunales que tienen estas frutas, lo de comprarlos cortados por la mitad o a cuartos se ha convertido en un clásico. Es una imagen de lo más habitual en fruterías y supermercados: melones y sandías cortados y envueltos en papel film. El éxito es doble, porque vemos la pinta que tienen y además nos llevamos la cantidad justa que queremos.

Una práctica de lo más habitual que, sin embargo, no es muy buena idea. Así lo acabamos de descubrir casi nada más abrir el libro de Beatriz Robles Come seguro comiendo de todo. Experta en seguridad alimentaria y nutrición -y una de nuestras fuentes de confianza cada vez que toca despejar dudas sobre seguridad a la hora de comer-, su primer libro está lleno de buenos consejos y algún que otro tirón de orejas sobre cosas que, como en este caso, hacíamos mal sin saberlo. Una lectura de lo más recomendable y además muy bien estructurada y escrita de forma muy amena.

Pero volviendo a las sandías y melones cortados, según explica Robles es una práctica que “entraña riesgos”. El problema -apunta- es que al cortar la fruta estamos rompiendo la protección natural del interior comestible respecto a la posible contaminación del exterior, ya sea en forma de microorganismos patógenos en la piel o contaminación de los utensilios o persona que lo corta.

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El teletrabajo acabó con el menú del día (así que la hostelería quiere acabar con el teletrabajo)

“Lo mejor para todos es volver a la normalidad y que haya el teletrabajo que tenga que haber, pero que no sea lo que ocurre en todas las empresas como en estos días”. Son declaraciones a EFE de Emilio Gallego, secretario general de Hostelería de España, la asociación que agrupa a la patronal del sector.

¿Y qué pinta la hostelería -se preguntarán muchos- opinando del teletrabajo de los demás? Porque cabe entender que resulta complicado eso de trabajar desde casa para cocineros o camareros pero ¿qué más les da a ellos si, quienes puedan, siguen trabajando en sus casas?

Muy sencillo: los locales en zonas de oficinas han perdido su clientela de mañanas y mediodías, lo que amenaza la continuidad de muchos negocios, alertan desde esta asociación esgrimiendo -como siempre- las cifras sobre el empleo que generan. Ahora, lamentan, la actividad se concentra por las tardes y los fines de semana.

El teletrabajo mató el menú del día, así que la patronal de la hostelería no se anda con tonterías y ha puesto sobre la mesa su propuesta: acabar con el teletrabajo. Ha sido útil durante el estado de alarma, pero ya es suficiente porque -atención- está “sobrevalorado”.

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‘GourMeet’, por fin un delivery en el que importa cómo se entrega y quién reparte

Durante el confinamiento descubrimos que el envío de comida a domicilio podía ser mucho más que pedir una pizza o unos platos al chino. Ante las complicadas circunstancias, restaurantes de todo tipo, también los llamados gastronómicos, se apuntaron a esta vía de negocio que, es verdad, muchos ya llevaban tiempo tanteando. Esta fue la mejor excusa para lanzarse a probarlo.

Y en este master acelerado sobre delivery que ha vivido en apenas dos meses todo el sector -críticos hablando de comida a domicilio, hace cuatro meses era impensable- hemos aprendido que, más allá de la calidad de los platos que llegan, hay muchos más factores a tener en cuenta.

Por eso nos ha parecido tan interesante la propuesta de GourMeet, una asociación de más de una veintena de restaurantes que ponen el acento en esta nueva experiencia en casa. “El cómo, importa, y quién entrega la comida a las casas, también”, aseguran. Y solo con eso ya nos han ganado.

Porque si hay algo que a estas alturas cuesta entender es el silencio de una parte de la hostelería ante el tema de las plataformas de envío. Concretamente esas que, como dicen ya varias sentencias, pretenden mantener una relación laboral ilegal con sus repartidores, considerándolos como autónomos y no como trabajadores.

Es verdad que en tiempos difíciles las reivindicaciones suelen pasar a segundo plano ante la necesidad de poder facturar para mantener el negocio a flote. Pero es que tampoco las condiciones de Glovo y compañía -con comisiones de hasta el 45% del pedido- parecen un chollo para los restaurantes.

¿Qué sentido tiene cuidar el producto, el proveedor, la cocina, el punto de cocción o incluso el tuper biodegradable en el que se sirve la comida, si luego resulta que quien lo está repartiendo está siendo explotado?

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‘Conguitos’, tenemos un problema

Los simpáticos y ricos cacahuetes cubiertos de chocolate que presumen de estar requetebién tienen un serio problema. Iba a decir que tienen un marrón, pero no está el tema para chistes con colores. En realidad, no es nada que a estas alturas pille a nadie por sorpresa, y es más que seguro que en Lacasa -la empresa propietaria de la marca- ya tenían una carpeta sobre asuntos a resolver dedicada a este producto. Y si no la tenían, está claro que deberían.

¿Quién podrían imaginar que una marca cuya imagen lleva décadas vinculadas a figuras inspiradas en caricaturas de africanos con su lanza y todo -los anuncios pueden verse en el canal de la marca- iba a tener problemas de racismo en 2020? ¿Cómo adivinar que igual alguien podría sentirse ofendido por esa imagen que durante años, además, fue remarcada con anuncios que incidían en el chistecillo de los aborígenes africanos con forma de dos cacahuetes de chocolate?

Así que el tema puede ser cualquier cosa menos una sorpresa. De hecho, la firma ya realizó algunos cambios hace unos años a las figuras de los Conguitos para modernizarlos y alejarlos de esa representación estereotipada y ofensiva de personas negras. Funcionó durante unos años, pero estaba cantado que el tema volvería a salir.

¿Cómo que ofensiva?, se preguntan quienes consideran que si a ellos algo no les parece racista significa que no lo es. O que algo percibido con normalidad hace décadas -publicidad de tabaco con médicos o mujeres embarazadas- no puede convertirse en una aberración con el tiempo.

Pues sí, ofensiva porque, como estos días han relatado diversas personas negras, lo de Conguitos fue el simpático nombre que tuvieron que soportar durante muchos años. Opcionalmente acompañado de la conocida canción de estos chocolates. 

Por si faltaba algo de gasolina para la hoguera, los pirómanos de VOX no han dudado en apuntarse a la fiesta. Si hasta hace nada el tema podría incluso ser calificado de anécdota o de una de esas tormentas que igual pasan en un par de días, ver a la extrema derecha presumiendo de comer Conguitos ha conseguido que, ahora sí, Lacasa tenga un problema, y de los gordos.

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20 Aldeas, el vino de la semana

Siempre es interesante asistir al nacimiento de un nuevo vino. Más cuando detrás está una bodega como Condado de Haza y una familia del sector como Fernández Rivera que, con este 20 Aldeas, quiere dar un pequeño toque de modernidad a su catálogo de tintos.

Un 100% tempranillo y certificado ecológico -también eso es parte de la adaptación a los nuevos tiempos- que en esta primera añada de 2018 llega con aires de cambio y frescura dentro de una bodega que, según nos explican sus responsables, quiere apostar por eso del terroir y la personalidad propia en una zona tan reconocida como Ribera del Duero donde muchas veces se buscan más estándares que solistas.

De todos modos, este 20 Aldeas se presenta como Vino de la Tierra de Castilla y León, lo que también refuerza ese perfil algo más informal. Pero que nadie se equivoque con esos guiños de modernidad porque estamos ante un vino con carácter y cuerpo que, eso sí, combina con una fuerte presencia de fruta lo que sirve para aligerar el conjunto.

¿Vamos a volver a decir lo de fácil de beber? Pues sí. Aunque también es verdad que este vino promete una evolución interesante en la botella. Así que, vamos con el consejo de siempre: mejor aprovechar su buena relación calidad-precio para comprar hacerse con dos botellas, una para probar ya mismo y otra para guardar un tiempo.

Variedades:  100% tempranillo

Zona: IGP Castilla y León

Para hacerte el listo: si siempre has querido decir eso de “taninos redondos” este es un buen vino para hacerlo.

Precio: 14 euros