Café a 2,90 y cerveza a 4,90 euros en la cumbre de la OTAN

Este año los clásicos ‘clavazos’ veraniegos -esos tickets estratosféricos de terrazas, chiringuitos y demás- llegan desde un lugar un tanto inesperado: la cumbre de la OTAN en Madrid. Y es que este encuentro político de máximo nivel también tiene su vertiente gastronómica. Y, por lo visto, bastante cara para los periodistas que durante estos días están cubriendo este cita internacional.

Así lo señalaba en su cuente de Twitter un fotógrafo de Europa Press que está trabajando en la cumbre de la OTAN y que se mostraba asustado por el precio del café en una de las cafeterías de IFEMA. A 2,90 el café con leche. Precios más caros que un aeropuerto o un área de servicio y que, como indicaba, pueden suponer un palo a los periodistas freelance que no tengan otro remedio que pasar por caja durante la cobertura.

Curiosamente, es el café donde más parece irse el precio en la carta de la cafetería de IFEMA. El café solo a 2,50 está lejos de ser un precio normal -salvo locales de café de especialidad, y nos confirman que no es el caso- pero la carta de comida parece algo más comedida en sus precios, con bocadillos sobre los 7 euros y ensaladas entre 8 y 9 euros.

Tampoco parece la cumbre de la OTAN un buen lugar para quedar para tomar unas cañas: la cerveza va a 4,9 euros. La buena noticia es que por sólo 10 céntimos más puedes pedir una cerveza artesana.

¿Pero los periodistas acreditados no tienen comida en la sala de prensa? Pues no. Sólo café y agua gratis. El café -nos cuentan- no demasiado bueno, con lo que muchos optan por pasar por caja y pagar esos casi 3 euros por un café con leche. De todos modos, el café dura poco y para media mañana sólo queda agua y leche en los dispensadores de la gigantesca sala de prensa, nos confirman desde allí.

Quienes quieran comer con plato y cubiertos, pueden optar por una pequeña carta que incluye propuestas como ensaladilla rusa a 8 euros, salmorejo a 7,70 euros o guisos a 15 euros. También hay una propuesta de menú del día por 20.35 euros que incluye primero, principal, pan, postre y bebida.

Un precio más que correcto en comparación con lo del café y la cerveza. Sobre todo teniendo en cuenta que hablamos de IFEMA y una cumbre repleta de periodistas trabajando, no de un chiringuito de la plata de Formentera.

Los auténticos influencers de la gastronomía (según 50 Next Class)

La mayoría no son cocineros, no ocupan titulares con su penúltima apertura o declaración polémica. Tampoco suman trillones de seguidores en Instagram, ni comparten en redes si les ha gustado tal o cual plato de un restaurante. Son jóvenes y en muchos casos mujeres, lo que suele ser una combinación poco habitual en el supuesto estrellato gastronómico del mundo.

Pese a todo ello, el futuro de la gastronomía en el mundo está en sus manos. No lo decimos nosotros, sino la gente de 50 Best, que hace unos días presentó en Bilbao su lista 50 Next Class. «Una lista de jóvenes que están dando forma al futuro de la gastronomía», explican los organizadores, que dejan claro que esto no es un ranking como el de mejores restaurantes y bares del mundo que publican cada año.

50 Next quiere representar la diversidad de la escena gastronómica mundial con una lista de personas de 30 territorios diferentes, de 6 continentes y, en la mayoría de los casos, menores de 35 años.

Un reconocimiento que incluye siete categorías: Gamechanging Producers (productores), Tech Disruptors (disruptores tecnológicos), Empowering Educators (educadores), Entrepreneurial Creatives (emprendedores creativos), Science Innovators (innovadores en la ciencia), Hospitality Pioneers (pioneros de la hospitalidad), y Trailblazing Activists (activistas).

La verdad es que la lista es de lo más interesante, y cada uno de los perfiles daría para una historia que se aleje de lo que normalmente cuentan -contamos- los medios especializados en gastronomía, y que tienen más que ver con geopolítica o sostenibilidad que con el nuevo ingrediente secreto del chef de turno.

Figuran, por ejemplo, las pensadoras Anusha Murthy y Elizabeth Yorke, que están provocando un debate sobre la alimentación de la India; Jessica Naomi Fong, que está alimentando a Hong Kong con productos locales frescos; Mmabatho Molefe, una chef que empodera a las mujeres negras y desafía los conceptos erróneos de la cocina indígena; o Lefteris Arapakis, el pescador que lucha contra la contaminación del mar en Grecia.

Entre los 50 nombres, cuatro del país: Eneko Axpe es gastrofísico, investigador de la NASA y un experto en texturas de alimentos que está teniendo un papel destacado en los nuevos productos de carne vegetal; Pol Contreras, por su interesante apuesta para «descolonizar» el mercado del chocolate; el cocinero Javier Rivero Yarza, del restaurante Ama Taberna, en Tolosa -nos encanta eso que dice de que nunca regatea el precio con los productores-; y Zineb Hattab, de origen español y marroquí, y que lidera un restauran vegetal en Zurich.

Por si alguien tiene curiosidad, aquí va la lista completa.

Empowering Educators 

  • Arielle Johnson, 35 – Nueva York, EE. UU. 
  • Charles Michel, 36 – Bogotá, Colombia (de Francia)
  • Chloé Charles, 35 – París, Francia
  • Anusha Murthy, 30, y Elizabeth Yorke, 29 – Bangalore, India
  • Yi Jun Loh, 29 – Kuala Lumpur, Malasia
  • Vinesh Johny, 33 – Bangalore, India

Entrepreneurial Creatives 

  • Camila Fiol Stephens, 34 – Santiago, Chile 
  • Caroline Cotto, 29 – Oakland, EE. UU.
  • Dinara Kasko, 33 – Kharkov City, Ucrania
  • Juan Pablo Medina, 29 – Copenhague, Dinamarca (de Colombia)
  • Mariana da Silva Vasconcelos, 30 – Campinas, Brasil
  • Oscar Ekponimo, 36 – Abuja, Nigeria
  • Travinder Singh, 31 – Singapur

Gamechanging Producers 

  • Corrado Paternò Castello, 30 – Catania, Italia 
  • Dharath Hoonchamlong, 29 – Bangkok, Tailandia
  • Jessica Naomi Fong, 31 – Hong Kong
  • Martin Texier, 32 – Saint-Julien-en-Saint-Alban, Francia
  • Pol Contreras Vilapriñó, 36 – Ezcaray, España
  • Rosanna Gahler, 25 – Alt Madlitz, Alemania
  • Yu Hsuan Cheng, 34 – Taipei
  • Rahaf Allymoni, 29 – Ámsterdam, Países Bajos (de Siria)

Hospitality Pioneers 

  • Debora Fadul, 36 – Ciudad de Guatemala, Guatemala 
  • Jackwing Yao, 31, Lola Liu, 30 y Tiger Liang, 27 – Guangzhou y Shenzhen, China
  • Javier Rivero Yarza, 31 – Tolosa, País Vasco
  • Michael Adé Elégbèdé, 32 – Lagos, Nigeria
  • Mmabatho Molefe, 27 – Cape Town, Sudáfrica
  • Santiago Lastra, 32 – Londres, Reino Unido (de México)
  • Mette Brink Søberg, 32 – Copenhague, Dinamarca
  • Zineb Hattab, 32 – Zurich, Suiza (de España y Marruecos)

Science Innovators 

  • Asrar Damdam, 29 – Jeddah, Arabia Saudí 
  • Eneko Axpe, 35 – San Francisco, EE. UU. (de España)
  • Gregory Constantine, 33 – Nueva York, EE. UU. (de Australia) y Stafford Sheehan, 33 – Nueva York, EE. UU.
  • Jessica Bogard, 34 – Brisbane, Australia
  • Nidiya Kusmaya, 30 – Sukabumi, Indonesia
  • Risha Jasmine Nathan, 34 – Nueva Delhi, India
  • Verleen Goh, 35 – Singapur
  • Sara Marquart, 33 – Zurich, Suiza (de Alemania) y Maximilian Marquart, 36 – Múnich, Alemania

¿Se come mejor en Madrid que en Londres, como defienden Dabiz Muñoz y Almeida?

Decía José Luis Martínez-Almeida hace unos días en una entrevista publicada por Elle que Madrid ya ha adelantado a Londres en lo que respecta a la oferta gastronómica. En realidad no lo decía él, sino que citaba nada menos que a Dabiz Muñoz como fuente de esa idea. Y él mismo lo corroboraba en Twitter en pleno debate sobre el asunto.

Si decir que en Madrid se come mejor que en la capital inglesa es de cuñados, yo soy un cuñado, venía a decir el popular cocinero. Las redes no dan para muchos matices y sutilezas, pero en realidad lo que decía el alcalde y supuestamente el chef no se refería a la oferta gastronómica así en general, sino a la “multiculturalidad gastronómica”.

Lo cierto es que más allá de la clásica bronca tuitera, el tema es de lo más interesante. Por aquí llevamos años defendiendo que en Londres se puede comer estupendamente y que ese mito de que es un páramo gastronómico está muy superado. 

Tampoco en cuestión de precios la diferencia entre las dos ciudades es tanta como se podría imaginar, incluso sin incluir en la ecuación el tema de los salarios de ambos países. ¿Me estás diciendo que sentarse en un restaurante de Madrid es tan caro como en uno de Londres? Sí y no. 

Puedes pagar más en la capital española que en la inglesa si te lo propones, claro, pero es cierto que si hablamos de restaurantes, ticket medio, incluimos vino u otro alcohol en la cuenta y nos centramos en el centro de Londres, Madrid es más económico. Lógicamente.

¿Bocata de calamares en la Plaza Mayor o un bocadillo en alguno de los mercados de Londres? Sin duda, mejor precio allí y seguramente mejor calidad. Más aún si nos alejamos del centro de Londres y comemos o compramos en barrios desde donde no se ve el Big Ben ni los grupos de turistas que sólo quieren la foto en Picadilly.

Por supuesto, tampoco es lo mismo la perspectiva de quien vive en un lugar que la del visitante. Así que este debate, en todo caso, será interesante entre residentes en Madrid y Londres, no entre quienes pasaban por allí o lo visitan puntualmente.

Yo he comido estupendamente y regular en ambas ciudades, pero eso no es señal absolutamente de nada, porque no he hecho la compra semanal en ninguna de ellas, o no tengo tal o cual bar o pub de referencia para saber cómo está el tema. 

Aclarados todos los matices, es lo de la multiculturalidad gastronómica lo que más nos hace dudar de que la afirmación de Muñoz y Almeida se sostenga. Porque no hablan de empate o de interés de ambas urbes, sino que van con todo y defienden la victoria madrileña. Insistimos, no en entrar en un lugar cualquiera y tomarse una caña y picar algo, sino en oferta gastronómica de todo el mundo.

Y aquí los de la Commonwealth tienen muchas décadas de ventaja colonial. Recurriendo al desgastado tópico y seguramente un poco ofensivo, siempre se ha dicho que la mejor cocina de Londres es india.

¿Hay en Madrid buenos currys y restaurantes indios? Sin duda. ¿Su oferta puede competir con la de Londres y su comunidad de origen indio, asentada desde hace décadas? ¿Y la cocina turca? Y, ojo con esto, ¿qué pasa con la cocina portuguesa, más escasa en España que en Londres, donde incluso hay una cadena de comida rápida especializada? Que tampoco digo que eso sea una buena noticia, pero sí una pista.

Asiáticos, de nuevo, geniales en ambos. Pero oiga, que estos señores hasta antes de ayer consideraban Hong Kong -un auténtico paraíso gastronómico- casi una provincia más del imperio británico. La cosa cambia si hablamos de cocina de Sudamérica, donde la oferta madrileña seguramente gana por goleada a la londinense en este juego que, por si no había quedado claro, tiene mucho más que ver con lazos históricos y políticos que con otra cosa.

¿Querían Muñoz y Almeida vengarse por las afrentas inglesas a la gastronomía española en forma de tortillas, paellas y demás platos versionados en modo terrorista? Si es así, nos apuntamos al juego. De todos modos, cuidado con eso porque estamos convencidos de que en Londres, con chorizo y todo, se pueden comer paellas más dignas de las que en Madrid se sirven a turistas despistados.

En todo caso, tal vez lo que debería preocupar al alcalde no es esta divertida batalla gastronómica, sino que en su lucha por convertir Madrid en la capital del lujo se olvide de los vecinos que, sorpresa, todavía viven por allí. 

Y que, efectivamente, Madrid se parece cada vez más a Londres en precios, coste de la vida, o estandarización de un centro y de una oferta gastronómica que sólo las grandes cadenas -iguales en todo el mundo- pueden asumir. Y de que, como en Londres, la gente cada vez cocine menos en casa. Aunque algo nos dice que eso a Almeida tampoco le parece mal.

8 vinos que vamos a beber este verano

¿Hay vinos para el verano? La verdad es que no tenemos una respuesta clara. Aunque es verdad que apetecen cosas frescas -y no sólo hablamos de temperatura- por otro lado la única clasificación que nos interesa es la que distingue entre los vinos ricos que siempre apetece beber y los que dan un poco de pereza.

El caso es que, pensando en estos meses de verano, hemos seleccionado ocho referencias probadas  recientemente y que nos parecen estupendas para brindar estos días.

La Sonrisa de Tares

Empezamos ruta en El Bierzo, con la añada 2021 de La Sonrisa de Tares. Un blanco joven y sencillo, pero que lleva a la botella la elegancia y el potencial de la variedad godello, uno de los símbolos de este territorio leonés. Se trabaja con lías, lo que aporta cierta estructura a un vino fresco -repetiremos mucho esto de la frescura en esta selección- y que cuesta menos de 10 euros.

Martínez Lacuesta, La Sucursal 2019

Asociada muchas veces a esa idea de riojas clásicos -que también nos gustan, ojo- la bodega Martínez Lacuesta apuesta por un estilo más moderno con este La Sucursal. Tanto en el contenido, 100% Tempranillo, como en la bonita etiqueta, basada en la sucursal madrileña donde despachaba vinos esta histórica bodega riojana. Potente en graduación, un poco de frío le va estupendamente para reforzar esa frescura y fruta que tiene. Se recomienda descorchar una media hora antes de tomar. Anda sobre los 30 euros.

Izadi Selección

Viura, malvasía, garnacha blanca, tempranillo blanco, maturana blanca y turruntés. Son las seis variedades blancas de rioja y también las que componen este singular Izadi Selección, el único blanco riojano que se atreve a combinarlas todas en una botella. Un blanco complejo y con cierta untuosidad, pero que no renuncia al punto fresco que andamos buscando en estas fechas. Su precio es de unos 12 euros.

Alacer Roble

Confesamos que nos ha asustado un poco eso de roble en la etiqueta. Pero quienes rehuyan de maderas pronunciadas -y más con estos calores- pueden estar tranquilos porque hay barrica, pero bien integrada en un tinto de Ribera del Duero muy frutal y que destila juventud. Se elabora con tempranillo de cepas viejas, que busca en su altura (900 metros) ese carácter fresco. Cuesta sólo 7 euros.

Cara Nord Mineral

Cariñena y un poco de garnacha componen este tinto de Montsant de la bodega Cara Nord. ¿Un adjetivo para definirlo? Efectivamente, mineral, como su propio nombre permite deducir. Con carácter -la cariñena siempre marca su estilo- bastante intenso y de color oscuro, sorprende que a la hora de probarlo deje un toque fresco que nos ha animado a incluirlo en este pequeña selección veraniega. Su precio es de unos 12 euros.

Clunia Tempranillo

Tenemos fichada desde hace años esta bodega burgalesa que reivindica -antes incluso que estuviera de moda- los vinos de altura. Este Clunia Tempranillo es un monovarietal de esta uva, de una parcela a 950 metros y vendimiada a mano. Los 12 meses en barrica de roble se llevan estupendamente con el frescor de este tempranillo de clima extremo, dando lugar a un tinto muy bien equilibrado. Se puede encontrar por unos 15 euros.

Rioja Vega Garnacha Blanca

Volvemos a los blancos de Rioja. Y es que, más allá de las variedades conocidas, hay otras minoritarias en la región que pueden dar mucho juego a la hora de crear un blanco diferente. Eso es justo lo que ha hecho Rioja Vega con este blanco a base de garnacha blanca y tempranillo blanca. Con una acidez muy marcada que aporta personalidad y frescor, el resultado es un blanco veraniego que ronda los 8 euros.

Hito 2020

La gama más desenfadada de la bodega Cepa21 es una apuesta segura a un precio estupendo. Un tinto muy actual, con aromas expresivos, equilibrado y con el justo toque de madera que no desvirtúa la filosofía de este Ribera del Duero. Se puede encontrar por unos 10 euros.

¿Te gustaría que hubiera una cocina industrial al lado del colegio de tus hijos? Al Ayuntamiento de Madrid parece que sí

Hace unos días los vecinos del barrio Delicias de Madrid, y sobre todo las familias del colegio público Miguel de Unamuno, celebraban la decisión judicial de revocar la licencia a la cocina fantasma ubicada junto al centro educativo. 

Las chimeneas de esta instalación junto al patio del colegio -con las consiguientes molestias por olores y dudas sobre su salubridad- así como el tráfico de repartidores y proveedores en la zona son los dos ejemplos más evidentes de los efectos de esta cocina sobre los niños que estudian allí.

El caso salpicó hace unos meses a Vicio, la popular hamburguesería de Aleix Puig, ganador de MasterChef. Según él mismo explicó a este medio, la cocina parecía contar con todos los permisos legales y se mostró dispuesto a mediar entre los propietarios de la dark kitchen y los vecinos. 

No ha hecho falta, porque el pasado 24 de mayo una sentencia reconocía los “indudables perjuicios a los vecinos”, insistiendo que la proximidad al colegio hacía necesario extremar la vigilancia por parte de las autoridades municipales.

¿Y qué ha hecho el ayuntamiento de Almeida? Extremar su defensa, cierto. Pero no de los vecinos o los niños, sino de la empresa que gestiona esta cocina fantasma. Aludiendo temas de “seguridad jurídica”, el consistorio ha decidido recurrir la sentencia. 

Aseguran que no es necesario el informe medioambiental que solicita el juez. En todo caso, y tal vez conscientes de que están dando una imagen un poco fea, aseguran que están dispuestos a revisar la licencia y posibles cambios de usos. Vaya, que si la ley les obliga, la cumplirán. Genial.

Seguro que hay detalles y matices legales que se nos escapan, pero lo cierto es que resulta cuanto menos sorprendente que en un conflicto entre una empresa privada que provoca evidentes molestias -lo dicen los vecinos, lo certifica un juez- y un colegio público el ayuntamiento tenga tan claro su bando.

Que para algunos la economía y la hostelería estaba por delante de otras cosas ya quedó bastante claro durante la pandemia. Así que tal vez no debería sorprendernos.

Pese a ello, es imposible no preguntarse quién querría tener una cocina industrial al lado del patio del colegio de sus hijos. ¿Actuaría igual el equipo municipal si la zona afectada fuera otra o el colegio fuera uno más exclusivo?

Nos da miedo pensar la respuesta, pero está claro que la proliferación de cocinas fantasma en pleno centro de los barrios obliga a revisar la legislación y, por muy loco que le pueda sonar a algunos, priorizar le bienestar de quienes viven allí frente a tal o cual negocio privado.

Así es ‘Il Bocconcino’, el restaurante de Tenerife donde Massimo Bottura cocinará esta semana


Considerado uno de los mejores chefs del mundo, a estas alturas Massimo Bottura no necesita mucha presentación. Su restaurante Osteria Francescana no solo luce tres estrellas Michelin, sino que en 2016 y 2018 fue elegido por 50 Best como el mejor del mundo.

El cocinero italiano será el protagonista de la nueva edición de Inspirational Chef Program, que desde hace años organiza el magnífico hotel Royal Hideaway Corales Resort del sur de Tenerife, y por donde han desfilado algunos de los cocineros y cocineras más destacados del panorama nacional e internacional.

Hace unos meses tuvimos ocasión de estar por allí junto a los Hermanos Torres, que cocinaron a cuatro manos con los hermanos Padrón, que regentan el restaurante El Rincón de Juan Carlos (una Estrella Michelin) en el propio hotel.

Esta vez la cita será en Il Bocconcino, otro de los restaurantes de este hotel con una decidida apuesta por la gastronomía. Bottura cocinará junto a Niki Pavanelli, cocinero de este local especializado en cocina italiana, dos exclusivas cenas los próximos 25 y 26 de junio.

Una ocasión única para que quienes anden por Tenerife -qué envidia- puedan disfrutar de la cocina de Bottura combinada con los platos que Pavanelli elabora en este restaurante, que propone un recorrido de norte a sur por la gastronomía italiana. «Recetas tradicionales, actualizadas sin perder su esencia», explica el cocinero.

Todo ello con una presentación muy cuidada, adaptada al entorno de este hotel de lujo. Y, como extra, con vistas al mar desde la terraza del restaurante.

Tuvimos ocasión de probarlo durante nuestra visita a la anterior edición del Inspirational Chef Program. Aunque confesamos que la definición del restaurante  («progressive italian restaurant«) asusta un poco, lo cierto es que lo que llega al plato tiene mucho de producto, cocina italiana, buen hacer y poco de ínfulas. Y eso nos gusta.

Entre otros platos probamos un original y excelente tonno vitellato (una suerte de versión invertida del vitelo tonnato), una carbonara perfecta y un canelón de ragú de rabo de toro y chocolate. Aunque en las recetas el producto local (cochino negro, atún…) tiene cierto protagonismo y convive con los sabores italianos, la propuesta de vinos invita a no hacer concesiones y, con permiso de los excelentes vinos de la isla, descubrir algunas de las referencias que manejan aquí.

Mención aparte merece la selección de panes del lugar. Es tentador dejarse llevar, pero también peligroso, porque podrían convertirse en casi plato único de la cena. Por si les sirve a los afortunados que vayan a probar el menú ideado por Bottura, ojo con el pan.

Si quieres que los trabajadores de hostelería vivan mejor, no hagas esto

 

Parece que se nos ha olvidado, pero hace no tantos años era habitual que los domingos no hubiera pan. De hecho, mi panadería de cabecera mantiene esa costumbre y hasta ahora hemos sobrevivido en casa sin problemas.

En un momento en el que se habla tanto de las condiciones de trabajo de la hostelería y que algunos restaurantes optan por cerrar fines de semana, parece que algunos no están dispuestos a aceptar que los derechos laborales de los demás están por delante de su supuesto derecho a comer o cenar un sábado o domingo en tal o cual sitio. Spoiler: no existe tal derecho.

Las redes están llenas de ejemplos. Mientras muchos celebran que trabajar en una cocina sea compatible con cierta conciliación familiar y vital el fin de semana, otros parecen poco convencidos de este cambio. Que, por cierto, representa una ínfima minoría de la oferta hostelera de cualquier ciudad. Vaya, que igual el domingo no puedes ir a tu restaurante favorito, pero seguro que algo encuentras.

O si no, como apuntan otros, ojo a la oportunidad de negocio que se abre para aquellos que apuesten por abrir fines de semana y atender esa demanda que parece estar quedándose huérfana esos días. 

Nada nuevo en realidad. El debate es tan viejo como aquello de que las tiendas tienen que cerrar a las 10 de la noche o más tarde porque tú sales de trabajar a las 8. La solución, seguramente, pasa porque tú salgas antes y esa persona de la tienda también pueda echar la persiana a una hora en condiciones e irse a su casa.

Pero volviendo al tema gastronómico, protestaba un individuo hace días porque una pastelería estaba cerrada por vacaciones. Y él quería ir, claro. Cómo se atreven. Pidió explicaciones, lo de las vacaciones no le convenció porque al parecer no habían avisado por todos los medios que él creía oportuno y amenazó con irse a la competencia.

Además de quedar públicamente como un perfecto energúmeno, si algo sabemos a estas alturas es que ese tipo de clientes son un mal negocio.

Igual que este otro, convencido de que los horarios de los restaurantes tienen que adaptarse a él y no al revés. Llegué a las 15.37 y no me sirvieron porque la cocina cierra a las 15.30, protesta alguien que por lo visto se saltó la clase de matemáticas.

¿Todos hemos llegado tarde alguna vez? Seguramente. Pero tal vez ha llegado el momento de que entendamos que los clientes también tenemos nuestra parte de responsabilidad en mejorar las condiciones de trabajo en la hostelería.

¿Pagando más? Tal vez, ese es otro debate del que ya hemos hablado, pero seguro que respetando vacaciones y horarios de los demás. Y entendiendo que si queremos que la gente se vaya a su casa a una hora decente, igual no podemos sentarnos a cenar a las 10 de la noche.

Gazpacho en versión portuguesa: dos recetas para probar este verano

Pocas cocinas tan cercanas e ignoradas en España como la portuguesa. Que sí, que pulpo, bacalao pero poco más sabemos en general sobre la excelente cocina de nuestros vecinos atlánticos con los que, además, compartimos muchos ingredientes y unas cuantas recetas.

El gazpacho, por ejemplo, también se estila en tierras portuguesas. Pese a que resulta muy lógico teniendo en cuenta esa proximidad, confesamos que lo hemos descubierto repasando las recetas del libro Portugal, the cookbook, del chef Leandro Carreira, portugués afincado en Reino Unido. Editado por Phaidon, por ahora solo puede encontrarse en inglés.

Así que hemos anotado las recetas del gazpacho portugués en versión alentejana y del Algarve por si alguien se anima este verano a probar un gazpacho un poco diferente. Y, de paso, cabrear a los que están convencidos de que gazpacho solo es el que hacen en su pueblo y que el resto son tomates con cosas.

Gazpacho alentejano 

El Alentejo, la región portuguesa vecina de Extremadura, comparte con este territorio clima, paisaje y muchos ingredientes. También estupendas carnes, embutidos y, por lo visto, el gazpacho, aquí convertido en gaspacho alentejano, similar pero con algún toque propio, como eso de ponerle orégano.

Por cierto, lo de añadirle chorizo por encima no nos queda claro si es la receta original o un guiño de Carreira al público inglés, siempre con ganas de ponerle un poco de chorizo a todo. De lo que estamos seguros es que mal no le sentará. Hay pequeñas diferencias según la zona, explica el cocinero, porque en algunos sitios se le añade jamón, en otros aceitunas y en otras zonas se acompaña con sardinas. Lo que, por cierto, nos parece una idea maravillosa.

Ingredientes (para 6 raciones)

  • 2 dientes de ajo
  • 3 tomates maduros
  • 1 cebolla y media cortada en rodajas finas
  • 1 pimiento verde
  • 1 pimiento rojo
  • Media cucharada de orégano
  • 150 ml. de AOVE
  • 60 ml. vinagre blanco
  • 250 g. de pan
  • Sal
  • Para acompañar: tacos de jamón o chorizo

Preparación

Majar el ajo con un poco de sal en el mortero. Pasamos esta pasta a un recipiente más grande donde añadimos los tomates -sin semillas y cortados-, la cebolla, los pimientos, el aceite, el orégano y el vinagre. Añadimos 1,6 litros de agua fría y trituramos hasta conseguir la textura deseada.

Añadir más salsas, dados de pan y guardar en le nevera para que se enfríe. Servir opcionalmente con jamón o chorizo.

Arjamolho (o gazpacho del Algarve)

La receta es prácticamente idéntica a la del gazpacho alentejano. Aunque la lista de ingredientes, cantidades y elaboración es idéntica a la vista en la otra receta, aquí sí se recomienda expresamente pelar los tomates. Y por la foto deducimos que también hay cabida para el pepino, aunque sea troceado sobre este gazpacho que, como en el caso anterior, se parece más a una sopa fría con tropezones que a los gazpachos más habituales en España.

Con o sin pepino, como comentábamos antes, lo más interesante de esta versión del Algarve es que se suele acompañar -así lo explica Carreira- de sardinas asadas o, mejor dicho, el pescado se sirve con un pequeño bol de arjamolho al lado.

¿Es mala la fruta después de comer?

Ante la duda, fruta. Si hay algo que hemos aprendido a base de escuchar a nutricionistas y leer sus libros es que el agua y la fruta suelen ser la respuesta a casi todas las dudas que surgen a la hora de pensar en un menú. Tanto para niños como para adultos.

¿Pero que hay de eso de que la fruta después de comer es mala y que mucho mejor antes? Todos lo hemos escuchado alguna vez, seguro.

Así que nos ha encantado dar con una respuesta precisa y concisa en el último libro de Lucía Martínez, Vegetarianos con más ciencia, que andamos devorando estos días. Una guía para una alimentación saludable y 100% vegetal, según define la propia autora, y repleta de respuestas a dudas recurrentes y alguna que otra leyenda.

«No hay ningún momento malo para comer fruta», recuerda la autora. «Ninguno de los mitos que la envuelven es cierto. Come fruta, cualquiera (mejor local y de temporada) y cuando quieras. Fin», concluye.

Hablando de mitos relacionados con la alimentación, la propia autora recomienda el libro Mi dieta cojea de Aitor Sánchez. De esas leyendas sobre las cinco comidas al día o que el desayuno es la comida más importante, hablamos por aquí hace ya mucho tiempo citando precisamente aquel libro.

Por supuesto, aunque han pasado seis años, todos esos mitos siguen gozando de una estupenda salud. Incluido aquel de que un poco de vino es bueno, y que de vez en cuando reaparece gentileza de campañas de publicidad, estudios de dudosa credibilidad y noticias pagadas.

¿Deberían los colegios ofrecer a los niños leche vegetal como alternativa a la de vaca?

Cada año La Unión Europea subvenciona unos 160 millones de litros de leche como parte del programa escolar de frutas, verduras y leche en los colegios y guarderías. Ahora, la compañía de bebidas vegetales Oatly junto a otras organizaciones ha lanzado una petición para que dentro de este plan de ayudas se incluya también la «leche» vegetal como alternativa a la leche de origen animal.

Y lo ha hecho con una de esas campañas que tanto gustan a la compañía que en su momento abanderó aquello de «como la leche, pero para humanos«. En un colegio los críos más cool y rebeldes consiguen colar la bebida vegetal en las aulas, pese a las reticencias de los profes carcas, los padres que no se enteran y algún chivato. Todo como si fuera una sustancia ilegal, con sus trapicheos en el baño, carreristas por el pasillo, el de seguridad vigilando…

¿Se van a tener que ocupar los niños del tema por su cuenta?, pregunta el anuncio. Mientras decidimos si tiene gracia o es una de esas provocaciones que tanto gustan a la marca, algunos matices y datos.

Recuerda Oatly en una nota de prensa que la subvención europea a la leche en los coles se traduce en una emisiones de 220.800 toneladas de CO2. Es lo que se calcula suponen esos 160 millones de litros de leche de vaca. No se aporta el dato de lo que supondría reemplazar parte por bebidas vegetales, pero es de sobra conocido que la ganadería industrial tiene un papel destacado en lo que respecta a emisiones.

Además, según una encuesta realizada en España por la misma marca, más del 70% de las personas preguntadas se muestran a favor de incluir este tipo de opciones vegetales en los colegios.

Un momento, ¿pero no existen ya? Lo cierto es que sí. De hecho, como padre de un niño con problemas de tolerancia a la proteína de vaca, siempre que el resto de compañeros han tenido un vaso de leche a él se le ha ofrecido uno de avena. Que, por otra parte, también podría ser sustituido por una pieza de fruta sin mayor problema, pero no es el tema.

El caso es que desde hace tiempo muchos colegios ofrecen entre sus opciones menús vegetarianos y veganos donde no hay lácteos, con lo que que este tipo de bebidas -igual que postres vegetales en sustitución de yogures- son cada vez son más habituales. Hablamos, eso sí, de opciones de comedores, no de la subvención europea que es lo que aborda la campaña.

¿Debería haber opciones vegetales a los lácteos en los colegios? La respuesta es tan evidente que no debería hacer falta ni plantearla. Pues claro. ¿El presupuesto Europeo debería contemplarlo? Aquí ya se nos escapan matices económicos y de ayudas a productores que seguramente complican el tema. Porque algo nos hace pensar que ese impulso a las frutas, verduras y leche en los menús no sólo tiene que ver con los pequeños comensales, sino también con los productores y el sector primario.

En cualquier caso, muy a favor de que  existan opciones vegetales para niños y, sobre todo, que se les explique el coste medioambiental de la cesta de la compra y de lo que comen. Sea un vaso de leche, un filete de carne o una hamburguesa plant-based.