Entradas etiquetadas como ‘Energía’

Soria también mintió cuando hablaba de energía

Por Sergio de Otto – Periodista especializado en energía

El juez ha sido rotundo, muy rotundo, al desestimar la querella que el ex Ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, presentó contra “eldiario.es” y los periodistas que le acusaron de veranear invitado por un importante hotelero. “Consta probado en autos que el señor Soria no pagó la estancia en el hotel” se lee en la sentencia hecha pública hace dos días. Una rotunda afirmación del magistrado que deja en evidencia a quien dijo, por activa y por pasiva, incluso en sede parlamentaria, que él había pagado la cuenta del hotel.

Que un ministro se deje invitar, y más por un agente del sector de su competencia, es un grave error político y sobre todo una inmoralidad, que se haga mil veces el ofendido y mienta hasta la saciedad es ruin, pero que consciente de ello se atreva a acudir a los tribunales es digno.., pues eso, solo de quien se empeña en que el Meridiano de Greenwich pasa por Canarias. Pero lo más grave de la presencia de este señor al frente de un ministerio tan importante no es esa “torpeza” ni su posterior obcecación en negarla, lo peor, lo que más daño ha hecho a este país es el tremendo salto atrás en política energética que supuso su mandato.

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Otro verano caluroso: más cambio climático a la vista

Por Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

Termometro EUROPA PRESS

Estaba yo terminando de disfrutar las vacaciones de verano, cuando escucho en las noticias que estamos teniendo un verano especialmente caluroso y, sobretodo, muy seco: No llueve ni una gota, ni en el Sur, algo bastante habitual, ni tampoco en el Norte, bastante más raro. Noticias que nos vienen a recordar que el cambio climático es una realidad y que sus consecuencias ya las estamos sufriendo. De momento, este calor parece que va a continuar en septiembre y, si no llueve pronto, la escasez de los recursos hídricos va a empezar a llenar las páginas de los periódicos en muchas zonas del país.

Como siempre, algunos dirán que son ciclos y que sequías como la que empezamos a padecer ya hubo anteriormente. Es verdad, como lo es también que las temperaturas aumentan como consecuencia del aumento de la concentración de gases en la atmósfera. Por si acaso, nunca oiremos en las noticias relacionar el enorme calor u otros fenómenos meteorológicos extremos que soportamos, ni siquiera de refilón, con el cambio climático, como si negar el problema sirviera para algo.

No podemos seguir buscando excusas con tal de no enfrentarnos a nuestra responsabilidad ante el enorme desafío que supone el cambio climático.

Como quiera que es un problema que estamos generando entre todos, principalmente por cómo consumimos energía, más nos valdría ponernos cuanto antes a tomar las medidas necesarias para frenarlo. No parece que estemos precisamente enfrentándonos a este problema, más bien todo lo contrario, seguimos mirando para otro lado, vamos, que nos importa, así en general, un comino.

El tema energético y medioambiental está pasando prácticamente desapercibido en las conversaciones, trueques y pactos que se barajan para la formación de un nuevo gobierno. Mientras disfrutamos de nuestras vacaciones, se intenta con poco entusiasmo poder sumar escaños para tener pronto un gobierno, en necesaria coalición, de acuerdo con los resultados electorales. Durante todo este tiempo, se habla poco de las soluciones que los diferentes partidos proponen a los principales problemas del país, que son muchos, pero no se habla nada de las urgentes medidas que debemos tomar para luchar contra el cambio climático. Debe ser que no se considera un problema urgente. Tremendo error. Los datos son tozudos y nos muestran que tampoco en este tema estamos haciendo bien los deberes y, lo que es peor, el tiempo juega en nuestra contra.

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Recojamos la basura

Por Juan Castro-Gil – Secretario de ANPIER

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Este verano, me sumé fervorosamente con mi familia a una iniciativa de la red llamada #paseoDELplastico. Básicamente se trataba de dar cinco minutillos del tiempo que pudiésemos pasar en la playa (o en el río), recogiendo alguno de los plásticos sembrados por nuestra necedad y tirarlos en el contenedor. Efectivamente, si todos los usuarios de la playa siguiésemos esa misma rutina, su estado sería bien distinto. Por la parte que me toca, nosotros lo convertimos en un concurso familiar, ante la mirada atónita de los vecinos de toalla.

Esta actividad tan sencilla y saludable, realmente tiene bastante más trasfondo del que pudiera parecer, y ya no solo por la evidencia que supone el retirar entre todos cada tarde, varias toneladas de residuos inorgánicos de nuestra naturaleza, sino por los evidentes paralelismos con la realidad social que nos rodea.

Vivimos en lugares hermosos, con gente a la que queremos y respetamos, sin embargo, parece que nos da igual que el entorno en el que vivimos se deteriore a ritmo de vértigo, hecho ante el cual, pasamos impasibles. Es fácil contemplar a unos padres tomando el sol con sus hijos, apagando cinco cigarrillos en la arena, o despreocupados de que sus niños, además de adornar los castillos con conchitas, también lo hagan con tapas de botellas, trocitos de ruedas, bolsas o tampones. De idéntica forma, la gente percibe tanta miseria a su alrededor, (corrupción, pobreza extrema, abusos financieros y laborales, paro, desarraigo…), que parece que termina acostumbrándose a convivir con todos esos desechos sin inmutarse. Incluso, cuando se hacen esfuerzos individuales para denunciar alguno de ellos, las miradas son de desdén como diciendo: ¡pero tú qué haces, insensato!

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La energía, la economía española y la sociedad insensibilizada

Luis María de la Maza – Profesional del área energética e industrial


 
La energía nunca ha sido de verdad un asunto central entre las preocupaciones de los españoles. Aunque hace muchos años que el mercado de los productos energéticos está (nominalmente) liberalizado, es como si “la gente” tuviera la sensación de que el suministro está absolutamente garantizado y de que sus condiciones dependen fundamentalmente de decisiones gubernamentales; sólo cuando las tarifas o los precios evolucionan al alza, surgen voces de protesta contra ello y contra los actores que dan pie a que se produzcan. Vivimos insensibilizados en materia energética porque el entorno social, mediático y político y los intereses, casi siempre ocultos del mismo, nos conducen a ello.

 

Y, sin embargo, como en cualquier economía desarrollada, la energía es un elemento capital para la competitividad del país y para el progreso y calidad de vida de sus habitantes. En España hablamos de una actividad que mueve directamente alrededor del 2,5% del PIB y que, por nuestra enorme dependencia exterior a través de las importaciones de combustibles fósiles (el 86% de la energía primaria consumida en España es importada, más de 30 puntos por encima de la media europea), se transforma en un brutal problema, mitigado en los últimos meses por la caída en picado (coyuntural) del precio del petróleo.

 

Los lobbies energéticos, eléctricos y de combustibles fósiles y sus puros intereses empresariales están en la base de este problema de nuestra economía. Y junto a ellos, el lobby político que come en su mano y se beneficia de sus decisiones, tanto a nivel de la estructura de los partidos políticos como de sus cargos directivos que echan mano de la puerta giratoria tan pronto como dejan sus cargos y aquélla se les pone a tiro.

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Déjennos soñar con una verdadera Unión Europea, la de la Energía

 Domingo Jiménez

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables 

Hace ya casi 60 años nacía lo que hoy es la Unión Europea y lo hacía de la necesidad de crear nexos socioeconómicos entre los Estados europeos, en particular Francia, Alemania, Italia y el Benelux, para prevenir conflictos bélicos después de dos grandes guerras en 30 años. Lo curioso es que el nexo original fue energético, con el llamado Tratado CECA, Comunidad Europea del Carbón y del Acero, al que se uniría luego el Tratado Euratom para la energía nuclear, que subsistieron como tales hasta que estas comunidades europeas se refundieron en lo que hoy es la Unión Europea (UE).

Esta UE, regida por el Tratado de Lisboa y que fue y sigue siendo un ejemplo precursor de lo que el sociólogo Antonio Castell lama “Estado Red” destinado a suplir a los estados actuales que cederían partes crecientes de sus competencias y poderes a cambio de una mayor eficacia y eficiencia en sus políticas y mayor peso y competitividad en la creciente globalización, se vuelve a encontrar en la encrucijada.

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La UE debe decidir ya si lo que queremos es más Europa o más o menos “Estado Red”, partiendo de que la crisis hubiera sido menor si hubiera habido más armonización fiscal y mas unión económica y no solo monetaria, aunque esto nunca interesó ni interesa al Reino Unido que vería peligrar su ventajista City londinense que tan pingües beneficios les genera a costa de perjuicios generalizados para los otros Estados; algo a lo que no sería ajeno el llamado proceso “brexit” de salida de Gran Bretaña (Britains exit).

Hay además otras políticas como la ambiental, por no hablar de la agrícola, cuya comunitarización progresiva ha sido beneficiosa para todos los Estados y ninguno, incluso los más progresistas como Dinamarca o pragmáticos como el Reino Unido, puede decir que hubiera progresado más fuera de la UE. Y esto es válido para las políticas de cambio climático en las que el liderazgo de los Estados dentro de la UE es patente, así como el correspondiente en políticas energéticas para un futuro “descarbonizado” (sin combustibles fósiles) y con ventajas claras para la industria europea de renovables muy presentes en mercados como el de Estados Unidos.

Así que una política energética y de cambio climático, es decir, baja en fósiles e intensa en eficiencia y renovables, en manos hoy de un Comisario español, Arias Cañete que se confiesa converso (otrora fue escéptico activo frente a las renovables) es ya un potente activo de la UE, pudiendo serlo mucho más, y que sin duda se perdería el Reino Unido si se produce su salida de la UE como bien ilustra el informe del IEEP de Londres sobre las consecuencias ambientales y  para las políticas afines de dicha salida.

En esto no se equivocó el Presidente de la Comisión Europea, Juncker,  cuando  definió al iniciar su mandato como su segunda prioridad, después del crecimiento y el empleo, una Unión (europea) de la Energía como buque insignia de su relanzamiento estratégico y de “empoderamiento” (energía en inglés es “power”, poder), dada su dependencia energética (del 50% para la UE y de más del 80% para España si no incluimos como autóctona la nuclear) y por tanto vulnerabilidad, y el importante incremento de los  beneficios económicos y sociales en el caso español.

En la visión de Juncker esta Unión de la Energía implicaría “poner en común los recursos”, “combinar nuestras infraestructuras” y “la unión de los poderes de negociación frente a terceros países”, lo que nos hizo soñar con una Política Energética Común, una PEC, similar a la Política Agrícola Común, que España conoce bien y disfruta aún más, con regulación y recursos financieros comunitarios que podrían incluso provisionarse con una fiscalidad energética comunitaria.

Imaginémonos un apolítica energética y de cambio climático alejada de Ministerios clientelistas como el nuestro de Industria y Energía, muy influido por los oligopolios energético y eléctrico y sus intereses, como lo ha estado en las dos últimas legislaturas, una del PP y otra del PSOE, y en las que los pocos progresos se han debido a la incipiente política energética comunitaria.

Imaginémonos una Política Energética Común que hubiera estado vigente en el último decenio: según las propuestas de la Comisión Europea, hasta ahora abortadas por sus limitadas competencias, habría elevado los objetivos para energía y cambio climático de 2020, así como de 2030 que son los comprometidos con Naciones Unidas, lo que habría evitado que en 2015 la UE fuera la única región en el mundo en la que bajaron las inversiones en renovables, con todo lo que esto representa para el pujante sector  europeo, y en el caso español, el déficit de tarifa, unos precios de la electricidad superiores a la media europea, una regulación deficiente de las renovables cuyos efectos finalmente tienen que pagar los pequeños inversores, y favorecido una participación muy superior de las renovables en la generación eléctrica con una mayor participación del autoconsumo, potenciado en vez de frenado, y que en el caso de la fotovoltaica nos habría situado al menos al nivel de Alemania, con ocho veces más de potencia instalada que España cuando su nivel de irradiación solar es muy inferior, mayores y mejores interconexiones …y mucho más.

Y sobre todo imaginemos el futuro si la visión del Presidente Juncker se hubiera ya traducido en una propuesta de Política Energética Común, como perfilaba en su discurso y pedía la Fundación Renovables en su propuesta para las elecciones al  Parlamento Europeo, en lugar de en un reforzamiento de las políticas energéticas actuales (aunque sea importante en materia de interconexiones entre los Estados miembros) como plantea  la propuesta  de la Comisión “para una energía segura, sostenible, competitiva y asequible para todos los europeos“ en la que se ha concretado la Unión de la Energía de Juncker.

Tanto por la última comunicación de la Comisión sobre el Estado de la Unión de la Energía, que por cierto muestra como el empleo en el sector de las energías renovables ha caído en picado en España, con un porcentaje sobre el total de un tercio de la media comunitaria, como por una reciente reunión con el Vicepresidente de la Comisión Maroš Šefčovič, responsable de la Unión de la Energía, hemos podido comprobar que la Comisión parece haberse plegado, al menos por el momento, a las presiones de los países más resistentes a lo que sería una política energética y de cambio climático más ambiciosa que derive en una Política Energética Común.

Afortunadamente, en esta poco ambiciosa Agenda de la Comisión para 2016, una prioridad es el diseño y la regulación del mercado eléctrico a nivel comunitario, ya que lo piden hasta empresas eléctricas españolas como Iberdrola, ante los escasos avances en su liberación y el persistente caos regulatorio entre los Estados miembros, lo que podría, debidamente planteado, avanzar en la legitimación de la Comisión y en esta ensoñación de una Política Energética Común. Una PEC que seguro sería un vector de cambio del modelo energético y con ello del modelo de progreso de la UE y de España que bien lo necesitamos y podría contribuir a recuperar el músculo de la UE e ilusionar a los ciudadanos europeos ya que para la Comisión la Unión de la Energía implica colocar en el centro al ciudadano, al usuario, “empoderándolo” en particular con el autoconsumo, que bien merecería regularse a nivel comunitario. A ver si el Comisario Arias Cañete nos echa una mano.

¿Por qué quiebran los gigantes globales de la energía?

HugoMoranFernandez

Hugo Morán Fernández – Exdiputado 

Vienen a coincidir en el tiempo las respectivas quiebras de dos gigantes globales de la energía, la solar Sun Edison y la carbonera Peabody. Los analistas económicos han salido prestos a colocar sus teorías respecto a las causas que estarían en el origen de estos y otros movimientos sísmicos que afectan a la estabilidad mundial del sistema energético. Quizás desde la perspectiva puramente financiera no haya grandes diferencias entre las caídas de estas multinacionales y ciertamente estaríamos ante un serio problema si no alcanzásemos a ver la enorme distancia que hay entre una y otra.

Ingeniero de SunEdison supervisa instalación de pruebas en SolarTAC en Aurora

Ingeniero de SunEdison supervisa instalación de pruebas en SolarTAC en Aurora

Creo que merece la pena sacar alguna conclusión que atienda al interés general, más allá de las oportunidades de inversión en el corto y el medio plazo, o a las consecuencias que se derivan en términos de empresas y empleos. Soy de los que opinan que para hablar hoy de energía con una cierta perspectiva, es más importante atender a los gráficos que se dibujan en las pantallas de cualquier hospital, o a los que se manejan en departamentos universitarios que siguen la evolución de las temperaturas o del nivel del mar, que a los que concitan las ávidas miradas de los inversores en las bolsas de Londres, Shanghái o Madrid.

Si tomamos en consideración los argumentos médicos o climáticos habremos de concluir, sin lugar a dudas, que la única decisión colectiva razonable que debemos adoptar en relación con nuestras necesidades energéticas pasa por abandonar lo antes posible esa dramática relación de dependencia que nos ha llevado a aceptar que, sin la contribución de las fuentes de energía que personifican el músculo industrial clásico no es posible el desarrollo; y es que son esas tecnologías las que están socavando el frágil equilibrio ecológico que sostiene la vida tal y como la conocemos.

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La energía: un derecho y una responsabilidad

Mariano Sidrach de Cardona

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

Nadie duda de la importancia de la energía para el desarrollo humano. Vivimos en una sociedad que llamamos “tecnológica” donde la transformación y el uso de la energía están en el centro de todas las actividades humanas. Desde que el hombre aprendió a transformar calor en trabajo, lo que supuso el comienzo de la revolución industrial, el consumo global de energía ha crecido exponencialmente, posibilitando un sustancial desarrollo y bienestar para una parte importante del planeta. Este mismo desarrollo ha tenido como consecuencia una fuerte degradación ambiental, que ha sido consecuencia del uso masivo de combustibles fósiles para hacer funcionar nuestras máquinas térmicas.

Juan Manuel Maroto

El aumento de la población mundial, que demanda su justo derecho a consumir energía para su desarrollo, la limitada disponibilidad de recursos energéticos fósiles y la degradación del medio ambiente presentan una encrucijada que deberíamos ser capaces de resolver. Todo parece indicar que de la solución que demos a este problema va a depender el futuro de nuestro planeta. Se hace inevitable abandonar el uso de los combustibles fósiles y sustituirlos por otras fuentes de energía.

Todas las transformaciones de energía tienen impacto sobre el medioambiente, como se encarga de recordarnos el segundo principio de la termodinámica, que también nos dice que cuanto más eficiente sea un proceso menos contaminaremos. Se precisan, por tanto, sistemas energéticos que solucionen los problemas planteados a nivel global. Por suerte los sistemas renovables permiten una alternativa a la situación actual.

Los datos de 2015 permiten ser optimistas. La inversión global mundial en energías renovables, sobre todo solar y eólica, alcanzó 286.000 millones de dólares, siendo la inversión acumulada en energías renovables en los últimos 12 años de 2,3 billones de dólares. Esta inversión se ha producido mayormente en los países en vías de desarrollo, pero también en Estados Unidos. Se han instalado 134 GW de nueva potencia renovable, de los que 22 GW corresponden a grandes infraestructuras hidráulicas. Aún sin contar esta potencia, por primera vez, se ha instalado en el mundo más potencia en renovables que de tecnologías tradicionales, gas, carbón y nuclear.

Estamos ante un cambio de paradigma en la generación de energía mundial. Una nueva revolución energética que no ha hecho más que empezar, ya que la aportación global de las energías renovables sólo representa el 16,2% del total. Todo esto ha ocurrido a pesar de las grandes bajadas que han experimentado los precios de los combustibles fósiles.

Los sistemas renovables permiten, además, la democratización de la producción de energía, mediante la implementación de sistemas de autoconsumo, y abren la puerta a la generación distribuida, facilitando la producción de energía eléctrica en las áreas urbanas. Un cambio de modelo que debe representar también una oportunidad de desarrollo económico y social.

Sin embargo, para acelerar esta revolución tecnológica hacen falta varias condiciones: disponer de una tecnología madura con costes competitivos respecto a las tecnologías que se van a sustituir, una legislación que cree los incentivos adecuados y una fuerte demanda y aceptación social.

Las tecnologías renovables son tecnologías maduras y han demostrado su competitividad económica respecto a las tecnologías tradicionales. Sin embargo, no existe una legislación adecuada que marque unas reglas de juego claras y en igualdad de condiciones, no existen incentivos sociales, todo lo contrario, se legisla para limitar y entorpecer su desarrollo y como consecuencia tampoco hay un clamor popular que reclame el uso de estas tecnologías.

¿Por qué la generación y uso de la energía no se percibe en nuestra sociedad como un problema grave asociado al cambio climático?

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La energía también es cosa de niños

Juan Ramón García – Socio Protector de la Fundación Renovables

Un día del pasado mes de enero fui, como todos los días, al colegio ‘Muntori de Castalla’ a llevar a mi hija y vi que en la clase habían puesto un ‘Scalextric’ con uno de los cochecitos desmontado, así que le pedí al profesor que me explicara para qué iban a utilizarlo desmontado. El profesor me dijo que la intención era que los niños aprendieran por qué se mueven los vehículos, como funciona un motor, qué es la electricidad, etc., pues en clase estaban aprendiendo los distintos tipos de transporte que hay en todo el mundo.

Alumnos del colegio 'Muntori de Castalla’ aprendiendo sobre energía y renovables

Alumnos del colegio ‘Muntori de Castalla’ aprendiendo sobre energía y renovables

Me pareció una idea tan estupenda que no pude evitar ofrecerme para dar a los alumnos una charla sobre energía, para explicar sobre todo las ventajas de las energías renovables y los diversos tipos de transporte que existen, haciendo hincapié en las ventajas de los transportes colectivos. El profesor se quedó encantado con la idea.

Casualmente, la empresa de aerogeneradores Bornay, de Castalla está justo a 100 metros del colegio y pedí al dueño si podía dejarme alguna célula fotovoltaica para mostrarla a los niños; me prestó dos células enmarcadas en cristal que usan en las ferias y cuando la dirección del colegio lo autorizó, acordé una fecha con el profesor y en plena semana de Carnaval me presenté en la clase de mi hija a dar una charla sobre energías renovables.

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‘Impuesto al sol’: Un ministro de España dispuesto a dimitir por mentir

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Jorge Morales – Director de GeoAtlanter

Leo atónito que el ministro de Energía en funciones ha declarado estar dispuesto a dimitir si alguien demuestra que ha creado un impuesto al sol para seguidamente asegurar que  “en la legislación de autoconsumo que ha impulsado este Gobierno quien pone una placa solar no paga ni la generación ni impuestos ni peajes por lo que autoconsume”.

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Vayamos al caso de María Giménez y Juan Sánchez, vecinos de Getafe (Madrid), en la que cada cual vive en su chalet adosado. Ambos parten del mismo consumo anual: 4.500 kWh y de la misma potencia contratada: 10,392 kW (no han cambiado la que les dejó el constructor, asegurándoles que era la mínima a contratar para poder poner horno y microondas a la vez). Su factura supera los 100 euros al mes, más de 1.400 euros al año:

Tabla 1 - Facturacion previa

María, muy concienciada con el medio ambiente, ha decidido comprar cuatro paneles solares para, cubriendo seis metros cuadrados de su tejado, producir energía limpia de forma autónoma y sin ningún tipo de subvención. De hecho, se animó a hacerlo cuando su cuñado, que vive en Londres, le contó que allí IKEA los vendía en sus centros comerciales. Extrañada de que en Madrid no lo hiciera (no será por falta de sol), finalmente los pudo encontrar en una tienda especializada. Con sus cuatro paneles María producirá un tercio de la electricidad que consume en su casa de por vida.

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La #HoraDelPlaneta: actuar, esa es la cuestión

La Hora del Planeta. 19 de marzo a las 20:30h (WWF)

La Hora del Planeta. 19 de marzo a las 20:30h (WWF)

Una vez al año, desde el 2006, WWF nos convoca a los ciudadanos de todo el mundo a apagar la luz durante una hora para llamar la atención sobre la necesidad de actuar frente al cambio climático que es el principal reto que tiene planteado la Humanidad en su conjunto. La Fundación Renovables se ha sumado, como lo han hecho otras decenas de entidades en nuestro país y miles en todo el mundo, a esta iniciativa amablemente reivindicativa que tiene como objetivo concienciar a la sociedad en un primer estadio para posteriormente ponerla en marcha. Desde la Fundación valoramos que se ponga como icono de esta acción el reducir nuestro consumo energético (aunque en esta acción sea simbólico) porque consideramos que el cambio de modelo energético es la principal herramienta para combatir el calentamiento global.

Objetivo

Efectivamente, sin este segundo paso, es decir si no actuamos, si no nos movilizamos de alguna forma el resto de las 8.759 horas del año, el gesto simbólico de apagar la luz de tu hogar o empresa, de desconectar la iluminación de monumentos emblemáticos de ciudades en los cinco continentes, perderá todo su valor. Se trata de que esos sesenta minutos sin usar la electricidad (podríamos añadir el prescindir de nuestro coche) tengan continuidad en una actitud más exigente en este ámbito para con los políticos y, sobre todo, con nuestro día a día que también influye, y mucho, en el proceso de cambio climático.

¿Y después?

En la página web de la campaña www.horadelplaneta.es, WWF propone a los ciudadanos catorce acciones que pueden dar continuidad al gesto de este sábado: 1. Pásate a la electricidad verde; 2. Dale otra vida a las cosas; 3. Ahorra energía en casa; 4. Usa la energía del sol; 5. Practica las 3 R (reduce, reutiliza, recicla); 6. Adopta una dieta más sostenible y come menos carne; 7. Compra productos locales y de temporada; 8. Elige electrodomésticos eficientes; 9. Súbete a la bicicleta y camina; 10. Viaja de forma sostenible; 11. Elige productos certificados; 12. Exige un futuro 100% renovable; 13. Hazte voluntario por el planeta; 14. Apoya nuestros esfuerzos en defensa de la naturaleza.

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