La primera miel del mundo hecha sin abejas


Aunque ya hay en el mercado diversos productos que se comercializan como mieles veganas, en realidad son endulzantes de origen vegetal con aspecto y textura similar a la miel pero que no consiguen imitar su sabor ni propiedades.

Un momento, ¿la miel no es vegana? Pues no. O al menos es un tema de debate entre la comunidad vegana, aunque en general se considera que al utilizarse animales para su producción no es un alimento vegano.

Así que en plena euforia del plant based, la empresa californiana MeliBio ha presentado recientemente su miel hecha sin abejas. Habrá que ver si puede llamarse legalmente miel o tocará el mismo debate que con la carne o la leche, pero el caso es que esta miel vegetal -suena raro, sí- promete ser indistinguible de la miel de abejas. 

Y quienes la han probado lo confirman. Nada que ver con un sirope de agave o edulcorantes similares, esto parece y sabe como miel, aseguran.

Los creadores de MeliBio. La empresa ha cerrado una ronda de financiación de 850.000 dólares

Según explican sus creadores, la clave está en combinar técnicas de fermentación y “biología sintética” para realizar un proceso similar al que las abejas hacen con el polen para convertirlo en miel. 

La gran diferencia es que las abejas salen de la ecuación. Con ello, esta miel no solo se convierte en vegana, sino que abandera la sostenibilidad y la protección de estos animales que siempre se citan como claves para la conservación de los ecosistemas.

Tampoco falta en el discurso el clásico reclamo sobre las propiedades de la miel. La de abejas y esta nueva, que también proponen como superalimento. No obstante, nunca está de más recordar que esas propiedades suelen ser cuestionadas por los nutricionistas, que recuerdan que la cantidad de miel que habría que comer para que se notara ese aporte tendría que ser tan alta que sencillamente no compensa.

Pero volviendo a MeliBio, estará disponible a finales de año, pero sobre todo enfocado al mercado de la industria alimentaria, donde se usa mucho la miel para endulzar y dar sabor. Esta se plantea, claro, como una alternativa para productos veganos.

El proyecto ha salido adelante con una ronda de financiación de 850.000 dólares, así que parece evidente que hay mucho interés por un producto así. No hay que olvidar que, más allá del discurso medioambiental y de protección animal, el mercado de la miel mueve a día de hoy 9.000 millones de dólares.

6 tintos para quienes buscan algo diferente

Como diría cualquier coach de esos, de vez en cuanto hay que salirse de la dichosa zona de confort. Posiblemente no se refieren a vinos, pero vamos a utilizar esta idea tan de moda para hablar de tintos que resultarán interesantes para quienes buscan algo diferente.

No hablamos de ninguna rareza tipo vino picante o de colores. Simplemente de algunas referencias que además de estar ricas -eso es innegociable- tienen algún detalle curioso, son de alguna variedad o zona menos conocida o tienen ese punto que a uno le hace parar delante de la botella y querer probarla.

George Glass

Un tinto dulce de Lanzarote. La descripción ya es suficiente para entender que estamos ante un vino poco convencional. Y muy interesante. Se elabora con uva listán negro, que es asolada (los racimos ya recogidos se dejan al sol para empezar una suerte pasificación), lo que permite obtener este vino con un marcado dulzor natural pero un punto de acidez muy agradable al tomarlo.

Una rareza que bodegas El Grifo ha recuperado, poniéndole el nombre del escocés que en el siglo XVIII vivió en las islas y  en un libro publicado en 1765 ya hablaba de los primeros vinos de Lanzarote. La botella de 50 cl. cuesta unos 33 euros.

El Paisano de Tares

¿Tinto? Bueno, en realidad un vino de intenso color violeta que representa ese Bierzo más desenfadado y fresco. De hecho, lo de la etiqueta no es por hacerse los modernos porque desde la bodega Dominio de Tares invitan a beber este vino en porrón.

Una especie de vuelta a la tradición de la zona para celebrar los 20 años de esta casa. Se elabora con variedades de uvas tintas y blancas y la crianza se realiza en cubetos viejos de roble. Cuesta menos de 8 euros y la verdad es que está muy bueno.

Hermanos Lurton 2020

Al habla de vinos diferentes uno no piensa en Toro, una zona que se tiende a relacionar con vinos clásicos y de cierta potencia. En realidad ya hace tiempo que eso cambió, pero ya se sabe que cuesta mucho cambiar este tipo de estereotipos. Para quienes se animen a hacerlo, este Hermanos Lurton es un buen camino.

Elaborado íntegramente con uva tinta de toro el resultado es un tinto delicado, fresco, y sin madera, aunque el reposado con sus lías le da cierta estructura. La bodega hace tiempo que dispone de la certificación ecológica para sus viñedos, pero esta añada 2020 llega además sin sulfitos añadidos. Se puede encontrar por entre 12 y 14 euros.

Dehesa de Luna Graciano 2017

Desde La Roda (Albacete) llega este singular tinto ¿Qué tiene de particular Dehesa de Luna? La apuesta por un monovarietal con una uva, la graciano, muy popular en España -en Rioja y otras zonas- pero que no suele tener un papel tan protagonista.

El resultado es un vino intenso, con mucha personalidad y de esos que no dejan indiferente y que, mucho mejor que intentar describirlo con muchos adjetivos es abrir una botella y decidir si encaja o no con nuestros gustos. Su precio ronda los 17 euros.

El Porrón de Lara 

Un vino natural y de Ribera que se aleja de lo que normalmente esperamos al escuchar esas dos palabras. Así podríamos definir El Porrón de Lara, sin duda el vino más singular de la bodega burgalesa Finca Torremilanos.

Ecológico, biodinámico, sin sulfitos, sin clarificar y sin filtrar, tras esa larga lista de certificados y sellos se encuentra un vino fresco, ligero (13 grados) y muy apetecible, que encaja perfectamente con esa tendencia de poca intervención y baja graduación. Anda sobre los 13 euros.

Ole de Aromas

¿Sabrías situar Manchuela en el mapa? ¿Conoces la uva bobal? Pues vamos a solucionar estos dos asuntos con la ayuda de uno de los vinos que elabora la bodega La Cepa de Pelayo en Albacete: Ole de Aromas.

Colorido en su etiqueta y nombre, es una buena pista de lo que espera en botella. Un tinto joven reconocido en su momento entre los más destacados del país en este categoría, y que apuesta por un perfil moderno, fácil de beber, y ligero (13,5 grados). Pero todo ello sin renunciar a la personalidad que marca las cestas viejas de bobal utilizadas para su elaboración. Cuesta unos 15 euros.

El ‘Burger King’ vegetariano o el triunfo del marketing vegetal

Podría ser una inocentada fuera de fecha, el guión de uno de esos futuros distópicos o un chiste. Pero resulta que lo del Burger King vegetariano es totalmente cierto. Siguiendo la estela de otros países que han realizado acciones similares, estos días se ha anunciado en Madrid la apertura de este singular local que, eso sí, solo permanecerá activo tres meses.

¿Una hamburguesería vegetariana? Eso es. Concretamente un Vurger King -sí, con V- decorado todo en verde y donde, lógicamente, solo se servirán productos vegetales.

Hace ya tiempo que la cadena ofrece en su carta versiones a base de proteína vegetal de algunas de sus hamburguesas, pero coincidiendo con el lanzamiento del Long Vegetal ha decidido subir la apuesta y abrir un restaurante dedicado en exclusiva a estos productos y en el que no se servirá carne.

La noticia es de lo más irresistible, la verdad. Así que enhorabuena a los de marketing que tuvieron claro nada más tener la ocurrencia que todos los medios íbamos a picar. ¿Quién puede resistirse a un titular sobre un Burger King vegetariano? Y encima con un famosete y todo en la inauguración.

Pero más allá de las risas y la cara de sorpresa, en realidad, este tipo de iniciativas son un gol por la escuadra al movimiento vegetariano y vegano que ve cómo su discurso es aparentemente asumido por los que a priori eran sus mayores enemigos.

Algunos considerarán una victoria que una de las grandes cadenas de hamburgueserías hable de vegetarianismo porque, al fin y al cabo, se trata de que se venda menos carne, pero en realidad es convertir un asunto muy serio en una mera herramienta de marketing.

Nada nuevo, cierto, pero que Burger King o cualquier otra cadena de este tipo se anime con un restaurante vegetariano es la señal de que ya ni siquiera necesitan disimular o tratar el asunto con cierta delicadeza.

De hecho, hasta ahora vendían hamburguesas vegetales pero sin hablar expresamente de vegetarianismo. Entre otras cosas porque han tenido algún que otro problema legal en Estados Unidos, con una demanda y todo porque al ser cocinadas en la misma plancha que las hamburguesas de carne no pueden considerarse vegetarianas.

Pero tampoco nos vamos a poner demasiado puntillosos con estos detalles. Ni recordar que estos productos suelen llevar huevo. Hay vegetarianos que lo comen y, además, no olvidemos que estamos en el país del bocadillo vegetal con atún.

Ese no es el problema. Lo peligroso y preocupante es que este tipo de juegos pretenden despistarnos de lo realmente importante, del mensaje que tiene que calar y que, en realidad, es muy sencillo: hay que comer menos y mejor carne.

Todo lo demás es marketing. Eso sí, al menos nos sirve para recordar que vegetariano o vegano no significa más sano. Y que la alternativa a una hamburguesa de carne no es una de proteína vegetal, sino unos garbanzos o una berenjena.

Que comience la temporada de panettone: estos son los dos mejores del país

¿Mediados de octubre y ya estamos hablando de panettones? Efectivamente, la temporada de este dulce italiano que ha conquistado el mercado español cada vez se adelanta más.

Al menos si tomamos como referencia la celebración del concurso anual que busca los mejores panettones del país y que, en cierto modo, nos recuerda que la Navidad no anda demasiado lejos. Sí, aunque sigamos en manga corta y de hasta cosa ver los puestos de castañas y la gente que ya ha sacado el abrigo a pasear.

Pero cuestiones climáticas y de calendario al margen, el caso es que ya conocemos los ganadores de esta sexta edición que, este año, se ha celebrado en el marco del Gastronomic Forum Barcelona. Ganadores en plural porque, por primera vez, se han establecido dos categorías: una para el mejor panettone tradicional (con frutas) y otra para el mejor de chocolate.

Organizado por la Escuela de Pastelería del Gremi de Barcelona, el panettone de la pastelería Dolç Par Yann Duytshche de Sant Cugat del Vallès (Barcelona) ha sido elegido por el jurado como el mejor tradicional del año. Se trata, por cierto, de un nombre de sobra conocido entre los amantes del buen panettone, puesto que Duytsche ya ganó este mismo certamen en 2016.

Quienes prefieran el panettone de chocolate tendrán que ir hasta Tarragona porque allí, en Cal Jan -con locales en la propia ciudad y en Torredambarra- Rafel Aguilera y Magí Rovira preparan el mejor del país en este 2021.

En esta edición se han presentado más de 70 candidatos de todo el país y, como siempre, el jurado ha valorado no solo el sabor, sino también otros aspectos como el olor, la estructura de la miga o el aspecto.

Y, por si a estas alturas alguien se pregunta por la utilidad de estos concursos, ya es un clásico de cada año que el local ganador multiplique sus ventas y, prácticamente, no sea capaz de hacer frente a todos los pedidos. No hay que olvidar que el panettone artesanal tiene una elaboración compleja y que requiere bastante tiempo.

La producción de carne es responsable de un 60% de emisiones de la industria alimentaria, revela un estudio

¿Alguien recuerda el lío cuando el ministro Garzón defendió la reducción del consumo de carne por motivos de salud y sostenibilidad? Evidentemente, el tema era lo de menos, porque el objetivo era la bronca política semanal a la que algunos están abonados.

Pero por si quedaba alguna duda de los argumentos esgrimidos y de la torpe respuesta de Pedro Sánchez al respecto, un nuevo estudio pone números a lo que ya sabíamos: casi el 60% del total de emisiones relacionadas con la producción de comida tiene su origen en la ganadería.

Frente a ello, a la agricultura le corresponde un 29% de responsabilidad. Un ejemplo bastante claro para poner en contexto estos números: según publica The Guardian, para producir un kilo de carne de ternera se emiten unos 75 kilos de emisiones, mientras que para 1 kilo de trigo, las emisiones son de 2,5 kilos.

Unas cifras que merece la pena tener a mano frente al manido argumento de que también los vegetales y, sobre todo, las alternativas de proteína vegetal a la animal, contaminan. Efectivamente lo hacen, como cualquier proceso productivo industrial, pero está claro que su impacto es notablemente inferior.

La carne de ternera es, con diferencia, la más contaminante según los datos de este informe, seguido por -ojo- la industria láctea, el cerdo y los pollos. En el lado vegetal, el arroz es el que más impacto tiene en el medio ambiente, seguido por el trigo y la caña de azúcar.

El aumento en el consumo de carne en países que hasta hace poco llevaban una dieta más vegetariana (China o India, por ejemplo) está elevando la presión ecológica de esta industria. De hecho, los datos revelan un crecimiento respecto a los datos publicados en su día por la ONU y que responsabilizan a la industria ganadera y láctea del 14% de las emisiones totales.

Así que, pese a que una hamburguesa vegetal no debería ser la alternativa a una hamburguesa de carne -y sí unos garbanzos o una berenjena-, parece claro que, al menos, es notablemente menos contaminante.

Las paelleras en forma de corazón y alargadas creadas por una empresa valenciana

Que en la paella hay poco margen de innovación en la lista de ingredientes es algo que cualquier valenciano de pro no duda en recordar al que se atreva a salirse de la receta tradicional.

¿Pero qué pasa con el recipiente? Hace ya unos cuantos años que el cocinero Kiko Moya se animó con los arroces en formato cuadrado en L’Escaleta. Pero una cosa es esto de cuadricular los arroces  y otra tocar la santa paellera -o paella o paelló, que es como realmente se llama por allí-, saliéndose de su característica forma redonda.

Un diseño perfecto para compartir cuando no hay muchos en la mesa, pero que complica un poco la cosa si hay muchos invitados y la idea es compartir todos la misma. Porque, por si hay algún despistado, la forma correcta de comer es directamente de la paellera, situada en el centro de la mesa y con los comensales armados con cucharas de madera.

La solución a este problema es muy sencilla: una paella con forma ovalada, perfecta para colocar en una mesa mucho más grande y de la que pueden comer hasta 14 personas cómodamente. Una ingeniosa propuesta de la que se habló mucho el pasado verano, atribuyendo la invención a los valencianos Lamberto Viadel y José Miguel Marín.

El Paelló -que es como ha sido bautizado este recipiente- sirve tanto para cocinar la paella como para servirla en la mesa. Está pensada para 14 comensales y ojo con el precio porque, según leemos en Levante, su precio supera los 280 euros.

Siguiendo la pista de este paelló –cuya web dedicada, por cierto, no está operativa– hemos llegado a un mundo de fantasía donde, en realidad, no solo ya existían paelleras ovaladas y rectangulares, sino con muchas otras formas.

¿Una paella con forma de corazón para bodas o un San Valentín muy valenciano? Sin problema. ¿Paelló con forma de escudo de diferentes equipos de fútbol? Hecho. ¿Trébol de 4 hojas y dividida la paella en cuatro zonas? También existe.

De hecho, por lo visto, el Grupo Paelló lleva tiempo trabajando en esta idea de darle una vuelta a la paella tradicional y conseguir versiones para más comensales, uniendo varias paelleras o alargándola en lugar de aumentar el diámetro del recipiente.

En cualquier caso, y más allá de lo brillante del invento, una cosa está clara: menos mal que no ha sido alguien de fuera de Valencia el que se ha atrevido a proponerlo.

Thermomix abre su propio restaurante en Madrid

El robot de cocina más conocido del mercado cumple medio siglo. Hace 50 años llegó al mercado el famoso Thermomix, y desde entonces ha sido parte de la cocina de muchas casas, codiciado producto en el mercado de segunda mano, e instrumento imprescindible en muchos restaurantes. Cinco décadas, eso sí, y seguimos sin saber que se dice el Thermomix y no la Thermomix.

Y para celebrar su aniversario, Vorwerk -la empresa detrás de este robot- ha decidido abrir Cincuenta, su propio restaurante en Madrid. “El único del mundo -señala la compañía- en el que se cocinará solo con Thermomix“.

Pero no entra en los planes de Thermomix pasarse a la hostelería, porque Cincuenta es un restaurante efímero que solo estará abierto durante seis días. Concretamente del 21 al 26 de octubre en la calle Montesa 39 de la capital, donde se servirá un menú degustación en el que todos los platos se elaborarán con este aparato.

Un menú que, además, quiere ser un recorrido por la gastronomía de las cinco décadas de historia de Thermomix a través de platos que enlacen con el recetario de aquella época y también diferentes decoraciones acordes con cada una de estas décadas.

“De los platos con nombres cortos a los que no caben en un tuit”, reza uno de los lemas de presentación de este restaurante efímero en el que también prometen tener mucho protagonismo los diferentes modelos del Thermomix que se han ido presentando a lo largo de los años.

En total se han presentado un total de 10 versiones hasta la actual TM6. De todos modos, aunque la primera se presentó en 1961, a España este invento no llegó hasta la década de los 70.

La nocilla realfood o el timo de hacer creer que una crema de cacao puede ser saludable

¿Para cuándo la Comtessa Realfood?, tuiteó algún gracioso -yo- en plena polémica entre Carlos Ríos y los nutricionistas que se atrevieron a puntualizar algunas cosas de su ya famosa crema de cacao.

Sí, el señor realfooding, que hace poco gritaba ultraprocesado a unos cuantos alimentos, ha sacado al mercado una crema de cacao.

¿Una nocilla saludable? ¿Es eso posible? ¿Por qué a nadie se le había ocurrido hasta ahora? ¿Nos está engañando la malvada industria alimentaria y Ríos por fin ha venido a rescatarnos y permitir que los míticos sandwiches de nocilla -en minúsculas, para que quede claro que es un genérico, no una marca- podrán ser detox?

Bromas al margen, da la sensación de que a estas alturas todo el mundo está al tanto de la bronca. Pero pensarlo sería un error. En realidad, el 99% de la población no tiene ni idea de que va la pelea, posiblemente tampoco conocerá a Carlos Ríos y, sobre todo, le importará bien poco el asunto.

Y precisamente ahí radica parte del problema. No en no conocer a Ríos y su negocio, evidentemente, sino en que lo único que sabrán es lo que verán en el supermercado. Y será una crema de cacao que hace alguna que otra trampa en su etiquetado y que presenta como saludable un producto que hasta ahora asociábamos automáticamente con algo poco recomendable desde el punto de vista nutricional.

No vamos a volver sobre el asunto del etiquetado -la gran Beatriz Robles lo ha explicado muy bien- o sobre si es un ultraprocesado o no, porque de eso se ha encargado también otro de nuestros nutricionistas de cabecera: Juan Revenga. En sus respectivas redes sociales lo explican con todo lujo de detalles.

¿La respuesta de Ríos? Echarse al monte y decir que todo es algo así como una conspiración. O comulgas con su discurso y sus productos o es que estás en nómina de Nestlé. Curiosamente, con esta crema es él quien está cayendo de lleno en las prácticas de esa industria a la que se supone que criticaba.

Lo del hummus ya hizo saltar las alarmas. El hummus preparado es, en general, saludable. Podemos discutir calidades, sabores y, sobre todo, reivindicar hacerlo en casa porque es facilísimo. Eso es, seguramente, lo que se esperaba de Carlos Ríos: contra los ultrapreocesados, más ir al mercado y más cocinar. Pero, claro, eso no da mucho dinero y lo de vivir solo de libros es complicado.

Pero vaya, que su hummus era impecable, aunque insinuar que los demás no lo eran ya chirriaba. La cosa se ha complicado con la crema de cacao “sin azúcares añadidos”. A estas alturas ya hemos aprendido que un reclamo de este tipo es justo lo que usan los malos productos para tomarnos el pelo.

El asunto hace días que se fue de madre. No solo por los insultos de Ríos a quienes han cuestionado su producto, sino porque en esa deriva sectaria del asunto no ha dudado en hablar de propiedades cardiosaludables de su producto y en hablar de una ración recomendaba de entre 2 y 4 cucharadas al día.

Repetimos: el gurú de la comida real está recomendando tomar hasta 4 cucharadas de una crema de cacao al día. Si esto no hace saltar todas las alarmas, suponemos que habrá que esperar a esa Comtessa realfooder de la que bromeábamos.

En realidad, el problema es muy sencillo: hacer creer a la gente que un producto como una crema de cacao puede ser saludable es una pésima idea. Suponemos que un buen negocio, pero una estrategia peligrosa.

¡Pero es mejor que la Nutella!, gritan sus fans. Pues mira, igual tampoco. Porque cuando uno se zampa un bocadillo de Nutella o mete el dedazo en el bote de Nocilla es consciente de que no es sano ni lo pretende.

Un capricho puntual sin más aspiraciones y al que cabe exigir un etiquetado legal y todas las advertencias nutricionales y restricciones publicitarias para los niños. Frente a ello, hacer creer que una crema de cacao por mucho sello realfood que lleve puede formar parte de una dieta saludable es sencillamente absurdo.

Receta de tarta de queso y moras

Vuelve la temporada de tartas y horno. En realidad nunca se ha ido, pero es verdad que en verano y con el calor da un poco más de pereza. La vuelta a la rutina incluye muchas cosas -unas mejores que otras- entre ellas, pasar más tiempo en la cocina y de vez en cuando hacer una tarta tan estupenda como esta.

En vacaciones, como va siendo tradición en la familia, recogimos una buena cantidad de moras silvestres. Con ellas hicimos unos cuantos tarros de mermelada de moras que nos durarán todo el invierno. Y con las últimas de la temporada, esta tarta  que va a pasar directamente a esa lista de tradiciones y al recetario familiar.

La receta fue un poco improvisada, pero quedó tan buena que nos pareció una gran idea apuntar los ingredientes y cantidades para poder repetirla y compartirla.

Es una tarta que aceptaría perfectamente otro tipo de fruto rojo o frutas como el melocotón, ciruelas o higos, así que se pueden ir probando diferentes combinaciones y aprovechar la fruta de temporada.

Ingredientes

  • 150 g. de mermelada de moras

  • 80-100 g. de moras frescas

  • 2 láminas de masa brisa redondas

  • 280 g. de queso crema

  • 4 huevos

  • 200 g. de azúcar

  • 200 ml. de nata para cocinar

  • 10 ml. de aroma de vainilla

  • Mantequilla (para engrasar el molde)

  • 1 huevo (para pincelar)

Preparación

Precalentamos el horno a 200º con calor arriba y abajo. Forramos el fondo de un molde redondo para tartas o quiche con papel vegetal. Engrasamos las paredes del molde con mantequilla.

Colocamos una de las láminas de masa brisa en el molde. Pinchamos la masa con un tenedor y colocamos las moras frescas repartidas por el molde. Horneamos la masa durante 10 minutos. La retiramos del horno y reservamos.

En un bol grande batimos los 4 huevos con el azúcar y la vainilla usando unas varillas eléctricas (o varilla manual, solo tardaremos un poco más en integrar los ingredientes).

Añadimos el queso crema y la nata. Batimos hasta que todos los ingredientes queden bien integrados.

Vertemos la mezcla sobre el molde con la masa brisa y horneamos 30 minutos vigilando que no se queme (si la masa empieza a dorarse demasiado, podemos cubrirla con papel vegetal o de aluminio).

Sacamos la tarta del horno y dejamos templar. Cubrimos la tarta con la mermelada de moras.

Cortamos tiras de 1 cm aproximadamente de la lámina de masa que nos quedaba. Las colocamos sobre la tarta formando una rejilla. Batimos el último huevo y pincelamos la rejilla hecha con masa.

Horneamos unos minutos más hasta que la rejilla esté dorada, vigilando que no se queme. Dejamos templar y servimos. Se puede comer tibia o fría, y aguanta muy bien un par de días en el frigorífico.

El 13% de los españoles ya sigue una dieta principalmente vegetal


La revolución verde sigue a todo ritmo. Esa parece ser la conclusión del estudio que, un año más, ha presentado la consultora Lantern y que, de hecho, se titula así: The green revolution.

Una revolución que, eso sí, admite un amplio abanico de interpretaciones a las cifras presentadas. Por ejemplo, que más del 13% de los adultos en España aseguren llevar una dieta principalmente vegetal es un dato que merece un titular. Y eso son más de 5 millones de personas que han cambiado o están cambiando sus hábitos alimenticios.

¿5 millones de veganos? En absoluto. ¿De vegetarianos? Tampoco. Esta cifra corresponde a la suma de esos dos grupos y los flexitarianos (consumo ocasional de carne y pescado), que son los que aportan el grueso de los denominados veggies.

Dejando a un lado el debate sobre si este tipo de alimentación puede considerarse o no vegetal, sí es cierto que desde hace años parece clara la tendencia. Pese a ello, el número de veganos sigue siendo muy pequeño (0,8%) y, curiosamente, en 2021 decrece el número de vegetarianos, que representa solo el 1,4% de la población.

Es decir, pese a ese crecimiento del 34% respecto al año pasado en este grupo general de personas que se alimentan sobre todo de vegetales, no se puede obviar que el 87% de la población sigue siendo omnívora, y que las opciones sin proteína animal (o solo incluyendo el huevo) suman poco más del 2%.

Una revolución verde, por tanto, que parece crecer a un ritmo bastante lento y en la que, en todo caso, las grandes empresas han visto una gran oportunidad de negocio para introducir nuevos productos en segmentos (sustitutos vegetales de carne, leche…) que no paran de crecer.

Seguro que no era así la revolución que muchos veganos o vegetarianos imaginaron. Pero, por aquello de mirar la parte buena, parece demostrado que la reducción del consumo de proteínas animales es una gran noticia no solo para los propios animales, evidentemente, sino también para la salud de los consumidores y del planeta.