7 vinos para descubrir la DO Arlanza

Solo hay algo que nos gusta más que un buen vino: uno de alguna región que no tenemos fichada en nuestro particular mapa vinícola. Es verdad que en todos los lugares del país se hacen vinos estupendos, pero tenemos cierto cariño a aquellas pequeñas denominaciones de origen -también a quienes juegan fuera, pero ese es otro tema- que reivindican las particularidades de su territorio y tienen que pelear en el mercado con auténticos gigantes.

La DO Arlanza es una de ellas. Relativamente nueva (se creó en 2007) y con una extensión de 450 hectáreas de viñedo, su localización a lo largo del cauce del río Arlanza le da nombre. Una denominación repartida entre Burgos y Palencia, y que tiene en Lerma, Covarrubias y el Cerrato Palentino sus principales ejes.

Casi una treintena de bodegas conforman esta denominación de origen, que abandera nombre propio al norte de la potente Ribera del Duero y no muy lejos de Rioja. Una zona donde se ha hecho vino desde siempre, pero en la que resulta especialmente complicado destacar.

Tenemos pendiente escaparnos por allí, porque nada como patearse los viñedos y las bodegas para entender de verdad una región vinícola. Sin duda, un gran plan para quienes anden cerca este verano, por la zona. De momento, nosotros nos hemos conformado con un pequeño aperitivo probando en casa algunos vinos de la DO Arlanza.

Colina Triste Blanco

Gracias a su interesante tinto descubrimos hace un tiempo la DO Arlanza en la Barcelona Wine Week. Su etiqueta -sí, somos de esos que se dejan llevar por las etiquetas, no pasa nada por reconocerlo- nos llamó la atención. Y resulta que tras ese guiño al cinematográfico cementerio de Sad Hill de la película El bueno, el feo y el malo –situado en Burgos y visita obligada para cinéfilos- había unos estupendos vinos.

Esta vez hemos probado el blanco 2020, muy interesante y con cierta complejidad. Combina diversas variedades de cepas viejas (viura, malvasía, rojal, chasselas, albillo…), les da un toque de barrica y obtiene un vino fresco, estructurado y con un perfil muy gastronómico. Anda sobre los 12 euros.

Castillo de Ura 2014

Un crianza clásico este Castillo de Ura de Bodegas Sierra. Uva tempranillo, 14 meses en barrica y un buen equilibrio entre cierta potencia en sabor y toques de fruta roja y madera bien integrada. Precio competitivo -se puede encontrar por menos de 9 euros- para un vino sin ínfulas (eso nos gusta), pero muy solvente.

Barbudo 2020

Nos vamos al otro extremo de la mano de Radikal Wines, la gama más innovadora de la bodega Palacio de Lerma. Este Barbudo 2020 es un tinto joven que busca sorprender ya desde el formato y presentación de la botella. Sus creadores hablan de un vino extremo, natural, con máxima extracción y mínima intervención.

¿Y qué hay detrás de todo este discurso? Pues exactamente eso, un vino diferente, fresco, interesante, más suave de lo que cabe esperar y que necesita algo de tiempo para mostrar su potencial en la copa. No es para todos los público, pero merece la pena probarlo. Anda sobre los 15 euros.

Vientos del Pueblo 2021

Una rareza que igual no es fácil de encontrar, pero que, si te la cruzas en el camino, hay que probarla. Este rosado de edición limitada de la Bodega Septien cuesta unos 22 euros. Por cierto, nos lo bebimos antes de hacerle una foto en condiciones a la botella, pero dejamos prueba de que dimos buena cuenta de ella y que nos encanta su nombre.

Tempranillo, mencía, garnacha, albillo y viura, de viñedos de 70 años y a 900 metros de altura conforman este rosado que se cría con sus lías durante 5 meses, lo que aporta estructura y elegancia a un vino muy fresco y aromático. Un vino de esos que, citando el poema de Miguel Hernández que le da nombre, aventan la garganta.

Buezo Varietales 2005

Muy interesante también este Varietales 2005 de la bodega Buezo. Tempranillo (50%), merlot (25%) y cabernet sauvignon (25%) de altura y recogidos manualmente, conforman un tinto con carácter que pasa un año en barrica y muchos más en botella.

Pese a ello, sorprende que se mantenga fresco y con una acidez que denota que sigue vivo y en forma.  Esperábamos algo más denso y complicado de beber con estos calores veraniegos, pero ha resultado ser una estupenda opción. Anda sobre los 15 euros.

Gran Lerma 2016

Este reserva de la bodega Lerma se suele citar entre las mejores referencias de esta denominación de origen. Y la verdad es que es fácil de entenderlo al descorchar la botella y probarlo, porque es uno de esos tintos a los que cuesta ponerle pegas. Más para quienes buscan apostar sobre seguro que probar cosas diferentes, se elabora solo con tempranillo, y el resultado es un vino equilibrado y muy agradable. Se puede encontrar por algo más de 20 euros.

Picofino 2018 

Uno de nuestros favoritos en este máster intensivo en vinos de Arlanza que hemos hecho. Un monovarietal de tempranillo, de corte algo más moderno, aunque sin irnos al extremo de Barbudo, con el que comparte bodega. Viñedos extremos donde, según leemos, son los gorriones los que se encargan de elegir las mejores uvas y su punto óptimo. Una anécdota que sirve para dar nombre a este tinto muy fino y con cierta elegancia, de esos que siempre apetece beber. Ronda los 30 euros.

Cubitos de hielo a casi 8 euros la pieza

¿Ha pasado ya la histeria con el hielo, el torrente de titulares sobre su supuesta escasez y el aumento de precios? ¿Hacen falta más tutoriales para explicar por fin al personal cómo hacer cubitos de hielo en casa?

Aunque seguramente llegamos ya tarde a uno de esos temas que duran apenas 48 horas, tanto hablar de hielo hemos recordado la existencia de algo realmente fascinante: el hielo de lujo. Es verdad que no todos los hielos son iguales, que los de la cubitera cutre que trae la nevera no son como los de la gasolinera, y que el hielo juega un papel muy importante en la coctelería.

Pero la gente de Gläce Luxury Ice ha ido un poco más allá y ha llegado a la conclusión de que los ricos no pueden usar el mismo hielo que cualquier persona normal le echa al kalimotxo. Es decir, que les pueden cobrar lo que quieran por un cubito de hielo si les convencen de que es algo realmente exclusivo y solo al alcance de unos pocos.

Concretamente, unos 8 dólares cuesta cada pieza -circular o cúbica- de esta marca de hielo con sede en San Francisco y que lleva ya unos cuantos años viviendo de esto. En 2018 ya se hablaba de ellos y, por lo visto, no solo siguen vivos, sino que incluso han subido precios: antes ofrecían 50 piezas de hielo por 325 dólares, y ahora el pack incluye solo 40 de estos lujosos cubitos.

¿Usan agua de lluvia del Amazonas? ¿Acaso son trozos de un glaciar? (Poca broma con eso del glaciar, que una empresa llegó a proponerlo, aunque la idea no cuajó). Nada de eso. Es simplemente hielo hecho con agua filtrada que presume de no tener ningún sabor. No como los hielos que compras en el super, que por lo visto saben a fabada asturiana.

Pese a moverse en el segmento del lujo y, suponemos, contar con un generoso presupuesto de marketing, las fotos que manejan dejan bastante que desear. Así que nos cuesta saber si el hielo se parece más a la primera foto o es transparente como en estas otras dos que ilustran su web.

Lo suyo sería la segunda opción, porque una de las cosas que se valoran en el particular mundo del hielo es precisamente eso, que sea transparente y no blanquecino, como ocurre con los cubitos normales y corrientes que compramos todos.

¿Ha cerrado la polémica cocina fantasma junto a un colegio de Madrid? Almeida dice que sí, los vecinos demuestran que no

«La cocina fantasma junto al colegio Miguel de Unamuno ha sido abandonada, el problema está resuelto”, aseguraba el alcalde de Madrid a mediados de julio. Una solución un tanto curiosa para un problema que los vecinos del barrio llevaban más de un año denunciando. Sobre todo teniendo en cuenta que fue el ayuntamiento el que recurrió recientemente la sentencia judicial que ordenaba el cierre de estas cocinas industriales situadas junto a un colegio.

Dejando a un lado el peculiar sistema de mediación del consistorio -que parece no dudar a la hora de ponerse del lado de las empresas y no de los vecinos-, parece que el asunto no está tan resuelto como aseguraba hace ya semanas Almeida. Al menos, eso denuncia la asociación Stop Cocinas Fantasma Delicias, que asegura que sigue la actividad en esta cocina.

Aunque Glovo anunció su salida a principios de julio, al parecer otros operadores mantienen la actividad, según lo que puede apreciarse en las imágenes que sigue compartiendo esta asociación.

Sin ir más lejos, un vecino asegura que el 28 de julio la cocina estaba en marcha y que se había llamado en repetidas ocasiones a la Policía Municipal para que lo comprobara. El 29 de julio seguía habiendo motos de reparto en la puerta esperando para recoger pedidos, denuncian.

Más allá de las molestias a los vecinos y niños del colegio colindante, en un artículo de Público también se denunciaban las condiciones de trabajo de esta cocina, con temperaturas de más de 50 grados en el interior. En esas mismas líneas recordaban la entrevista que por aquí hicimos a los portavoces de Vicio, la popular cadena de hamburgueserías que se ha visto salpicada por esta polémica al ser una de las marcas que opera en esta cocina.

Aunque parece que es solo cuestión de tiempo que esta cocina cierre definitivamente, el ayuntamiento se comprometió también a revisar su licencia -algo que, por lo visto, no se ha hecho todavía- y, lo que es más importante, modificar la normativa para que se limiten las cocinas industriales en el entorno residencial. Algo que, por cierto, ya se hizo en Barcelona a principios de este año.

Una gran idea. Bastante mejor que esperar a que una empresa decida cerrar, un año después, una cocina que lleva más de un año siendo un problema para los vecinos y llenando de humo el patio de un colegio.

Dos mercados españoles entre los 10 más fotografiados de Europa: ¿es una buena noticia?

Visitar el mercado es una de las mejores formas de conocer una ciudad. Una parada que nunca falta en mi particular itinerario fotográfico al llegar a un lugar pero que, como pasa siempre con esto del turismo y los viajes, es muy fácil que se nos vaya de las manos.

Si mantener activos los mercados de abastos es una gran noticia para una ciudad, convertirlos en una atracción para turistas es una pésima noticia. Para la ciudad, para los vecinos e incluso para los tenderos. Y el problema es que la frontera entre esos dos modelos a veces es una línea sobre cuyo grosor cuesta ponerse de acuerdo.

En todo esto pensaba mientras leía el ranking publicado hace unos días por Musement, una web especializada en reservas de actividades y que ha elaborado una lista con los diez mercados más fotografiados de Europa.

Ha salido publicado en todas partes, pero por si alguien se lo ha perdido resulta que el mercado de San Miguel de Madrid y la Boquería de Barcelona ocupan el séptimo y segundo puesto, respectivamente. El primer lugar, por cierto, es para Borough Market, en Londres.

Lo cierto es que el sistema de medición tampoco parece especialmente preciso y científico: consiste en ver las veces que cada uno de estos lugares aparece en Instagram, ¿Si le haces una foto y no la compartes no cuenta? Otro tema que daría para debate, pero no gastronómico.

Así que volviendo a los mercados, cualquiera que conozca éste de Madrid o el de Barcelona sabrá que están lejos de ser el mercado donde la gente del barrio va a hacer la compra. En el caso del de San Miguel esa opción ni se contempla. En la Boquería algunos puestos de verdad resisten, pero son minoría ante las riadas de turistas que móvil en mano -ya ni cámara llevan- buscan la foto y zumos de colores.

El caso de la Boquería es especialmente interesante, porque durante la pandemia y las restricciones turísticas el mercado volvió a ser lo que algún día fue: el lugar donde los vecinos del Raval y el Gótico hacían la compra. Y donde encontrar, por cierto, producto fresco a precio más competitivo que en otros mercados del centro de la ciudad.

Pero tras aquel espejismo, la nueva normalidad resultó ser igual que la de siempre. Quienes siguen haciendo allí la compra necesitan una gran dosis de paciencia para esquivar los grupos de visitantes que saltan desde Las Ramblas para visitar lo que para la mayoría es sólo un punto más en su mapa de atracciones turísticas que visitar. Como ocurre en otras zonas de la ciudad, se ha convertido en un lugar hostil para locales.

Todos somos turistas en algún lugar y seguro que hemos hecho lo mismo en mercados ajenos, es verdad. Pero, a falta de regulaciones y políticas que se ocupen del asunto, tal vez deberíamos dejar de hacerlo y pensar muy bien el impacto que tenemos cuando somos los visitantes.

Empezando por no celebrar que una lista confirme que mercados de verdad de nuestras ciudades se han convertido en parques temáticos.

‘Camy’ ha vuelto: la historia de cómo ha resucitado una de las marcas de helados más míticas del país

Si hay una marca que en esto de la nostalgia heladera puede competir con Frigo y sus Drácula, Frigurón y compañía, es Camy. Productos como el Colajet forman parte de la historia de muchas generaciones del país.

De hecho, algunos helados de Camy siguen estando a la venta, aunque bajo el paraguas de Nestlé, que en su momento se hizo con Camy y Miko, fusionó la oferta de ambas y, por suerte, mantuvo clásicos como el citado Colajet y otro de nuestros preferidos, el MikoLápiz. Sí, ese que a veces llevaba otro de premio en el plástico rojo que sirve para ir subiendo el helado.

Lo que igual muchos no sabían es que Camy ha vuelto. En realidad, volvió hace ya tiempo, tras una rocambolesca historia judicial entre Nestlé y la fábrica original de Avidesa, creada en 1964 en Alzira y hoy todavía en marcha con la denominación Ice Cream Factory.

Un interesante hilo de Twitter ha servido para recordar esta historia legal y que, básicamente, se resume en que Nestlé ha perdido las marcas Avidesa y Camy por no usarlas, y han vuelto a manos de sus inventores.

Eso sí, han tenido que reinventar el logotipo, que ahora se ha convertido en un doble homenaje a estas dos míticas marcas, fusionando el estilo de Camy y Avidesa. Por supuesto, tampoco la gama de helados es la original de Camy, porque nombres como Colajet o Maxibon son propiedad de Nestlé.

En su lugar, la renacida Camy ha echado mano de un clásico de Avidesa que, aunque menos conocido, también tiene su tirón: los cornetes Apolo.

Al resto de la gama ha habido que buscarles nombres nuevos, con algún que otro guiño: Maxiduo, Chocopunta o Miljyfun son algunos de los nombres que luce el cartel de Camy y que, lógicamente, recuerdan a grandes clásicos de la marca.

Lógicamente porque, en realidad, lo de imitar en forma, sabor e incluso nombre a algunos de los helados más populares del mercado es algo que hacen todas las marcas, sobre todo las marcas blancas. A la mítica Comtessa. al Frigopie o al Drácula, por ejemplo, le han salido estos años unos cuantos homenajes. Mención especial, por cierto, al de Hacendado que se llama Dra-Cola.

En cualquier caso, ICFC es una de las mayores fábricas de helados de España y gran parte de su producción es para marcas blancas, así que no sería nada raro que los helados de esta nueva Camy salgan del mismo lugar que eso del supermercado que compras habitualmente.

20-40-60: la fórmula que explica la falta de personal en hostelería

Faltan camareros, faltan cocineros, falta personal en hostelería. Nada nuevo a estas alturas, aunque es verdad que el verano, temporada alta en hostelería en España, ha hecho que el problema de la falta de trabajadores se vuelve todavía más grave.

Una situación que ha provocado todo tipo de respuestas, desde señalar al cliente como parte necesaria de la solución -hay que pagar más si queremos que la gente gane mejor- hasta los clásico mantras empresariales que repiten desde hace siglos aquello de que trabajo hay, lo que falta son ganas.

No obstante, si para algo ha servido esta crisis de personal en el sector ha sido para visibilizar la explotación laboral convertida en algo normal. Y para explicar que, si faltan trabajadores, es en muchos casos por culpa de unas condiciones que no es que sean mejores o peores, es que sencillamente son ilegales.

No hay día que en las redes sociales no aparezca alguna de estas -ejem- tentadoras ofertas de trabajo. La penúltima, y que se ha hecho bastante viral, la protagoniza un conocido restaurante de Cartagena y el horario que impone a su personal.

Quitando los comentarios de algún lumbreras que da por hecho que es cosa del trabajador decidir si acepta o no estas condiciones (2022 y seguimos así), el hilo de comentarios resulta de lo más interesante. Lo primero para saber qué restaurante es (El Chalé, en Cartegena) y ver cómo ha perdido unos cuantos clientes que aseguran que no volverán a pisarlo.

Es verdad que este tipo de prácticas son tan habituales que señalar solo uno puede parecer injusto, pero empezar a decir los nombres de los que hacen mal las cosas y de quiénes sí cumplen la ley puede ser un camino interesante para que los clientes decidan dónde dejan su dinero.

«Trabajo 57 horas a la semana, estoy contratado por 20 y cobro 40», denuncia el trabajador en su cuenta de Twitter. Unas cifras que, por lo visto, cuadran perfectamente con esta suerte de fórmula matemática de la explotación laboral en hostelería y que siguen este mismo sistema: 20-40-60, tal y como se apunta en uno de los comentarios.

Contratar por una tercera parte de las horas reales y robarles 20 horas extras a la semana parece ser la práctica habitual de muchos locales. Curiosamente, las inspecciones de trabajo no consiguen acabar con algo tan institucionalizado que hasta tiene su propia regla de tres.

A la espera de que la legalidad laboral haga su trabajo, y más allá de dejar toda la responsabilidad a los trabajadores -hay que denunciar- o a los clientes -hay que pagar más-, se agradecería que esas energías que cierta hostelería gasta en quejarse de la falta de mano de obra la usara en señalar a uno de los principales culpables de la situación: sus compañeros de sector que son unos auténticos piratas.

‘Verano en Zaragoza’, planes culturales y gastronómicos para este agosto

Con estos calores y el país dividido entre los que quieren huir a la costa y los que prefieren refugiarse en el monte, tenemos un plan diferente para pasar unos días este agosto: pasarse por Zaragoza. De hecho, esta cuidad estratégicamente situada es para muchos lugar de paseo, además de una de las ciudades de referencia en el país en cuanto a organización de eventos.

Para ello, desde Horeca (la Federación de Empresarios de Hostelería de Zaragoza) han habilitado unas tarifas especiales con las que se podrá obtener un 15% de descuento en 15 de sus hoteles y en otras actividades como parte de la promoción Verano en Zaragoza, válida para todo agosto aunque las reservas hay que hacerlas antes del próximo día 2 de agosto.

Así que nos hemos escapado un par de días por allí para descubrir esos planes culturales y, por supuesto, gastronómicos, que la ciudad puede ofrecernos durante todo este mes.

Dónde comer

Empezamos por lo que más nos gusta aquí, claro. Porque si una cosa está clara es que en Aragón no se pasa hambre: precios económicos, producto de calidad y raciones contundentes, suelen ser la norma general, también en Zaragoza.

Para salir de tapas, de copas o ambas cosas, no podemos dejar de perdernos por las callejuelas de El Tubo. Si buscamos un restaurante clásico, en La Scala podemos disfrutar de platos como el gazpacho de remolacha o lagarto ibérico (un corte del cerdo) entre muchos.

Para algo más familiar pero con unos platos excelentes tenemos Parrilla Albarracín, donde encontraremos platos típicos de Aragón como unas migas o una paletilla. A destacar la tapa La madre del cordero, ganadora del concurso Ternasco de Aragón en 2018.

También apto para toda la familia, con una decoración divertida y buena comida, tenemos El Capricho, tapas y platillos para compartir, como las croquetas de calamar o una original tortilla a la brasa.

Para una escapada en pareja o con amigos, muy aconsejable Goralai, un restaurante de cocina creativa y una relación calidad precio inmejorable. Tienen diferentes menús degustación para probar sus platos más destacados como el arroz meloso o la lasaña de láminas de tomate, siempre dejando un hueco para el carro de quesos al final.

Una ciudad con siglos de historia

Los apasionados por la historia y la arquitectura tienen la posibilidad de descubrir una Zaragoza secreta y milenaria que aparece a cada paso y en cualquier rincón de la ciudad.

Aunque la sobradamente conocida basílica de Nuestra Señora del Pilar es de visita obligada, tan solo tenemos que darnos la vuelta para toparnos con otra joya, la catedral de la Seo, de arquitectura mudejar y en muy buen estado.

Otra maravilla no tan conocida y que vale mucho la pena visitar es el Palacio de la Aljafería, residencia de recreo de reyes musulmanes, y posteriormente palacio de los Reyes Católicos (además de cárcel de La Inquisición), que es actualmente la sede de las Cortes de Aragón y Patrimonio de la Humanidad. Es aconsejable concertar una visita guiada para conocer todos los detalles.

El Patio de la Infanta, que está dentro del edificio de la Fundación Ibercaja, es una obra maestra arquitectónica del Renacimiento, llena de símbolos que dan lugar a múltiples interpretaciones. Es pequeño y se necesita poco tiempo para verlo, pero vale la pena acercarse.

Si queremos más oferta cultural, el Museo Goya recoge el legado artístico del pintor aragonés. En la exposición permanente pueden verse obras que abarcan desde el siglo XV hasta el siglo XX, obras de Goya y de otros pintores relevantes. En la segunda planta encontramos los Grabados de Goya, series completas realizadas por el pintor, tan interesantes como las propias pinturas. Con la promoción Verano en Zaragoza se ofrece un 25% de descuento en las entradas al museo.

Para todos los públicos

Si la idea es ir con la familia, la ciudad está muy pensada para entretener a los más pequeños (y no tan pequeños). Cuenta con amplias zonas verdes y parques como el de José Antonio Labordeta, con un trenecito que recorre el parque, donde se encuentra también el jardín botánico, de acceso libre.

Otro parque que vale la pena visitar es el parque del agua, que además de tren también ofrece muchas actividades con tirolinas, barcas y kayacs.

Mención especial para CaixaForum, donde se puede pasar medio día descubriendo las tres plantas del edificio. La entrada es gratuita para menores de 16 años y para clientes del banco. Si no se cumplen estos requisitos, la promoción también ofrece entradas 2×1.

Actualmente tienen dos exposiciones temporales: La imagen humana, arte, identidades y simbolismo, muy interesante; y la exhibición estrella que fascina a niñas y niños: Mamut. El gigante de la edad de hielo, donde encontramos un esqueleto real del animal prehistórico. Organizan visitas familiares de 45 minutos los sábados y domingo por la mañana (aconsejable reservar), donde, en el caso de la exposición del mamut, divierten a los pequeños con material didáctico y disfraces temáticos.

Cuentan, además de las exposiciones temporales, con dos talleres fijos: La nube de plata y El taller de Miró, ambos pensados para que los adultos estén presentes y se pueda realizar el taller en familia. En verano también ofrecen Pequeños cinéfilos, con pases de películas en versión original en su auditorio.  En la cafetería tienen menús temáticos, y los jueves a las 20h, cuando cierra el edifico, hacen conciertos.

Y por supuesto, no podemos olvidarnos del acuario de Zaragoza, considerado el acuario fluvial más grande de Europa, en el que se representan 5 ríos de 5 continentes y donde es posible conocer más de 300 especies. A través de la web se pueden ver y reservar todas las actividades, como snorkel infantil para bucear entre peces. La promoción Verano en Zaragoza incluye un precio especial para el acuario, además de entradas 2×1 en el bus turístico.

¿España es más de gazpacho o de salmorejo?

Son dos de las recetas más populares del verano en España. Pero, puestos a elegir, ¿somos más de gazpacho o de salmorejo? Efectivamente, no hace falta elegir bando. Pero como ya se sabe que eso de las dos Españas en versión gastronómica siempre tiene morbo (la tortilla con o sin cebolla, por citar el clásico), una reciente encuesta nos ha permitido conocer si este es un país más gazpachero o salmorejero.

Y los datos dejan poco margen de dudas: el gazpacho gana por goleada. Al menos así lo asegura el estudio publicado recientemente por la asociación Zumos y Gazpachos de España, coincidiendo con el Día Mundial del Gazpacho. Que, por si no lo sabías, fue el 21 de julio.

La buena noticia es que, según estos datos, el 93% de los españoles consume gazpacho o salmorejo, sobre todo durante el verano. Aunque entendemos que la encuesta se refiere a las versiones envasadas de estos dos productos y no a las que cada uno cocine en su casa, en realidad se trata de dos productos muy saludables. Tanto que ni el Realfoodismo se ha atrevido a versionarlas por ahora.

Eso sí, puestos a elegir, el 54% de los encuestados se decanta por el gazpacho, frente a un un 14% de salmorejeros. Más datos curiosos: es un plato para consumir sobre todo en casa (60%) y más en la comida (83%) que en la cena (57%). Y ojo, porque hay un 4% de valientes que no le ponen pegas a un buen gazpacho para desayunar.

Cerveza a cambio de aceite de girasol: la curiosa propuesta de una cervecería alemana a sus clientes

La escasez de aceite vegetal y la subida de precios fue una de las primeras consecuencias económicas de la guerra en Ucrania. Y, por lo visto, en lugares como Alemania, conseguir aceite de girasol o colza sigue siendo un problema. Así que la cervecera Giesinger, en Munich, ha tenido una idea: que sus clientes puedan pagar la cerveza con botellas de aceite.

Según explican a Reuters los responsables de esta popular cervecería que elabora su propia cerveza y cuenta también con un restaurante a las afueras de Munich, hace tiempo que tienen problemas para conseguir los 30 litros de aceite de girasol que necesitan semanalmente en cocina. Platos muy tradicionales como el schnitzel -filete de ternero empanado- requieren mucha cantidad de aceite para poder freírlo.

Así que los clientes de Giesinger se han convertido en improvisados proveedores de aceite para la casa. Y según cuentan, el trato es bastante favorable para ellos, porque por cada litro de aceite de girasol que entregan consiguen un litro de cerveza.

Es verdad que desde España, a priori, puede parecer un mal negocio. En el supermercado, el litro de aceite de girasol supera los 3 euros o incluso los 4 algunas marcas. Y un litro de cerveza de las principales marcas industriales no suele pasar los 2 euros.

Pero en realidad, las cifras tienen mucho más sentido teniendo en cuenta los precios de esta cervecera, que en su propio bar vende el litro a unos 7 euros, lo que comparado a los 4,5 euros a los que anda el aceite ya hace que resulte un negocio interesante.

Dos formas diferentes de tomar ‘limoncello’

Con permiso de nuestro querido patxaran y del orujo, el limoncello italiano es uno de los licores de sobremesa más populares. Con fama de digestivo por aquello del limón, en realidad su alta graduación y sabor dulce pueden limitar un poco los momentos de consumo más allá de poner el punto final a una comida o cena.

¿Limoncello de aperitivo? ¿O como copa de esas de socializar? Suena raro. O al menos nos sonaba hasta que hace unos días, en la presentación de la nueva imagen de DiCapri -una de las marcas de referencia que lleva elaborando este licor desde 1897- descubrimos que el limoncello también puede dar mucho juego en coctelería y como parte de combinados más o menos clásicos.

Así que nos trajimos para casa un par de recetas que nos parecieron de lo más refrescantes, perfectas para estos calores estivales y en las que, ahora sí, el marcado sabor del limoncello lo convierte en un ingrediente muy interesante. Preparad copas, hielo y limoncello para triunfar este verano.

Di Capri Spritz

  • 75 ml. de Prosecco o cava
  • 50 ml. de Limoncello DiCapri
  • 25 ml. de soda
  • Piel de limón y menta

Vierte todos los ingredientes en una copa o vaso con hielo. Remueve y decora con menta y piel de limón. Así de fácil.

Di Capri Tonic

  • 50 ml. de Limoncello DiCapri
  • 150 ml. de tónica
  • Piel de limón y menta

Otra receta con poco misterio. Más fácil que un gin tonic y con menos cosas flotando por ahí. Basta con mezclar los dos ingredientes en una copa con abundante hielo y decorar con la menta y el limón.