La Gulateca

Recetas, libros, gadgets, vinos, restaurantes... Un blog de gastronomía sin humos

Bollería, galletas, Nesquik y ni rastro de fruta. Así es el desayuno infantil en un hospital público

“El trato y la atención maravillosa, pero mira qué desayuno le han puesto”, nos cuenta una compañera que tuvo que pasar la noche con su hijo en urgencias de pediatría del Hospital de Sant Pau de Barcelona. Nada grave, por suerte, pero una oportunidad para vivir en primera persona eso de lo que tanto se ha hablado y escrito ya: la lamentable alimentación de muchos hospitales del país.

No hablamos ya de calidad de los platos o de variedad sino de una cuestión de salud. Y es que el típico desayuno infantil que horrorizaría a cualquier nutricionista es exactamente lo que se sirve a los pequeños en este y muchos hospitales.

La foto es un recorrido por todos esos ingredientes que sobran en un desayuno saludable: cacao en polvo con bien de azúcar, bollería, galletas, mermelada industrial y un sobre de azúcar por si falta. Posiblemente en esa bandeja ya hay más azúcar que el que la OMS recomienda tomar diariamente a un niño. Si en una casa sería un desayuno ampliamente mejorable, en un hospital es directamente un escándalo.

La ausencia de fruta es, por ejemplo, inexplicable. En plena temporada de cítricos, ¿y ni una mandarina? Es verdad que si se pide posiblemente se consiga, pero el problema es que lo que haya que solicitar sea la fruta y que las galletas sean el estándar.

No es nada nuevo, cierto. No hace falta buscar mucho para encontrarse bandejas parecidas en otros hospitales o máquinas de vending repletas de productos poco recomendables.

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‘Lágrimas de Unicornio’, el rosado más irreverente

Si eres de los de ‘el tinto para la carne y el blanco para el pescado’, crees que con el vino no se pueden preparar cócteles, que la sangría siempre es mala y para guiris, y que aquello del vino azul debería ser delito, espera a ver la penúltima rareza del sector.

Se llama Lágrimas de Unicornio, llega firmado por los mismos de aquel vino azul que no podía llamarse vino, y ha llevado eso del vino rosado un paso más allá para ser directamente un vino rosa. Posiblemente uno de los más cuquis -era imprescindible usar este término, sí- e instagrameables de la bodega.

Y no lo decimos nosotros, lo aseguran sus propios creadores: “Gracias a una combinación de lágrimas de unicornio y al uso de pigmentos, la empresa ha creado un vino de tono rosa pastel con partículas que brillan a la luz. Su aroma a fruta y golosina y su atractivo color están haciendo de esta bebida la última sensación de Instagram”.

Un vino que no sólo quiere aprovechar los últimos estertores de la moda de la comida unicornio (multicolor), sino que llega claramente dispuesto a tocar un poco los taninos a los más puristas del sector. Y es que si lo del vino azul ya molestaba no hace falta echarle mucha imaginación al asunto para imaginar que opinarán de este rosado extremo.

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El pueblo en el que las croquetas son triangulares

¿Redondas u ovaladas? Puestos a jugar a esas peleas gastronómicas que tanto gustan -con cebolla o sin cebolla, y demás-, al hablar de croquetas, esas son las dos formas sobre las que podríamos discutir. Es verdad que tampoco falta algún moderno con ínfulas que prepara las croquetas en forma de cubos casi perfectos, pero lo que no sabíamos que existían eran las croquetas triangulares.

Y la verdad es que son una auténtica rareza, salvo en Morella. Y es que en este precioso y fotogénico pueblo del interior de Castellón las croquetas son triangulares. De hecho, la croqueta morellana es por sí sola una categoría de este tradicional plato y se define, sobre todo, por su forma.

“Siempre han sido así”, nos aseguran desde El Mesón del Pastor, uno de los restaurantes clásicos de esta localidad amurallada cuando, al ver llegar las croquetas, preguntamos por su curiosa forma triangular.

La receta posiblemente no convencerá a los croqueteros más puristas porque incluye una oblea de empanadilla que se encarga de recoger el relleno y mantener esa característica forma. ¡Eso son empanadillas rebozadas no croquetas!, estará pensando alguno. Lo que tú quieras, pero resulta que se llaman cro-que-tas morellanas.

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Lo mejor y lo peor de MasterChef Junior 6: ¿Se agota el formato?

Finalizada una nueva temporada de MasterChef Junior, se masca la tragedia: ¿Se agota el formato? A nadie se le escapa que esta edición ha dejado bastante que desear en lo que a culinario se refiere (“yo no se pelar manzanas”, se le ha oído decir a algún concursante), y siempre en comparación con otras ediciones del talent infantil. Sí, algunos niños han brillado en algún momento pero, la verdad, pocos -momentos y niños-.

Ante esta situación, lo primero que uno piensa es si no se habrá agotado la fuente de niños brillantes con aspiraciones culinarias. Los campamentos MasterChef son una buena cantera, pero parece que la cosa empieza a flojear. 8.000 niños se han presentado a esta sexta edición, y sólo los 16 mejores han formado parte del concurso.

Ahí está el problema, que estos eran los mejores. Y que nadie se confunda: los niños lo han hecho maravillosamente bien. Miren a Candela: 8 años y en la final. ¿Qué más se puede pedir? Puede que el problema sea que nos habían acostumbrado a niños capaces de enfrentarse a menús de Estrella con una facilidad pasmosa. Y eso tampoco es normal.

Otra de las cosas que hemos visto mermar en esta edición ha sido la exigencia de los chefs del jurado. Samantha, Pepe y Jordi han sido claramente más indulgentes que en ediciones anteriores. Y no es que nos parezca mal. Al contrario, lo celebramos.

Así como en la edición de adultos la caña mola, siempre hemos dicho que uno de los problemas de MasterChef Junior era la extrema exigencia y competitividad que el programa trasladaba a los pequeños. Por eso nos ha sorprendido lo relajados y comprensivos que han estado esta vez.

¿Quizá también ellos eran conscientes de las limitaciones de los concursantes? Es posible. Después de un primer programa en la línea de ediciones anteriores, el nivel de exigencia cayó en picado, y no podemos sino pensar que también ellos vieron que, esta vez sí, los concursantes eran niños. Y punto.

En fin, sea como sea, lo que nunca dejará de sorprendernos es cómo es posible que una renacuaja que no llega ni a ver la olla pueda hacer un guiso de rape con patatas o unas patatas a la riojana. O hacer unos ravioli rellenos de ricotta y yema de huevo sin que esta se rompa. O presentar un plato precioso con un bogavante impreso en 3D comestible y relleno con trozos del propio bogavante. Motivos más que suficiente para seguir al detalle cada uno de los programas de esta sexta edición, y disfrutar con lo mejor de cada uno de ellos.

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¿Mejor una pizza familiar o dos medianas? Las matemáticas tienen la respuesta

¿Para qué sirven las matemáticas? Para muchas cosas, incluido resolver dudas existenciales tan importantes para la humanidad como si es mejor pedir una pizza familiar o aprovechar la oferta de turno y encargar un par de medianas. Y cuando decimos mejor nos referimos, claro, a que haya más cantidad de pizza.

A primera vista la respuesta podría parecer bastante evidente. Por supuesto que dos pizzas medianas es mejor que una sola pizza familiar. Pese a ello, con los números sobre la mesa la cosa ya no está tan clara.

Para salir de dudas de una vez por todas la cuenta de Twitter Fermat’s Library ha hecho los cálculos correspondientes tomando como base el tamaño habitual de una pizza mediana (12 pulgadas de diámetro, unos 30 centímetros) y el de una familiar, con un diámetro de 46 centímetros (18 pulgadas).

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¿No sabes qué hacer con tu árbol de Navidad? Cómetelo

Aunque no estaba en la lista de tendencias gastronómicas para este año, parece que lo de comer cosas raras está pegando fuerte. Y tras la curiosa morcilla vegana del otro día –aquí tenéis una receta más normal, por cierto- ahora nos enteramos de un proyecto que propone un curioso sistema de reciclaje para el árbol de Navidad. Que a estas alturas de la semana ya deberías ir pensando en quitar, claro.

Así que si lo de los puntos de recogida para su reciclado te parece un fin poco digno para el abeto en cuestión, aquí tienes otra idea más original: comértelo. No, no es broma. Hablamos, por supuesto, de árboles naturales y, en realidad, sólo de algunas especies concretas utilizadas para los adornos navideños y que, por lo visto, son comestibles.

La idea llega desde Reino Unido y, por lo visto, no es nueva. Hace ya un par de años que por estas fechas un club bautizado con el nombre de  How To Eat Your Christmas Tree (Cómo comerte tu árbol de Navidad, hay que reconocer que el nombre deja claras las intenciones) propone un curso de cocina en el que el ingrediente principal es el susodicho árbol navideño.

Aunque pueda sonar raro, es verdad que en algunos menús de alta cocina ya nos hemos encontrado con guiños al pino y sus aromas, y que también se suele usar para ahumar algunos ingredientes. Pero aquí se va un paso más allá para convertirlo en pieza clave de las recetas propuestas y que casi conforman un menú completo.

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La morcilla vegana hecha con sangre humana o cómo convertir en noticia una estupidez

La famosa morcilla con sangre humana mostrada en un vídeo de ‘Playground’

De todos los posibles debates con los que empezar el año hay uno que no vimos venir: ¿Es vegana una morcilla hecha con sangre humana? Suena a chiste, a broma con retraso o a los efectos de una mala digestión navideña, pero se trata de una pregunta más o menos seria que lleva días circulando por los ámbitos gastronómicos más raritos mientras el resto de la humanidad discutía si el roscón es mejor con nata o sin nata.

La culpa es de Playground, que ha convertido en estrella de la semana a un muchacho vegano que en un pequeño pueblo de Aragón se ofrece a hacer morcilla utilizando la propia sangre de quienes se acerquen por allí a saludar. El vídeo de este peculiar experimento digno de una campaña del más iluminado de PETA se ha convertido en un auténtico hit estas navidades, así que felicidades a sus autores.

Eso sí, no estamos nada convencidos de que la noticia -o lo que sea- haga demasiada gracia a todos esos vegetarianos y veganos que llevan años reivindicando su dieta como una opción real y mucho más normal y apetecible de lo que muchos creen.

Y es que a la lista de chistes habituales sobre soja y demás ahora habrá que sumarle los de Drácula y canibalismos a los que los medios más ocurrentes ya se han apuntado aprovechando el tirón de esta estupidez.

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Con mantequilla de cacahuete, de donut o en forma de cóctel: los roscones de Reyes más originales de la temporada

¡Eso no es roscón, es bizcocho con cosas! Si existieran los puristas del roscón de Reyes -que seguro que los hay- probablemente pondrían el grito en el cielo al ver que cada año la variedad y versiones de este tradicional dulce se multiplican y, en algunos casos, son bastante locas.

Aunque por aquí somos firmes defensores del roscón artesano y casero -ese que requiere unas cuantas fermentaciones y que hay que empezar el día antes- frente al congelado de supermercado que se vende a precio de derribo, la verdad es que también nos encantan estas versiones que se salen del guión habitual.

Y este año la lista incluye inventos como el Dunkin Roscón, la fusión perfecta entre un donut -aunque ya se sabe que en España no se puede usar ese término registrado- y un roscón de Reyes. Según nos explican desde esta cadena, se trata de una rosquilla Dunkin con un relleno especial y fruta confitada por encima que le da ese aspecto de roscón en miniatura. Se pueden encontrar en cualquiera de sus locales a 1,90 euros cada uno.

Otra fusión interesante que también parece querer darle al roscón un toque estadounidense es la que propone Capitán Mani con las panaderías Levaduramadre: un roscón que sustituye la tradicional nata del relleno por nada menos que mantequilla de cacahuete. 

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Los restaurantes que más nos han gustado en 2018

Cada vez que por estas fechas alguien habla de los mejores restaurantes del año siempre nos entran muchas dudas. Demasiadas. ¿Mejores en qué sentido? ¿Pero mejores entre todos o entre los que has probado? ¿De qué gama de precios estamos hablando? ¿Conoces ese escondido en un pueblo de 20 habitantes y por donde la crítica gastronómica ni está ni se la espera?

Así que vamos a recoger un poco nuestro ego de gastrónomos y a apostar por algo mucho más sencillo y entrañable: las mejores comidas y cenas que recordamos de estos últimos doce meses. Desde Estrellas Michelin y exquisitos e interminables menús degustación, hasta cosas más modestas y sencillas pero que, por producto, cariño o momento -qué importante es el cuándo y cómo- merecen estar en esta lista con nulas pretensiones de ser una guía o un ranking.

Hemos escogido 10, por aquello del número redondo, pero en realidad repasando nuestras notas y nuestro Instagram -para algo tenía que servir- nos damos cuenta de que son muchos más. Sin ir más lejos, hace poco conocíamos -vamos un poco tarde, cierto- el estupendo This&That de L’Hospitalet, o en Madrid todavía recordamos lo bien que comimos en Cilindro.

Otro clásico de la capital, Fismuler, ha llegado a Barcelona, y su cocina y su tarta de manzana ya ha hecho estragos en la ciudad. Los ceviches de Yakumanka, también en Barcelona, son de esos para repetir siempre, así que también se merecerían un sitio, lo mismo que otro de los nuevos restaurantes de este año que nos han encantado: Hetta

Y fuera ya de la ciudad donde vivimos y más nos movemos -se viaja todo lo que se puede- otro gran descubrimiento que nos hicieron por Málaga: Chinchín Puerto y el productazo que manejan.

El Portal de Echaurren (Ezcaray, La Rioja)

A estas alturas poco podemos decir de la cocina de Francis Paniego que no se haya dicho ya. A principios de año tuvimos la ocasión de parar en El Portal de Echaurren y disfrutar de la hospitalidad y buena cocina de esta casa. Desde su magistral dominio de la casquería al producto más sencillo convertido en alta cocina. Sin olvidarnos, por supuesto, de las croquetas de Marisa Sánchez, una de las grandes gastrónomas de este país que falleció hace unos meses.

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Chorizo para paella, la inocentada de una marca de arroz que ha cabreado a los valencianos

El ingrediente que Jamie Oliver y medio Reino Unido llevaban toda la vida buscando: un chorizo especialmente pensado para añadir a la paella y cabrear a muchos españoles y todos los valencianos. Una ocurrencia que tampoco nos extrañaría demasiado ver en un supermercado londinense, pero que hace unos días anunciaba nada menos que la marca de arroz valenciana Dacsa.

No era todavía el Día de los Inocentes y esta misma firma ya había lanzado al mercado hace un tiempo unas palomitas con sabor a paella, así que había cierto margen para tomarse la idea en serio y pensar que alguien en el departamento de marketing se había vuelto un poco loco. O que había pensado: si van a echarle chorizo, al menos que sea uno bueno.

“Muchos nos lo habéis preguntado, os confirmamos el lanzamiento de nuestro nuevo producto”, tuiteaban el pasado día 26 con una imagen del supuesto chorizo paellero. Las reacciones no se hicieron esperar: desde los que ya se olían una inocentada por adelantado, a los que pensaban que la marca simplemente quería hacer un poco de ruido en redes sociales.

Por supuesto, el batallón de los de “con la paella, poca broma” acudió raudo a la cita y no faltaron quienes juraron odio eterno a Dacsa, e incluso hablaron de boicot. Para despistar un poco más, el periodista gastronómico Paco Alonso y uno de los finalistas de la última edición de MasterChef también se apuntaron a la fiesta para criticar este invento.

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